viernes, 31 de mayo de 2019

Sobre el acantilado y otros relatos (Gregor von Rezzori)


Las cosas cambian más deprisa de lo que podemos corresponderle con las palabras o desde el punto de vista semántico

Con un lenguaje exuberante, florido, lúdico y lúcido, Rezzori hace una feroz crítica social a través de tres seductores relatos. Muy irónico, casi cínico pero sin despeñarse, rompe estructuras narrativas clásicas, juega con la forma para destacar un “qué”. Preciso con los personajes y con los momentos que viven, en la línea de la literatura erudita y con lenguaje extenso y cultivado, Rezzori refleja la descomposición de un mundo sensible, noqueada la supremacía de un imperio.
⠀ 
Ese tránsito entre distintas sociedades/épocas/culturas es contemplada como un sonoro eco que desliga de sí mismos a aquellos que la viven, una abstracción del momento, la historia que diluye lo concreto y convierte en leyenda el tiempo (todavía) presente. Tiempos oscuros en los que transcurre el amor, la vida que reclama concretarse, visualizar las relaciones entre lo que vive cada uno y las circunstancias, aferrarse a la pureza del paisaje y la tierra.
Cuando tu mundo estalla en mil pedazos buscas una nueva realidad para convertirla en hogar (casa, nido). Pero en el tránsito, en la ruptura... ¿dónde habitas? ¿En qué vacío? Estés donde estés lo que anida en el alma es siempre la irreversible sensación de carencia.
Detrás de la prosa exquisita y elegante de Rezzori hay un fondo notable: cómo la realidad impone su propia verdad. Rezzori es fino, fino.
Es preciso sacar lo mejor de lo inevitable

miércoles, 29 de mayo de 2019

El archipiélago del perro (Philippe Claudel)


Codiciáis oro y sembráis ceniza. Ensuciáis la belleza, destruís la inocencia […] Vuestras emociones son efímeras, como mariposas calcinadas por la luz del día cuando apenas ha salido del capullo […] La soledad os devora. El egoísmo os engorda […] ¿Cómo juzgarán vuestra época los siglos futuros
El arranque del libro es tremendo, Claudel nos echa una bronca que consigue que el libro te dé calambre. Sabes que te la mereces, pero también es cierto que luego consigue el efecto contrario del pretendido: te distancia ligeramente de la culpa. Quiero intentar explicarlo.

Claudel es un escritor exquisito que maneja los ardides de las tramas como pocos. Admiro el espacio en el que se mueve, con una escritura ágil, envolvente, capaz de llegar a muchos lectores con su lenguaje cercano. Su prosa cinematográfica, directa, kinestésica, el toque de intriga con el que envuelve sus narraciones, consigue que devores el libro en un pis pás, con esa forma de thriller social y psicológico que este autor maneja con precisión.

La técnica de Claudel es la que llamo “huevo Kinder”: Su apariencia externa te promete una sorpresa en su interior. La sorpresa está dentro de un sabroso y reconocible huevo de chocolate que engulles con fruición, es una sorpresa que intuyes pero no sabes exactamente cuál será. Claudel normalmente guarda una sorpresa dentro de otra sorpresa que consigue enriquecer notablemente la historia que nos transmite. Pero en este libro va a saco y se le olvida sacar un conejo de la chistera. Así que la sorpresa del huevo Kinder resulta previsible. Y la previsibilidad distancia del compromiso que quiere arrancarnos.
Claudel escribe una fábula sobre el drama de la inmigración que pretende no dejarnos indiferentes, señalando algunas de las razones de nuestra indiferencia: “no es mi culpa”, “tengo mis problemas”, “no puedo cambiar nada”. Razones varias que nos alejan de la responsabilidad y aligera el peso de nuestra conciencia. La realidad está ahí y si querías esquivarla Claudel te la pone delante sin tapujos y, en mi opinión, de una forma demasiado explícita y no quiero pensar que oportunista. Pero hay que leerlo, esto es así y allá cada cual con su conciencia.

lunes, 27 de mayo de 2019

Cárdeno adorno (Katharina Winkler)


A veces camino descalza y me tumbo junto a las ciruelas reventadas. Luciendo mi cárdeno adorno, yazgo entre frutos cárdenos

Cuidar a quienes nos cuidan, cuidarnos de quienes no. Pero cuidas a los corderos y vives con el enemigo. Si el honor no tiene nombre de mujer ¿quién nos cuidará si lo humano es tan escaso? Tantas mujeres cárdenas y sin palabras donde solo hay el sonido primitivo de la violencia escrita y tallada por las manos de los hombres.

