martes, 3 de noviembre de 2015

Julio Cortázar y Cris (Cristina Peri Rossi)


Páginas: 128
Publicación: 2014
Editorial: Cálamo
ISBN: 9788496932876
Sinopsis: A veces se produce el encuentro entre dos grandes escritores y de esa conmoción surgen risas, relatos, poemas, cartas, viajes, diálogos chispeantes y fascinación mutua. En la última década de su vida, Julio Cortázar y Cristina Peri Rossi se encontraron y vivieron una relación intensa, llena de complicidades, de humor y de amor, de literatura y de seducción entre dos ciudades: París y Barcelona. Julio Cortázar le dedicó Quince poemas de amor a Cris y, muchos años después de su muerte, Cris escribe la crónica de esa amistad amorosa irrepetible.
Las historias tienen dueños, tienen destinatarios
Amo a Julio Cortázar. Amo a Cristina Peri Rossi. Amé este libro antes de que Peri Rossi lo escribiera. Una vez escrito, era un ineludible en mi biblioteca. Y en mi corazón. Esta historia tenía sus dueños, Julio y Cris, y tenían una destinataria: yo (la receptora de historias). Cuéntame una historia, Cris.

Cuando tardas mucho tiempo en terminar una lectura suele ser por dos razones: no hay conexión entre lector y libro. Algo no va bien y cada vez que lo dejas cuesta un mundo volver a él. La otra razón es justo lo contrario: no quieres salir del libro, no quieres que se termine, quieres permanecer en él, vivir en él. Incluso quieres SER el libro. Y es esta segunda razón la que ha hecho que leyera Julio Cortázar y Cris despacio, recreándome en cada página, volviéndolo a leer una vez terminado. Como si transitara por un paisaje lleno de belleza, que sientes en la piel, en la mirada, en las entrañas, en el alma. No quería irme. No quería volver (fuera del libro). Lo llené de subrayados, asteriscos, signos de admiración, notas al margen; anoté autores, libros, canciones, citas…

Amistad amorosa. No se me ocurre mejor definición para la relación entre Cortázar y Peri Rossi, aunque soy poco (nada) dada a encasillar en etiquetas los sentimientos. A ambos les gustaban las mujeres. La relación entre ellos, sin embargo, estaba plena del amor más profundo y eterno posible: el de (tal y como lo define la propia sinopsis) la amistad amorosa.
Morir es la forma más definitiva de estar
30 años (la misma diferencia de edad que había entre ambos) después de la muerte de Cortázar, Cristina Peri Rossi escribe sobre su relación, cómo se conocieron, su intercambio de correspondencia, sus encuentros, sus conversaciones… No es un libro triste ni mucho menos, está lleno de recuerdos compartidos, de complicidad, de sintonía, de humor, de reciprocidad, coincidencias, juego... Cristina no ha dejado que Cortázar se fuera, no ha dejado que la muerte le arrebatara a Julio. Porque cuando se quiere de veras ni la muerte consigue desbaratar esa unión, el granítico vínculo de dos grandes cronopios. Julio es inmortal y, conocedora de la relatividad del tiempo (y del espacio), Cristina sabe que se volverán a encontrar y, mientras, mantiene un diálogo intimo e interno con Cortázar que lo mantiene vivo en ella, haciendo de la relación entre ambos una relación tan inmortal como indestructible.
En cambio, lo que tengo ahora quizás es un terror antiguo que antes oculté entre algodones. Nadie con quien identificarme, he ahí la clave.
Dos escritores enormes, Julio Cortázar y Cristina Peri Rossi, y más allá del perfil como escritor de Cortázar, Cristina nos presenta el perfil más (taaaan) humano de Cortázar. E inevitablemente, el suyo propio, el de Cristina Peri Rossi. Contradictoria, sensible, cronopia, tierna, temerosa, honesta, sin poder identificarse (Vaya por Dios, nadie con quien identificarse… El médico le decía a mi abuela “Carece de capacidad de identificarse”… Y yo no me podía identificar… Y yo, sin tener con quien identificarme). ¿Por qué será que me identifico con esto?

No hay página ni párrafo en el que no te llegue el cariño entre ambos. El amor. La magia cronópica de encontrarse. Y aunque el amor más convencional entre ambos era un imposible, Cortázar dedicó a Cris Quince poemas de amor. Cortázar en su vertiente menos conocida como escritor (la de poeta) y, sin embargo, tantas veces citado (incluso por quienes nunca han leído su obra):
Creo que no te quiero,
que solamente quiero la imposibilidad
tan obvia de quererte
como la mano izquierda
enamorada de ese guante
que vive en la derecha. (Julio Cortazar)
Porque el amor es un poliedro infinito y hay muchas formas de amar, y Julio y Cris encontraron la suya propia. En el amor también se puede crear (y no sólo creer).
El azar no existe, es una de las formas que tenemos de encontrarnos o separarnos, yo tenía que encontrarte como fuera, la carta era el vehículo de un deseo muy fuerte, una conjunción, de modo que hizo lo que tenía que hacer: buscarte donde ella sabía que vos estabas (Fragmento de una carta de Julio Cortazar a Cristina Peri Rossi)
Una carta, un correo, les unió para siempre. A veces lo que tiene que suceder, inevitablemente sucede. Estaban destinados a encontrarse, y tuvieron la fortuna de hacerlo: encontrarse y vivirse, fascinarse, existirse, amarse, ser (ambos) y fluir. Que Cristina Peri Rossi lo comparta con los lectores es de una generosidad enorme, porque el pudor y la honradez le impedían (hasta ahora) que escribiera y compartiera esta relación tan especial. Por eso, no es sólo un libro, es un regalo desprendido y honesto para cualquier lector. Para cualquier persona. 

