domingo, 31 de marzo de 2013

La herencia de la Rosa Blanca (Raquel Rodrein)



Páginas: 640
Publicación: 2012
Editorial: Roca
Categoría: Narrativa
ISBN: 9788499184234
Sinopsis: Cuatro familias y tres generaciones cuyos destinos están entrelazados por la obsesión de una venganza. En 1943, Edward O’Connor sufre el mayor revés de su vida: la muerte durante la Segunda Guerra Mundial de Erin, su mujer. Veinte años más tarde, Patrick O’Connor conoce a Julia Steiner, la mujer que se convertirá en la madre de sus hijos y por la que se enfrentará a su padre y sesgará toda relación con él.

Ben O’Connor, el hijo de ambos, es un renombrado arquitecto neoyorquino que está pasando una temporada en París. Allí tropezará una y otra vez con Sophie Savigny, una joven intérprete que acaba de recibir una propuesta laboral para trasladarse a la sede central de la ONU en Nueva York. El cirujano irlandés Hugh Gallagher vive en París desde hace unos años. En las últimas semanas, el azar ha colocado en su camino a una joven de la que se ha quedado prendado. Su nombre es Sophie Savigny, pero un terrible suceso le obliga a volver a Irlanda y se desvanece cualquier expectativa de relación.

 (Posibles spoiler en rojo)

Me costó mucho terminar este libro, y si lo hice fue porque formaba parte de un reto de lectura. Después de leerlo mi conclusión final es que este libro es una tomadura de pelo. Aunque quiero pensar que Raquel Rodrein no tenía intención de tomar el pelo a sus lectores, pero hay un momento en que definitivamente piensas que mucho respeto al lector no ha habido por parte de la autora.
Al final del libro, en Agradecimientos, Raquel Rodrein escribe esto: Siempre he sido de la opinión de que nada sucede por casualidad y de que el ser humano es producto de sus experiencias si bien la esencia que le define es algo que queda intacto. Esta frase, aparte de ser tan pretenciosa que al final no sabes ni qué quiere decir, terminó por irritarme. Porque Rachel Rodrein basa hasta el abuso todo su libro en esas casualidades y coincidencias. Basar una historia en una coincidencia es lícito y creíble, pero… ¿tantas?. Es que el universo de Rachel Rodrein parece un pañuelo (sí, el pañuelo de la frase “el mundo es un pañuelo”) en el que es posible tantas y tantas y tantas coincidencias que al final ya no es casualidad ni coincidencia, es pura ciencia ficción.
Que a los descendientes de algunos de los componentes de La Rosa Blanca (grupo de resistencia antinazi) les de por encontrarse así como por casualidad es un recurso demasiado frágil como para te lo tragues, sobre todo cuando está sucediendo continua y repetidamente y entre distintas personas (Patrick y Julia; Ben y Sophie, Hugh y Sophie, Alex y Hugh, Alan Gallagher y Claudia Valeri..).
Abusa tanto de los encuentros fortuitos como de las descripciones. Ambas cosas, más las casualidades por doquier y las múltiples e innecesarias descripciones hacen que este libro no tenga por donde cogerlo. Y que le sobren muchísimas páginas.
Finalmente termino por no saber qué historia intenta contarme Raquel Rodrein: Si la historia de la venganza al traidor de La Rosa Blanca (anda queeee, la venganza es de folletín: basta con enamorar a la esposa del traidor y dejarla plantada para consumar la “venganza”..¡¡es de risa!!)., si la historia de Edward O’Connor, si la historia de Patrick O’Connor y Julia Steiner, si la historia de Dieter Steiner, si la historia de Ben O’Connor, si la historia de Alan Gallagher, si la historia de Hugh O’Connor, si la historia de Ben y Sophie, o la de Hugh y Sophie…
Al final, las quiere contar todas y termina por no contar bien ninguna.
Y aunque me resistía a pensar que me estaban tomando el pelo, aún antes de llegar a la frase de los Agradecimientos, no me podía creer que cuando Sophie se encuentra con Hugh, éste no le dice nada de quién es realmente (una reacción incomprensible), y que a Sophie le parezca lo más normal del mundo encontrarse con el doble de su marido y no se plantee que no es normal. Claro, que ya era bastante absurdo que no se hubieran dado cuenta de que en Paris estuvo con los dos y no con la misma persona.
En definitiva, creo que Raquel Rodrein menosprecia y falta el respeto al lector. Sé que es un comentario duro, pero así lo he sentido. 

