martes, 8 de octubre de 2013

El niño perdido (Thomas Wolfe)



Título original: The lost boy
Traductor: Juan Sebastián Cárdenas
Páginas: 96
Publicación: 1937 (2011)
Editorial: Periférica
ISBN: 9788492865413
Sinopsis: Estamos en 1904, en la época de la Exposición Universal celebrada en Saint Louis. La familia Wolfe se ha trasladado desde Asheville y ha abierto aquí un pequeño alojamiento para los vecinos de su lejana ciudad natal que visitan la Exposición. Grover Wolfe tiene sólo doce años, pero, según dicen todos, una sensibilidad y una madurez extraordinarias…  

He aquí uno de los textos más hermosos de la literatura norteamericana del siglo XX: la búsqueda del «niño perdido», del hermano muerto. Una historia, en cuatro tiempos, contada por uno de los grandes narradores de los años treinta: Thomas Wolfe, quien construye, con telón de fondo de esa América provinciana que aún hoy nos fascina, una novela tan bella como intensa, perfecta en su estructura e inigualable en su poder de evocación.



Veo este librito (apenas 100 páginas), me gusta la portada, me gusta la sinopsis. Veo que es de la editorial Periférica, que ya me había regalado una joyita como Una biblioteca de verano y que sospecho es una editorial que sabe ofrecernos historias pequeñitas en páginas y grandes, muy grandes, en contenidos. Así que sí, me lo llevo. Tengo una corazonada.

Me siento en el sofá, empiezo a leer… “La luz vino y se fue y vino de nuevo, las atronadoras campanadas de las tres de la tarde llenaron la ciudad entera de multitudinarios bronces, las suaves brisas de abril le arrancaron láminas de arco iris a la fuente, hasta que el surtidor volvió a palpitar en el momento en que Grover entraba en la plaza.”

¡¡¡¡aaaaaaaalto!! Me detengo. Vuelvo a leer el primer párrafo. Despacio. Veo la luz venir y volver a irse. Oigo las campanas con su sonido de bronce, un sonido multitudinario. Siento la brisa suave sobre la fuente, las láminas de arco iris, el surtidor desgranar el agua…. Aparece Grover en la plaza.

Me quedo impactada por este primer párrafo, tan bello, tan poético. Y me digo que voy a tardar en leer este pequeño libro que no llega ni a las cien páginas. Y voy a tardar en leerlo porque lo voy a hacer despacito, disfrutando de lo que intuyo que va a ser una lectura maravillosa. Saboreándolo.

Os lo anticipo, y además lo voy a poner en mayúsculas. Estamos ante un libro MA-RA-VI-LLO-SO. De lo mejor que he leído en mi vida. Y no nací ayer, tengo una vida larga (y he leído mucho desde siempre). No sé qué busca cada cual en los libros, yo busco muchas cosas: entretenimiento, aprendizaje, vivir otras vidas, viajar…, pero sobre todo busco sensaciones. Y a alguien como yo que le fascinan las personas y la comunicación y las relaciones entre personas, pues también siente inevitablemente admiración por las palabras. Por lo que contienen las palabras. Así que también busco en las lecturas magia. La magia de las palabras, lo que un escritor hace con ellas, cómo las usa para compartir algo.

Thomas Wolfe (no confundir con Tom Wolfe) hace MAGIA. Veo, siento, huelo, saboreo… soy Grover, y luego soy su madre, y luego su hermana y finalmente su hermano (el propio Thomas). Y me maravillo, como se maravilla Grover con todo. Como se maravillan los niños, con el aquí y el ahora, y lo simple, y lo bello, y lo que te rodea, y los pequeños detalles y todo eso que los niños saben que es maravilloso. El ahora y el siempre.