Estamos llovizna

Delicioso, tierno, entrañable, mágico. Los ojos se me llenaban (se me llenan) de emoción. Cristina Peri Rossi recorre como agua cristalina el torrente que va del libro al corazón del lector. Una lectura con la que vibré (me alivió, me impactó, me conmovió, me agitó, me reavivó, me acogió...me dio vida). Joya. Gracias, Cristina. Gracias, Julio. Las casualidades existen por algo y yo tengo un Seat León.
Hay transiciones muy lentas. Hay cambios muy largos, como caminos.
Bellos cronopios


miércoles, 28 de octubre de 2015

Lo que aprendemos de los gatos (Paloma Díaz-Mas)

Páginas: 128
Publicación: 2014
Editorial: Anagrama
ISBN: 9788433997807
Sinopsis: Los seres humanos –piensa el gato– tienen una irremediable tendencia a entender las cosas al revés. Por ejemplo, si ven un libro que se titula Lo que aprendemos de los gatos, probablemente creerán que trata de lo que los humanos pueden aprender acerca de los gatos, para conocerlos mejor (cosa que, dicho sea de paso, tampoco estaría de más); sin embargo, para cualquiera que sea capaz de pensar con claridad, resulta evidente que Lo que aprendemos de los gatos significa otra cosa: lo que los humanos pueden aprender a partir de los gatos, es decir, lo que los gatos pueden enseñarles. Este tipo de errores se producen porque los humanos parten de la absurda creencia de que son animales superiores, cuando todo el mundo sabe que los animales superiores son los gatos. Los gatos –piensa la autora de este libro– tienen mucho que enseñarnos, pero para ello hace falta que estemos atentos y dispuestos a aprender.


Cuando mi gata Candela enfermó, se acurrucaba en rincones de la casa poco habituales para ella. Algo escondida. Apenas entraba al salón y sólo por las noches (y ya no en los últimos días) iba a mi cama, puntual a nuestro ritual nocturno de mimos. Y cada noche que pasaba era más impuntual, tardaba más en ir. Lo primeros días pensaba que era debido al calor, excesivo e irritante, y que buscaba lugares frescos, aunque no fueran los acostumbrados. Tardé en darme cuenta de lo que estaba pasando, hasta que lo evidente se hizo urgencia y todo se precipitó. Eso es algo que aún me pellizca el corazón, no haber detectado las señales, aunque sé que nada hubiera cambiado. Culparme a mí misma es algo que se me da de lujo.

Una vez que se confirmó que el corazón de Candela era tan grande que ya no podía más con él, y que se negaba a entrar al salón y a la habitación (generosa Candela: no quería dejar rastro de su despedida en aquellos sitios en los que tanto hemos compartido), empecé a ir donde ella se encontrara (despacho o cocina, los dos sitios donde menos solía estar), me sentaba en el suelo, ni demasiado cerca ni demasiado lejos, respetando la distancia sin distanciarme ni distanciarla. Y le iba leyendo en voz alta Las mejores historias sobre gatos, un libro que me regalaron por mi cumpleaños hace tiempo. Cuántas vueltas da la vida… Cuando me sentaba con el libro en la mano, Candela empezaba a ronronear y no dejaba de hacerlo hasta que terminaba, la abrazaba un rato y me iba.

No nos dio tiempo a terminar el libro.

Diez minutos antes de llevarla al veterinario quise retenerla. Hice unos trazos rápidos que son los dibujos que acompañan la entrada de Gracias por tanto, junto a una foto hecha una semana antes. Despedirme de ella me desgarraba.

Hace tiempo que tenía localizado en la biblioteca Lo que aprendemos de los gatos, pero no le había llegado su momento, más que nada porque… hay tanto que leer, y unos libros se adelantan a otros sin que nosotros, sus lectores, a veces podamos decidir ni elegir. Y ese momento llegó hace unos días. Porque aún no he podido pasar el duelo por Candela. Porque no encuentro el momento, o las fuerzas, y a veces no encuentro las lágrimas adecuadas. Así que decidí ir por el libro de Paloma Díaz-Mas, un empujón para ese duelo necesario, me dije.

Y no sé cómo decirlo. El duelo sigo sin pasarlo. El libro se lee con agrado y asentimiento continuo por parte de quienes adoramos a los gatos; reconocemos todos y cada uno de los gestos que Paloma nos muestra de los suyos: Tris-Tras, el gato que se fue (y ahí sí me crujió todo, tan reciente ese protocolo de la despedida en el centro veterinario) y de Tris y Tras, los gatos que llegaron. En el irse de Tris-Tras reconozco esa ausencia de Candela, la despedida y los días posteriores, las huellas que (todavía hoy) sigo encontrando. Y en la llegada de Tris y Tras recupero los inicios del encuentro entre Candela y Truca.

Paloma Díaz-Mas sabe contar, sabe hacerlo desde la literatura. Es por eso que este libro no sólo gustará a los amantes de estos animales independientes, y a la vez tan fieles y generosos, que son los gatos. También pueden disfrutarlo quienes no tienen el gozo de deleitarse de la convivencia con los gatos. E incluso puede animarles a que adopten alguno (adopta, no compres). Descubrirán que en realidad ningún gato es indiferente ni impasible ni poco cariñoso. Entenderán porqué los que convivimos con gatos sabemos que es una convivencia especial, distinta a la que se tenga con cualquier otra mascota. Comprenderán porqué acaban siendo los reyes y reinas de la casa, y hasta qué punto les cedemos espacio, físico y emocional, cómo nos van ganando y les permitimos los mejores sitios aunque eso implique que un sofá de más de dos metros de largo sea ocupado por dos gatas en un 90% mientras tú, la que te crees su dueña, ocupas el 10% restante sin intentar en lo más mínimo recuperar terreno en el sofá. Deducirán que, ciertamente, no enseñamos a los gatos, sino que ellos nos enseñan a nosotros. Mucho y bueno. Y querrán un gato en su vida.