Golpe, a golpe, golpe, a golpe… Y la luz al otro lado de las montañas, la posibilidad de bañarse en el rio, las letras, los números, todo está al otro lado. Lejos. Aquí, las puertas son paredes que no puedes atravesar y el miedo una piel imposible de mudar. Las fiestas son siempre ajenas y el dolor cercano No te rías, no te rías, hasta la risa le pertenece. No supliques, no anheles más golpes, no anheles caricias. Todo se arreglará. Todo se arreglará. Ponte unos vaqueros y busca la casa que te salve, tú eres la casa.

Cuánto y qué fuerte he querido que lo que leía fuera ficción, ciencia ficción, o novela histórica. Pero no. Y leo y lloro, y grito, lloro, leo. Una aldea turca donde la violencia no se cuestiona, es tan habitual como los silencios. Normalizar la cosificación y deshumanización de la mujer, la mujer como un objeto que pertenece al hombre, la mujer como esclava del hombre. La intensidad de la violencia se me hace insoportable, me obligo a no soltar, a no mirar a otro lado. Sucede. Sucede.

Golpe, a golpe, golpe, a golpe. Quiero detenerlos con una fuerza inusitada y una rabia ciclónica, detenerlos, absorberlos todos y vomitarlos en un océano. Cada golpe. Hacerlo pasado, pasado lejano, historia añeja y anticuada.

Es tan difícil lo que has hecho, Winkler, poetizar el dolor. Terminé la lectura agotada, perturbada, sacudida. Aterrada. La violencia nunca, jamás, ha de ser normal ni las mujeres ni los niños propiedad privada de nadie.

jueves, 23 de mayo de 2019

El nacimiento de Eva (Jeanne Hersch)


Toda hora merece ser celebrada

La filosofía ha dejado de ser contingente para convertirse, ahora más que nunca, en necesaria. No solo debería ser asignatura obligatoria sino que también debería ser tan cotidiana como un sorbo de café, un trozo de chocolate, lavarse la cara o tomarse una caña. A pequeñas dosis o a sorbitos, como el azúcar, la sal o el vino. O a borbotones, como las estrellas, la mar, el agua fresca, la lluvia o el viento. Plácida o tormencial.

Un pequeño sorbo, delicado y placentero de filosofía bien podría ser este libro de Jeanne Hersch, en el que se reúnen diversos textos de esta reconocida filósofa suiza. Textos elaborados con esmero poético, estilo refinado y filosofía sensata que no provocarán ninguna discordia al lector, sino una sensación agradable y liberadora. Algunos de estos textos son auténticos diamantes que destilan no solo profundidad de pensamiento sino también una calidad literaria certera, cálida y cercana. Las tres ces.

Una prosa viva, cristalina y textos variados cosidos entre sí por el hilo de una filosofía cercana que aborda diversos temas: la creación de la humanidad; Eva y su gesto que finaliza el presente eterno; el tiempo (perdido, salvado, recordado, arruinado, ambiguo) y sus consecuencias en la hora cero; la certeza de que convertir el mundo en atroz o espléndido dependerá bien de nuestras acciones o bien de nuestros descuidos; las fiestas como obras de arte cuya fuerza está en la plenitud del presente, del instante que ya no pertenece al tiempo; cuándo escribir; reclamar la unicidad como una necesidad de que cada persona tenga su lugar en la fiesta “exuberante y trágica del mundo y la historia”.
Leamos más filosofía, saquemos a la cultura humanista de ese inmerecido espacio en el que los caminos de la servidumbre la han situado: entre la espada y la pared. Abramos las puertas. Toda filosofía debe ser celebrada.
Separación contra presencia, basta una simple puerta cerrada. Una puerta cerrada, y ya no sé nada de tu realidad

martes, 21 de mayo de 2019

Un simple vestido de fiesta (Christian Bobin)


No eres causa de mi soledad. Dormía ya en mí mucho antes de tu llegada. Eres quien -por haberla despertado- se le parece más
Todas las soledades se parecen y a la vez todas son únicas, personales e intransferibles. Somos nada, nadie y esperamos y esperamos. La soledad, tanta soledad impensable, es la eterna herida de la vida. Intentamos aprender a vivir con ella y hasta nos seduce la soledad ajena.

Bovin en estos relatos fortifica sin herir gracias al tono empleado, que no resta un ápice de gravedad a los temas que trata o narra. Consigue conectar sus palabras con nuestros sentimientos. Usa las palabras como notas musicales o como colores en un pincel, transmite imágenes y emociones que nos empujan, amargas y exactas.