miércoles, 27 de marzo de 2013

Las cosas que llevaban los hombres que lucharon (Tim O'Brien)


Título original: The things they carried 
Traductor: Elvio E. Gandolfo 
Páginas: 224 
Publicación: 1990 (1993) 
Editorial: Anagrama 
Categoría: Biografías y Memorias 
ISBN: 9788433906380 
Sinopsis: La supervivencia de un soldado depende de lo que lleva. En la guerra, la línea que separa la vida de la muerte es más tenue que nunca y, a menudo, las provisiones, las armas, el equipo de un soldado son lo único que puede hacer que la línea no se borre. Pero un soldado también lleva su memoria, recuerdos, amuletos, fantasmas del pasado, objetos triviales que no le dejan olvidar que hay otra vida –la vida– más allá de la guerra. Los soldados de la compañía Alfa, que combatió en Vietnam, llevaban todo lo que podían. Y esos hombres y esas cosas van haciendo su aparición en las historias que nos cuenta Tim O’Brien –que también combatió en Vietnam. Así, en Viaje al campo, el autor, en compañía de su hija, una niña de nueve años, vuelve a Vietnam a buscar el lugar donde murió Kiowa, su mejor amigo y En el río Rainy nos cuenta cómo, tras haber huido a Canadá, decidió regresar a su pueblo y aceptó ir a la guerra por vergüenza, porque sintió que, de no hacerlo, no podría soportar las miradas de la gente de su comunidad, para quienes un desertor era para siempre un marginado, un traidor, un excéntrico. Pero este Timmy O’Brien es también un personaje ficticio, tan ficticio como el Norman Bowker del espléndido Hablando de coraje, que cuando vuelve a su pueblo descubre que solo puede callar porque él sabe hablar únicamente de la guerra y nadie quiere hablar ya de eso.


Un libro excelente. En realidad son pequeños relatos que conforman una novela. Tim O'Brien a través de estos relatos no sólo construye una historia, sino que también se reconstruye (incluso se re-reconstruye) a sí mismo. Escribir sobre la experiencia que vivió en la guerra de Vietnam le sirve como catalizador, canalizando emociones para las que el ser humano está escasamente preparado. Escribir le sirve para (sobre)vivir después de la guerra, cuando la vida "normal" carece de referencia auténtica después de haber vivido una guerra cruel (como absolutamente todas las guerras). 

Efectivamente, tal y como se dice en la sinopsis: "..la supervivencia de un soldado depende de lo que lleva..". Pero un soldado no lleva consigo únicamente cosas materiales. Y esas otras cosas son las que plasma Tim O'Brien con exquisita delicadeza y con una precisión de cirujano. Son sus vivencias y la de aquellos hombres con los que combatió en Vietnam. Posiblemente muchas de las historias que comparte con el lector sean ficción, pero basadas en sucesos reales que él mismo ha vivido o conocido por otros. Realidad o ficción.. no importa, porque las emociones reflejadas en el libro sí son reales: el miedo, la vergüenza, la cobardía, la crueldad, el amor, la ternura, la camaradería, la traición… Tal vez Tim O’Brien envuelva todo eso de historias imaginadas, de ficción, o tal vez absolutamente todas sean reales o parcialmente verdaderas. Pero al lector nos va importar poco, porque lo que realmente importará al final serán “las cosas que llevaban los hombres que lucharon”.

No sé muy bien la razón por la que me decidí a leer este libro, porque la literatura bélica me atrae sólo puntualmente. Pero la literatura tiene muchos fines y objetivos y Tim O’Brien es conocedor de para qué se hace literatura. No me arrepiento, he descubierto un libro sobresaliente, original, honesto, intenso y muy (pero muy) recomendable. 
(©AnaBlasfuemia)

Tim O’Brien en Vietnam

jueves, 21 de marzo de 2013

Paradero desconocido (Kressmann Taylor)



Título original: Address Unknown
Traductor: Carmen Aguilar
Páginas: 80
Idioma: Español
Publicación: 1939 (2000)
Editorial: RBA Libros
Categoría: Narrativa
ISBN: 9788479016845
Sinopsis: 1932. El alemán Martin Schulse y el judío norteamericano Max Eisenstein se quieren como hermanos, y juntos han abierto una galería de arte en California. Pero Martin decide regresar a casa, así que Max se quedará a ocuparse del negocio. Desde el primer día se escriben cartas, como habían prometido, pero cuando Hitler ascienda al poder en 1933, la tierna complicidad de la primera correspondencia empezará a bascular hacia el horror. Con admirable economía de medios, este epistolario retrata el horror ideológico de la Alemania nazi y, al mismo tiempo, la mecánica intemporal que separa a víctimas y verdugos. Aunque se trata de un relato relacionado con el Holocausto, Paradero desconocido es, entre otras cosas, un thriller impredecible.