Pero. Pero me faltó un algo. Todo lo que me cuenta Díaz-Mas lo he vivido con mis gatas, con Blas, con Candela, con Truca… Pero con cada una de ellas ha sido diferente, porque aun en ese re-conocimiento que tenemos de los gatos, de su comportamiento y que somos conscientes de que su proceder es la marca del felino, algo propio y genuino de ellos; sin embargo cada gato es diferente, en cada gato lo mismo es distinto y único. Siempre hay diferencias, como en las personas. Y esas diferencias son lo que me ha faltado. Yo he podido contar (no tan bien, evidentemente) algo diferente, personal, en ese comportamiento común que tienen los gatos cuando enferman. Y quizás sea ese el algo que he echado de menos en esta lectura.

Es evidente que no es una obra de ficción, y quizás por eso precisamente hay cierta emoción contenida o que no se ha querido/podido compartir. Pero yo ya no sé ni quiero contener nada. Y quiero pasar mi duelo, encontrar la energía necesaria. Llorar a Candela para poder empezar a disfrutar de sus recuerdos. Poder pensar en ella. Quiero atusarme con largos lengüetazos rosados (y que me atusen a lengüetazos, todo hay que decirlo).


..son inasequibles a la angustia. Su miedo dura sólo un momento: el momento en que se produce. El nuestro se prolonga en el tiempo, se arrastra en recuerdos y se proyecta hacia un futuro desconocido e imprevisible. Mientras, acomodados en su sillón favorito, los gatos se atusan mutuamente con largos lengüetazos rosados.
©AnaBlasfuemia

viernes, 16 de octubre de 2015

Divisadero (Michael Ondaatje)

Título original: Divisadero
Traductor: José Luis López Muñoz
Páginas: 312
Publicación: 2007 (2008)
Editorial: Alfaguara
ISBN: 9788420473444
Sinopsis: En la más íntima y hermosa de sus historias, Michael Ondaatje narra la vida de Anna, quien tras un brutal suceso acontecido en su hogar, tendrá que dejar atrás la vida en la granja de California y empezar un nuevo camino en el sur de Francia. Lejos de su padre, de su gemela Claire y de Coop —un misterioso muchacho acogido por la familia— encontrará en la literatura y en la reconstrucción de la biografía de un importante escritor la manera de conciliarse con su pasado. Una novela de vidas cruzadas que se extiende por dos continentes y a lo largo de un siglo.


Hace tiempo leí El paciente inglés, un libro (y una película) que me dejó buenas sensaciones. Así que decido buscar algo más de Ondaatje. Y sin referencia alguna, salvo el autor, llego a Divisadero.

A vueltas con las sinopsis: Anna y Claire no son gemelas. Claire, al igual que Coop, son adoptados, si bien Claire, con apenas unos días, lo es en el momento en que nace Anna. En las sinopsis originales no he encontrado ninguna alusión a que fueran gemelas, así que no tengo claro de dónde surge esta “gemelaridad”. Cierto que en algunos momentos parecen intercambiables (de tan unidas), especialmente a ojos de los demás, pero ¿gemelas? Pues va a ser que no.

Y sobre el título, Divisadero, que se menciona en un determinado momento por Anna:
 

Procedo de Divisadero Street, relacionada con la palabra española “división”, la calle que en otro tiempo era la línea divisoria entre San Francisco y los campos del Presidio. O quizá venga de la palabra “divisar”, ver desde lejos.
A falta de más explicaciones, me quedo con ambas (división y divisar), si bien en castellano la palabra “divisadero” tiene más relación con observar, mirar a lo lejos, que con división. Pero en el fondo nos vamos a encontrar con vidas divididas, observándolas desde cierta distancia, quizás desde un mirador que nos permita atisbar un amplio paisaje y un no menos amplio espacio temporal.

No voy a escatimar los inconvenientes que esta lectura puede provocar en algunos lectores: no es una estructura lineal; la prosa es exquisita pero puede ser tachada de rebuscada. Digamos que es poética, no en vano Ondaatje es también poeta. Y, por último, si esperas ver, como si de una radiografía se tratara, cómo Anna encontrará en la literatura y en la biografía de Lucien Segura (el escritor) la manera de conciliarse con su pasado, entonces pasa de largo. La sutileza de Ondaatje es de tal calibre que hay que hilar muy fino para llegar a esa reconciliación. Que llegas, sí. Pero lo haces por la experiencia personal que te lleva a percibir y vivir la literatura como un arte que puede conciliarte con la vida. O todo lo contrario. La literatura sana, y también clarifica.

Dicho todo esto, he disfrutado de esta lectura en cada página y en cada una de las historias de las muchas que contiene el libro. Porque no es la historia de Anna, es también la de Claire, la de Coop, la de Lucien Segura, la de Rafael, la de Aria, la de Marie-Neige…

Porque si no saqueas el pasado, esa ausencia se alimenta de ti.

Vidas cruzadas, vidas que se cruzan sin cruzarse, el entramado que une vidas separadas, que en algún momento han estado juntas, quizás durante un tiempo, corto o duradero, o que se entrelazan por detalles. Divisadero es un libro generoso, un libro que contiene varios libros, varias historias, varias vidas. Historias que se ramifican, historias inconclusas, lo que no a todo el mundo satisfará, deseosos de que los círculos se cierren y las historias sean redondas. Pero como en la vida, no todas las historias terminan, ni se cierran, ni se resuelven. Así es el pasado, a veces sin solventar, que muchos arrastramos.

Todos los personajes que aparecen tienen profundidad, una profundidad que va más allá de su clase social, hasta el analfabeto Roman, trabajador y poco hablador, tiene un calado que en cierta forma lo ilumina. Esa luz que aporta Ondaatje a sus personajes tiene mucho que ver con la naturaleza, los paisajes en los que se desenvuelven y viven, que dan forma a esas personalidades, les dan ese matiz luminoso. Todos tienen identidad propia, aunque algunos la estén buscando en los demás, en sí mismos, en su pasado...

Las primeras páginas de este libro servirán de filtro, quien continúe con la lectura se sumergirá en todas y cada uno de los paisajes y personajes sobre los que Ondaatje nos contará y quedará satisfecho del camino, deseando que no se termine. Quien no se encuentre lo suficientemente cómodo y no divise lo que contiene esta lectura, cerrará el libro y lo dejará aparcado.

