martes, 11 de febrero de 2014

Tres mujeres (Sylvia Plath)



Título original: Three women: A monologue for three voices

Traductora: María Ramos

Páginas: 104

Publicación: 1968 (2013)

Editorial: Nórdica

Categoría: Poesía

ISBN: 9788415717614

Sinopsis: Tres mujeres es un emocionante poema a tres voces que tiene como tema central la maternidad. Cada voz representa una forma de vivirla: la mujer que centra su realización en ser madre, la que sufre por no poder serlo y la que lo es a su pesar. Sylvia concibió este poema, feminista y antibelicista, para ser leído en voz alta, y en 1962, un año antes de su muerte, lo leyó en la BBC. La experiencia supuso un cambio de dirección en su forma de afrontar la escritura. Desde entonces concebiría los poemas «en voz alta», cambiando de forma definitiva su técnica poética.

Edición bilingüe e ilustrada

Ilustraciones de Anuska Allepuz
Con Sylvia Plath en mi lista del Reto de Escritoras Únicas tenía claro en principio que haría una (re)lectura de La campana de cristal. Pero se cruzó en el camino la editorial Nórdica, una edición bilingüe e ilustrada de Tres mujeres que es, como bien dice en el título original un monólogo a tres voces, un poema sobre la maternidad. No lo dudé. Era una forma diferente de acercarme a Plath, más allá de su famosa campana, sobre todo porque Sylvia fue, ante todo, poeta.

Una vez leído, e incluso releído (ahora explico la razón) y a la hora de plantearme cómo comentar este libro debo decir que me he acercado al teclado bastante desmoralizada. No, no ha sido por la lectura. Ha sido porque de repente he tenido que enfrentarme a la realidad que me iba a encontrar: comentarios diciendo que “la poesía no es lo mío”, “la poesía no es un género que lea”, “la poesía y yo somos incompatibles”, “nunca leo poesía”… Derrotada de antemano hasta elaboré una lista de argumentos para intentar convenceros de que no se debe rechazar toda la poesía así de un plumazo y concretamente este libro, pequeño, de pocas páginas, bilingüe e ilustrado.

Pero al final me dije ¿para qué? ¿por qué? Y no sé si con desánimo, pero sí con convicción, decidí que no debo intentar convencer a quien ya está convencido de que la poesía no es lo suyo.  Cada uno tiene sus argumentos, sus razones, sus comentarios, su forma de acercarse a los libros y a las lecturas.  Así que desde el respeto a todo eso, paso de puntillas.

Además, es cierto que la poesía es quizá el género literario más personal e íntimo, e incluso el más difícil de trasladar a un comentario de lecturas. También es el género literario más hermoso, todo hay que decirlo, no en vano cuando nos gustan párrafos o descripciones de una lectura solemos hacer referencia al estilo poético del autor o autora para expresar que lo hace de una forma delicada y bella. Y posiblemente también metafórica. La poesía como una imagen distorsionada de lo que se quiere contar, juego de palabras e imágenes, rimas imposibles y posibles, lo que se dice y lo que se intuye, lo que no se dice pero se quiere decir y juego de nuevo con las palabras, con las imágenes visuales que provoca y con las emociones que despierta. Cuando con la literatura se hace magia, lo llamamos poesía.

Me estoy dirigiendo entonces a quienes a) les guste la poesía, b) ni les guste ni les disguste pero no la rechacen, c) quieran conocer a Sylvia Plath poeta, d) quieran conocer más a Sylvia Plath persona e) lectores empedernidos que se atreven con todo y f) los que leen mis largos comentarios hable de lo que hable (¡valientes! debería premiar vuestra paciencia conmigo).

