viernes, 1 de diciembre de 2017

La joven de azul jacinto (Susan Vreeland)


Título original: Girl in hyacinth blue
Traductor: Fernando Garí Puig
Páginas: 216
Publicación: 1999 (2001)
Editorial: Salamandra
Sinopsis: Se sabe que algunas obras de Jan Vermeer, el famoso pintor holandés del siglo XVII, se extraviaron para siempre en los meandros de la historia. Escogiendo uno de estos cuadros perdidos como pieza central de la narración, la autora traza un itinerario desde el presente hasta el momento en que Vermeer concibió el óleo, que se convierte así en testigo directo de las historias de sus sucesivos propietarios.
Al final, se dijo, solo nos quedan los momentos.
A la desconexión del mundo virtual que me impuse en su momento no podía menos que seguirle una especie de desconexión lectora. No dejar de leer, pero sí salirme de forma deliberada del camino lector que transito últimamente: leer algo diferente, que no me atraviese la piel. Cómodo. Intranscendente.

Y así llegué a este libro, del que presentía no habría arañazos, conmociones ni intensidades, sino una lectura fácil, despejada, con un tema que me interesa como es el de la pintura.

A un libro también hay que agradecerle que te de lo que buscas en ese momento, aunque luego no lo coloques en la categoría de imprescindibles o libros necesarios. Por ahí, agradezco esta lectura que me dio un par de tardes plácidas, distraídas de todo lo que me carcome.

Cada vez que veo una obra pictórica, la contemplo como si fuera un libro, alguien o algo que quiere contarme una historia. No soy experta, no entiendo de técnicas pictóricas, confío en lo que me transmite, sin percibir tal vez que la luz de los cuadros de Vermeer (por ejemplo) tiene que ver con el uso que hace de los colores, el equilibrio en la colocación de los objetos, la borrosidad marginal y puntos de luz, etc. No lo percibo de una forma técnica, pero sí sensitiva. Quiero saber qué me transmite, qué me hace detenerme más tiempo en un cuadro que otro, desentrañar el imán que me mantiene absorta en una imagen, aquello que me seduce.

Dicho esto, me atraía lo que este libro me proponía: a través de un cuadro (que realmente no existe) de Vermeer, atravesar la historia de los Países Bajos y las distintas historias de aquellos que poseyeron dicho cuadro. Yendo hacia atrás en el tiempo, hasta llegar al propio Vermeer, conocemos los acontecimientos que afectan a cada persona que tuvo en su poder el lienzo, así como también su propia mirada respecto a la pintura.

La construcción narrativa que propone Vreeland permite que contemplemos este libro bien como un libro de relatos independientes, bien como una novela (que ha sido mi opción), puesto que cada capítulo supone un propietario del cuadro, una historia en torno a él y sus protagonistas y las sensaciones que el cuadro transmite a sus poseedores. Cada poseedor del cuadro tiene sus razones para desprenderse de él, y su propia narración de cómo ha conseguido obtenerlo, su conexión personal con lo que ven/perciben en la joven de azul jacinto.

Las historias de los distintos protagonistas están bien contadas, algunas más interesantes, divertidas, tiernas y predecibles que otras, ambientadas históricamente con gran pulcritud y corrección, siempre bien narradas, y siempre con el hilo común del cuadro y su poder seductor, que a cada protagonista provoca sensaciones distintas, pero complementarias: belleza, tranquilidad, elegancia, silencio, delicadeza, paz, sosiego, inocencia… Una obra pictórica transmitiendo su carácter intemporal, más allá de las distintas impresiones que provoque a quien la contempla. Ese carácter intemporal de las obras artísticas es una de los aspectos que más me estremecen del arte en general.

En definitiva, un libro de fácil lectura, bien escrito, sin más transcendencia. Ni menos.

19 comentarios:

  1. Bueno, veo que no ha resultado como para tirar cohetes pero al menos te ha entretenido...de momento no me lo llevo pero en caso de "necesitarlo" ya se donde volver en busca de info.

    Un besito cielo.

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    1. Sabía que no era lectura para tirar cohetes. Entretenimiento interesante. Que no es poco :)

      Un abrazo

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  2. Pues me atrae bastante saber las historias de todos esos poseedores del cuadro de Vermeer. Aparte de lo mucho que me gusta el pintor, claro.
    Me pasa lo mismo que a ti con la pintura. No entiendo, no podría juzgar más allá de lo que un cuadro me inspira. Es cierto que hay cuadros que te dejan pegada a ellos y no sabes terminar de mirarlos; algo en su luz, su color o su composición, te atrapa irremediablemente. Es lo que me pasa con la mayoría de los cuadros de Vermeer.
    Un beso.

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    1. Si me interesó este libro fue precisamente por Vermeer y por ese recorrido entre los distintos propietarios de un cuadro. Cumplió su cometido, sin más, ni menos.

      Un abrazo

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  3. Está genial cuando cumple su cometido y si era el de no sacudirte, pues un aplauso para él. Tampoco podemos estar todo el día sintiendo cosas intensas, de vez en cuando hay que relajar. Y si es con arte, mejor que mejor. El arte nos enriquece.
    Me lo llevo para cuando necedite ese descanso.
    Un abrazo

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    1. La verdad que sí, que no iba a ser un libro que me agitara en ningún sentido ya lo sabía, pero me interesaba la historia que planteaba, me atrae el arte, los cuadros, pintores... Y no está mal contado, muy bien ambientado, y aunque algunas historias están mejor planteadas y son más interesantes que otras, el caso es que cumplió de sobra lo que buscaba. No es un libro que vaya a conservar en las estanterías, pero hizo lo suyo y lo hizo bien.