Bovin es un dispensador de frases, de oxímoros, de tic y de tac, como dedos pulsando una tecla (de una máquina de escribir, de un piano, de las teclas que nos rompen o nos juntan con nosotros mismos). Con su ritmo narrativo nos impele a la apnea. Frases cortas, fragmentadas y fragmentarias, respiraciones rápidas, hiperventilar.

La lectura se despliega ante ti como un abanico que se abre con ritmo de seducción, con un movimiento leve y cándido. Las historias se abren y van encontrando su canto, el resto es lenguaje.

Y esa aparente liviandad del tono narrativo resulta feroz como una tormenta de verano: aire caliente, turbulento, luces intensas y raudas, el crepitar de la lluvia, la naturaleza desatada y sus contrastes habitando el asombro con trazos dinámicos y resistentes, como el fulgor de un rayo, el estruendo y el silencio. Y luego la calma, viendo todo y nada simultáneamente.

Hay quien intenta escribir poesía a golpe de interlineado. Y luego está Bobin, que hace poesía sin tabulador
Leo para hacerle sitio al dolor

jueves, 16 de mayo de 2019

El paseo (Robert Walser)


Al diablo con el ansia miserable de parecer más de lo que se es

Paseante compulsivo, Walser nos pasea con él y su suave ironía pero fuerte perspicacia. Donde aparentemente no ocurre nada saltan las alarmas. Es todo tan jovial y festivo, todo tan propicio y delicado en este paseo que inevitablemente produce el vértigo de la duda ¿qué hay detrás de un paseo tan cándido?
Hay búsqueda, hay curiosidad, nostalgia, hay melancolía, libertad y vida intelectual. Hay mucha elegancia en Walser en este inquietante paseo, inquietante porque el idílico paseo, que se desliza como desaliñado, volátil y anticuado, se torna a cada paso más sombrío, más grave, sin renunciar en ningún momento a la belleza.

Paseos, deleitarse con lo sublime de la naturaleza, conectar con ella de forma casi sagrada. Encuentros que son de todo menos triviales y con una carga simbólica importante. Walser paseaba por el mismo motivo que escribía: por supervivencia y desamparo. Walser huyendo del miedo, paseando para escapar pero inevitablemente encontrando aquello de lo que huye al final del paseo.

Una pequeña y delicada joya de un Walser siempre exuberante, frágil y sagaz.
Yo ya no era yo, era otro, y precisamente por eso otra vez yo

domingo, 12 de mayo de 2019

Sobre lo azul (WIlliam H. Gass)


El azul es por tanto el color más apropiado para la vida interior […] Porque el azul se contrae, se retira, es el color de la trascendencia, nos conduce en pos del infinito
Este es un libro (bastante metaliterario, por cierto) para personas muy azules y, para Gass, “estar en lo azul es estar aislado y solo”. Si amas el azul (el color, el concepto, el estado de ánimo), las palabras, el lenguaje, la irreverente y erudita literatura experimental de Gass este ensayo es todo una inmersión en la pasión que este autor sentía por la escritura y el lenguaje.
Todo lo que conoces Gass lo convertirá en azul, abarcando un mundo infinito de posibilidades, como, por ejemplo, que a partir del azul se hable del sexo y lo haga sin caer en la sordidez o en lo grotesco.

No voy a negar que es una obra extraña, un ensayo insólito y asombroso, pero es como una marca de agua de cierto tipo de literatura y que a algunos lectores nos sirve para ir recorriendo una ruta de satisfacción de libro en libro y leo porque me toca.

Gass ha escrito “Sobre lo azul” con mucha libertad y en esa espontaneidad y atrevimiento nos marca la distancia exacta que hay entre lo que decimos realmente y lo que creemos decir y así es como aprenderemos a decir las cosas de forma diferente.
No os dejéis intimidar: el país del azul está despejado, habítenlo.

Magnífico Ce Santiago que ha debido de sudar tinta china (azul) con esta traducción.
…el azul es el color de la mente en préstamo al cuerpo; es el color que la consciencia adopta al ser acariciada; es el interior oscuro de los enunciados, enunciados que siguen sus propios giros que hacia el interior desaparecen como las espiras de una concha, y a los cuales seguimos con cautela


martes, 7 de mayo de 2019

Bartebly, el escribiente (Herman Melville)


Ah, la felicidad busca la luz, por eso juzgamos que el mundo es alegre; pero el dolor se esconde en la soledad, por eso juzgamos que el dolor no existe