En cualquier caso, pierdan todos y todas cuidado: no voy a comentar mucho el libro en sí (aunque nunca lo hago). Allá cada una con sus maternidades, podría decir. Pero lo diría por chinchar porque no es eso, es sólo que probablemente Sylvia Plath ha escrito poemas que por serlo (poesía) no serán leídos y que quizás en este caso las ilustraciones de Anuska Allepuz no ayudan mucho. Unas ilustraciones infantiles y que no he logrado conectar con este poema a tres voces. Y lo he intentado, porque el libro lo he leído dos veces, pero las ilustraciones las he mirado y remirado varias veces y no he conseguido vincularlas lo suficiente  a lo que leía, sin que además me quitara esa sensación de ilustración para niños…

Es la segunda vez que menciono que leí el libro dos veces. Bueno, tiene su razón, como bien dice la sinopsis Sylvia Plath concibió este poema para leer en voz alta. Así que la primera vez lo leí al estilo clásico: en silencio y ensimismada. Y la segunda lo hice tal y como fue concebido: en voz alta. Que no es fácil, he de decir, porque necesitaba estar sola para que no se pensaran que estoy como una cabra (no os voy a engañar: ya hay quien lo piensa). Una vez realizado el experimento he de decir que, efectivamente, la sensación e incluso la lectura es distinta. Algo que ya había comprobado en una ocasión en que leí en voz alta para alguien, pero que nunca había probado con la poesía. Curioso. Añado que es un poema que volveré a leer, porque en cada lectura he encontrado algo diferente.

¿Qué es Tres mujeres? Un poema, tres voces, una escritora. Una escritora, Sylvia Plath, que escribe un poema en el que tres mujeres exponen en forma de monólogo sus sentimientos sobre la maternidad. Una mujer que tiene un aborto espontáneo de un hijo deseado. Otra mujer que da a luz a un hijo deseado. Y una tercera mujer que da a luz a un hijo que no quiere y que da en adopción. Y conoceremos los sentimientos de estas mujeres durante el embarazo, el parto (el aborto en una de ellas) y la vuelta a la rutina.

¿He sabido más de Sylvia Plath a través de este poema?. Sí, mucho más, es cierto. La Sylvia madre, la Sylvia mujer, su percepción de los hombres (y de la relación padre-hijo), su idea de ese Dios ausente… Muchas de las reflexiones que jalonaron la trayectoria de Sylvia Plath aparecen en este libro, así como también sus obsesiones. Si os preguntáis cuál de las tres voces es Sylvia, yo diría: las tres.

Me alegro de haber leído este libro, en voz baja, en voz alta, en silencio. Porque se lee en un ratito (el poema en sí será menos de cincuenta páginas) y conseguí lo que buscaba: conocer más a esta autora, descubrir a la poeta que hasta ahora no había buscado en ella, pero sobre todo conocer a la mujer que fue Sylvia Plath y que se suicidó un 11 de febrero de 1963. Hoy, 51 años después, he querido recordarla desde la emoción de haberme acercado a una mujer compleja y luchadora que no supo o no pudo encontrar su lugar en el mundo. Al menos en este mundo.

Sylvia Plath leyó este poema en la BBC en 1962 como si de una obra de teatro se tratara. He buscado el audio pero no he tenido mucho éxito en la búsqueda, pero a cambio os dejo este vídeo en el que podemos oír a Sylvia Plath leyendo el poema “Daddy”. 51 años después es un buen día para escucharla.

Pim, pam, pum. Con todos ustedes, directa al corazón, Sylvia Plath:
Y el booktrailer de Tres mujeres
http://loqueleolocuento.blogspot.com.es/2013/12/reto-escritoras-unicas.html

viernes, 7 de febrero de 2014

Derrota con enjundia



Por circunstancias que no vienen al caso he tenido que ir al centro de la ciudad… en chándal. Una prenda muy cómoda, pero con la que no me gusta ir por la calle. Menos aún un viernes a media mañana en plena Capital Tal, que aquí son muy señoritos e itas y les gusta ir como un pincel hasta para bajar la basura.

Así que ahí iba yo, lo más discretita posible, intentando pasar desapercibida, minúscula en el tránsito capitalino, cuando de repente oí unos pasos detrás de mi: toc-toc-toc-toc-toc…. “Unos señores tacones que lleva la moza” (pensé para mí). Instintivamente, aceleré el paso, entrando mentalmente en esa competición de carreras peatonales en las que todos caemos de cuando en cuando.

Tuve que acelerar el paso a base de bien, todo hay que decirlo. Los tacones iban a un ritmo de Fórmula 1… toctoctoctoctoooooc… Durante casi cinco minutos conseguí mantener la distancia, a duras penas y con mucho esfuerzo porque los tacones apretaban su ritmo constantemente y sentía su aliento en el cogote. Estaba claro que los tacones también estaban compitiendo.