      Un abrazo.

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  4. A veces se apetece simplemente esto, una lectura fácil, que te entretenga, que te relaje. Como dice Norah, no todas las lecturas van a ser intensas. Hay que respirar también. Yo tampoco entiendo de cuadros. Y no será porque no tengo amigos que me lo explican... Pero no, no hay manera. Me quedo como tú, con las sensaciones que me transmite. Me gusta lo que cuentas de este libro, ese paseo por la historia de los Países Bajos. Nací allí, y aunque me vine muy chiquitita y no recuerdo nada, no puedo evitar sentir un poquito de cariño por ese país.
    Besotes!!!

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    1. Hace mucho que no leo con la única finalidad del entretenimiento, pero de vez en cuando me conviene bajar algún piñón para rodar más fácil.

      ¡No sabía que habías nacido en los Países Bajos! (no sé si lo comentaste alguna vez). Supongo que aunque no tengas recuerdos, sí tendrás curiosidad, además de simpatía y cariño, así que quizás este libro te ayude a recorrer algo de aquellos lugares y, desde luego, parte de su historia.

      Un abrazo

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  5. Habrá un alto porcentaje de lectores que también disfruten con el arte (la pintura en este caso), también me sucede. Así que, como señalas, el libro cumple su cometido.

    Aunque pintura y literatura utilizan códigos de expresión diferentes, tienen el mismo objetivo, trasladar lo que nos rodea a otro plano de la realidad, la literatura de una manera más intelectual, y la pintura, si cabe, de un modo más sensitivo.

    No me sale de dentro racionalizar la contemplación de un cuadro (parece que somos varios), la fascinación y emoción no piden permiso al raciocinio, simplemente se imponen, son más poderosos. Primero hay que emocionarse y después, si a uno le apetece, buscar argumentos razonados que expliquen tal emoción. Indagar inicialmente en la técnica… y después esperar a que fluya la seducción… a mí no me funciona. No rehuyo tal conocimiento, pero no salgo corriendo a enterarme. Me quedo con la impresión poderosa del sentimiento primario, la emoción.

    Qué carajo le importaría a Vermeer si un espectador de su obra conoce el “sfumato de sus contornos, que consigue dejando rebosar las capas subyacentes de pintura” pero contempla su cuadro con frialdad…

    Es curioso, uno de los últimos libros que he comprado es un fatigado ejemplar, “La necesidad del arte” de Ernst Fischer.

    Cuídate, Ana ;)

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    1. Pues no sé si será un alto o bajo porcentaje, pero sí es verdad que hay bastantes lectores a los que les interesa el arte en general (no sé cómo es que la literatura no se considera un arte) y la pintura en concreto. Ambas (literatura y pintura) muy visuales, ambas muy imaginativas, ambas nos cuentan... algo.

      Yo racionalizo poco en general, pero con el arte menos aún, aunque también reconozco que a veces, sin renunciar a toda la emotividad y sensitividad que me puede mover un cuadro, me gustaría apreciar más algunos aspectos técnicos. Pero no es lo mío, qué se le va a hacer.

      Te recomiendo a John Berger y "El tamaño de una bolsa" ;)

      Un fuerte abrazo, Paco

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  6. Jaja, y además tengo muchos libros de arte que tratan, precisamente, de explicarlo para "entender" un cuadro, o lo que sea.

    Lo que resulta una gran contradicción en mí (y aún así me ratifico en lo dicho).

    Qué sería de nosotros sin nuestras contradicciones, qué vida más insulsa :)

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    1. Yo muchos no tengo, pero alguno sí que anda por ahí por las estanterías.

      Pero somos contradicciones. No podríamos ser otra "cosa" ;)

      Otro abrazo

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  7. Los libros deberían estar prescritos por los médicos cuando se nos enferma el espíritu. Lo mismo ocurre con un buen cuadro. Tomo nota del título que te ha hecho tanto bien. Abrazos.

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    1. Ay, qué frase más bonita, Marisa (Los libros deberían estar prescritos por los médicos cuando se nos enferma el espíritu). No puedo estar más de acuerdo, también respecto a un buen cuadro. A la belleza en general.

      Un abrazo

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  8. Me resulta interesante la historia ya que me suelen gustar los libros en torno a esta época y los pintores flamencos. Tomo nota del título por si me lo cruzo.
    Saludos.

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    1. Pues parece que tiene todos los ingredientes para que te guste. A mí me resultó una lectura amena, la verdad.

      Un abrazo

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  9. La lectura de un libro es siempre una opción personal interesada. Hay libros que remueven porque los buscamos con esa finalidad, hay libros relajantes cuando lo necesitamos y cada libro se adapta a nosotras como un guante (siempre hay lecturas que no los son y se salen fuera de nuestras previsiones, si son en positivo estupendo y si no es así... podemos abandonarlas sin más).
    Me gusta el arte a mi manera, sin mucha base racional, así que igual busco el libro para momentos determinados.

    Un abrazo.

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  10. No me lo llevo. No me gustan los libros que pasan como agua sin dejar cerco en el lector. Ya he leído demasiado y ahora busco involucrarme en mis lecturas
    Besos

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  11. Al fin puedo tomarme el tiempo para leerte al completo. He visto todas tus reseñas pero no he podido dedicarles el tiempo que merecen. Ahora, de vacaciones, saldo mi deuda, Ana.
    Comparto el gusto de varios comentaristas por el arte. Y si a la literatura le añades la pintura, mejor aún. Solo ya por eso, lo apunto. Quizás sea apropiado para este momento de descanso.
    Gracias por descubrirnos libro y autora.
    Un abrazo.

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