lunes, 23 de mayo de 2016

El amor (Marguerite Duras)

Título original: L'Amour,
Traductor: Enrique Sordo
Páginas: 112
Publicación: 1971 (2015)
Editorial: Austral
ISBN: 9788490661116
Sinopsis: Tres personas -una mujer encinta, un viajero y un hombre que camina-, cada una por alguna poderosa razón que sólo puede evocar la violencia de las llamas que devoran la exótica población de S. Thala, han terminado por encerrarse, en el espacio abierto de una isla. Únicamente ellas tres parecen ocupar el espacio soleado y ventoso de la playa desierta delimitada, a un lado, por el malecón y, al otro, por el río. En su melancólico vaivén, se miran a sí mismas y entre sí en el silencio atemporal, con la mirada hueca y fría de quienes han llegado al final. Todo parece haber quedado atrás: entre los brazos de una esposa y de sus hijos para el viajero; en un remoto salón de baile para la mujer encinta; y en el recuerdo intenso de un nombre olvidado para el hombre que camina. Pero, de pronto, por un instante, un atisbo de deseo vuelve a animarlas; se acercan, se rozan, se hablan, se interrogan en la noche, ante el mar… ¿El amor?
La mar está baja, apacible, la estación es indefinida, el tiempo, lento.
Era inevitable. Marguerite Duras tenía que estar aquí, en este blog. Una autora de su dimensión, que escribía desde sus llagas y vivencias, que no escribió sobre nada que le fuera ajeno, que aulló en cada palabra, que vivió por, para y desde el amor, el amor imposible, el amor que se da la mano con la muerte, el amor efímero como un meteoro, el amor que trastorna. Esa Marguerite Duras, alcohólica, que se duele, que se aburre y solo encuentra salida a ese aburrimiento vital en el amor… Transgresora, lúcida, melancólica, hija del desafecto y exiliada del mundo. Que no escribió, sino que se escribió. Desesperada y encantadora. Sí, tenía que traer a Duras, aquí, a mí, de nuevo. Volver a espejearme. Y purgarme.

Y no quise elegir lo cómodo. Lo fácil me aburre, ahora. Aunque en la literatura de Marguerite Duras no hay nada fácil. Ella, bendita sea, no lo era. Su libro más leído, El amante, lo escribió borracha y renegó de él (lo reescribiría bajo el título de El amante de la China del Norte). Que El amante sea de sus libros más leídos y comentados dice mucho de lo alejado que se lee a veces del autor/a. Esencial conocer a Duras para leerla. O leerla para conocerla.
El silencio comienza con un espaciamiento de los tiempos…
El llanto acaba de espaciarse.
El amor es un libro de apariencia engañosa. Pocas páginas, una sinopsis que apunta a una lectura asequible, al encuentro de tres personas… (el encuentro siempre fue para Duras la culminación del amor. Culminación y principio del fin). Pues para nada. Es una lectura hermosamente dificultosa, entramada, compleja. Que me encanta leer libros terriblemente difíciles que me distraen y a la vez ponen el acento en lo importante (amor/dolor/vida/muerte y otros males/bienes).

Me arrebató el inicio del libro. Tres personas de las que no conocemos el nombre: un hombre que camina, otro hombre que mira y una mujer con los ojos cerrados. Los movimientos de estas personas son como un baile en la arena, incluso son como música, una partitura cuya ejecución produce una acústica que se asemeja a los movimientos de una partida de ajedrez. Una acústica amenazante. Pensé para mí que iba a tardar en leer este libro y no me equivoqué.
En la mar, incesante, el oleaje, la fiebre.
Me pasó algo curioso. Poco antes de la mitad de la lectura enfermé, un constipado con fiebre que me tiene aturdida. Y en ese estado febril, me costó menos formar parte del libro. Pasé a ser el cuarto personaje. La mujer turbada. 

El amor es un libro extraño en el que la única acción es la de los recuerdos, los sentidos, la memoria, la fuerza de las emociones. Y todo ello fragmentado y en una atmósfera onírica, fantasmal, cuya trama principal es la propia voz de Duras.

He dicho, entre otras cosas, que Duras era una mujer lúcida. Y lo era. Espantosamente aguda. Pero quizás deba matizar: la lucidez de Duras nos confronta con las aristas de la vida, sin subterfugios ni anestesia. Esa es la auténtica lucidez. Sin engaños. Penetrar en Duras es descifrar verdades de esas que se eluden y esquivan. Es interrogarse. Es pasión.

Nunca recomiendo libros ni lo contrario, solo los comento. Sé que mi apasionada forma de leer a veces puede arrastrar a lecturas que terminen decepcionando. Hay libros cuya clave de lectura es muy personal, reflejo del momento en el que estoy y soy, ahora. Hay que ser muy durasiana para acercarse e impregnarse de El amor. Coger esta lectura fragmentada, acariciar los filos de cada fragmento, coserlos en el alma y saber que son como un guante perfecto que encaja ahí, justo ahí. Soy muy durasiana, he de decir.