De repente, delante de un escaparate no pude evitar girarme para echar un vistazo. Fue un nanosegundo, lo prometo, y apenas detuve el paso. Semejante descuido supuso lo inevitable: los tacones me adelantaron cual sputnik callejero. La mujer no sólo llevaba tacones… llevaba un maletín “¡Mierda! –pensé- para encima ejecutiva…” E iba impecablemente vestida. En una escandalosa comparativa con mi atuendo choni también llevaba todas las de perder. ¡¡Y no medía más de metro y medio!! Casi eran más altos sus tacones que ella misma… Con mi autoestima peatonal vencida y descalabrada intenté recuperarme del golpe acelerando nuevamente el paso, pero ya no hubo forma de adelantarla y, al poco, nuestros caminos se separaron.

Esta derrota me afectó. Para qué negarlo. Ya no sabía ni a dónde iba. Así que volví sobre mis pasos al escaparate causante de mi capitulación con la intención de comprar lo que había causado semejante hecatombe personal y peatonal. Mientras regresaba sobre mis pasos (aún me parecía oír, burlones, el toc toc toc de los tacones) adelanté triunfante a un par de ancianitas de unos 80 años. O más.  ¡¡¡Vamos, vamos!! … perder tiene un pase, pero ser la última ¡ni de coña!. Antes muerta que la última.


martes, 4 de febrero de 2014

Primavera sombría (Unica Zürn)



Título original: Dunkler frühling

Traductor: Ana María de la Fuente Rodríguez

Páginas: 88

Publicación: 1969 (2005)

Editorial: Siruela

ISBN: 9788478448395

Prólogo de Menchu Gutiérrez

Sinopsis: Estremecedora novela corta de Unica Zürn (Berlín 1916-París 1970), de fuerte carácter autobiográfico. No se trata tan sólo de una lucha contra la esquizofrenia sino más bien de la confrontación, desde la infancia y la adolescencia, con un mundo externo hiriente y hostil y con los abismos e infiernos interiores de la propia personalidad, con el sombrío envés de la conciencia.

Llevo un rato delante del ordenador. Pongo los dedos en el teclado, los quito, me los paso por la cabeza, vuelvo a poner los dedos sobre el teclado, otra vez sobre la cabeza, los entrecruzo, miro el techo… Maldita sea, no sé por dónde empezar. Tengo el bloqueo de quien se queda conmocionada después de una lectura. Primavera sombría, y sobre todo Unica Zürn, me ha agitado como si fuera una (involuntaria) coctelera.

(Quince minutos después) He tenido que parar. Enciendo un cigarro, uno de los cinco que me permito al día. Por la ventana el sol insiste en iluminar esta Primavera sombría. El contraste entre la luminosa e intensa luz exterior y mi agitado e inquieto interior me desconcierta. Intento ordenar todas las teclas que esta lectura ha alterado o recuperado en mí. Vuelvo a poner mis dedos en el teclado. Me obligo a escribir. Sé que ando en frágiles fronteras que no debo de atravesar. Equilibrio, Ana, me digo. Equilibrio para contar sin mostrar, para compartir sabiendo guardar. Vamos a ello.

Escribir como terapia. Lo hizo Sylvia Plath. Lo hizo también Unica Zürn, escribir como terapia, como bálsamo, como espacio en donde la locura encuentra su lucidez. No quiero definir “locura”, ni siquiera estigmatizarla, porque a veces lo que llamamos locura contiene la esencia misma de la vida. Como una droga, el éxtasis y la pérdida se dan la mano. El peligro de llegar al centro mismo del alma de las cosas, de la vida misma.

Unica Zürn ha dejado una obra escasa, pero al ser en gran medida autobiográfica nos permite acercarnos a ella, a Unica, y tal vez, entenderla. ¿Entenderla?... Primavera sombría es desde la primera página una caída al abismo con triple salto mortal, sin red ni posibilidad de agarrarse a algo que ponga freno al descenso. Empiezas a leer y ya no hay respiro, un inicio tan aparentemente fácil y natural que asusta. El descubrimiento del género (hombre, mujer), del propio cuerpo, del sexo, de las obsesiones. Y mucho más. La soledad, la realidad ajena a una misma, la intensidad del amor, la vida más allá de lo común, la entrega, los abandonos… El estilo de Unica, con frases cortas, pero transmisoras de una gran inmensidad de emociones y verdades, hace que te deslices en la lectura asemejándola aun más a la caída sin freno que va a suponer la lectura de este libro breve.

