viernes, 9 de diciembre de 2016

El marino que perdió la Gracia del mar (Yukio Mishima)

Título original: Gogo no eiko
Traductor: Jesús Zulaika Goicochea
Páginas: 192
Publicación: 1963 (1980)
Editorial: Bruguera
Sinopsis: Mishima retrata en esta breve novela a través de su protagonista, Noboru, el abismo insalvable que se abre como una herida entre el desesperado intento de un clan de adolescentes de hallar su ubicación en el mundo mediante un código de conducta fuera de uso, y una sociedad ya irremediablemente convulsionada y despojada de su armonía tras la traumática derrota en la Segunda Guerra Mundial.

Si yo fuera una ameba -pensaba- con un cuerpo infinitesimal, podría derrotar a la fealdad, pero el hombre no es lo suficientemente diminuto ni gigante para vencer a nada.
Tanto por leer… pero qué seguridad dan las relecturas. Es volver a zona segura, a los libros que te hicieron lectora, recordar dónde está la literatura y, en el fondo, dónde estás tú, ahí donde encontraste un camino bajo unos pasos inciertos. 

Recuerdo que lo primero que conocí de Mishima fue su vida (y su muerte). Así que comencé a leerle sabiendo de sus obsesiones, todas ellas presentes en sus libros: la muerte, el mar, la exacerbación del cuerpo, la ética samurái, la belleza, los valores tradicionales, la homosexualidad, la violencia, la tragedia…
Era un gemido de oscura, infinita, imperiosa pesadumbre; negro como boca de lobo y liso como lomo de ballena, cargado con todas las pasiones de las mareas, con la memoria de los viajes sin cuento, con los júbilos, con las humillaciones… Era el grito del mar.
Escogido al azar (podría haber sido cualquier otro libro de Mishima) a El marino que perdió la Gracia del mar le llegó su turno de relectura. Encontrarme con subrayados antiguos, mantenerlos y añadir más. Leo ahora traduciendo mi mirada de hace años, aumento mi comprensión ante lo que leo y ante mi propia evolución personal. Percibo que he tenido suerte en mis lecturas, que escogí el camino correcto. No es mi lectura preferida de Yukio (aunque todas las suyas son de altura), pero sin duda es un libro ideal para conocer a este autor y doblar el espinazo ante su escritura. 
Pero su pureza era tan frágil como una luna nueva.
Si algo se ha movido en mí al leer a Mishima ha sido siempre admiración por su forma lírica de escribir, más allá de la historia que cuente hay en su obra una belleza casi pictórica, sensual, tremendamente erótica y sensorial, algo que siempre me ha fascinado de este autor japonés.

Cuando un libro es atemporal, traspasa épocas y se acomoda a la actualidad como si hubiera sido escrito, ya no hoy, sino mañana, sabes que estás ante un libro que transciende y que está en ese remoto lugar llamado literatura, en el olimpo de la literatura. No tengo dudas: El marino que perdió la Gracia del mar refleja, hoy en día, muchas de las brechas de nuestra sociedad enferma. Estremece pensarlo porque los adolescentes son de una fragilidad asombrosa. Eso es lo que hacemos con ellos: nuestra hipocresía les vuelve insensibles, hace saltar por los aires la delgada línea que nos separa de la violencia y la maldad, y arrasa con la no menos frágil línea entre lo subjetivo y lo objetivo.
Cuando coja sus pechos, se acurrucarán contra mis palmas con pesadez sudorosa y magnífica. Me siento responsable de la carne de esta mujer, que me desgarra dulcemente como lo hacen otras cosas que son mías. Me estremece la dulzura de su presencia: cuando me sienta temblar se volcará como la hoja de un árbol sacudido por el viento y dejará que yo vea el lado vacío de sus ojos.
Pese a la violencia soterrada que estalla con frialdad y aparente indiferencia, pese a la desesperanza y la sensación de que algo diabólico se está infiltrando en la humanidad, siempre en Mishima encuentro una belleza y una musicalidad que me convence y me vence. Quizás porque tiene el don de mantenerme a una distancia en la que mi alma no convulsiona, porque Mishima se aleja del sensacionalismo y la proximidad emocional para construir un relato en el que el ritmo, la estructura, la afinación, todo se ajusta como la mar al horizonte.

29 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo contigo. Releer es algo que no compite en parámetros como falta de tiempo o mucho por leer. Yo cada vez releo más. Siempre te quedarán muchos libros desconocidos por leer, pero sabes que algunos de los conocidos no pueden haber sido visitados por última vez, siempre está pendiente un nuevo encuentro. Hay libros que creo haber leído cuatro veces y no descarto la quinta. Una cosa es no tener tiempo para hacer nuevas amistades y otra, olvidar las ya hechas.
    Un beso.

