sábado, 7 de diciembre de 2013

La misma ciudad (Luisgé Martín)



Páginas­: 136
Publicación: 2013
Editorial: Anagrama
Categoría: Narrativa
ISBN: 9788433997630
Sinopsis: El día 10 de septiembre de 2001, Brandon Moy se encontró en Nueva York con un antiguo amigo que le hizo recordar todos aquellos sueños que habían compartido en la juventud y que él nunca había cumplido. Moy tenía una esposa a la que amaba, un hijo ejemplar, un apartamento envidiable en Manhattan y un trabajo de éxito, pero al recordar todo lo que había querido hacer en la vida sintió que había fracasado. A la mañana siguiente de ese encuentro, mientras él iba camino de su trabajo en las Torres Gemelas, los aviones de Al Qaeda las derribaron. Brandon Moy creyó que el destino le ofrecía una segunda oportunidad.
Leer un fragmento del libro AQUÍ



"Cualquier persona puede recordar qué estaba haciendo cuando se enteró de que las Torres Gemelas de Nueva York habían sido atacadas."

Recuerdo perfectamente lo que estaba haciendo el 11 de septiembre de 2001. Recuerdo haber llegado a casa del trabajo y sentada delante del televisor ver cómo un segundo avión atravesaba como una daga una de las Torres Gemelas. Recuerdo perfectamente cada emoción que sentí ese día, cada conversación que tuve, y tuve muchas porque en determinadas situaciones necesitamos ser más que nunca seres sociales. Recuerdo las imágenes. Y recuerdo que una de las más impactantes era la gente tirándose desde las ventanas. Eligiendo su forma de morir. No trataban de huir de una muerte segura, no se trataba de un desesperado intento por sobrevivir. No. Elegían su muerte.

Cuando vi la imagen (The Falling Man de Richard Drew)  de la portada de este libro no supe muy bien cómo reaccionar. No porque la imagen fuera excesivamente impactante (y real), sino porque no sabía cuál era el papel de esa imagen en la historia que contenía el libro. Después de leerlo creo que no era necesaria, porque si de segundas oportunidades hablamos, está claro que la persona de la imagen no tuvo una segunda oportunidad. Si es para reflejar el impacto de lo vivido aquel 11 de septiembre y cómo afectó a Brandon Moy (el protagonista de esta historia)… pues tampoco creo que fuera necesario. Ahora si es para llamar la atención, objetivo cumplido. Pero se la podría haber evitado.

No sé cómo plantear mis sensaciones respecto a esta lectura. Comienza el libro con el protagonista, Brandon Moy, mostrando su malestar con la vida que lleva. Y no, la vida que lleva no tiene nada que ver con la tuya ni con la mía: vive en Nueva York, clase alta, mujer guapa, hijo estupendo, buen trabajo, buen piso, además segunda casa de fin de semana y verano en Long Island… Y sospecho que un sueldo ante el cual el mío se partiría de la risa y le diría “¡exagerao!”. Pero Brandon Moy está pitopausico a los 40 años, así que se cuestiona si la vida que vive es la que hubiera querido vivir. Y la respuesta, claro, es NO. Más o menos como todo el mundo. Lo que soñamos con vivir y lo que vivimos pocas veces se dan la mano. Y cuando hacemos las comparaciones correspondientes acabamos acumulando mucho barro en los pies y se nos hace más pesado andar y andar. La crisis de los 40. Que es la crisis de todo cambio de decenio, los 30, los 40, los 50, los 60 y así cada diez años. Previsibles que somos, y de qué poco nos sirve ser tan previsibles.