Y de la mano de Duras, iré por fin a buscar la mirada de Yann Andréa, su último amante (casi 40 años más joven que ella y homosexual). Una historia que siempre me cautivó.
Está buscando -y añade-: hay que dejarle.
Estoy buscando. Dejadme con mis “extrañas” lecturas. Que ya voy llegando.


jueves, 12 de mayo de 2016

Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado (Maya Angelou)


Título original: I know why the caged bird sings
Traductor: Carlos Manzano
Páginas: 352
Publicación: 1969 (1993)
ISBN: 9788416213665
Sinopsis: En la primera y más conocida de sus novelas autobiográficas, Maya Angelou nos habla de su dura infancia y de los trances por los que tuvo que pasar hasta convertirse en una mujer independiente. Criada en un pequeño pueblo de Arkansas por su abuela, Angelou aprendió mucho de esta mujer excepcional y de una comunidad extraordinariamente cohesionada; unas lecciones de vida que la ayudarían a sobrellevar las dramáticas circunstancias a las que tuvo que enfrentarse posteriormente en San Luis y California. Este emocionante relato retrata también la vida de la mayor parte de la población negra del Sur de los Estados Unidos durante la primera mitad del siglo xx.

Sin rodeos: este libro es MA-RA-VI-LLO-SO.

Maya Angelou fue una de las mejores poetisas estadounidenses, defensora de los derechos civiles de los negros y de la mujer, actriz, escritora, bailarina, cantante, profesora… y también prostituta y proxeneta. Y, cómo no, una enorme lectora ("Me había transmitido su palabra secreta con la que convocar a un genio que había de servirme toda mi vida: libros"). Pero, por encima de todo, fue una mujer admirable y con un bello espíritu que nos deberían inocular en vena a todo el mundo nada más nacer.

Poco o nada publicada y traducida en nuestro país (aunque creo que Lumen sacó una edición de este mismo libro en 1993) cuando veo que Libros del Asteroide va a editar (o reeditar) este primer volumen de los siete que componen las novelas autobiográficas de Maya, me lanzo de cabeza al horno y me lo saco calentito. No podía dejarlo pasar. Me alegro de no haberlo dejado pasar, leerla ha sido un agasajo para mi ánimo.

Hay tanta belleza en este libro que no sé ni por dónde empezar. Maya Angelou es una narradora descomunal y brillante. Y lo hace desde un lenguaje sencillo, directo, realista, reflexivo y, sobre todo, acogedor. Me sentí en esta lectura como quien entra en un refugio huyendo de una tormenta en una montaña. Fuera se desata la naturaleza con una violenta y perturbadora ventisca de frío y nieve. Dentro, la calidez que te aísla de todo aquello que puede hacerte daño o perjudicarte. Un remanso protector, grato, balsámico… humano y entrañable.

Enorme narradora en las distancias cortas, Maya se sienta a tu lado en el refugio, cerquita de la chimenea, con la mirada hipnotizada por el fuego empieza a hablarte despacito, envolvente, y su voz pasa a ser el calor crujiente y mágico de la chimenea.
Si bien el proceso de desarrollo de una muchacha sureña negra es doloroso, la sensación de estar fuera de lugar es como el óxido de la navaja que amenaza con cortarte el cuello.
Es un insulto innecesario.
En este libro conoceremos la vida de Maya Angelou desde los tres hasta los dieciséis años (justo en el momento en el que es madre). Mujer, negra, primera mitad del siglo XX en EEUU… Las cartas ya estaban marcadas: no iba a ser una vida fácil. Y Maya nos lo cuenta desde su mirada de niña, que dulcifica lo que vive pero que no lo disfraza. La inocencia de los niños es el mayor tesoro de la humanidad. Y no sabemos preservarlo, ponerlo a buen resguardo y convertir la inocencia en nuestra identidad de por vida.

¿Hay dolor en este libro? Mucho… Pero, y esa es la fuerza tremenda que tiene Maya Angelou, no es un libro que arañe, en el que las cicatrices te vacíen. Al contrario, es un libro con el que te reconcilias con la vida y con las personas. Maravillosa  y lúcida, Maya hace uno de los ejercicios narrativos más asombrosos que he visto: convierte una vida dramática en coraje y supervivencia desde la inocencia y la dulzura. Nunca he leído un libro en el que hubiera tanto dolor y que, sin embargo, me hiciera (sí, es increíble, lo sé) estar sonriendo página a página. Hay latigazos, claro, pero Maya no se detiene ni recrea ahí, ya ha dejado la semilla, ya ha mostrado el mal... y avanza. Y, a continuación, vuelves a sonreír. No hay regodeos innecesarios. Coges aires y sigues.
Comprendía la perversidad de la vida, la de que en la lucha estriba la alegría.
No siempre el mal genera mal. Esto me ha enseñado Maya. Hay tanta, tanta, tantísima bondad, ternura y generosidad en este libro. Tanta humanidad. Imposible no reconciliarte con las personas y con la vida. Imposible no recordar que la vida es dolor, y que somos las personas quienes tenemos que aprender a mirar ese dolor a la cara y hacer de ello vida.

Avanzas por este libro entre lágrimas y sonrisas, siempre sonrisas, se te llena el alma de ternura, de simpatía, de amor y de bondad y de todas las cosas buenas y bellas que tiene el mundo. ¿No es eso magia? Yo terminé de leerlo y quise salir a la calle a abrazar a la humanidad y decirles ¿no lo veis? ¿no veis por qué canta el pájaro enjaulado? Y quise, una vez más, abrir todas y cada una de las putas jaulas que encierran un pájaro dentro.
Ver a alguien disfrutar con algo y no dar muestras de que entiendes su goce es una ruindad.
Leed este libro, por favor. Reconcilia, desarma y sana. Personas como Maya Angelou son las que hacen de este mundo un mundo mejor.

