martes, 9 de julio de 2019

El dolor (Marguerite Duras)


Fuera de esta espera, ya no hay existencia
Qué dolor tan espeso y denso esta espera de Duras. Un dolor de una profundidad insondable, inhumana, que provoca un desmoronamiento anímico y físico casi suicida. “El dolor” trata de la espera y del modo en que Duras atrapa esa espera con las palabras. Una espera que es desesperación oblicua. Que es miedo. Que es movimiento.
Espera a su marido. Ya no lo ama. Pero elije la espera. Una espera brutal, insoportable, que desordena el pensamiento, el cuerpo, el tiempo, la conciencia y hasta el espacio. El espacio de una ausencia con una presencia constante. El espacio que ocupa el dolor, donde no hay aire para respirar.
No es un diario. Es literatura, también vanidad. Una amalgama de sus experiencias y sus ficciones. Todo es posible, lo normal y lo inesperado, lo ordinario y lo extraordinario. Es la guerra, es el final de la guerra que no acaba cuando se dice que se acaba. El odio y el resentimiento desdibujan la frontera con el amor, todo se amalgama en una masa llena de tajos hirientes como agujas clavadas en la retina.
Una lectura incómoda porque Duras no esconde nada, porque el dolor desagrada, el propio y el ajeno. Un dolor elegido, una espera elegida, fuera de ella ya no hay existencia posible. Solo queda el sufrimiento, nada más. El dolor.
No, insisto, “El dolor” no es un diario, es un conjunto de textos en los que se produce un desplazamiento, un movimiento, no sólo de la primera a la tercera persona, sino también desde la autenticidad más íntima hasta la argucia literaria, audaz y renovadora, tan propia de esta escritora.
Marguerite Duras, esa autora que escribía desde sus llagas y vivencias, que no escribió sobre nada que le fuera ajeno, que aulló en cada palabra. Que no escribió, sino que se escribió. Desesperada, sublime y encantadora.

domingo, 7 de julio de 2019

Diario filosófico (Hannah Arendt)


El amor es una historia de la que puede salir una historia o un destino” (Hannah Arendt)
Leáis cuando leáis esto, yo estaré leyendo estos dos libros. No es normal que comente libros que aún no he terminado de leer. Me explico y os cuento.
Llevo más de un año leyendo el “Diario filosófico” de Arendt. ¿Por qué tanto tiempo? Porque cada vez que cojo este libro… vuelvo a empezarlo, a repasar lo leído, a tomar notas (mentales), a escudriñar, pensar, reflexionar… Y, así, avanzo retrocediendo para progresar, desando lo andado para retomar la huella, como un placer intelectual y emocional en bucle, intenso y potente.
Leyendo el “Diario filosófico”, construyo mi propio diario. No es el diario de Arendt un diario personal, íntimo. Es, como su nombre indica, un diario filosófico, un contenedor de retazos con una exposición fragmentada y no sistemática de su pensamiento sobre aquello que llevó al desastre del siglo XX, pero también una manera de enfrentarse a ese desastre y un repaso por la historia de la filosofía.
Leí con unos seis años de edad una biblia para niños, con dibujos, que me subyugó. Luego la lectura de la biblia fue más dirigida y manipulada externamente, lo que me alejó de ella y me convirtió en la descreída que soy. Pero nunca olvidé la primera lectura, la intensidad literaria que en ese momento no podía describir, cierta idea de la justicia, de liberación personal que en ese momento no era (todavía) capaz de encajar como una necesidad. Pero no olvidé. Hace mucho que quería releer la biblia, una lectura personal, libre de influencias religiosas, cristianas. No sé si decir una lectura atea, pero sí una lectura literaria y personal. Una lectura libre. Y hace poco encontré una edición con un tamaño de letra bastante amable y no lo dudé. En ello estoy.
Y al final, como era inevitable, he maridado estas dos mastodónticas lecturas, que combino con otras y que, dado el tamaño y número de páginas y dada mi forma de leer hacia delante y hacia atrás y obnubilándome en pasajes concretos, es más que probable que me acompañen hasta el fin de mis días.
Hay más felicidad en dar que en recibir” (Hechos de los apóstoles, 20:35)

jueves, 4 de julio de 2019

Contar es escuchar (Ursula K. Le Guin)