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    1. Releer es un poco el remanso, sabes qué te vas a encontrar, pero a la vez sabes que habrá un matiz nuevo, una mirada más amplia, un algo... No haría justicia a ciertos libros leídos, a ciertos autores, si no volviera a ellos otra vez. Yo tengo varios libros que he releídos, 3, 4, 5... veces. Y tan tranquila ;)

      Un abrazo

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  2. A mí este autor siempre me pareció muy complicado, demasiado retorcido. No me digas de dónde saqué la idea. Pero me gusta mucho lo que has contado y cómo lo cuenta él. Ese libro escrito mañana, vaya, ahí le has dado. Y me gusta mucho la capacidad de construir atmósferas de los autores orientales, el tono onírico de sus narraciones. No sé si este o con otro, pero me has convencido con el autor.
    Abrazos
    PD se admiten sugerencias para empezar ya que tampoco este es el que más te gusta.

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    1. Creo que su vida fue más complicada y retorcida que su obra, aunque evidentemente sus demonios están ahí reflejados, pero también su forma de escribir que a mí siempre me ha parecido muy sensual, muy poética, muy visual. Ya, es marca de la casa de la literatura oriental, pero algunos autores sobrevuelan...

      Este mismo puede servir para iniciarse, más aún si quieres mantener esa distancia de no que te implicas afectivamente con la historia, lo que no impide que disfrutes de su escritura.

      Abrazo

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  3. La verdad es que no conocía a este autor. Tengo pendiente ponerme con algo de literatura japonesa, así que dejo este marcado para la posteridad.
    Saludos!

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    1. Es un clásico de la literatura japonesa :) Si vas a ponerte con esa literatura, te lo encontrarás, seguro ;)

      Un abrazo

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  4. Ese esteticismo del que hablas me parece que está en la cultura nipona, al menos hasta donde yo se. Hay a quién le resulta cursi o pesado, pero a mi me parece elegante y no me cuesta conectar. Recuerdo un ensayo titulado "La espada y el crisantemo", donde se habla de esa dualidad entre el culto a la belleza y la atracción por cierta violencia o dramatismo, de ahí el título.
    Me parece un mérito tremendo por parte del traductor, por cierto, porque no veo idioma más alejado del castellano (lo digo sin saber ni gota de japonés, claro).
    De Mishima tan solo he leído "El rumor del oleaje", sin saber nada de su vida, yo hice al camino inverso. Fue una lectura muy emocionante, también soy devoto de la relectura y más de un viaje a la biblioteca me he visto tentado por él.
    Este título lo sumo a mis pendientes, claro.
    Saludos.

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    1. Cierto, Yukio era muy japonés, además :) Tiene poco de cursi, porque además sus historias están muy alejadas de todo lo cursi.
      Ay, sí, los traductores... Aunque a veces con alguno tenga mis desencuentros lo cierto es que les debo taaaaaanto...

      Un abrazo

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  5. Ays, pero Ana, por qué me haces esto? Con reseñas como ésta es imposible resistirse. Y dices que no es de las que más te ha gustado!
    Besotes!!!

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    1. Mishima es un autor con el que te ibas a encontrar tarde o temprano ;)

      Un abrazo

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  6. Desde luego aquí siempre encontramos libros muy curiosos y originales. Nada de lo que veo en otros blogs. El libro tiene una pinta estupenda a pesar de los pesares... Tomo nota. Besos

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    1. Supongo que es en parte porque suelo comentar pocas novedades, que es lo que más se encuentra en la red. Y para cuando yo llego a una novedad, ya ha pasado tiempo :)

      Un abrazo

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  7. Yo antes no releía nunca, por eso de "hay tantos libros"... pero desde que me abrí el blog, algunos títulos tengo en mente releerlos, y así de paso reseñarlos.
    Y algún día tendré que leer a Mishima.
    Un abrazo.

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    1. Claro, lo entiendo... es que ¡¡hay taaaantos libros! Pero es mi pequeño homenaje a los libros que me han atravesado de una forma u otra: porque me han tocado muy dentro o porque me han hecho ser la lectora que soy. Qué menos que volver a ellos de cuando en cuando. También en parte para traerlos aquí, al blog :)

      Un abrazo

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  8. Tu reseña me ha transmitido calma. Será porque la literatura japonesa siempre me la transmite. Con esa belleza, con esa cadencia, con ese lirismo tan característico suyo. Y a la vez esa distancia que me impide conectar con ella al cien por cien. Por eso esta vez creo que lo dejo pasar. Aunque no prometo nada, no sería la primera vez que caigo sabiendo luego lo que me pasa. Así que si por un casual se me cruza este libro, quién sabe.
    Las relecturas. Encontrarse con el yo pasado, rescatarlo, ensancharle los horizontes.
    Un abrazo

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    1. Es el efecto de la literatura oriental: aunque sus páginas contengan violencia lo cuentan de tal forma que todo te llega como con los decibelios adecuados, a ritmo de balada :) A mí me venía bien una lectura así, de buena literatura pero sin conexión con mis terminaciones sensoriales :)

      Un abrazo

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  9. Hola Ana.

