martes, 15 de noviembre de 2016

Lejos de ellos (Laurent Mauvignier)

Título original: Loin d'eux
Traductor: Javier Bassas Vila
Páginas: 160
Publicación: 1999 (2014)
Editorial: Cabaret Voltaire
Sinopsis: Del silencio que habita en todas las familias, de las palabras que todos llevamos dentro y que nunca acaban pronunciándose; de la incomprensión y de la incapacidad de amar, junto a la voluntad de hablarse y abrazarse que a veces no basta. De todo eso Laurent Mauvignier extrae esta novela, "Lejos de ellos", donde las voces de una familia se trenzan íntimamente para desvelarnos, poco a poco, lo sucedido aquel 31 de mayo de 1995.
No es como una joya, pero un secreto es algo que también se lleva. Él, al menos, tenía marcado en la frente que llevaba una historia que nunca dijo.
Recuerdo perfectamente cómo llegó este libro a mí. Diciembre del 2014. Estaba en Tipos Infames. Muy bien acompañada, por cierto, de mis seres de luz. Había cogido varios libros, uno de ellos era El libro de las camas de Sylvia Plath, un libro para el que mi imaginario recreó un escenario que, como casi siempre, nunca se hizo real. Qué sabía yo, vivía bailando en una baldosa por aquel entonces. No quería ver los abismos que había debajo de la baldosa, pese a que ese mismo día, precisamente, empecé a intuirlos.

Me dirigía a pagar mis adquisiciones y de repente un libro se cae de la mesa de novedades. Me agaché a cogerlo, dispuesta a devolverlo a su lugar, y mientras recuperaba la posición con el libro en las manos, sin mirar siquiera qué libro era, lo incorporé a los que ya llevaba. En esos momentos creía en las señales y pensé que ese libro quería decirme algo. Qué sabía yo…

Ya de vuelta en el tren me fijé en el libro que el destino había puesto, literalmente, a mis pies: Lejos de ellos, de Laurent Mauvignier, un autor que me sonaba vagamente. Sin mirar la contraportada lo coloqué en una estantería, confiando en que el libro sabría cuándo transmitirme su mensaje. Cuándo decirme.
Como si ella supiera que no hay que creerse siempre las palabras, que las palabras no llegan a decirlo todo, no dicen hasta el fondo las verdades que sentimos.
Cuando hice la torre con las que serían mis 22 lecturas inmediatas, elegidas al azar, balda a balda, este libro estaba en la torre. Y ha sido el primero en ser leído. Y yo… qué sabía. No sabía nada. No tenía ni idea de qué iba el libro. Pero una cosa es cierta: tenía un mensaje para mí y era un mensaje que tenía que recibir justo ahora.

Hay varios libros comentados en este blog que me ha costado un mundo hablar de ellos, por distintas razones. Casi siempre porque me golpean de una manera tan feroz que comentarlos sin quedarme expuesta y desnuda era muy difícil. Pero hablar de lo que leo y contarme a mí es innegociable. Lo único que tengo que gestionar es cuánto muestro, cuánto se queda para mí y cuánto es un jeroglífico cuya clave sólo yo sé descifrar. Y en este caso, sinceramente, lo más probable es que elegiría no hablar del libro y quedarme con todo dentro. Pero me he propuesto comentar todo lo que leo, porque forma parte de este diario personal que es mi blog, este cuaderno de bitácora que, como una brújula, me guía de atrás hacia adelante, así que yo misma me he metido en un berenjenal: ¿cómo diantres hablo de esta lectura sin hablar? ¿Construyo más silencios?