Escuchar es un acto de comunidad, que requiere un lugar, tiempo y silencio. Leer es una manera de escuchar
Durante días he acudido con puntualidad británica a mi cita con Ursula K. Le Guin. Lo hacía siempre a esa hora crepuscular en la que el contraste entre luz y oscuridad se intensifica, al igual que mi consciencia y atención. A esas horas los matices lumínicos activan en mí unas emociones que durante el día tienden a anetesiarse. Ahí, en ese lugar, tiempo y silencio, me reunía con Ursula. Y la escuchaba atentamente. Acompañarme de Ursula K. Le Guin fue como poblar infinitos mundos sin alejarme de este.
Este conjunto de ensayos recogen el universo y la personalidad de Ursula con una brillantez increíble y amena. Un universo variado, multitemático, con una pátina de optimismo como fundamento del logro. Pero sobre todo destella en su sabiduría, su elegancia, su divertido e inteligente humor, su razonado feminismo anárquico.
La palabra “ensayos” puede provocar que potenciales lectores huyan de esta lectura, más centrados en la narrativa y esquivos con un género que, al provocar la reflexión, parece exigir de un empeño para el que creemos no estar preparados. Nada más lejos de la realidad, si bien hay ensayos muy sesudos y en los que cada párrafo es un Everest que nos hace parar a cada metro y nos reclama un esfuerzo tenaz (y también hermoso), sin embargo hay otros que son muy amenos, más cercanos a lectores que renieguen de este tipo de lecturas.
Quien quiera tener un ratito de variada conversación, de escucha activa con una notabilísima narradora, escuchen a Le Guin porque tiene mucho que contarnos y porque alguien que se imaginaba la esperanza, que la construía para ofrecérnosla sabiendo que se avecinan tiempos convulsos, es como un antídoto contra los males de este mundo, una brújula emocional necesaria.
Me costó despedirme de ella porque su lucidez, su electrizante vitalidad y su humor fueron un cobijo para mí durante días. Durante días crepusculares. Quién me contará, ahora.

martes, 2 de julio de 2019

Lugares remotos (Tom Spanbauer)


Qué pasaría si todo -todo lo que me resultaba familiar, todo lo que conocía- fuese una ilusión y en realidad yo estuviera flotando en el aire tenue, como la tierra flotaba en el aire tenue, como la luna, que yo veía flotando en el alto cielo: una esfera en lo alto sin nada sólido que la mantuviese en su sitio
Me encanta cuando la mejor sinopsis, comentario o reseña de un libro está dentro del propio libro, como es el caso del párrafo anterior. No se me ocurre mejor forma de describir “Lugares remotos” que la cita que comparto. ¿Qué pasaría si todo fuese una ilusión, si nuestra vida, tenue, flotase sin que nada sólido la sostenga? Esa sensación de que todo pende de un hilo, de que algún día sucederá algo y que ese algo llevará a otra cosa, y esa cosa a otra más y de repente todo se licúe y lo único sólido sean las ilusiones.
Volver a Spanbauer me producía vértigo. Su “Yo te quise más” (yo te quise más, yo te quise más… yo te quise) me produjo una distensión en el alma, un desgarro que evidenciaba la rotura que había en mí (una de tantas). Decidí volver a él por el principio, su primera novela.

