miércoles, 18 de diciembre de 2013

Mi enemigo mortal (Willa Cather)

Título original: My mortal enemy
Traductor: Gema Moral Bartolomé
Páginas: 128
Publicación: 1926 (2012)
Editorial: Alba
Categoría: Narrativa
ISBN: 9788484287438
Sinopsis: Myra Driscoll renunció a la fortuna de su tío y a una comodidad de princesa para ser fiel a sus sentimientos y casarse con Oswald Henshawe. Pero la obra mostrará el haz y el envés de aquella valentía ideal. A través de la exquisita mirada de la joven Nellie asistimos a la rememoración de dos momentos clave para el retrato de Myra: la vida del matrimonio en Nueva York, llena de glamour y de amistades artísticas, y su final empobrecido en una ciudad junto al Pacífico.



Los árboles y los arbustos parecían acicalados y sociables, como personas encantadoras… Estuve un buen rato junto a la fuente intermitente Su rítmico chapoteo era como la voz de aquel lugar. Descendía y se alzaba cual una respiración agitada y feliz, y el sonido era musical, parecía surgido de la garganta de la primavera… Tuve la sensación de que allí el invierno no llevaba consigo la desolación, estaba domesticado, como un oso polar que una hermosa dama paseara con correa.

Ha vuelto a suceder: escojo un libro de pocas páginas, una lectura con vocación de tránsito, y me estalla en las manos. Vuelvo a encontrar una joya y la sorpresa me pilla desprevenida (no podía ser menos, vaya birria de sorpresa si no fuera así). Tan desprevenida estaba que incluso me pilla indefensa, desarmada y sin barreras emocionales que me protejan de la belleza y la emotividad consecuente. Pero qué importa, estas sorpresas a mano armada, a libro abierto, son una de las razones por las que cada día, abro un libro y leo.


No necesita mucho Willa Cather para contar la historia de Myra Driscoll y mostrarnos su profunda y compleja personalidad. Lo hará a través de los ojos de Nellie, una quinceañera inteligente, observadora y perspicaz que nos conducirá de forma soberbia a través de esta historia aparentemente intranscendente y superficial. Si tuviera que decir qué es lo que se cuenta en “Mi enemigo mortal”, cuál es la trama, no sabría decirlo. Podría decir que es, sobre todo, la historia del matrimonio de Myra Driscoll, o la historia de Myra Driscoll, contada en dos partes muy diferenciadas: en la primera asistimos al esplendor social, cultural y económico de Myra y Oswald (una época de mucha pompa y glamour) y la segunda nos muestra su ruina social, económica y hasta de salud. La decadencia.


Pero detrás de ese simple argumento transcurren muchas cosas que Willa Cather nos insinúa (más que mostrarnos) con delicadeza muy sutil, pero con mano firme (casi como si de la propia Myra se tratase): las decisiones que tomamos y la factura que pasan (¿factura o fractura?), la búsqueda del culpable por las consecuencias de esas decisiones (¿yo, por decidirme? ¿tú, que me ilusionaste?, ¿yo, que soñé? ¿tú, que me hiciste creer?,..). ¿Quién es el enemigo mortal? (¿el marido, ella misma, quien observa, las ilusiones desgastadas, el tiempo -“el implacable, el que pasó...”-?). ¿Quién engaña y quién es el engañado? ¿o es la vida la que nos engaña? ¿o tal vez las ilusiones?.. Hay que buscar en los pequeños gestos, en los detalles (que es donde se esconden los grandes dramas, las pasiones más encendidas, los sueños más elevados, las ilusiones desmedidas, el amor más entusiasta. Ahí, donde conviven generosidad y egoísmo sin contradecirse).


La grandeza de este libro está en que habrá quién lo lea y diga… “¿y…?”. Pero habrá quién lo lea, cerrará el libro y necesitará un tiempo antes de tomar una decisión simple: levantarse, encender un cigarro, hablar con alguien…. A eso se llama saborear un libro… y masticar sus consecuencias.


Hay lecturas que dosificas página a página, que son ese pequeño rincón del día en el que buscas aislarte y te concentras en ese gesto íntimo que supone la lectura.


Hay libros que más que leerlos te acurrucas en ellos, instalándote en un espacio confortable en el que te dejas llevar y casi hasta acariciar, acomodada entre palabras, insinuaciones y descripciones.


Hay libros que te acogen, y luego te zarandean con tanta astucia que terminas de leerlos y dices: “gracias”.


Este ha sido uno de esos libros.