En la novela Ondaatje menciona una frase de Lucien Freud: "Todo es biográfico, todo es collage". Y no creo que haya una frase que describa mejor este libro. Una composición hecha de distintos materiales (personajes, paisajes, libros, referencias, poesía, épocas…) que si bien no consiguen del todo mantener un tono unificado sí que deja en mí una lectura muy satisfactoria. Mucho.
 

Está la presencia escondida de otros en nosotros, incluso de aquellos a los que hemos conocido muy poco tiempo. Los contenemos para el resto de nuestras vidas, sin que importen las muchas fronteras que crucemos.
(©AnaBlasfuemia)

miércoles, 7 de octubre de 2015

Siete casas vacías (Samanta Schweblin)

Páginas: 128
Publicación: 2015
Editorial: Páginas de Espuma
ISBN: 9788483931851
Sinopsis: Las casas son siete, y están vacías. La narradora, según Rodrigo Fresán, es “una científica cuerda contemplando locos, o gente que está pensando seriamente en volverse loca. Y la cordura, como siempre, es superficial.” Samanta Schweblin nos arrastra hacia Siete casas vacías y, en torno a ellas, empuja a sus personajes a explorar terrores cotidianos, a diseccionar los miedos propios y ajenos, y a poner sobre la mesa los prejuicios de quienes, entre el extrañamiento y una “normalidad” enrarecida, contemplan a los demás y se contemplan.
IV Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero
Puedes empezar a leer AQUÍ


Qué grata sorpresa. Que un libro te arrastre así, sorprendiéndote, haciéndote surcar entre líneas, por aquello que no está escrito, lo que no lees, más que por las palabras escritas y por lo que lees. Lo que se insinúa. Empapándote de lo que transpira en cada página.

Lo cotidiano podría ser sinónimo de tranquilidad, de confort, de seguridad. Pero atravesando lo rutinario, detrás de cada gesto y cada palabra aparentemente baladí, intranscendente, está la esencia que circula por nuestras venas. Los miedos. Podemos decir pérdidas, soledades, incomunicación, engaños, decepción, incomprensión, deseo… pero siempre es lo mismo: miedo.

Por eso estas siete casas están vacías, aunque estén ocupadas, aunque haya personas que las habiten. Porque el miedo lo vacía todo, a nosotros mismos en primer lugar.

No tenía muchas referencias de Siete casas vacías, ni de Samanta Schweblin, pero en cuanto vi las personas que formaban parte del jurado que le concedió a este libro el IV Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero no lo dudé. Hay premios y premios, y hay jurados y jurados.

Por otro lado tampoco me preocupaba que fuera un libro de relatos o cuentos o textos breves o como sea que se quiera etiquetar. Sé bien que los buenos libros, las buenas lecturas, las buenas historias, se puede encontrar en cualquier género. Sé que sea en un libro kilométrico, en una sola frase, en un poema, en un texto corto, en una imagen… puedo encontrar algo que me agita, que me espejea, que me pregunta, que me responde, que me estremece, que me hace vibrar. Sé qué es lo que busco, reconozco todo lo que me zarandea y necesito, aunque no sepa dónde encontrarlo. Y cuando lo tengo delante sé que no renunciaré a ello. Jamás.

Aunque intuía que Siete casas vacías sería una buena lectura, sin embargo me ha dado mucho más. Ese tipo de lectura me atrae de la misma forma que las almas gemelas se embelesan entre sí, libros que seducen por lo que sugieren sin recurrir a lo explícito, al desmenuzamiento, a lo rocambolesco, al invento, a lo retorcido. Lo complejo atravesando lo simple, mostrando lo cotidiano de forma que desnuda todo lo que oculta. Esbozos que luego la mirada de quien lee tiene que perfilar, dar forma, completar.

Libros valientes que no buscan lo fácil, y lo fácil ahora está en los escaparates de muchas grandes librerías. Pero lo mismo que las librerías valientes, pequeñas, independientes, amantes de la buena literatura, están en una lucha constante por sobrevivir a la venta rápida, superficial y cómoda, los libros valientes también tienen su propia lucha por sobresalir en el maremágnum de libros que nos invaden. Libros y autores que buscan sus lectores, lectores que buscan sus libros, sus autores, en una marea de tamaño tsunami en la que no todo es lo que parece y no todo lo que parece es literatura. Pero cuando libro, autor y lector se encuentran, zas, hay una energía que es brutal e íntima. Qué bien.

Hay muchas cosas que me han seducido de esta lectura, además de esos miedos que palpitan invisibles en lo cotidiano. Están las fronteras. En este caso las fronteras entre lo que es "normal" y lo que no lo es, ese frágil contorno que separa lo aceptable de la locura, lo habitual de lo extraño, lo común de lo raro, lo  normal de lo excepcional, lo inocente de lo perverso... También que se apele a que hay una locura que no es insana, que a veces lo insano es lo “cuerdo” y lo más real está al otro lado de los límites que no atravesamos. Y todo esto contado, transmitido, de una forma sutil, sencilla, creando la atmósfera necesaria para ver más allá, para intuir, para sentir lo que late en lo que no ves.

Siempre me rindo ante los libros que no me dejan indiferente. Y tengo que contarlo. Y es que, lo sé, este no es desde hace tiempo sólo un espacio en el que cuento lo que leo, sino que ya es un cuarto propio en el que me cuento a través de lo que leo, e incluso de lo que no leo.