Es un libro tan hermoso que ha hecho que se me saltaran las lágrimas (literalmente) ante tanta belleza y sensibilidad. No hablo de lo que cuenta, no sólo de lo que cuenta, hablo también de cómo lo cuenta. De la infancia, de la pérdida, de la inocencia, de la pérdida de la inocencia, de las heridas irreparables, de la vida, de la familia, de la memoria, del pasado… Tantas cosas. Tantas cosas sólo con detalles de cada día: un maravillarse por lo que te rodea, una gelatina de chocolate, unas estampillas, un padre, un viaje en tren, dos hermanos escapándose a la feria, una búsqueda, un volver a casa…
                                                                                            
La novela (nouvelle) es autobiográfica. El niño perdido es Grover, uno de los siete hermanos de Thomas Wolfe, fallecido a los doce años de edad debido al tifus. ¡¡ALTO!! Ni se os ocurra descartar este libro por triste o duro. Os perderíais una joya sublime. Una belleza. Una maravilla. Una obra perfecta. Una genialidad. No es triste ni duro. Es conmovedoramente hermoso. Literariamente es pura ingeniería. Un deleite para el lector. Una delicia exquisita. Un texto con un gran poder evocador.

Se me han saltado las lágrimas, sí. Me suele pasar cuando vivo algo bello (un paisaje, una canción, una sonrisa, una imagen…), tan bello que me hace sentir terriblemente viva y feliz (incluso privilegiada) de poder vivir momentos así.

¿Exagero? No. Es lo que he sentido. Tal vez luego no sea vuestra percepción. Es un libro para leer desnudos. Desnudos de superficialidades y banalidades. Con el alma desnuda. Y entonces, la magia se produce. Y recuerdas porqué nos gusta vivir. Un libro para leer en la intimidad de uno mismo. Y luego, compartirlo. Y saber que estarás más cerca de aquellos a los que también les emocione intensamente esta lectura.

Espero que no quede dudas de que recomiendo este libro… 
Grover Cleveland Wolfe (1892-1904)

sábado, 5 de octubre de 2013

Un beso (o dos, o muchos)



A mí me fascinan las personas, que no la gente (¿lo he dicho ya?). Pero también me fascinan las imágenes. Esas imágenes que se quedan prendidas de tu mirada y que al evocarlas, convocas también emociones y sensaciones. Quería traeros hoy alguna imagen, y como hay pocas cosas que sean más agradables que un beso, me fui en busca de algunos de esos besos que han sido captados por una cámara.

Si hay un beso conocido y reconocido ese es el capturado por Robert Doisneau. Hermosa fotografía, pero como es un beso trucado, no espontáneo, pues no quería detenerme en él.



Hay besos de cine también inolvidables. Pero son besos “de cine”, lo cual les resta espontaneidad. No, tampoco me valen.






Hay besos más recientes, controvertidos y mediáticos que también dejan su huella. Pero no, tampoco son estos en los que me quiero detener.


Ajá. Sí. Ya lo tengo. Un beso “robado”, tan generoso como espontáneo. Buscaba un beso y me encontré con dos. En realidad es el mismo, pero fotografiado por dos personas distintas. 
 























Creía que había una única fotografía de ese beso, pero hay dos. La fotografía más conocida (la de la izquierda) pertenece a Alfred Eisenstaedt, un fotógrafo profesional. La otra foto pertenece a Victor Jorgensen (fotógrafo de la Armada). Conocida como “Beso en Time Square” o “Beso de despedida a la guerra” fue tomada el 14 de agosto de 1945 en Time Square, celebrando la rendición de Japón, que marcaría el final de la II Guerra Mundial.

Esta foto tiene la virtud de ser absolutamente espontánea, al contrario de la célebre foto de Doisneau. En esta foto podemos ver como un marine besa apasionadamente a una enfermera. No eran pareja, ni siquiera se conocían. La identidad de la enfermera parece confirmada (incluso por el propio fotógrafo): Edith Shain, fallecida en 2010. La identidad de él no está tan clara, puesto que han sido varios los que han dicho ser el famoso marinero de la fotografía. El más insistente al menos ha sido Carl “Moose” Muscarello.