El título del libro es el título de un poema de Maya Angelou que os dejo a continuación:

“El pájaro salta libre
sobre el dorso de la victoria
y flota río abajo
hasta donde termina la corriente
y sumerge sus alas
en los rayos de sol de color naranja
y osa reclamar el cielo.

Sin embargo, un pájaro que atisba
bajo su estrecha jaula
rara vez puede ver a través de
sus barrotes de furia
sus alas se recortan y
sus patas están atadas
lo que abre su garganta al canto.

El pájaro enjaulado canta
con trino de miedo
por las cosas desconocidas
pero aún con anhelo
y se escucha su melodía
en el lejano castro el pájaro enjaulado
canta a la libertad.

El pájaro libre piensa en otra brisa
en un intercambio de suaves vientos a través de árboles
suspirando
y los gusanos de grasa en el césped esperando por un amanecer brillante
y da nombre a su propio cielo.

Pero un pájaro enjaulado se halla en la tumba de los sueños
su sombra grita en un grito de pesadilla
sus alas se recortan y sus patas están atadas
lo que abre su garganta al canto.
El pájaro enjaulado canta
con un trino de miedo
por las cosas desconocidas
pero aún con anhelo
y su melodía se escucha
en la colina distante
el pájaro enjaulado
canta a la libertad.”
Las necesidades en una sociedad determinan su ética.
Vivir es sobrevivir.

(©AnaBlasfuemia)

jueves, 28 de abril de 2016

Ella, tan amada (Melania G. Mazzucco)

Título original: Lei cosí amata
Traductor: Xavier González Rovira
Páginas: 568
Publicación: 2000 (2006)
Editorial: Anagrama
ISBN: 9788433974013
Sinopsis: Una historia en gran medida verdadera. Porque incluso el detalle más marginal puede definir a un personaje raro y bellísimo como el de Annemarie Schwarzenbach: escritora, arqueóloga, fotógrafa, periodista y viajera. Una mujer que no cesa de buscar palabras para sus libros, imágenes para sus reportajes, mujeres a las que seducir, hombres a los que hechizar. ¿Quién es realmente Annemarie? ¿La desconcertante criatura de cuerpo efébico de la que uno se enamora con facilidad por su habilidad para ser siempre otra? ¿O la apasionada y autodestructiva amiga de los hijos de Thomas Mann? ¿O la escritora a la deriva en la Europa incendiada por el nazismo?
Buscar una esperanza o renunciar a toda salvación.
Querida Annemarie:

28 días. 28 días sin separarnos. Y casi otros tantos para despedirme de ti. Para dejarte ir a algún lugar de mí, sin mí.

He atravesado tu vida aturdida, conmovida, fusionada contigo y tu búsqueda, como un bucle que se enriza perpetuamente. Me has dolido como duelen los espejos que revientan sin notificación previa, atravesando piel y músculos con sus fragmentos afilados y punzantes, provocando mínimas, profundas y perdurables llagas que son una puerta abierta para que la sangre se desborde por ellas.

Me has dolido como duele la droga: como un torrente de formas, sonidos, colores y ensueños. Ilusiones falsarias que ocultan el veneno y la ponzoña que te carcome la vida con alucinados espejismos que no son hogar.

Me has dolido como hiere la vida. Me has dolido porque me duelo.

Me has dolido porque la esperanza es un tormento, y la he dejado ir (no quiero inmolarme). Porque la búsqueda no tiene fin. Porque nos hemos encontrado en mundos y tiempos paralelos, idénticas, sin llegar a tocarse ni cruzarse jamás. Me has dolido porque te he querido y amado. Porque soy yo y eres tú. Tú, tan amada. Yo, tan nada.

Durante muchos días me fundí en ti, avistamos el horizonte del mar desde faros rodeados de dificultades y precipicios. Te caíste de la bicicleta y yo salté un muro. Tú en coma, yo en un punto y coma. No hay reposo, no hay sosiego. No parar, no dejar de buscar. Huir, huir para que no nos hiera el amor. Qué paradoja, huir de lo que buscamos con desesperación.

Annemarie, tan transparente, tan indefensa, tan perdida, tan amada, tan deseada, tan insegura, tan enamorada. Tan sola. Tan vulnerable. La vida nos persigue como un fantasma en el cogote. En lugar de guaridas encontramos aristas, la vida nos hace prisioneras. El fondo, la forma, qué importa si lo que buscamos no existe. El destino es irrelevante. La prisa estalla, quererlo todo se penaliza.

Lo que no sucede fuera no existe. Lo que transcurre dentro no nos arrima al exterior y el trayecto hasta la realidad puede ser tan distante que brotan abismos inesperados e insalvables. La fantasía nos convierte en extranjeras.

Te estoy contando lo que ya sabes, me has contado lo que ya sé, Annemarie. Intensidad y un alma bella. No hay casa ni morada para alguien así, en búsqueda perpetua. Amamos como los niños, tenaces y obstinados, ingenuos e impetuosos. La tiranía del amor.

Me despido de ti, Annemarie, me despido para poder retenerte y retenerme, te dejo ir para que te quedes, ahora sí, en mí. Sin mí. Como se retiene a quien amas, dándole libertad, siendo libre. Dejándole ir. O, quizás, sea una forma retórica de admitir que seguimos siendo notas desafinadas. 