Así me doy cuenta de qué es lo que quiero. Quiero que revuelva. Quiero que mueva nuestras cosas, quiero que mire, aparte y desarme. Que saque todo afuera de las cajas, que pise, que cambie de lugar, que se tire al suelo y también que llore.
©AnaBlasfuemia

viernes, 2 de octubre de 2015

Un buen hijo (Pascal Bruckner)

Título original: Un bon fils
Traductor: Lluís María Todó
Páginas: 224
Publicación: 2014 (2015)
Editorial: Impedimenta
ISBN: 9788415979593
Sinopsis: Un buen hijo es la historia de un amor imposible, el intento de Pascal Bruckner de ajustar cuentas con su propio padre, un fascista autoritario que es a la vez un hombre culto y de firmes convicciones. Semejante conflicto filial da paso a una maravillosa novela de formación, personal e intelectual, de quien es uno de los escritores más sólidos y controvertidos del panorama actual de las letras francesas. El hijo adulto se enfrenta en primera persona y sin ningún tipo de máscara narrativa a un personaje por el que siente, a un tiempo, rechazo y compasión, en un relato que nace del odio pero que va adquiriendo un inesperado y reconfortante tinte de ternura y que finaliza con un sorprendente giro que nos lleva a pensar que no es posible juzgar de manera absoluta los comportamientos ajenos.
Le suplico que provoque la muerte de mi padre, si es posible en accidente de coche. Un freno que falla en una cuesta, una placa de hielo, un árbol, lo que Le parezca mejor. “Dios mío, os dejo la elección del accidente, pero haced que mi padre se mate.”

Desear la muerte de alguien de tu misma sangre marca mucho a quien lo desea. Me consta. Qué es lo que te hace ansiar la muerte de un familiar, padre, madre, hermano, hermana, hijo, hija… es ya una historia de cada cual, una maquinaria diabólica que en algún momento se pone en marcha y que condicionará, para siempre, tu existencia. Una jugarreta endemoniada de la vida.

No todo lo que se desea se cumple. En realidad casi nada. Así que Pascal Bruckner tendrá que atarse los machos y aprender a convivir con su deseo no cumplido y, por tanto, con su padre. Y su padre tiene una serie de atributos difíciles de digerir: antisemita, maltratador, nazi, dictador, racista… Una joya. La única forma de convivir con alguien así es ser igual que él, un ser nauseabundo y despreciable. Pero Pascal Bruckner no lo es. Como todos, tiene sus propias miserias [más que Un buen hijo, quizás el libro tendría que haberse titulado El mal padre que me tocó en (mala) suerte] pero entre ellas no está el mirar a otro lado: se revolverá y rebelará contra su propio padre y lo que representa.
Los padres violentos tienen una ventaja: no te atontan con su dulzura y sus arrumacos, no juegan a ser hermanos mayores o amigos tuyos. Te despiertan como si fueran una descarga eléctrica, te convierten en un eterno luchador o un eterno oprimido. El mío me comunicó su rabia: le estoy muy agradecido. El odio que me inculcó también me salvó. Lo volví contra él como un bumerán.

Hay una terrible violencia que traspasa la lectura: la que provoca “observar” la brutalidad existente en el espacio íntimo que es una familia. Una ventana a la que asomarse provoca un sonrojo terrorífico. Pero es una ventana que Bruckner ha querido abrir y mostrar. Por otro lado, es una radiografía clarividente y cruel del comportamiento de un maltratador y cómo lo viven sus víctimas.

En el caso de la madre, me impacta reconocer una vez más el mismo recurso: mirar a otro lado, callar. Como si así todo desapareciera. La incomunicación instalada como una cicatriz imborrable. Lo que no se habla no existe. La sumisión.

Tu padre es tan fuerte, tiene tanta energía…
No, mamá, es tu debilidad lo que lo hace fuerte.

En esta aterradora historia de miserias humanas se pone sobre el tapete lo más mezquino de las personas, del maltrato y sus secuelas. Y las contradicciones con las que vivimos, fruto de la debilidad. Hay que ser muy, pero muy fuerte, para asumir esas contradicciones y no dejar que nos empequeñezcan.

Juraba vengarme. Pero también quería agradarle, ganarme su aprecio, asombrarlo.

Y no se puede ignorar el daño que hizo, que hace, la religión católica en esa situación dócil ante el maltratador. El juego cruel del sentimiento de culpa, una losa con la que el catolicismo contaminó y maniató a los creyentes, dejando sin argumentos a las personas sobre las que el miedo provoca un efecto paralizante.
El auténtico secreto de familia no es el que se calla, sino el que todo el mundo conoce. Está sobreexpuesto y, por lo tanto, resulta imperceptible.

Esta frase es tremenda, porque refleja una realidad aplicable a muchas situaciones. Los secretos pasan más desapercibidos cuanto más a la vista están. ¿Por qué? Por la habilidad humana de mirar a otro lado ante aquello que nos incomoda o inquieta o es incompatible con nuestro confort emocional. No miro. No existe.

Los libros me han salvado. De la desesperación, de la estupidez, de la cobardía, del tedio.

Bruckner es escritor. Escribir, leer, le salva. Por si alguien dudaba que los libros sanan. No me cabe duda de que este libro es imprescindible para Bruckner, como forma de repararse a sí mismo y reestablecer la relación con su padre, y también para todos aquellos lectores a los que no les guste retorcer el cuello como un avestruz. 

La segunda parte del libro da un giro, se aleja más del impacto emocional y se aproxima a la reflexión, quizás un reflejo de la búsqueda del propio Pascal Bruckner por entender. Hasta en determinados momentos la imagen del padre parece dulcificarse, suavizarse. Para ello Bruckner busca en el contexto, en el entorno social, político y cultural francés. Una mirada crítica a su propio país, que es a la vez una mirada crítica a su padre. Las contradicciones que encuentra a su alrededor no dejan de ser un reflejo de las propias contradicciones que siente Bruckner por su padre hacia el final de su vida, un padre hacia el que no puede evitar sentir cierto afecto, un afecto distante y frío, pero afecto. Es un libro duro, pero también equilibrado, sincero y generoso.

La impactante e increíble revelación final no deja de ser una muestra más de que el destino es un jugador tan inteligente como complejo y feroz.