    De Mishima siempre me ha impresionado su destreza para envolver el halo siniestro de la vida con esa sutileza y belleza que aparecen refugiadas en la fragilidad de las cosas.

    De hecho Mishima está presente en mi blog con un libro que me cautivó. "El pabellón de oro". También tengo el título que nos muestras y "El rumor del oleaje".

    Además leí este verano a un íntimo amigo suyo, Kawabata, autor de bella escritura igualmente.

    Me encanta encontrarme a Mishima por aquí, y no me sorprende dada tu sensibilidad lectora. Como el mar que adora Mishima, y tú, tienes una habilidad especial para transitar entre la calma y el oleaje de los libros.

    Cuídate, abrazo.

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    1. Justo intentaba transmitir algo así en el comentario anterior: a pesar de la violencia que pueda contener la historia, el lenguaje es tan bello, el ritmo es tan poético, todo tan visual y sensorial, que es como una forma distinta de contar y transmitir. Kawabata era un gran admirador de Mishima, aunque este le consideraba un maestro (a Kawabata).

      Lo que aparece por aquí ya no lo controlo ni yo, Paco :) Me dejo llevar (más oleaje que calma, por cierto).

      Un abrazo, Paco

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  10. A mí antes no me gustaba mucho releer, pero cada vez lo hago más. En cuanto al libro, voy a indagar un poquito más por ahí :-)
    Besos

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    1. Yo siempre he releído, creo que hay libros que se lo merecen :)

      Un abrazo

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  11. Hola Ana,
    Sí releo, no soy consciente de si más o menos que antes pro sí que lo hago y me gusta encontrarme con esos viejos amigos y redescubrirme en el paso del tiempo.
    Un abrazo

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    1. Sí, es como volver a ver a un viejo amigo, que parece que no han pasado los años, reconforta y te vuelve a llenar otra vez.

      Un abrazo

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  12. Confieso que no lo conocía, que no lo descarto, aunque a priori no creo qie sepa sacarle el jugo que le savas tú. Y bueno, releo poco, pero qué verdad que es que descubres nuevas cosas, además de ser apuesta segura. Un besote!

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    1. Bueno, hay tanto que leer, tanto libro y tanto autor. Y los que tienen que llegar, llegan, cada cual tiene su recorrido. Con el tiempo, relees más ;)

      Un abrazo

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  13. Esas obsesiones que nos dices que tiene el autor me echan bastante para atrás, pero por otro lado, está la curiosidad por esa manera lírica de escribir. No sé, no sé... Me lo pensaré, ;D. Abrazos.

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    1. Bueno, son obsesiones más comunes de lo que parecen :) aunque algunas él las llevó a extremos inimaginables.

      Un abrazo

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  14. Hola Ana

    Leí “el Pabellón de oro” hace muchos años, pero !ay¡ solo me sirvió, aunque, eso sí, me gustó, para llevarme por los caminos de la literatura japonesa, Mishima era el faro, para mí, por aquel entonces, y aunque -como te digo.- me gustó, no me hizo que fuera a otros libros suyos, pero me llevó a Kawabata que me parece especialmente imprescindible; me llevó a Banana Yoshimoto -mucho más joven y moderna- pero de una rara sensibilidad; me llevó a la impresionante “La mujer de la arena” de Abe Kobo, o la extraña belleza de Kenzaburo Oe o a Junichiro Tanizaki. Retornaré a Mishima, porque tengo mucho que agradecerle.

    Gracias por la reseña, y por recordármelo
    un abrazo

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    1. Sí, es habitual hacer el recorrido de Kawabata a Mishima o al revés. Ambos se prodigaban admiración y cariño. Y muchos elogios. Al resto de los que mencionas supongo que llegué por inercia, o a saber cómo. Me encanta esa descripción que haces de Bababa Yoshimoto, en cuanto a su rara sensibilidad. Exactamente así me ha llegado a mí lo que he leído de ella.

      Un abrazo

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  15. Leí "El rumor del oleaje" porque desde un blog me dijeron "no debes perderte a Mishima" y cuanta razón. Fue una lectura pausada como el ritmo del propio libro. Y me dejó con ganas de volver a leer a este autor.
    Un abrazo

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