Edith Shain nunca pudo confirmar si Muscarello fue quien la besó. Dice que todo fue muy rápido, que “el muchacho me agarró, yo cerré los ojos…, después me dejó sola y yo me marché”. “Me tomó de la cintura como en un paso de baile y yo me dejé llevar. En ese momento me olvidé de todo”. Toma, claro. Yo también me habría quedado amnésica después de un beso así.

A mí me gusta este beso a bocajarro, beso "aquítepilloaquítebeso", porque mientras se besan todo lo que les rodea desaparece pese a concitar la atención de propios y extraños. Me gusta pensar y saber que este beso es fruto de la alegría, de la libertad, de la emoción del momento (no todos los días se celebra el fin de una guerra, ni siquiera de una guerra personal). Porque esos son los besos que mejor saben, los que surgen sin control, sin aviso, sin megafonía. Un beso que te corre por las venas y te estalla en los labios. Un beso fruto de un desbordamiento de alegría, de pasión, de júbilo, de euforia. Y todo eso se concilia en otros labios.

Viva los besos que te hacen danzar de puntillas, retorcer el espinazo y fundirte como la mantequilla. Hay besos y besos: besos de compromiso, besos descuidados, besos de vampiro, besos compasivos. Pero donde esté el beso pasión, que se quiten todos los demás. Si eres hábil, y valiente, entonces… bésame.

So long.

(©AnaBlasfuemia)

martes, 1 de octubre de 2013

Ha vuelto (Timur Vermes)



Título original: Er ist wieder da
Traductor: Carmen Gauger
Páginas: 384
Publicación: 2012 (2013)
Editorial: Seix Barral
Categoría: Humor
ISBN: 9788432220364
Sinopsis: Es el verano de 2011. Adolf Hitler despierta en un descampado en el centro de Berlín. No hay símbolos nazis, reina la paz, las calles están invadidas por extranjeros, y Alemania está gobernada por una mujer rechoncha que hace lo que quiere en Europa. Sesenta y seis años después de su caída, el resucitado Hitler triunfa en la televisión como perfecto imitador del Führer, un cómico genial. Pero él no bromea en absoluto. La fama es la plataforma perfecta para retomar su carrera política. ¿Qué daño podría hacer hoy Hitler? Esta disparatada historia está contada por él mismo, un hombre que analiza tenazmente su entorno, que descubre de modo fulminante los puntos débiles de los demás, que, con una terquedad sin límites, se guía por su extraña lógica, con fanatismo pero también con lucidez.
Podéis empezar a leer las primeras páginas AQUÍ


Pocas veces elijo una novedad para leer. Cuando un libro pasa de la estantería a mis manos la mayoría de las veces ya lleva tanto tiempo ahí que más bien el libro se cae y elige él mismo ser leído. Eso quiere decir que la mayoría de las veces cuando leo un libro ya hace mucho que ha dejado de ser novedad. Es una manera de creer que soy la que tiene el control sobre lo que leo, y también una forma de que la lectura no se contamine por los comentarios leídos por un lado y otro.

Pero a veces pasa que un libro se viene directamente de la librería a mis manos y dispuesto a ser leído. Nunca sé muy bien la razón, pero decido no esperar. Y eso me ha pasado con Ha vuelto, de Timur Vermes: que no pude esperar, que tenía que leerlo ya o ya. Creo que una de las cosas que me inclinó a esta lectura impulsiva fue la portada: absolutamente maravillosa en su diseño, toda una lección magistral de cómo con dos sencillos elementos (un bisoñé y las palabras “Ha vuelto”) puedes conseguir un dechado de ingeniería visual. Un diseño gráfico tan sencillo como impactante. Eso no se lo puedo negar a este libro (aunque la idea no es original, como podéis ver en la imagen que dejo abajo del todo, pero se ha sabido utilizar de forma ingeniosa).

Más cosas que no le puedo negar al libro: el planteamiento es realmente original, no tanto por parodiar a Hitler (youtube está lleno de parodias de este personaje y el discurso de Charles Chaplin parodiando a Hitler creo que está en la retina de todo el mundo) sino por resucitarle aquí y ahora, en Berlín más concretamente y en el año 2011. A partir de ese planteamiento, Timur opta por hacer una interpretación humorística de la situación. 