Llega un momento en que las relaciones con una persona son tan enrevesadas que ya no puedes distinguir entre el amor y el deber.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Tworki. El manicomio (Marek Bienczyk)

Título original: Tworki
Traductora: Maila Lema Quintana
Páginas: 224
Publicación: 1999 (2010)
Editorial: Acantilado
ISBN: 9788492649396
Sinopsis: Sí, la historia es real, muy real. Hubo una guerra, Polonia fue ocupada por las tropas alemanas en septiembre de 1939 y los nazis tomaron el poder durante seis años, hasta el invierno de 1945; también, durante la ocupación, hubo trabajo, amores, tráfico, redadas y trenes que llevaban a los polacos a trabajar como esclavos al Reich. … También existió el hospital de Tworki, que aún hoy sigue abierto, y aún hoy decimos “éste está para Tworki”… Sí, la historia es real, demasiado real. También existió un cielo azul, otras veces lluvioso, como existió la carta de S.; una carta escrita a lápiz… A veces me preguntan si toda esta historia fue real. Sí, respondo, la historia es real, hubo una guerra, millones de personas perecieron, otras sobrevivieron.

Una carta puede precipitar un alma al abismo de la desesperación o encenderla con la llama clara y cálida de la felicidad, y puede sanar al corazón con el mejor de los remedios, la esperanza.

Hay libros que, inevitablemente, pasan a formar parte de tu propia biografía. Que al recordarlos evocas el cuándo, el cómo (te sentías), aquello por lo que pasabas y vivías. Este libro tendrá ese vínculo conmigo. Un vaso comunicante con mi momento. No tanto por lo que cuenta, sino por el momento en el que lo leí y porque después hubo un abismo de esos que padecemos los lectores de cuando en cuando: coger un libro y volver a dejarlo en la estantería. Crisis lectora. En mi caso vinculada a una crisis personal, existencial. Pero eso no importa aquí, que vengo a hablar del libro, y además sé que si vuelvo a escribir de libros, volveré a leer.

Tworki es un libro difícil, muy difícil, de comentar. Es un libro absolutamente diferente y original. Muchas veces hablo aquí de literatura, para diferenciar los libros que lo son de los que no lo son (literatura). La literatura es arte (y el arte es alma) y no todos los libros lo son. Desde luego no soy nadie para juzgar qué libro es literatura, cuál es basura, cuál es entretenimiento, cuál es mágico, cuál es puro marketing. Pero sí puedo opinar, ser consciente de qué libros están en un lado u otro de una balanza imaginaria y abstracta con varios platillos en los que voy colocando mis lecturas.

Este libro estaría en la balanza de libros que sorprenden por el cómo están escritos. No me ha agitado como persona, pero sí entusiasmado como lectora que aprecia lo que un escritor es capaz de hacer y construir con las palabras, y como alguien que admira la belleza en cualquiera de sus múltiples manifestaciones. Muchas veces se recurre a la expresión “prosa poética” para hablar de textos llenos de lirismo pero en los que no se recurre a los aspectos más formales de la poesía. Curiosamente en Tworki sí encontramos a veces esos elementos formales, especialmente la rima, porque además así se expresan algunos de los personajes. Jamás me he encontrado con un libro en el que la expresión “prosa poética” fuera tan tan tan certera.

Lo he leído despacio, muy despacio. En muchas ocasiones en voz alta. Porque así pide ser leído. Degustándolo, yendo hacia delante y hacia atrás, paladeándolo, saboreándolo. Contemplándolo como si fuera un cuadro de Dalí, Klimt, Van Gogh… como si fuera arte. Deteniéndose en cada detalle, cada párrafo, cada frase, viendo cómo las palabras se juntan, se disuelven, se combinan, encajan, se arriman unas a otras de formas inverosímiles y el resultado es… belleza.
¿No te has planteado nunca qué poco sitio hay para la bondad en este mundo? Qué fenómeno tan raro entre la gente es la persona. Una persona que tenga alma. Y el alma es cabeza y corazón. Sobre todo corazón. El corazón.

No he hablado de qué va el libro. Sonia, una joven judía que trabaja en Tworki, un manicomio, se entrega a la policía alemana durante la Segunda Guerra Mundial, dejando una carta de despedida que es con la que se inicia el libro y que es una carta que existió en realidad, como es real la existencia del manicomio Tworki. Como fue real la guerra y que dentro de ella hubo espacios en los que había treguas, islas ajenas a la crueldad del exterior. Y de eso habla Tworki, de esos paraísos creados gracias a la magia y el amor de las personas, aunque sin permanecer ajenos a la realidad que les rodeaba. Cielos dentro de infiernos. Porque la realidad, como las muñecas matriovska, no es una, contiene muchas realidades dentro de ella, aparentemente separadas unas de otras pero inevitablemente engarzadas.

Sí, hay libros que están vivos, respiran. Y si te los pones cerca del oído sientes su respiración, y las palabras que contienen resultan peligrosamente contagiosas.
Un día se pondrá delante de ti… en el tranvía, en una tienda, en una avenida… y ya está. Sabrás que esa persona es la tuya. Y es entonces cuando te nace un corazón para la vida y para la muerte. Será entonces cuando todo cobre sentido. Habrás logrado tu objetivo: vivir para alguien, vivir para una persona. Una persona puede dar más que todas juntas.

No es un libro fácil, cierto. No gustará a muchos lectores a los que sólo les atraiga la historia que contiene el libro. Porque el cómo se cuenta la historia se devora a la historia en sí, y si no eres consciente de ello y lo aceptas y disfrutas de ese juego de palabras, de esa forma de construir con las palabras, entonces lo abandonarás a las pocas páginas.

No haría justicia si no me arrodillara ante Maila Lema Quintana, traductora del libro y cuyo trabajo debió arrancarle muchas gotas de sudor. Magnífica traducción de un libro que posiblemente no sea fácil de leer ni en su idioma original. Gracias, Maila.