Te abrazo, Annemarie.
Como una figura ajena y desorientada, visionaria y espantosamente sola. Que está entre nosotros pero no es de los nuestros.
Ella, tan amada, es una biografía novelada de la fascinante Annemarie Schwarzenbach. No podría haber tenido mejor voz (además de la suya propia) que la de Melania G. Mazzucco, que ha sabido captar la esencia de Annemarie desde el respeto, la admiración, la sensibilidad y la precisión de una mirada fiel, bella y profunda.

Ha sido una lectura especial y muy personal. Escribo sobre ella después de tomar distancia. Durante muchos días este libro ha sido un refugio que me ha costado abandonar. Podéis obviar lo personal, pero cómo lo cuenta y escribe Mazzucco merece muy mucho la pena.

Y sí… el tema de la identidad…
No había compañeros de viaje para quien sueña con atravesar los límites de su cuerpo y de sí mismo, y revelar su propia, su doble y, a la vez, desnuda, estéril y fecunda identidad secreta – es decir, el secreto de identidad de todos.

miércoles, 13 de abril de 2016

El hueco del tiempo (Jeanette Winterson)

Título original: The Gap of the Time
Traductor: Miguel Temprano García
Páginas: 256
Publicación: 2015 (2016)
Editorial: Lumen
ISBN: 9788426402806
Sinopsis: En el 400º aniversario de la muerte de Shakespeare, Lumen se une al proyecto internacional iniciado por Hogarth en Reino Unido, en el que diversos escritores ilustres revisitarán las obras del dramaturgo, para reinventarlas con su pluma y sello personal.
Jeanette Winterson traslada Cuento de invierno a nuestros días. Combinando diferentes microhistorias con personajes extravagantes, El hueco del tiempo constituye una formidable metáfora sobre el deseo universal de cambiar el pasado para deshacer lo ocurrido.
A la luz del siglo XXI, los personajes de Shakespeare renacen en las manos de Winterson y nos invitan a una magnífica reflexión sobre la memoria, el tiempo, la identidad, la culpa, el perdón y las pasiones y debilidades que nos asaltan: Xeno, un joven que juega a ser un Superman capaz de volar al pasado para salvar a Lois Lane. Perdita, una muchacha fruto de un matrimonio truncado que dice no haber conocido a su madre. Leo, un hombre obsesionado con la supuesta infidelidad de su ex mujer y que se niega a reconocer a su hija, incluso cuando la evidencia de un test genético demuestra su paternidad.


Se necesita muy poco tiempo para cambiar toda una vida y toda una vida para comprender el cambio.
No.

Tengo que encontrar una explicación a todo esto. Encontrarle un sentido. Y me da una pereza abrumadora hablar de este libro. 

Jeanette Winterson me contó. Contó quién era yo en La niña del faro. Pew y Silver empezaron a restituirme. Yo no lo sabía, pero además La niña del faro fue un principio. El principio de algo asombroso. Y en El powerbook Winterson lo volvió a hacer y volvió a contarme. Y me contó el final de ese principio.

Wintersoniana hasta la muerte. Nadie como ella zarandea tanto mi vida al leerla.

Inesperadamente me encuentro con El hueco del tiempo. ¿Cómo? ¿y este libro? Así, surgido de la nada. Zas, lo cogí. E incluso se adelantó a todos los libros de Winterson pendientes de leer.

Joder, Winterson. Podrías habértelo ahorrado. No hacernos esto. No hacértelo a ti. De verdad, no era necesario. No lo necesitas.

Todos los libros tienen su historia. Este también la tiene. Comenzó siendo una lectura con, junto a, otra wintersoniana. Leer a Winterson con alguien que lee similar, y a quien Winterson también remueve. Fantástico. Prometedor.

Empezamos la lectura. Y el asombro es mayúsculo. ¿Dónde está Winterson? Desconcierto. El lápiz permanece inalterable al lado del libro. ¿Estoy leyendo a Winterson y no encuentro nada que subrayar? Hay citas que parecen sacadas de un mercadillo de todo a un euro y para encima Winterson parece haber cogido alguna especie de oferta tipo “cien frases por diez céntimos”. Toc, toc, toc… ¿Winterson, estás ahí? ¿Dónde están tus grandes citas, esas que me hacen tambalear, tus aforismos, tu estructura no lineal, tu escritura bella y poética, tus personajes ambiguos? ¿Cómo puedo estar leyendo un libro tuyo lleno de lugares comunes y personajes tan masculinos?

Seguí leyendo el libro rabiosa. Entre el cabreo más absoluto y el aburrimiento. No entendía nada. Carajo, si es que hasta hay una persecución en coche, a dos ruedas y todo. En este punto, aplazamos la lectura. El mar y este libro de Winterson son incompatibles. Del aplazamiento pasamos al abandono. Yo decido terminarlo por una única razón: venir aquí y advertir a quien espere encontrar la sensibilidad de Winterson en este libro: ¡vade retro! Este libro no lo ha escrito Winterson. Digan lo que digan. NO es Winterson.

Es un libro de encargo. No sé si con esto lo digo todo o no digo nada. Una versión del Cuento de invierno de Shakespeare en el que la imaginación ha sido devorada por el espíritu de un conejo muerto a manos de la propia Winterson. Y además está escrito en el año en el que Winterson se casó con su mujer. Estaba pensando en otras cosas, seguro. Siendo un poco generosa diré que en la última parte del libro Winterson parece tomar conciencia de sí misma y como que se deja ver. Demasiado tarde.