Me siento ahora mismo como la fotografía de la portada: desfragmentada, desconfigurada. Así me ha vapuleado este libro. Es una lectura dura. Una piedra en la boca. Una costra irreparable. Un rayo que descarga toda su electricidad e impacta en pleno centro de mi alma. Un volcán que entra en erupción en mi interior inesperadamente. Me costó entrar en ella porque apenas hay saltos de línea, salvo para cambiar de voz narrativa. Y además al principio tardé en saber quién era quién, a qué voz correspondía cada largo párrafo. Pero esto no es exactamente un obstáculo porque enseguida te sitúas en los distintos personajes: Luc, su padre, su madre, su tío, su tía, su prima. 
Esas palabras que no hablan o las que, hablando, no dicen nada.
Es, y esto puedo decirlo, un libro que habla de los silencios sobre los que se construye (se destruye, más bien) una familia. Pero el lector escucha todos esos silencios, esas palabras calladas que sólo palpitan en el interior de cada cual. Somos observadores privilegiados de todos y cada uno de esos silencios, de lo que contienen y cómo se construyen los secretos enmudecidos de todos los personajes. Y ese privilegio se convierte en un infierno porque el paisaje que muestra es atroz. Desolador. 
La soledad siempre como una de esas palabras mayores que contendría toda la verdad de las cosas que se sienten en sí y que no pueden salir de sí, y que entonces caen más profundamente en sí cuando los otros no quieren oírlas, o no pueden,  nunca, a pesar de todo el esfuerzo que ha sido necesario para hacerlas remontar hasta ellos.
Además del hándicap de contar sin apenas contarme, hay otro: es difícil hablar de este libro sin desvelar de qué habla realmente. Y pienso que una de las fortalezas de esta lectura es llegar precisamente a ella sin saber de qué te habla. Lo cual deja la situación en que este libro es mejor conversarlo sólo con quien lo haya leído. Y tiene mucho que comentar. Mucho. Lo obvio, porque eso va incluido en la sinopsis, es que habla de los silencios, de lo que callamos y porqué callamos. Cómo esos silencios mueven nuestros actos, condicionan no sólo nuestra conducta y nuestra vida, sino la convivencia. Incomunican, aíslan, engendran incomprensión. Soledad. Carcomen.

Nunca los silencios nos acercan a los demás, aunque pensemos que lo que no decimos hace que todo sea más fácil, más confortable. Eso suele ser una excusa muy recurrida para justificar lo que callamos: que es mejor, que facilita, que incluso protege a los demás o a nosotros mismos. En realidad esos subterfugios son apariencias, fachadas y teatrillos en los que tal vez queramos creer, pero que tienen su peaje. Y no es barato. Hablamos de vida ¿no?
Para empezar acabamos, siempre para empezar hay que acabar, acabar para que al fin haya algo que empezar.
Decía Cioran que “Un libro debe hurgar en las heridas, provocarlas incluso. Un libro debe ser un peligro”.

Pues eso.


33 comentarios:

  1. No lo descarto, pero esos párrafos largos, ese no saber quién habla, me echa un poco para atrás. Tu recomendación es más que clara, me pasearé por su lado a ver si también me pide a gritos que me lo lleve a casa.

    Por otro lado entiendo muy bien que te haya costado hacer la reseña. No pasa demasiado pero cuando pasa y un libro habla así 'de nosotros' es difícil poner tu opinión por escrito para que lo lea todo el mundo.

    Besos!!

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    1. Los párrafos no son tan largos en realidad, al fin y al cabo es un libro corto. Pero como tú dices, si te llama el libro, lo escucharás ;)

      Y sí, costó hacer el comentario de esta lectura. Pero últimamente me pasa mucho...

      Un abrazo

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  2. Las pedradas las evito en la medida de lo posible. No es que ande buscando arco iris y a mi pequeño pony pero tampoco me atraen los libros que te dejan mal cuerpo. Es demasiada dureza, puedo tolerarla durante la lectura pero no para después.
    ¡Mis próximas 22 lecturas! Yo no soy capaz de planear ni dos.
    Abrazos

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    1. Como vivo en la trinchera he aprendido a esquivar las pedradas, pero alguna siempre es ineludible :)

      Sí que es raro en mí tener seleccionadas mis próximas 22 lecturas (ya han caído 3 o 4), pero es curioso, eso ha provocado que lea más rápido, que lea más, como queriendo terminar la torre para hacerme otra (aunque intentaré que menos numerosa)

      Un abrazo

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  3. A mi me atrae la idea de sufrir leyendo un libro de estas características, con melodramas familiares, creo q hurgar en los recuerdos olvidados de mi família, de mi madre concretamente, i que no estan olvidados sinó que estan ahí, latentes, siempre como queriendo salir de su caja de Pandora, puede matarme o hacerme más fuerte. Me lo compraré!

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    1. Las familias siempre tienen ese telón melodramático... Un tema universal, el mundo de las familias en la literatura. No es que me atraiga la idea de sufrir leyendo, pero sí que me atrae que me agite y no me dejen indiferente las lecturas.

      Un abrazo

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  4. Hola,

    No conozco al autor, no me suena ni un poquito, la verdad. Es curioso como el azar nos lleva por ciertos caminos, como el que ha hecho que tú te hayas encontrado con este libro. Me atrae que hable de los silencios, aunque yo no estoy tan segura de que incomuniquen, aunque sí es cierto que a veces deberíamos decir cosas que callamos y vamos creando un muro o una brecha o algo que nos aleja de los demás. Lo apunto, por si algún día se cruza en mi camino.