Me costó arrancar con este libro, quizás porque venía del de Zambra, en el que al menos el cómo cuenta las cosas hacía que disfrutara de lo que me contaba, aunque lo que me contara fuera innecesario (que en el caso de Zambra no lo es). Pero en este libro tampoco la forma de contarlo me hacía quedarme pegada a la lectura, que se me hacía espesa. Pero tengo que decir que luego consigue remontar, engancha levemente, te metes en la lectura y avanzas a buen ritmo. También es verdad que hay un momento en que, aunque hayas hecho la vista gorda, ya todo te resulta definitivamente inverosímil: esa facilidad con que Brandon Moy encuentra sus trabajos, y no sé si decir el punto machista que refleja la facilidad con que las mujeres acogen a Brandon, que parece ser lo suficientemente atractivo como para que las mujeres no sólo caigan rendidas a sus pies, sino que además le cedan cama, casa, parte del presupuesto y lo que haga falta.

Que además Brando Moy aprenda idiomas con facilidad, acabe por ser un portentoso (y breve) escritor, consiga vivir todos los extraños deseos que le harían ser feliz (volar en globo, tener una experiencia homosexual, probar drogas alucinógenas, …)  en fin, todo ello confiere a la historia un punto de “qué lástima” o “lo que pudo haber sido y no fue”. Y el caso es que la idea es interesante. Y probablemente incluso real en su punto de partida (el momento en que el protagonista decide darse una segunda oportunidad). Pero finalmente ni la forma de contarlo ni cómo se desarrolla la historia me convencen.

Los recursos de verosimilitud que Luisgé utiliza (él mismo es el narrador, menciona a personas reales que aparecen como personajes -secundarios o menos-) no consiguen que se me haga creíble nada, ni siquiera las reflexiones, manidas muchas de ellas, que se deslizan a lo largo de las páginas. Que no es que me importe que una historia sea inverosímil si es coherente, pero es que en este caso apunta a vendérmelo como una narración realista. Y entonces por ahí no cuela.

He llegado a pensar que no entendía la psicología del protagonista porque era hombre. Y no, tampoco es eso, que una ya lleva años leyendo y es la primera vez que me pasaría. Es simplemente que no está bien construida la personalidad del protagonista. Es algo que he detectado en otros libros: el autor quiere contarnos algo, y a veces es tal el empeño en contarlo que los personajes son meras herramientas para hacerlo, pero se quedan anodinos y desnaturalizados por la urgencia de lo que se quiere contar.

He mirado otras reseñas antes de terminar de escribir mis sensaciones. Y me ha pasado una cosa curiosísima: que algunas reseñas que recomiendan el libro lo hacen de tal forma que yo hubiera jurado que en realidad tampoco les ha encantado el libro. Pero sin embargo acaban concluyendo que han disfrutado de la lectura y no he terminado de ver de forma clara el porqué. En general es una lectura que ha gustado, así que no me vayáis a hacer mucho caso, si es que alguno me hacéis. Seré la raruna a la que este libro no le ha terminado de convencer, pero es lo que hay. Tampoco me ha desagradado tanto como para enviarlo a la ONG del blog, pero sí como para dejarlo en el limbo de los libros que ni fú, ni fá ni todo lo contrario.
 (©AnaBlasfuemia)

domingo, 1 de diciembre de 2013

Bonsái (Alejandro Zambra)



 Páginas: 96 
Publicación: 2006 
Editorial: Anagrama 
Categoría: Narrativa Contemporánea 
ISBN: 9788433971296 
Sinopsis: Condenado a la serenidad y a la impostura, Julio, el silencioso protagonista de este libro, acaba convenciéndose de que es mejor encerrarse en su cuarto a observar el crecimiento de un bonsái que vagar por los incómodos caminos de la literatura. Es ésta, como dice el narrador, una historia liviana que se pone pesada, un relato elíptico y vertiginoso marcado por la inquietante desaparición de una mujer.

Desde que leí La vida privada de los árboles tenía ganas de repetir con este autor. He comentado varias veces que tengo poca capacidad para elegir mis lecturas, que son los libros los que eligen cuándo quieren ser leídos. Así que la única razón por la que Bonsái ha llegado a mis manos es porque así lo ha querido el propio libro.