Es curioso. Este libro gustará. Gustará a quienes no hayan leído nada de Winterson, y más aún a quienes haya leído algo suyo y no comulguen con ella. Es triste, más que curioso, pero así es.

Pero Winterson nunca me deja vacío. La no lectura con, junto a, de este libro terminó por llevarme a otra lectura, que ha dado lugar a muchas más conexiones. Al final, queriendo o sin querer, Winterson siempre me vincula con alguien.

El amor. Su dimensión. Su escala. Inconcebible. Inmenso. El amor que sentías por mí. El amor que sentía por ti. El amor que nos profesábamos. Real. Sí. Aunque me abra paso en la oscuridad con una linterna. Soy testigo y prueba de lo que sé: este amor.
El átomo y el ápice de mi vida.
(©AnaBlasfuemia)

jueves, 7 de abril de 2016

Hacia otro verano (Janet Frame)

Título original: Towards another summer
Traductor: Aleix Montoto
Páginas: 272
Publicación: 1963 (2008)
Editorial: Seix Barral
ISBN: 9788432228407
Sinopsis: La escritora Grace Cleave acepta la invitación de un matrimonio con dos hijos para pasar un fin de semana lejos de Londres, en una casa en el norte de Inglaterra. Mientras lucha por combatir un bloqueo creativo, Grace se siente cada vez más como un pájaro migratorio, y escucha con obsesiva intensidad la llamada de Nueva Zelanda, su tierra natal. Insegura de su capacidad para habitar el mundo, Grace finge ser capaz de ocupar un lugar en la sociedad.


Durante mucho tiempo había notado que no era humana, y sin embargo, era incapaz de sentirse cercana a una especie alternativa; ahora había hallado la solución: era un pájaro migratorio.
Lo que sabía de Janet Frame: una infancia dramática, un diagnóstico erróneo de esquizofrenia, una timidez aterradora, una lectora voraz, un extraño intento de suicidio (¡con aspirinas!). Internada en varios psiquiátricos se libró de una lobotomía (qué salvajada) gracias a que su primer libro de relatos (“The Lagoon and Other Stories”) recibió un premio y el neurocirujano decidió, en un milagroso ataque de sensatez, cancelar la operación. Candidata en varias ocasiones al premio nobel de Literatura, la directora Jane Campion llevó a las pantallas Un ángel en mi mesa, una adaptación de la autobiografía de Janet Frame (y que es la única novela, junto con Hacia otro verano, traducida al castellano). De Hacia otro verano, escrito en 1963, sabía que Janet Frame prohibió que se editara en vida porque consideraba que era demasiado personal y no sería hasta el 2007 que viera la luz. Falleció de leucemia en el 2004.

Con estos mimbres, absolutamente irresistibles para mí, me dispuse a leer Hacia el otro verano. Y cuando llevaba página y media tuve que detenerme. Y tuve que hacerlo porque si quería fluir por este libro era necesario adaptar mi mirada, mimetizarme con el pensamiento de la protagonista, porque Frame no edifica su estilo literario desde una arquitectura tradicional, no hay una disposición reconocible cuando se plasma el pensamiento en palabras, ni siquiera su patrón de reflexiones es el habitual. Las frases y conexiones de pensamiento de Frame son líquidas, aéreas, vaporosas, poéticas, volátiles… Frame es un ave migratoria. Tengo que ser su pensamiento, sus sensaciones, sus imágenes, sus metáforas, sus emociones. Tengo que ser, yo también, ave migratoria. Ya lo he sido antes. Y eso supone renunciar a mis propias barreras. Quedarme indefensa. ¿Quién dijo miedo? Migremos. Volemos. Ir y luego regresar con cada palabra, con cada línea, con cada página. 

Nada era sencillo, conocido, seguro, creíble, identificable. Los límites no eran posibles cuando nada tenía fin, las formas eran circulares y no había principio alguno.
La escritura de Frame es innovadora, creativa, mágica, muy potente. Modifica mi forma de leer, me exige. Y me gusta. Salvo ese dubitativo inicio (por mi parte, no por la suya) y una vez que acepto los pasadizos y los desvíos que me ofrece, leer a Frame es una delicia extraordinaria. Cuando llevo leídas tan solo cuatro páginas, cuatro, tengo que volver a detenerme porque me he llenado de imágenes, de sensaciones, de una prosa incomparable, guapa, compleja y exquisita. Estoy tan despojada de todo, que con esas cuatro páginas quise detenerme y paladear cada impresión, cada huella agitada, cada presentimiento percibido, como si fuera un regalo. Y lo hice consciente de querer recrearme en algo que está aún por venir.

Y lo que vino fue un auténtico goce. Si al principio pensaba que Frame me quería expulsar de las páginas, en cuanto me crecieron las alas y me convertí en pájaro migratorio el libro resulto ser una sinfonía, una canción de cuna que te protege y tranquiliza a la vez. Así me sentí en esta lectura, acogida.

Curioso, porque en realidad de lo que habla Frame es de la extrañeza, de las personas que buscan refugio en la soledad porque no saben cómo comportarse con los demás, qué decir, qué hacer, cómo ser. Personas para las que cada frase que le dirigen desencadena indecisiones, dudas, temores, y hasta bloqueo. Códigos distintos que conviven en un mismo mundo y que hay que descifrar para que no queden al margen. Pero no lo hacemos, intentar descifrar ese código. La minoría es la que tiene que hacer el esfuerzo de adaptarse, siempre (no es lo que yo pienso, es la realidad).