Porque la memoria es necesaria, cada 1 de agosto Varsovia se detiene durante un minuto conmemorando el Levantamiento de Varsovia, en el que fallecieron 200.000 polacos. Lo hacen así:


Sabes, es que me gustaría hablar contigo de todo, pero de todo, contarte tantas cosas.

martes, 22 de septiembre de 2015

Reseñas Express (9)

Aunque últimamente (y lo que te rondaré morena), este blog parece más el de Lo que vivo/siento, lo cuento, no se me olvida que se conoce por Lo que leo, lo cuento. Vuelvo (aunque no pongo la mano en el fuego). Allá vamos.
Nadie se salva solo (Margaret Mazzantini)

Título original: Nessuno si salva da solo
Traductor: Carlos Gumpert
Páginas: 224
Publicación: 2011 (2012)
Editorial: Alfaguara
ISBN: 9788420412689
Sinopsis: Delia y Gaetano eran pareja. Ya no lo son, y han de aprender a asumirlo. Desean vivir tranquilos pero, al mismo tiempo, les inquieta y seduce lo desconocido. ¿En qué se equivocaron? No lo saben. La pasión del comienzo y la rabia del final están todavía demasiado cercanas. En una época en la que parece que ya está todo dicho, sus palabras y silencios dejan al desnudo sus soledades, sus urgencias, sus recuerdos, y provocan brillos imprevistos al poner en escena, una noche de verano, el viaje del amor al desamor.

Un día alguien muy (pero muy) especial para mí me dijo: "Nadie puede salvar a nadie". Me quedé muy pensativa y algo triste. Al día siguiente fui a la biblioteca. Y el primer libro que encontré fue este, Nadie se salva solo. Creo en destinos y señales, otra cosa es que las interprete correctamente… Me llevo el libro a casa.

Pronto me doy cuenta que no es buena opción. Avanzo por las páginas y me parece todo muy manido, muy trillado, poco original. Debo estar cascarrabias, irritable, suspicaz, vulnerable… leo y me molesta lo que leo, hasta me parece una lectura juvenil, ingenua, poco profunda, no hay detalles que digas ¡eso es! Las culpas que se arrojan de un lado a otro me resultan cargantes, poco sorprendentes y muy estereotipadas. Aunque me gusta lo que intenta contar, no me convence el cómo, no me sorprende, no me emociona.

Avanzo rápido buscando pistas, preguntas o respuestas y no las encuentro. Está claro que no están aquí. Tan claro como que nadie se salvará si no quiere. Y si quiere, necesitará en quien apoyarse. Tal vez fuera verdad que nadie puede salvar a nadie. ¿Por qué se ha cruzado en mi camino este libro? No lo sé. Para cabrearme. No me ha conmovido, tal vez no pueda conmoverme más de lo que ya estoy con mi propia vida. Qué rabia. Mala elección. Al final el tiempo y Anaïs Nin me dan la respuesta (una vez más): “A las personas no hay que salvarlas, hay que amarlas” Y yo siempre comulgo con lo que diga Nin. Amén (con acento). Amen (sin acento).
Flores de febrero (Fan Wu)

Título original: February flowers
Traductora: Ana Guelbenzu
Páginas: 206
Publicación: 2006 (2008)
Editorial: Nabla
ISBN: 9788493592677
Sinopsis: Flores de febrero es una novela ubicada en la China moderna de finales del siglo XX, en pleno proceso de occidentalización y abandono de sus tradiciones. Cuenta la historia de dos mujeres jóvenes Ming, de diecisiete años, y Yan, de veinticuatro, que tienen muy poco en común; tan sólo el hecho de estudiar en la misma Facultad. Ming, idealista y preocupada, vive en un mundo de libros, música e imaginación. Yan, en cambio, es sexy, cínica y salvaje, sin sentido del hogar y de la familia. Aun así, al conocerse, pronto se hacen buenas amigas. Su amistad es breve, casi fortuita pero intensa, y cambia para siempre el mundo de Ming.

Y bueno… es fácil de leer. Una novela más que describe el paso de una mujer de la adolescencia a la madurez. Nada nuevo: una amistad, unas dudas. El trasfondo de la China de los años 90, mujeres un tanto cándidas y desinformadas en cuestiones sexuales. Un exceso de inocencia. Una historia de amistad y sentimientos. Tintes autobiográficos evidentes, pero lo que cuenta es tan universal que hasta podría haberse extraído de mi propia biografía. O de la tuya. Es una lectura agradable, que deja buen sabor de boca, interesantes datos sobre la cultura china de los años noventa, pero no es un libro que vaya a formar parte de mis lecturas imprescindibles. Más o menos agradable mientras lo lees pero no perdura en el recuerdo y el poso que deja es frágil.
La chica del tren (Paula Hawkins)

Título original: The Girl on the Train
Traductor: Aleix Montoto
Páginas: 496
Publicación: 2014 (2015)
Editorial: Planeta
ISBN: 9788408141471
Sinopsis: Rachel toma siempre el tren de las 8.04 h. Cada mañana lo mismo: el mismo paisaje, las mismas casas… y la misma parada en la señal roja. Son solo unos segundos, pero le permiten observar a una pareja desayunando tranquilamente en su terraza. Siente que los conoce y se inventa unos nombres para ellos: Jess y Jason. Su vida es perfecta, no como la suya. Pero un día ve algo. Sucede muy deprisa, pero es suficiente. ¿Y si Jess y Jason no son tan felices como ella cree? ¿Y si nada es lo que parece?

El libro me tocó en un sorteo de la editorial. Me apetecía, hasta necesitaba, una lectura de evasión, ligera, rápida. Más allá de los exagerados comentarios de la contraportada, que no sólo ignoro sino que me irritan, había visto algún comentario alentador sobre este libro, así que me puse con él. Y debe ser que no he sabido leerlo o que tal vez he leído otro libro, porque para mí (al contrario que para la mayoría de la gente) ha sido una lectura que va de más a menos. A mitad de lectura ya tengo la sensación de que el chicle se está estirando innecesariamente y algo más allá de esa mitad ya se perfila tan evidente lo que va a suceder que todavía estoy pensando porqué tantas páginas finales para explicar lo que es innecesario explicar. Rescato el personaje de Rachel, que sostiene durante la primera mitad el interés, un personaje muy interesante. En definitiva, me ha entretenido, me han sobrado páginas. Del montón. Sobrevaloradísimo y prescindible. Típico libro para consumir en verano con mucho bombo y marketing detrás.