Y si bien esta vez no me ha descuartizado (no de la misma manera), sí ha habido la conmoción de reencontrarme con un autor que es reconocible, que sabe contar, que te envuelve con la sutileza de su narrativa lírica pero sólida, con su prosa descriptiva y detallada pero sugerente, entremezclando la inocencia con la brutalidad, mostrando con sutileza cómo la violencia supone la finalización de la sensibilidad y la ingenuidad.
Spanbauer es un autor de analogías y matices, de contrastes que combina de una forma personal y potente, que se sumerge en los claroscuros de la condición humana, entra en el miedo y lo escribe para exorcizarlo, pone nombre al pavor. No, no los nombra… los describe. Detalles cotidianos aparentemente inocentes que se pervierten para mostrar lo siniestro, la maldad. La fragilidad.
¿Sabéis cuando un autor te cala hondo? Pues eso. Qué corto se me quedan las redes sociales para hablar de Tom Spanbauer.
Las cosas y lo que parecían ser las cosas no siempre coincidía

domingo, 30 de junio de 2019

El nombre en la punta de la lengua (Pascal Quignard)


He escrito para sobrevivir. He escrito porque era la única manera de hablar callándose

Leo a Quignard para sobrevivir. Leo a Quignard porque es la única manera que tengo de que el silencio hable por mí.

Descifrar el lenguaje a partir de su fracaso. Aprendes palabras, las retienes, las olvidas con una constancia inevitable, las vuelves a rescatar. Encontrar la palabra correcta en la que lenguaje, vida y mundo coinciden, “toda palabra recuperada es una maravilla
El silencio empujando las palabras que están al acecho, rescatarlas del olvido que somos, ser memoria que elige y no memoria que almacena. La poesía de encontrar las palabras extraviadas pulverizando el silencio y nombrando la palabra ausente. No más crispación.

El desbordamiento de leer a Quignard me ayuda a entender el nombre de algunas cosas, dando nuevos significados al misterio de la vida. Extraviarse en él es una liturgia de silencio y soledad, de arrebato y admiración. Con la misma precisión que aquello que me obsesiona, las palabras de Quignard remontan a través de mí y se despliegan como una mano amiga.

Quignard escribe, callándose, para ir más allá de las palabras, para crear lenguaje y hurgar en él. Porque es desde su fracaso que nos damos cuenta que no poseemos el lenguaje, que no es tan inherente al ser humano como creemos. El lenguaje nos puede abandonar, lo hace cada día que se queda el nombre en la punta de la lengua.

Si Quignard no existiera habría que inventarlo. Me gusta ser invadida por su existencia porque me recuerda que la lectura no es una experiencia tranquila.
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Eximirse del lenguaje, no ser ya uno mismo, no pensar, no desear, eso es el nirvana

jueves, 27 de junio de 2019

Walt Whitman ya no vive aquí (Eduardo Lago)


Es así, en virtud de una serie constante de repliegues y huidas, como evoluciona la historia literaria, volviéndose en ocasiones contra sí misma
¿Veis este libro? Pues no es UN libro, son MUCHOS libros: todos los que iréis a recuperar de vuestras estanterías, los que añadiréis a ella, los que querréis leer sin dilación… Hablamos de buena literatura, claro. Literatura norteamericana concretamente.
En estos ensayos (que incluyen una entrevista inédita con David Foster Wallace), Eduardo Lago hace un recorrido por la literatura norteamericana desde mitad del siglo XX hasta la actualidad, planteando lo que él llama “doble hélice” para referirse a la tensión existente entre una literatura más experimental y vanguardista por un lado, y la literatura más convencional y comercial por otro, personalizando en David Foster Wallace y Jonathan Franzen los dos polos de la literatura norteamericana.
Bajo el concepto de “Escuela de la Dificultad” Lago reúne a una serie de autores que exigen del lector cierta preparación y un esfuerzo cognitivo, que nos plantean la lectura como reto intelectual, con la característica común de que todos vulneran los principios del realismo. Dentro de esta escuela estarían los postmodernistas (Wallace, Pynchon, DeLillo, Barth, Sorrentino, Denis Johnson, Vollman, Gaddis…) y aquellos que aportan variaciones al tema central de la dificultad (Toni Morrison, Saunders, Burroughs, Vonnegut, LeGuin, Joy Williams…)
“Walt Whitman ya no vive aquí” no es únicamente un repaso ameno e inteligente por la literatura norteamericana del último siglo, también sienta las bases para definir qué es la literatura, la literatura en mayúsculas, la que perdura. Y si después de leer este libro no le perdéis el miedo (miedo respetuoso) a algunos autores, no habéis ido a rescatar de las estanterías a autores y libros que quedan postergados por las novedades y no habéis incorporado en vuestra extensa lista de pendientes unos cuantos libros, si no sucede nada de eso, entonces yo me he perdido algo respecto a qué hablamos cuando hablamos de literatura.
La buena literatura te hace sentir un nudo en la boca del estómago. Lo demás no sirve para nada