Lo que hizo (entre otras razones) que me sintiera en un espacio confortable, que disfrutara tanto de Hacia otro verano es cómo emite Frame. Emitir en el sentido de arrojar, echar hacia fuera. Y eso hace Frame, echar hacia fuera sus pensamientos, arrojarlos. Puede parecer que en esa expulsión hay cierta violencia, cierta rabia, y sin embargo lo que hay es una cadencia especial, un vuelo sostenido, un espectáculo lleno de metáforas, descripciones, sensaciones… 

No quiero habitar el mundo humano bajo premisas falsas. Es un alivio haber descubierto mi identidad después de la confusión al respecto durante tantos años. ¿Por qué la gente habría de tener miedo si confío en ellos? Pero la gente siempre tendrá miedo y celos de aquellos que finalmente descubren su identidad; es algo que les lleva a considerar la suya, a recluirla, a mimarla, temerosos de que alguien la tome prestada o interfiera en ella, y cuando están enfrascados en el acto de protegerla sufren una conmoción al descubrir que su identidad no existe, que se trata de algo que han soñado y que nunca han llegado a conocer.
Identidad. He aquí el eje, la esencia (una vez más). El epicentro de todo. Identidad. Determinar cuál es tu propia identidad, comprobar que no encaja, luchar por mantenerla o construirte un disfraz. Pero ¿es posible disfrazar tu auténtica identidad? ¿y si te atrapa el disfraz en lugar de liberarte? No encajas. Entonces, o te disfrazas, o te aíslas. El disfraz, la máscara, es algo que no se plantea la protagonista de Hacia otro verano. Intenta conectar, pertenecer, y cada intento es un sufrimiento, un esfuerzo. Elige entonces, una y otra vez, la soledad. Porque cada conversación, cada situación social, es una lucha agotadora. Un fin de semana conviviendo con un matrimonio y sus hijos. Esa es la situación por la que tiene que pasar Grace Cleave. Cómo nos traslada esa situación Janet Frame, cómo desnuda su mente, ese “lugar privado”, es realmente impresionante. Una preciosidad.

Tener una conciencia profunda de una misma, de los funcionamientos internos que nos mueven y a la vez nos paralizan. Sentir de forma tan abrumadora cómo te rompes y haces añicos. Y ser capaz de plasmarlo como lo hace Frame. Grande.

Entremezclados con el fin de semana, acuden, migrando, recuerdos de la infancia de Grace, de una Nueva Zelanda lejana que la reclama. Es en estos recuerdos donde especialmente Frame despliega un léxico fuera de lo común, dispersa metáforas, juegos de palabras, descripciones, humor y una sensibilidad que me ha cautivado. Y que seguramente no se lo ha puesto nada fácil a la magnífica traducción realizada por Aleix Montoto.

Algo especial tiene este libro. No habla de algo cómodo. Su prosa no es de lectura fácil o relajada (en muchas ocasiones tienes que volver atrás, releer, pero lo haces complaciéndote de leer así, como en pliegues, hacia adelante y hacia atrás). Es tan íntimo que sientes que te estás asomando, sin permiso, al alma de Janet Frame. Tu propia timidez (identidad) se reconoce en algunos pasajes de la lectura. Y sin embargo terminas el libro y querrías seguir en él. Quizás sea porque ahora es en los libros, en ciertos libros, donde encuentro acomodo y refugio. 

Encontré mi lugar cuando tenía tres años. Es un recuerdo tan profundo en mi memoria que siempre y nunca cambia... Miré arriba y abajo, a un lado y a otro, y no había nadie. Este es mi lugar, pensé, mientras permanecía de pie, escuchando. El viento gemía en los cables del telégrafo, el polvo blanco se arremolinaba en el camino y yo seguía en mi lugar sintiéndome más y más sola porque los setos de tojo y sus flores eran míos, el camino polvoriento era mío, y también el viento y los gemidos que hacía en los cables del telégrafo. No puedo describir la sensación de soledad que sentí cuando supe que me encontraba en mi lugar; todavía era pronto para ser consciente de la carga que supone la posesión, poseer algo que no se puede regalar o a lo que no se puede renunciar, que se tiene que guardar para siempre.
Nunca, jamás, ni nadie había descrito tan bien y tan preciso lo que se agitó en mí, siendo una mocosa, la primera vez que vi un faro y sentí que los faros eran mi lugar.

Leer a Frame ha sido un desafío, un desafío de los que merece la pena y el riesgo. Un libro para enmarcar.

(©AnaBlasfuemia)


martes, 29 de marzo de 2016

Reseñas Express (10)

La ocupación  (Annie Ernaux)

Título original: L’occupation
Traductora: María Teresa Gallego Urrutia
Páginas: 96
Publicación: 2002 (2008)
Editorial: Herce
Sinopsis: “Había dejado a W. unos meses antes, él me dijo que se iba a ir a vivir con una mujer, pero no quiso decirme su nombre. A partir de ese momento fui presa de los celos. La imagen y la existencia de la otra mujer no dejaban de obsesionarme, como si ella hubiera entrado en mí. Esta ocupación es la que describo”


Hay tres cosas que me han gustado de este libro:

1) El título: Porque en realidad lo compré por la autora, tenía ganas de leer algo suyo y antes de llegar a su más reciente y conocida La mujer helada, quise dar un rodeo con este relato, La ocupación. No sabía de qué iba pero en principio interpreté el título como apropiarse de algo, más en sentido territorial que otra cosa. A saber por qué. Pero el libro va sobre los celos, sobre cómo una mujer ocupa, literalmente, la mente de la protagonista. Me gustó ese concepto, esa descripción. Una forma curiosa de hablar de una obsesión.