Estamos ante una lectura especial y diferente, porque Alejandro Zambra es también un autor especial y diferente. Todo lo que nos cuenta en este libro nos va a sonar a algo,  pero sin embargo no nos cuenta nada en concreto. Y sí, está la relación del protagonista, Julio y Emilia. Pero no sólo eso, también está Anita y Andrés, y está María. Y también Gazmuri. Todos son personajes secundarios pero también necesarios.

Julio es un mentiroso, más de lo que cree, pero también (al igual que Emilia) un amante de los libros. Digo que Julio es un mentiroso, y lo es al estilo que lo somos un poco todos, con mentiras tontas que nos hacen sentir mejor o sentirnos más. Que más que mentir(se) es inventar(se) una vida mejor, más como nos gustaría que fuera la vida, que no como es. Como por ejemplo decir que te has leído a Proust, y no ser verdad. Y esa mentira, que comparten tanto Emilia como Julio, puesto que ninguno de los dos lo ha leído, es lo que los une. Y finalmente, cuando lo leen, también lo que les separa. Porque la literatura une a Emilia y Julio:



Rápidamente aprendieron a leer lo mismo, a pensar parecido, y a disimular las diferencias

(la negrita es mía)

Tranquilos, no desvelo nada de la trama. Es difícil hacerlo cuando no hay propiamente una trama, sino cartas encima de la mesa. Si es que el libro ya empieza así:



Al final ella muere y él se queda solo, aunque en realidad se había quedado solo varios años antes de la muerte de ella, de Emilia. Pongamos que ella se llama o se llamaba Emilia y que él se llama, se llamaba y se sigue llamando Julio. Julio y Emilia. Al final Emilia muere y Julio no muere. El resto es literatura

Por tanto no es saber si Julio y Emilia siguen juntos, saber qué le pasa a Emilia, si Julio sigue (y sigue, y sigue) enamorado de Emilia..., lo que te hace leer y seguir leyendo. Es otra cosa, saber cómo, saber qué o por qué. O, simplemente, disfrutar de la forma tan personal, poética y original de escribir que tiene Zambra, aparentemente sencilla y casual, pero con gran profundidad y en la que vamos a reconocer muchos lugares comunes pero también personales, como si Zambra se hubiera paseado por algún recóndito rincón de nuestro espacio interior y lo hubiera registrado. Zambra convierte lo cotidiano e incluso lo patético en algo realmente atractivo (de leer).

Detrás de la forma poética que Alejandro Zambra utiliza para contarnos esta historia de Julio y Emilia, no deja de haber mucha ironía sobre lo que son las relaciones de pareja, o tal vez lo que encierra es una crítica a las previsibles formas de contar las relaciones de amor que nos podemos encontrar en muchos libros.

Aunque no es muy conocido en España, Alejandro Zambra es un joven escritor y poeta muy respetado en Chile. Da clases de literatura, y en este libro se habla mucho de escritores y libros, así que es conveniente tener una libreta a mano para tomar nota: El libro de Monelle (Marcel Schwob), El pabellón de oro (Yukio Mishima), El hombre que duerme y Las cosas (Perec), Onetti, Raymond Carver, Ted Hughes, Tomas Tranström, Borges, Bioy Casares, Silvina Ocampo, Madame Bovary… Un no parar, vaya.

Recomiendo este libro a quien le apetezca salirse un poco del “guión”, quien quiera leer un libro en el que no hay la típica trama con su nudo, desarrollo y desenlace. A quien quiera acercarse a un autor y una forma de contar las cosas distinta, pero también reconocible, sensible pero también sarcástica. A quien quiera acercarse a una historia que le acerque a lo reconocible, con todas sus aristas. Una lectura fácil, pero que tampoco es fácil, sin ser difícil. ¿Me explico? ¿Te arriesgas?. A mí me sigue sorprendiendo este autor y me ha resultado agradable y estimulante volver a leer un libro suyo. ¿Te llevas el bonsái?