Hace unos días Meg dejó en su blog, Cazando estrellas, la reseña de este libro. Después de leer su magnífica reseña inevitablemente Paradero desconocido pasó en un santiamén al primer puesto de mi larga lista de librosparaleerinmediatamente

En menos de una hora ya me lo había leído. Tamaña rapidez no tiene ningún mérito:

a)   Es una novela corta, de apenas 80 páginas. 
b) Pertenece al género epistolar, con lo cual la estructura narrativa facilita la rápida lectura, además de la habilidad de su autora, evidentemente.

Como digo, la novela es corta, incluso muy corta, pero el impacto de su lectura, así como la intensidad de la misma dura bastante más del tiempo que tardas en leerlo. Pocas veces he visto condensado en un texto tan breve el impacto que Hitler y el nazismo causó en los propios alemanes, la forma en como los propios alemanes ceden al fanatismo de Hitler, un “personaje” que al principio les desconcierta, luego les fascina y finalmente lo convierten en su líder, en la persona que les sacará del sufrimiento y la pobreza para llevarles al destino fastuoso que Alemania (creen) se merece. El discurso de Hitler se convierte en el discurso de millones de alemanes que no sólo creen en sus palabras, sino que las hacen suyas.

En la breve lectura acabas pasando por muchos sentimientos, habituales en las lecturas relacionadas con el Holocausto. Lo que hace grande a este libro es que lo hace en muy pocas páginas y plasma perfectamente cómo se inicia el nazismo y cómo esos ideales terminan por calar en los propios alemanes, en un momento de gran pobreza y crisis (y esto, en los tiempos que corren, aún pone más los pelos de punta: en los momentos de crisis somos caldo de cultivo para manipuladores natos que pueden acabar liderando auténticas tropas borreguiles hacia el exterminio de una sociedad).

Por otro lado los libros sobre esta temática suelen girar sobre los nazis, los judíos, los campos de exterminio… pero pocas veces se encuentran lecturas sobre los alemanes de “a pie”, no los que pasaron a formar parte del ejército alemán, sino el ciudadano que de una forma u otra tuvo que asimilar o rechazar a Hitler y sus ideas.

Y esa precisamente es una de las razones por las que me ha cautivado este libro (además de las mencionadas): que explora ese aspecto de los inicios de Hitler, cómo los alemanes se dejaron subyugar, como le creyeron y cómo se produce ese atroz lavado de cerebro. Porque siempre cabe preguntarse cómo los propios alemanes consintieron, cómo no se rebelaron a las atrocidades que se produjeron… Pues en este libro encontramos respuestas a esas preguntas.

Bien es verdad que hay otra parte poco explotada igualmente: la de los alemanes que le dijeron NO a Hitler, al nazismo, al holocausto… Hay poca literatura sobre este tema (o al menos yo he leído poca, y aquí he reseñado una de ellas: Déjame ir, madre de Helga Schneider) y eso que hay que reconocerles a los alemanes que no se esconden de sí mismos y de su propia historia: no sólo no ocultan esta vergonzante parte de su historia, sino que nos la muestran (a nosotros y a ellos mismos) para no volver a repetir tanto horror.

Al final del libro nos encontramos con unas notas de Charles Douglas Taylor, hijo de la autora, Katherine Kressmann, que adoptó el seudónimo de Kressmann Taylor porque el editor consideró que la historia que relataba era demasiado dura para ser escrita por una mujer. El libro se publicó por primera vez como libro en 1939 (un año antes se publicó en la revista Story) y aunque inicialmente en ese mismo año se llegó a publicar en Inglaterra y se tradujo a diversos idiomas, pronto la traducción holandesa desapareció y Alemania prohibió su publicación. Pese al éxito obtenido en Estados Unidos e Inglaterra, no se volvió a saber de este relato hasta que en 1995 Story Press vuelve a reeditar el libro con motivo del 50 aniversario de la liberación de los campos de concentración.

Por si no lo he dejado claro: recomiendo este libro, no os llevará mucho tiempo leerlo y es una auténtica joya. En el año y medio que dura el intercambio epistolar aparece reflejado el dramático germen del nazismo.
Kathrine Kressmann Taylor