Pornografía (Manuel Arranz)

Páginas: 48
Publicación: 2013
Editorial: Periférica
ISBN: 9788492865772
Sinopsis: Una primera novela que se lee en un instante casi, pero que encierra todo el mundo: un hombre de 60 años se enamora, y vive su intensa pasión con la sabiduría que conceden los años. Un texto de una sutileza portentosa, bellísimo. «Quien ama es implacable, no deja pasar ni una.»

Pues la sutileza es tan portentosa que yo no la he captado. Más que Pornografía el título del libro debería de ser Prono-grafía: grafía escrita boca abajo, y yo debí leerla al revés porque sólo he visto citas, aforismos, referencias, más citas y citas de otros autores, obviedades... No sería mi día. Rescato, por salvar algo del naufragio, el poco tiempo que lleva leerlo y una frase:
No estamos hechos para vivir en sociedad. Nadie es como nosotros. Estamos siempre solos.

La sonrisa de la Gioconda (Aldous Huxley)

Título original: The Gioconda Smile: A Story
Traductor: Enrique de Hériz
Páginas: 104
Publicación: 1938 (2014)
Editorial: Navona
ISBN: 9788492840816
Sinopsis: Si no fuera porque Mr. Hutton ha de soportar la carga de una esposa enferma y quejicosa, su vida sería extraordinariamente placentera. Vive en una casa confortable, con una gran biblioteca familiar; ama la lectura, le gusta frecuentar la compañía de mujeres, goza de un refinado paladar y no tiene problemas económicos. Su vecina, Janet Spence, se compadece de Mrs. Hutton y la visita con frecuencia para ofrecerle compañía y cuidados. Cuando un luctuoso suceso convulsiona la vida cotidiana de los protagonistas de esta historia, afloran a la superficie unos comportamientos no convencionales que ponen de manifiesto sentimientos poderosos con una gran capacidad destructora.

Sólo había leído la novela distópica Un mundo feliz de Huxley y al ver este libro, una novela corta, me dejé tentar. Y ha sido una agradable sorpresa, sobre todo porque me ha impresionado lo que me ha recordado a ¡Stefan Zweig! Un protagonista cruel y ególatra, Mr. Hutton, que se acaba autodestruyendo por su propia debilidad. Una historia previsible pero que Huxley narra y describe con un estilo destacable. Una afilada sátira de la que  no tengo mucho más que decir.

La poesía que he ido compaginando con estas lecturas: Poemas de amor de Anne Sexton (desgarradora, bella, valiente, fascinante), Antología poética de Jaime Sabines (pocos poetas me atraviesan y arañan el alma como lo hace Sabines), Los versos del capitán de Pablo Neruda (Neruda, siempre Neruda. Imprescindible Neruda), Volver antes que ir de Flavia Company (elegante Company, memoria, viajes, emigración e identidad) y Vuelo ciego de Idea Vilariño (fervorosa, obsesiva, inquietante. Me sacude). Ellos sí son ineludibles (y otros muchos, menos mal).

¿O no es una maravilla este poema de Sabines?

Te quiero como para invitarte
a pisar hojas secas una de estas tardes

Te quiero como para salir a caminar,
hablar del amor,
mientras pateamos piedritas.

Te quiero como para volvernos chinos de risa,
ebrios de nada y pasear sin prisa las calles

Te quiero como para ir contigo a los lugares
que más frecuento y contarte que es ahí
donde me siento a pensar en tí.

Te quiero como para escuchar tu risa toda la noche.

Te quiero como para no dejarte ir jamás.

Te quiero como se quiere a ciertos amores,
a la antigua, con el alma y sin mirar atrás.

¿Pisamos hojas y pateamos piedritas?




domingo, 30 de agosto de 2015

Gracias por tanto


Tan rápido. ¿Cómo interpretar las señales? No las supe ver.

No lo esperaba. No lo merecías. 


La alegría se ha ido tras de ti. Tu alegría… tu amor… Me sostenías. Tu despeinada torpeza, tu hambre selectiva, tu mirada llena, tus juegos improvisados, tu barriga ancha, tu alma inmensa, tus mimos por la espalda, tu lealtad absoluta, la paz con la que me llenabas… Me protegías y no, no lo supe ver, no sabía de qué, de quién...

¿Y ahora? ¿ahora qué? ¿dónde? ¿quién? ¿cómo? ¿por qué?

No tengo palabras, se me han extraviado, borrado, perdido, tal vez me las han robado o las he olvidado. Las busco en los rincones en los que te escondías para que no te viéramos ir, y que ahora va recorriendo Truca (el ancla que me queda), respirando tu olor, buscándote a ti. Ambas te buscamos como pajarillos asilvestrados que no saben si van o vienen o tienen algún lugar en el que posarse.



Cada día sin ti duele.

Los días pasan y las ausencias crecen y se clavan hasta que el alma sangra, mordiscos de silencios. Es el mismo bolero de antes y de siempre. Dentro de mí busco un mundo que siga su curso hacia la vida. La falta de ti es como un eco, tal vez un mañana despertándose al alba.

Y yo, que no entiendo ni de cielos ni de infiernos, mucho menos de paraísos, quiero pensar que hay algún lugar en el que estás y que allí hay unos dedos que acarician tu barriga y que me sacas la lengua y te burlas de mí, mientras abres los ojos, los redondeas y alguien te peina.



Que se abran las puertas de luz. Candela va.

Blas fue mía. Y Candela también. Os volveré a ver.

Gracias por tanto.

@AnaBlasfuemia