2) La cita de Jean Rhys con la que se inicia el libro y de la que me quedé colgada durante mucho tiempo:

Con la conciencia de que, si tenía el valor de ir hasta el final de lo que sentía, acabaría por descubrir mi propia verdad, la verdad del universo, la verdad de todas esas cosas que nunca acaban de sorprendernos y de hacernos daño.
3) El inicio del relato:
Siempre quise escribir como si no fuera a estar cuando publicaran lo escrito. Escribir como si fuera a morirme y ya no hubiera jueces. Aunque es posible que sea una ilusión creer que el advenimiento de la verdad depende de la muerte.
Lo cierto es que este arranque inicial, y las primeras páginas, me engancharon hasta el punto de pensar que iba a terminar de leerlo incluso antes de llegar a sentarme en el sofá. Pero según avanzaba me iba dando cuenta que me enfriaba con la lectura, que le faltaba ritmo, dinamismo… algo.

Y entonces recordé. Uno de mis libros de cabecera (y está al caer su relectura) es La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera. También habla de celos. Los celos de Teresa por Tomás. Pero el amor de Teresa es visceral, brutal, apasionado, absoluto. Sufres con Teresa. Pero no sufrí con la protagonista de La ocupación. No porque quiera yo sufrir (ojalá tuviera capacidad para no hacerlo). Empatizar, en todo caso (y que me empaticen). Pero eso es lo que falló. Está muy bien escrito, incluso agudamente analizados y explicados ciertos comportamientos, hay reflexiones interesantes y esa “ocupación” (y el desalojo posterior) está descrita de forma bastante atractiva. Pero… que no vibré, vaya.

Con la miel en los labios (Esther Tusquets)

Páginas: 208
Publicación: 1997
Editorial: Anagrama
Sinopsis: En la Barcelona de los últimos años del franquismo, de la gauche divine y el activismo clandestino, dos mujeres mantienen una historia de amor contracorriente, una revolución demasiado transgresora para ser aceptada aun por los corazones y mentes más progresistas.


Aunque escrita casi en el s. XXI, Esther Tusquets nos sitúa en los años 70. Y si lo menciono es por la sensación de que hay libros que ya nacen como viejos, y creo que a este libro es lo que le ha pasado. Que ha nacido viejo y ha envejecido aun muy rápido. Aunque hay un hábil retrato de la época, del ambiente universitario, de la Barcelona de aquellos años, una crítica nada velada a la burguesía catalana… le falta fuerza.

La historia de amor a contracorriente se me queda a medias, la relación entre Inés y Andrea no tiene la intensidad suficiente como para que me la crea y la sienta. No entiendo el comportamiento de ambas, aunque Esther Tusquets recurra a hacerlo explícito a lo largo del relato. Que la relación, el carácter y el comportamiento de ambas tenga que ser mostrado de forma manifiesta y palmaria, provoca que el libro flaquee por el lado de la lectura entre líneas.

Me faltó más provocación, más intensidad, más verdad, más sutileza, más pasión, en esta relación. La sensación es que se queda a caballo entre la crítica social y la historia de amor nada convencional (para la época), faltando contundencia, tanto si se entremezclan ambos elementos como si se toman por separado. Y, lo uno por lo otro, la casa sin barrer. 

Di su nombre (Francisco Goldman)
 

Título original: Say her name
Traductor: Roberto Frías
Páginas: 434
Publicación: 2011 (2012)
Editorial: Sexto Piso
Sinopsis: En 2005, el novelista y periodista Francisco Goldman se casó con una radiante y joven promesa de las letras mexicanas: Aura Estrada. Poco antes de su segundo aniversario de bodas, Aura sufrió un terrible accidente nadando en las playas de Oaxaca y murió en un hospital de la Ciudad de México. Devastado por la pérdida, y culpado por la familia de Aura de su muerte, Goldman se sumergió en una espiral de dolor, entre los remordimientos por lo que fue y el anhelo de lo que ya no sería. Di su nombre es tanto una larga carta de amor como un intento desesperado por conservar cada detalle de Aura a través de la pasión compartida de ambos: la literatura.


He tenido un problema con este libro que ha provocado que tal vez no vaya a ser justa con él. Cuando iba a mitad de la lectura, se cruzó Joan Didion y El año del pensamiento mágico. Y empecé a leerlos a la vez. Y Didion noqueó a Goldman. Abordando ambos el mismo tema (el fallecimiento de sus parejas), Goldman apenas aguantó un par de asaltos a Didion. Mientras que recordaré toda mi vida la lectura de El año del pensamiento mágico, la de Di su nombre solo la recordaré como el libro derrotado por Didion y el propio Goldman.