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    1. A mí me sonaba porque había visto algún libro suyo publicado en Anagrama, pero no tenía mucha referencia del autor. Creo que leeré alguna cosa más. Yo creo en el azar, el destino y que las cosas suceden por algo. A veces no sé muy bien porqué o no entiendo el mensaje de las señales que te encuentras en la vida. Pero más tarde o más temprano todo encaja.

      Un abrazo

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  5. No sé cómo será el libro, pero tu reseña es absolutamente descarnada. Me encantan las historias que profundizan en las relaciones familiares. No hay otra relación en la que se mezcle mejor el amor con el resentimiento y la más abnegada generosidad con el más genuino egoísmo que la de los miembros de una familia. Eso en el mejor de los casos. En el peor, todo es resentimiento y odio.
    Me apunto esta novela.
    Un beso.

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    1. El libro es bastante (muy) descarnado. Si te encantan ese tipo de historias, sin duda este libro te gustará. Ciertamente las familias son un reflejo de muchas cosas.

      Un abrazo

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  6. Después de lo que cuentas no me importaría leerlo en el futuro, por cierto me encantan estos descubrimientos que nos traes. Un beso

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    1. Gracias Rocío, aunque en este caso el libro me descubrió a mí ;)

      Un abrazo

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  7. Pues para no saber, para no contarte y para no desvelar nada del libro, me has intrigado a base de bien. Ya se sabe que los silencios son poderosos. Habrá que leerlo para poder comentar.
    Sabios los libros que saben cuando hacer llegar sus mensajes.
    Un abrazo

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    1. Claro, así se provoca la intriga: con lo que no y con los silencios ;) Los silencios son poderosos... y peligrosos. Cuando lo leas, lo comentamos.

      Un abrazo

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  8. A mí también me gusta cuando un libro me vapulea de esta manera. Tendré en cuenta lo que dices de que cuesta entrar, pero sin duda, me dejas con ganas.
    Besotes!!!

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    1. Pues este me ha vapuleado pero tamaño paliza, eh :)

      Un abrazo

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  9. Hola Ana,

    Mi abuela me decía alargando las “ies” con su acento de gerniquesa exiliada en Francia, que yo era el “espíritu de la contradicción”, quería decir que discutía de todo, y uno no cambia con los años, lo que es peor, agrava sus manías. Así que te diré que en parte estoy de acuerdo con lo que dices, pero no estoy del todo de acuerdo con la definición de silencio, no creo que el no hablar sea el culpable de la incomunicación, las cosas no dichas no son por ausencia de comunicación, yo creo, y más ahora, ahora más que nunca, que es más el resultado de una ausencia de compresión con las cosas se hablan,; se habla, se habla mucho pero no se cuentan lo que quieres y deberías contar,no se intenta llegar al fondo de la cuestión, a la clave de lo que necesitas hablar y confesar o pedir. Las conversaciones con tus amigos y con la mayor parte de la familia, suelen ser un cúmulo de lugares comunes, una estúpida ración de obviedades, recuerdos mil veces contados, de palabras dichas tantas veces que pierden su significado; el silencio por el contrario molesta, el silencio como lugar para mirarse y comprenderse, para oír lo que te estás pensando, lo que me estás contando con los ojos, con las manos, con el cuerpo, ha desaparecido ante la acumulación de palabras y comunicaciones sin sentido mucho menos comprometidas , mucho menos exactas, mucho menos importantes, mucho menos comunicativas que una sola palabra dicha en un momento dado y una mirada significativa y un silencio complice. No, no creo que el silencio sea el culpable de la falta de comunicación y de las traiciones y perdidas que ello nos trae, creo que es más la cobardía, el aburrimiento de palabras repetidas, de verdades olvidadas adrede, de mentiras apropiadas, de mezquindades que poseemos y repartimos por el mundo. Yo te cuento mi vida pero no quiero saber la tuya, yo te digo que qué guapa o guapo estás en la foto del facebook pero me importa poco lo que es de tu vida y lo que me has contado en la esquina de una mesa al oído en un bar. No. El silencio explica más cosas que muchas de las comunicaciones que ahora se llevan en este mundo que debe ser el más comunicado de la historia, hablar diez horas seguidas si no dices nada, no te atreves, no quieres, no sabes, no sirve para nada. El silencio es el lugar donde se refugia la intimidad más cercana.