Hitler se toma demasiado en serio a sí mismo, algo que en los tiempos que corren tendemos a ridiculizar. Por el Hitler de 1945 no han pasado los años, está claro. Y esa confrontación entre el Hitler de 1945 y la Alemania de 2011 será la base que utilice Vermes para desarrollar la trama. ¿Y cómo percibirán los alemanes del SXXI a Hitler?: como un personaje cómico, raro y extravagante. Un friki. ¿Y qué se hace en nuestra sociedad con los frikis? Se les lleva a la televisión y se les encumbra. ¿A que os suena? ¿Y os suena la importancia de los medios de comunicación y la influencia que tienen sobre la sociedad (entendida no como conjunto de individualidades, sino como masa)? Pues más o menos ya tenéis la propuesta de Timur Vermes.

El buen humor no es del todo posible porque la parodia se tornará sátira con el fin de retratar la actual sociedad, o al menos la sociedad que Vermes nos quiere mostrar: incoherente, frívola, arribista, egoísta, banal... Por tanto tenemos situaciones hilarantes, sí, que provocan sonrisas (carcajadas no, se me resisten las carcajadas) en distintos momentos de la lectura.

Tal vez hasta el momento aún no tengáis claro qué me ha parecido la lectura de este libro. Podéis pensar que me ha parecido interesante y no os equivocaréis. Que me ha hecho sonreír en ocasiones, y tendréis razón. Quizás a estas alturas no sepáis, porque no lo he dado a entender, que Timur Vermes me ha parecido un muy buen escritor y he detectado detalles muy interesantes que han provocado que vaya a seguir la trayectoria de este escritor en el futuro. Ahora ya lo sabéis.

Peeeeeero…. Pero. Hay algo que no le puedo perdonar a Timur Vermes: que haya tardado casi dos semanas en leer este libro. Y tengo claro que no ha sido un problema mío, organizo bien mis tiempos de lectura para conseguir un ritmo lector más o menos aceptable. No, el problema es que había un tope de páginas que podía leer seguidas, luego tenía que dejarlo. No conseguía avanzar. ¿Por qué? por varias cosas:

  • El libro hace referencia constante a personajes “locales”, tanto mediáticos como políticos. Mi fascinación por Alemania no alcanza a estar al día de los personajes que pueblan la mass media alemana y aún teniendo cierto conocimiento de la situación política de ese país, es más que evidente que muchas referencias se te escapan y muchas situaciones no las entiendes bien por estar en clave autóctona.
  • Que Hitler sea el punto de vista único y exclusivo que conocemos a lo largo del relato hace escaso favor al ritmo: sus continuas disquisiciones, justificaciones, explicaciones, parrafadas… hacen que el ritmo narrativo no sea excesivamente fluido y espese bastante la lectura. Tal vez hubiera bastado con alternar puntos de vista, no siendo necesario imprimir más acción a la trama (aunque a veces hubiera agradecido que pasara algo)
  • Aunque hay bastantes situaciones divertidas y el humor es el disfraz que Timur Vermes ha elegido para hacer una evidente crítica social, sin embargo no termina por hincarle el diente, quizás porque le ha faltado más sarcasmo, esa gama más mordaz del humor que da dentelladas entre risa y risa. Creo que se ha quedado en la superficie y su crítica no termina de ser lo suficientemente profunda como para conmocionar o impulsar.

Estos aspectos han sido bastante definitivos para que no avanzara con facilidad por su lectura y que finalmente, aunque recomiendo el libro, no lo haga a ciegas porque no es una lectura cómoda. Así pues, sí creo que es un libro interesante de leer, con un autor hábil y con observaciones y detalles frescos y profundos, y al que espero encontrarme en próximas lecturas. Pero como no lo recomiendo a ciegas, espero haber contribuido con mi opinión a dilucidar las claves que permitan a cada uno decidir si sí o si no.