 (©AnaBlasfuemia)
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viernes, 13 de diciembre de 2013

El proyecto esposa (Graeme Simsion)




Título original: The Rosie project

Traductor: Magdalena Palmer

Páginas: 320

Publicación: 2013

Editorial: Salamandra

ISBN: 9788498385540

Cubierta de: W. H. Chong
Sinopsis: «Me llamo Don Tillman, tengo treinta y nueve años y soy profesor adjunto de Genética en la Universidad de Melbourne. Mi trabajo está bien remunerado, me alimento de forma equilibrada y regular, y mi condición física es óptima. En el reino animal, no tendría ninguna dificultad para aparearme, pero en el humano, nunca he logrado tener una segunda cita con la misma mujer. Los motivos de mi fracaso no termino de entenderlos, y como las estadísticas muestran que los hombres casados son, en promedio, más felices y viven más tiempo, he decidido poner en marcha un programa vital para mí, el proyecto esposa. A tal fin, he creado un algoritmo perfecto que me permitirá excluir las candidatas inadecuadas: las fumadoras, las impuntuales, las desorganizadas, las que dedican demasiado tiempo a su aspecto exterior... en suma, todas aquellas que no respondan a los estrictos criterios que se exponen en el cuestionario de dieciséis páginas que he elaborado. Este libro es el informe científico —aunque me han explicado que hay que denominarlo novela— acerca del resultado de mi proyecto. Quien lo lea descubrirá que la candidata menos apropiada se llama Rosie; y también encontrará la respuesta a una pregunta fundamental: ¿puede el amor cambiar la vida de una persona, incluso de un individuo como yo?»

L.: Voy a ser un dictador
A.B.: ¡¡¿Cómo?!! Explícame eso…
L.: Porque hacen lo que quieren y tienen de todo.
A.B.: ¿Por eso quieres ser un dictador? ¿Para hacer lo que quieres?
L.: Ellos mienten y son famosos y salen en los libros. Yo siempre digo la verdad y no salgo en ningún libro, nadie me conoce y no tengo ni amigos.


Mantuve este diálogo hace unos días con un adolescente con Síndrome de Asperger. Después de una larga y ardua conversación en la que la lógica habitual no sirve como argumento conseguí convencerle de que no era buena idea aspirar a ser un dictador. Como siempre me sucede cuando hablo con una persona con este síndrome, nada de lo que sé y conozco me sirve, todos mis circuitos mentales y hasta emocionales tienen que volver a configurarse para poder seguir la inapelable y característica lógica de mis amigos “aspies”.

Don Tillman, el protagonista de este libro, tiene Síndrome de Asperger. Un síndrome con el que, por razones que no vienen al caso, estoy muy familiarizada. Así que cuando vi este libro sabía que, sí o sí, tendría que leerlo.

Graeme Simsion conoce bien el Síndrome de Asperger. No he encontrado mucha información sobre porqué lo conoce, aunque sí sobre todo el proceso de elaboración del libro (él es guionista, y al principio le ayudó su mujer, también escritora que le ayudó a dar forma a una idea surgida en un Taller de escritura creativa). Aunque menciona a un amigo con características parecidas a las de Don, que le ha inspirado el personaje, no he podido encontrar mucha información sobre su proceso de documentación. En cualquier caso, sabe de lo que habla y lo hace con mucho respeto y delicadeza.

Si dijera que estamos ante un libro maravilloso mentiría. El protagonista, Don Tillman, es maravilloso. Y ahí no mentiría. Toda la historia gira en torno a él y de hecho se sostiene y crece gracias a Don. Si no fuera por su protagonista, estaríamos ante una novela romántica más y posiblemente bastante simplona. Pero gracias a Don estamos ante una muy buena comedia romántica, y ante un libro que en realidad tiene vocación de gran pantalla: el libro está escrito para ser llevado al cine.

Don Tillman es una persona especial, su Síndrome de Asperger lo configura (término utilizado por el propio protagonista) como alguien incapaz de mentir (aunque habría que decir “incapaz de engañar”), de ponerse en el lugar del otro y ¿de amar?. El planteamiento es claro ¿puede alguien como Don ser capaz de amar? ¿y de amar a alguien que es su polo opuesto?. Ese es el planteamiento y columna vertebral de El proyecto esposa. El desenlace es previsible, aunque agradezco a Graeme el que al menos haya dejado pistas sobre la más que probable realidad de muchas de estas personas, más allá de que él quiera perfilar el final más adecuado para conseguir convertir el libro en guion cinematográfico.


Pero ¿por qué? ¡¿Por qué la gente no dice simplemente lo que quiere decir?!


Don es absolutamente transparente, nítido, sincero, directo, inocente, honesto, ético, noble, tierno, educado, amable, no entiende de ironías, dobles sentidos, segundas (terceras, cuartas…) intenciones. Cree en todo lo que ve y oye, tal y como lo ve y tal y como lo oye. Parece increíble, pero una persona así parece no tener lugar en esta sociedad, o al menos no le resulta fácil convivir en esta sociedad. El mundo no está hecho para personas que no son hipócritas, y las personas con Síndrome de Asperger carecen de hipocresía. Triste, pero real.

Además de todo lo anterior, Don también es estricto, intransigente, rígido, inflexible, literal, maniático, cuadriculado, obsesivo... No puede ser de otra forma, puesto que el Síndrome de Asperger acentúa todos esos aspectos y también otro importante: la falta de empatía, algo que no es incompatible con la capacidad de tener sentimientos, pero que hace tambalear el “Proyecto esposa” de nuestro protagonista.