    Un abrazo Ana siento la perorata ,):) :(

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    1. A ver, me mantengo en que los silencios incomunican, pero eso no se contradice con que lo que se habla también lo hace, en parte porque hay mucho silencio detrás de lo que se habla, pero también mucho vacío. Creo que es también un problema del "receptor", y no sólo del "emisor". No nos escuchamos, Wineruda, no nos escuchamos unos a otros. Claro que el silencio explica muchas cosas, pero el contenido de los silencios de cada uno sólo lo conoce uno mismo. Los demás podemos intuirlos, intuir de qué están hechos esos silencios. Pero nada más, y ni siquiera eso implica que acertemos en nuestra intuición.

      Un abrazo y gracias por la perorata ;)

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  10. hola! muy intenso, me gusta. es bueno que te pueble de sentires y que colme el alma. gracias por compartirlo y te compartimos especialmente. abrazosbuhos.

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    1. Sí, este blog se pone muy intensito a veces ;) Gracias...

      Un abrazo

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  11. No lo conocía, y creo que podría disfrutarlo, más adelante eso sí, porque ahora ando de lecturas ligeras
    Besos

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    1. Cada libro a su tiempo y su tiempo para cada libro, Carla :)

      Un abrazo

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  12. Me lo descubrió un librero estupendo de una librería que ya conocía, y me pareció un libro magnífico que en su día resultó desgarrador para mi. Me encantó
    Besos

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    1. Sabes elegir bien tus libreros, y ellos saben bien qué te puede gustar :)

      Es un libro desgarrador, ciertamente. Por eso, también me encantó...

      Un abrazo

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  13. Ana, yo también estoy en ese momento de querer encontrar pedacitos míos en lo que leo y, por eso, visito tu blog y me llevo tus impresiones porque nuestras sensibilidades se aproximan. Gracias por contarte, por contarnos...realmente, eres nuestro faro orientador de lecturas.
    Un sentido abrazo, Ana.

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    1. Creo que buscarse, o buscar lo reconocible para una en los libros es una forma de leer muy válida. Por eso siempre digo que leer es algo muy personal. Gracias a ti por tu mensaje, cuando leo cosas así es cuando me doy cuenta que no estoy sola en el blog (o que no soy una voz que clama en el desierto...)

      Un abrazo fuerte

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  14. Con el paso del tiempo una va percibiendo todos esos silencios que duelen, porque hay silencios que son gratos y otros que parecen gritar de tanto como duelen y en esos silencios que duelen metería a esas palabras que no dicen nada y esa magnifica frase que rescatas de esas palabras que no hablan o las que, hablando, no dicen nada.
    Me parece tal y como avanzas que es un libro que desgarra, que no deja indiferente y que necesita su tiempo.
    Es un placer leer tus entradas y sentir la intensidad de cómo lo cuentas y lees.
    Un saludo

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    1. Con el paso del tiempo todo se percibe más. Y todo va pesando más. Curiosa la relación entre la gravedad y el paso del tiempo :) Cada vez hablo menos porque cada vez me chirrían más las palabras que no dicen nada.

      Gracias, Conxita.

      Un abrazo

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  15. ¡Pero qué bella forma de comentar un libro! Esta lectura no es lo mío verdaderamente pero sí disfruté de cómo me cuentas todo. Qué maravilla de palabras y que vocabulario tan rico. Me encanta. Y por supuesto ya me quedo por acá. Te sigo. ¡Besos!

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    1. Gracias Tamara. Si al menos no disfrutas de los libros que leo, que lo hagas de cómo cuento mis lecturas ;)

      Un abrazo

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  16. ¡Ay! El destino, cuánta fuerza. Me has creado un misterio, con esa forma tan tuya de explicarnos "lo que lees", elegante y auténtica. No sé que tienes que enganchas, ;D. Abrazos.

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  17. Hola ana.
    Es realmente sobrecogedor cuando los integrantes de una familia construyen un "muro", en sentido metafórico, para aislarse unos de otros. Un libro así ha de ser impactante.
    Tu reflexión final acerca los silencios, resaltando que lejos de aproximarnos lo que hacen casi siempre es separarnos, es brillante.
    Un abrazo

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  18. Que no comente, en ningún caso quiere decir que no te lea. A veces no cuento con suficiente tiempo.
    De hecho, gracias a este post me hice de 'Hombres', otro libro de este autor del que no tenía noticias, y descubro gracias a ti.
    Me gustan los silencios en los libros; suelen decir mucho más que la trama. Los autores orientales son expertos en ello.
    Un beso grande, Ana.

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