En unas pocas páginas, Zürn desgrana obsesiones, manías, extravagancias, creatividad, amor… Y lo hace con una clarividencia impropia de quien vivió la vida y quiso más. Siempre quiso más. Y quizá encontró en la locura lo que la vida normal no supo darle.

Apabullante. Intensa. Estremecedora. Brutal. Así definiría esta lectura que nos deja sin aliento. O tal vez nos lo de.

La  protagonista de Primavera sombría nos muestra su vida en el período que va de los diez a los doce años de edad. Es una “figurita de marfil” que padece (porque lo padece) la ausencia constante de su padre y  la indiferencia y los amantes de su madre. También está su hermano, del que no voy a comentar nada, porque sólo quien haya leído el libro podría entenderlo. Espectadora privilegiada pero involuntaria intenta entender, entender y saber, pero nadie está dispuesto a explicarle nada. Nadie escucha sus desgarrados gritos sin voz. Y así, finalmente ya no podrá concebir la vida sin dolor.

Sufre en silencio, perdida en ensoñaciones masoquistas en las que no caben pensamientos de venganza ni desquite. El dolor y el sufrimiento le causan placer.

La vida, sin la desgracia, es insoportable.

Para poder soportar la vida, no tiene más remedio que refugiarse con todo su afán en la fantasía

Sirvan las citas anteriores para resumir ante qué nos encontramos. Para alguien que concibe la vida como algo que tiene que ser más, que no encuentra alrededor quien le proporcione un faro al que dirigirse, un puerto al que llegar, una mano para coger, es fácil que finalmente y casi de forma inevitable busque la intensidad en el dolor y en el vaivén de emociones extremas.

Todas las niñas esperan eso. Ella no. Si él le diera un beso, se habría acabado el juego. Ella desea vivir siempre en la espera. Con el beso terminaría todo ¿Qué puede venir después? Al segundo beso, todo se hace costumbre. Ella se pone de pie y se va sollozando…

… Él la ve alejarse desconsolada. No, no puede comprender a una muchacha como ella

No. Nadie la comprende. Y quien la intuye, la rehúye. Porque tanta intensidad asusta. Como si la vida nos diera miedo. No es cómodo para los demás que alguien sienta tanto y que además, busque respuestas, vida, amor, placer..

Autobiográfico. No se me olvida. Y con una inteligencia y lucidez impropia de una mente enferma Unica Zürn nos muestra, desnuda, su infancia. Clarividente. Podría decir que nos arroja su infancia. Pero no, porque mentiría. Tampoco nos la restriega. Y si nos sentimos así, violentados, es porque nuestro espacio de seguridad y confort es terriblemente reducido y, sobre todo, limitante. Cómodo, sí, pero una cárcel al fin y al cabo. Tal vez nos guste, desde nuestra agradable prisión, llamar a los de fuera… locos.  

Hago otro alto. El último. No quiero añadir más. Unica Zürn padecía crisis de esquizofrenia que la llevaron finalmente al suicidio en 1970, con 54 años de edad. Al lado de Primavera sombría está El hombre jazmín (Impresiones de una enfermedad mental). Estaban los dos en la biblioteca y los cogí como si fueran uno sólo. Me pido a mí misma un respiro, pero sé que no me lo voy a dar. Después de Sylvia Plath ha venido Única Zürn y yo necesito aflojar, salir de este escalofrío, tal vez esté deseando volver a mi cárcel confortable, aunque me gusta renegar de ella y también escaparme. Pero quiero cerrar el círculo con Unica Zürn, agradecida, pero sobre todo sobrecogida. Leeré El hombre jazmín y sé, ya, que Unica va a dejar en mí una huella imborrable.

P.D.: Conviene leer el prólogo de Menchu Gutiérrez después de la lectura y no antes. Así no condicionará nuestra mirada lectora y se entenderá mejor todo lo leído.

http://loqueleolocuento.blogspot.com.es/2013/12/reto-escritoras-unicas.html