Graeme Simsion pretendía inicialmente que el “Proyecto esposa” fuera un drama romántico. Pero al final, no puede ser de otra forma, estamos ante una comedia romántica. Una lectura, fácil, amable, simpática y muy divertida. Al basar todo el argumento en Don Tillman y su peculiar forma de ser, en ocasiones el libro tiende a ser un poco reiterativo en las situaciones, aunque no llega a rebasar ningún límite ni frontera. Quizás le ha faltado a Graeme Simsion alguna hechura más como escritor para haber dotado a un personaje inolvidable y magnífico como es Don Tillman, de una historia con más solidez y desarrollo.

Tengo que decir que me ha costado mucho comentar este libro sin caer en hacer un mitin sobre lo injusta que es esta sociedad con las personas con Síndrome de Asperger y lo fácil que es pensar que los hipócritas son los demás… No era el momento, pero sí quiero recomendar esta lectura, no sólo porque se conozca algo más sobre este síndrome tan desconocido (y que pone contra las cuerdas a los valores que sustentan nuestra sociedad actual), sino porque el libro es absolutamente encantador, entretenido y divertido (Don Tillman lo es).

Quiero decirlo: las personas con Síndrome de Asperger que he conocido y conozco me hacen mejor persona y me mantienen en un aprendizaje continuo.

El síndrome de Asperger no es ningún defecto. Es una variante. Y potencialmente una gran ventaja.
(©AnaBlasfuemia)

lunes, 9 de diciembre de 2013

Blasfuemia


Quienes frecuentan este blog (¡gracias por estar ahí!) saben que lo más habitual es encontrar comentarios de mis lecturas. Pero también que de vez en cuando dejo mis Blasfuemiadas, que podría decirse que son “las cosas de Blasfuemia”. Pero ¿quién es Blasfuemia? Tranquilidad, no hay desdoblamiento de personalidad. Blasfuemia soy yo, Ana Blasfuemia. Mi nombre es Ana, pero está claro que Blasfuemia no es mi apellido, ni siquiera mi segundo nombre. Es un nick, un apodo que utilizo hace tiempo. Y hoy quiero explicar porqué, lo hice hace tiempo en otro blog donde utilizaba este nick, pero hoy quiero hacerlo aquí de nuevo.

Tuve una gata. Se llamaba Blas. Una gata con nombre de gato, porque cuando vimos que “aquello” no prosperaba era tarde para cambiarle el nombre, y no era cuestión de llamarla “Blasa”. Permitidme que me dirija a ella:


Es difícil de explicarlo, ha pasado tanto tiempo (8 años), pero … te echo de menos. Nunca nadie me dio tanto a cambio de tan poco. Tenías esa intuición casi sobrenatural para saber en qué momento comenzaba un descenso tan poco deseado como innecesario. Antes de que yo misma me diera cuenta de la caída ya estabas tú sujetándome. A mi lado. Cuando enfermaba, cuando las nubes se repetían, cuando los espejos se ennegrecían… ahí estabas, descifrando las señales, anticipándote, acurrucándote, ronroneando, sujetándome…


Intento ahora, y aquí, reagrupar todos los recuerdos, aquellos que te pertenecen, los envuelvo de blanco y te los envío con pájaros que pinto con tizas de colores. Tenías aquello de lo que yo siempre carecí: elegancia y generosidad. Y esa tranquilidad tan acogedora y serena, que te permitia además saber cuándo tocaba ronroneo y cuándo el cachondeo. Nunca protestabas por nada: ni los viajes, ni las estancias en casas ajenas, ni el ir y venir.

El día que tuve que decirte “adiós, es hora de dejarte marchar” fue uno de los momentos más duros de mi vida (y ha habido unos cuantos). Sí, fue muy duro, mi preciosa niña de ojos verdes. Sé que te fuiste tranquila, que querías descansar. Yo querría morir así: en brazos de todos los que quisiste y te quisieron, con la mirada serena, dando amor mientras te despedías con tus ojos limpios y honestos; durante horas pasaste de brazos en brazos sin tocar aire apenas. Cada mirada, cada abrazo, fue un lenguaje silencioso e intenso. Tu mirada agradecida. Tu elegancia. Tu carita inolvidable. Mi miedo, mis lágrimas. La despedida.


Candela te echa aún de menos. Creo que aún te busca. Sigue igual de torpe, cariñosa y simpática. Le faltas tú. Sé que a Truca le habla de ti. Truca es un poco pelota, te hubieras reído con ella. Entre las dos me han enseñado a esperar con sueños febriles que, algún día, volveré a verte.

Han pasado varios años. Ahora tú vigilas el río, debajo del árbol, y yo te sigo pensando con los bolsillos algo más vacíos de sueños tranquilos y con la cabeza más llena de pájaros. Me has dejado tantas cosas que aún conservo: tu mirada y tu luz, ese brillo sereno que con tanta galanura te hacia desenvolverte por la vida haciéndote distinta y especial.

Es difícil de explicarlo, pero te sigo echando de menos. Te recuerdo cristalinamente. Me faltas, porque yo sin ti soy menos yo. Pero más Blas.

Blas fue mia.  

Blas
Candela y Truca

(©AnaBlasfuemia)