El amor entre Goldman y Aura es incuestionable. Impregna cada página del libro. El dolor ante su pérdida es atroz. Teniendo además que lidiar con las acusaciones de la familia de Aura. El problema de Goldman es el exceso, el exceso de páginas, el exceso de querer mostrar a Aura. Termina por faltarle naturalidad y por sobrarle páginas. Mientras que resulta conmovedor al mostrarnos su tristeza, sin embargo su empeño en mostrar una determinada imagen de Aura resulta forzada, intenta convencernos que sea esa y no otra la imagen que tengamos de ella. Nos la impone. Y eso hace tambalear todo el libro.

El duelo siempre es un proceso íntimo. A veces no porque queramos, tal vez lo que necesitemos sea gritarlo. Pero mostrarlo causa malestar. Tanto Goldman como Didion (y muchos otros autores) utilizan aquello que mejor saben: escribir, escribir para mostrar ese proceso sin invadir ni avasallar a nadie, puesto que los libros no obligan a ser leídos, son siempre una elección de cada lector. Hay muchas cosas del libro de Goldman que me han tocado, me han arañado, y con esas me quiero quedar, por encima del exceso de páginas y del panegírico hacia Aura en que se convierte el libro y que acaba distorsionando a la propia Aura. Porque si algo respeto por encima de todo es el dolor (el propio y el ajeno).

Todo es confuso, no sé cómo resolver este problema, no sé dónde reside lo correcto y lo incorrecto, pero busco respuestas donde suelo encontrarlas, en los libros.
Las vírgenes suicidas (Jeffrey Eugenides)
 

Título original: The Virgin Suicides
Traductora: Roser Berdagué
Páginas: 232
Publicación: 1993 (2006)
Editorial: Anagrama
Sinopsis: En menos de un año y medio, cinco hermanas adolescentes hijas de una católica ferviente que no las dejaba salir con chicos, se suicidaron. Veinte años después, varios hombres que fueron sus vecinos intentan desentrañar el enigma de esas muertes relacionadas con los misterios de la feminidad y el deseo. Una espléndida primera novela que ha sido llevada al cine con gran éxito por Sophia Coppola.


No sé muy bien qué decir. Frustración total. Empiezo a pensar que soy yo. Tal vez ahora que he retomado el blog va a resultar que son los libros los que se me resisten. Que necesito auténticos cañonazos nucleares para que algo me zarandee. De tan insensible mi coraza y de tan hiperestésica mi imaginación y mi alma. No lo sé. Pero vuelvo a chocar con una lectura que me ha dejado indiferente. Bien escrita, sí. Pero que ya desde el principio me cuenta lo que me va a contar a lo largo del libro. Y como ya está también dejado transparente y cristalino cómo me lo va a contar (con esas descripciones detalladas, ese lenguaje arrimándose a lo poético, ese decir y no decir, esa neblina a través de la que tienes que entrever…) pues me aburrí. A veces lo que leía me parecía una pescadilla mordiéndose la cola. Un bucle. Seré yo. Soy yo, claro.


Escritos 1909-1918 (Egon Schiele)

Traductora: Carla Carmona
Páginas: 160
Publicación: 2014
Editorial: La micro
Sinopsis: Primera edición y traducción al castellano de los escritos de Egon Schiele, compuesta por sus manifiestos, una selección de ocho poemas y 58 cartas dirigidas a amigos, familiares y diversos personajes de la Viena de principios del siglo XX. La edición incluye parte de sus manuscritos originales, retratos de sus destinatarios y obras del artista aludidas literal o conceptualmente en esta correspondencia. Un total de 66 citas ilustrativas que aportan valor documental y visual a la obra.


He aquí la joyita. La micro es una editorial muy atractiva, que ha puesto la mirada en lo esplendoroso de lo minúsculo, porque la belleza suele estar en los detalles y no en lo grandilocuente. Todo lo que he visto hasta ahora de La micro son auténticos agasajos. Me encanta la filosofía de esta editorial, que nos invita a detenernos en las pinceladas que pasan desapercibidas, en las eclosiones que transcurren en lo microscópico, ahí donde las miradas se deslizan valorando como insignificante lo que en verdad contiene la perfección.

En esta delicada y sugestiva edición se nos presenta un Schiele que es un reflejo de sus dibujos, entre quebradizo y comprometido. Comprometido con la naturaleza, con el arte, con su propia misión como artista. Su alma bullía y sus más de tres mil dibujos en su corta existencia reflejan su constante indagación de la vida y los estados emocionales. Intenso y a la vez aterrador. Leer a Schiele es leer también sus dibujos, formar parte de cada historia que una imagen cuenta. Vivió poco, vivió rápido, vivió intenso. Vivió. Y dejó una obra libre de miedo, un feminista adelantado a su tiempo, sin miedo a la mujer, el sexo como protección y fantasía.

La angustia espiritual de los genios me fascina. Schiele fue un genio, un talento de la naturaleza para quien el reconocimiento llegó tarde, quizás porque los genios lo son precisamente por eso, por sobrevivir en tiempos que no les corresponden, como agujeros negros en la linealidad del tiempo que navegan buscando su lugar, y su lugar está más allá, mucho más allá.

Soy de los más nobles
el más noble
y de los que devuelven
el que más lo hace.

Soy ser humano, amo
la muerte y amo
la vida.
(Egon Schiele)
PD: Cuando los demás volvéis, yo voy. Es una metáfora, pero también una realidad: me voy unos días. Por fin, los faros y el mar. Respirar el mar, beber el aire, abrazar faros y mirar abismos. Buscar(me).

(©AnaBlasfuemia)