Si no has leído este libro, te rogaría que lo leyeras. Si ya lo has leído, te pediría que vuelvas a leerlo. Pero preferiría no hacerlo.
¿Cómo reconocer una obra de arte, una obra literaria magistral? Cada cual tendrá sus sensaciones, las mías pasan por saber que estoy ante algo inolvidable. Cuando conocí a Bartebly sabía que nunca lo olvidaría, que siempre me seguiría pareciendo una obra perfecta en su compleja simplicidad y que me estremecería una y otra vez por la inevitabilidad de lo verdadero.
Sabemos que es una lectura que deja un poso de tristeza, de esa que cala como la niebla, con la humedad irremediable de reconocerse, de fundirte con Bartleby. ¿De qué territorio viene Bartleby? De la sima de la soledad, de la del hombre que se interroga, de aceptar la imposibilidad del Otro. Y resistir.
La resistencia pasiva de Bartleby deriva de una lucha genérica, universal y humana, una lucha que reconoce toda persona que se haya visto inmersa en la batalla del desgarro. Todos los vacíos son iguales, lo que diferencia unos de otros es la mirada de quien se enfrenta a ellos: como lo hace Bartleby o como lo hace su jefe (que no puede eludir la clamorosa llamada de Bartleby y su digna lucha contra la soledad y la desesperación). La conducta de Bartleby no puede negarse ni trivializarse, supone en sí misma un enigma irresistible.

Un libro hermoso. Triste, sí, pero terriblemente humano y luminoso. Con una prosa limpia, clara, perfectamente medida; con un ritmo adecuado a la tensión que genera el lenguaje natural y equilibrado de Melville, que transforma el misterio de Bartleby en realidad y la realidad en misterio. Todo en este libro está impregnado de emoción y ética, moviéndose al compás de la vida interior del lector, que no puede evitar conmoverse hasta la reverencia.

El despliegue de posibilidades casi infinitas que ofrece este libro es una de las razones de su grandeza. Pese a su trama sencilla, el significado e implicaciones de esta historia es tan poliédrica que inevitablemente te interpela.

domingo, 5 de mayo de 2019

La máquina sumatoria (WIlliam Burroughs)


“Las palabras siguen siendo los principales instrumentos de control. Las sugestiones son palabras. Las persuasiones son palabras”

No es Burroughs un autor fácil para mí. No porque sea complejo sino porque no me inspira empatía. Era un autor oscuro, impenetrable, pero también inteligente. No atrae al lector porque a él no le importamos, pero muchas veces lo que nos repele también nos deslumbra por alguna misteriosa ley de la atracción. Con Burroughs me concilia su estrambótica originalidad, su lúcida locura, su inconsciente marginalidad.

Si existen las voces es porque todo pensamiento es deseo, las palabras son virus incluso en su caída porque la única verdad es la de la magia. La voz de Burroughs era un enigma que se despeja ligeramente con la lectura de estos textos que ayudan a comprender su escritura experimental, grotesca y simbólica. Ayuda  a destramar la realidad retorcida de Burroughs.

En La máquina sumatoria Burroughs aborda temas como el psicoanálisis, las conspiraciones, el control, la escritura… Sin duda, leerlo es como meterse un tripi en vena: pura psicodelia.

viernes, 3 de mayo de 2019

Voss (Patrick White)


Solo unas pocas (personas) tienen la terquedad suficiente para abandonar, con mucho esfuerzo, el exuberante mundo de sus pretensiones y adentrarse en el desierto de la mortificación y la recompensa
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀
La versión fácil es decir que Voss es una novela de aventuras e incluso de amor. La complicada es reflejar todos los desiertos que atraviesa esta extraordinaria novela, los de arena y dunas y los del alma y el autodescubrimiento casi místico. Es una aventura hacia el interior de la inhóspita Australia, sí, pero también es una aventura hacia el interior del alma humana. Sin duda, una novela dual, en el desarrollo de la trama y en los temas que trata: bien versus mal, razón versus espíritu, civilización versus lo salvaje, religiosidad versus ateísmo. Y todo así.

La narrativa de White es vibrante, descriptiva, densa, trabajada, exuberante y evocadora. El protagonista, Voss, no busca la complicidad, avanza hacia la oscuridad absoluta con paso decidido, solo titubeante ante Laura.
No podía ser en otro lugar que Australia, tierra propicia para la imaginación, la intensidad y el misterio, donde se desarrollara este viaje de autorrealización y amor obsesivo y alucinado. No, no podía ser en otro paisaje que no fuera Australia donde se desarrollara esta búsqueda de sabiduría y verdades profundas.

Si bien para cada personaje la expedición tenía un sentido y un objetivo distinto, no cabe duda de que para Voss el viaje tenía una dimensión personal y metafísica. Voss, el superhombre nietzscheano que consigue redimirse a través de su conexión con Laura, ambos pertenecientes a esa rama de la humanidad llamada oveja negra.

Una novela inmensa que entretiene, cuestiona, asombra, remueve y enseña, y que merece más difusión y lectores.