martes, 25 de junio de 2019

Tainaron (Leena Krohn)


Te contaré lo que me ha ocurrido. Me ha ocurrido que las personas ya no bastan. No bastan, por muy grandes y hermosas y sabias y complicadas que sean
¿Qué es Tainaron? Os voy a contestar con una media verdad: Tainaron es una ciudad habitada por insectos. Alguien, desde esa ciudad, escribe cartas a otra persona cuya única respuesta es un silencio tan terco como despiadado.
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Pero solo os he dicho una parte de la verdad, tal vez ni siquiera la mitad, y eso no hace una verdad entera, porque la verdad, como todo, se transforma con una eslasticidad muy testaruda. ¿Cómo materializarla en palabras para escribirlas aquí y deciros qué es Tainaron? A ver, voy a probar: Tainaron es un estudio entomológico y botánico de lo humano y de la mutabilidad de la vida, con el añadido de un lirismo y una sensibilidad llena de luz, ternura y desgarro.
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Creo que no voy mal. Puedo decir también que Tainaron es una performance literaria, una acción poética: un espectáculo en el que la estética narrativa y la provocación forman parte de la función, al igual que el espectador-lector que, al principio, no es consciente de estar formando parte de dicho espectáculo pero cuya sorpresa y (en mi caso) admiración, termina generando una reacción, probablemente en forma de cambio, cual crisálida en tránsito de larva a imago.
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Hay más. Tainaron es inclasificable, no me lo pone fácil, tenedme paciencia. Tainaron es también metamorfosis frecuentes y dolorosas, fronteras flexibles y móviles. Tainaron es un lugar y también una forma de ser, en constante mutación. No pide interpretarse pero todo es interpretable, pues habla de lo universal. Y lo más grande: lo atrapa (lo universal) en apenas 160 páginas para, a la vez, transformarse en cada lectura y en cada lector.
¿Cómo hacer mapas de aquello que cambia insistentemente? ¿Cómo hacer un mapa de lo humano, de ti, de mí? No hay brújula posible, norte ni sur, coordenadas que te guíen. La vida es metamorfosis, continua transformación en busca de identidad.
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Tainaron es una joya extraordinaria.

domingo, 23 de junio de 2019

Compañía (Samuel Beckett)


"Una voz llega a alguien en la obscuridad. Imaginar […] El uso de la segunda persona caracteriza a la voz. El de la tercera al otro. Si también él pudiera hablar a aquel a quien habla la voz habría un tercero. Pero no puede. No podrá. No puedes. No podrá
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Noches sin dormir. Insomnio. Noches y oscuridad. Y una voz. Yaces boca arriba. A oscuras. Y te acompaña la voz. Una voz que intenta aplacar la nada. ¿A quién se dirige la voz? A él. A otro. A ti. O a mí. ¿Por qué habla la voz de ese otro y no de él, a él? ¿Quién habla?
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Puedes exiliarte del mundo, pero no puedes desertar de ti mismo ¿Y qué dice esa voz, a quién? La voz de la locura, espesa e insensata, clara y justa. Una voz que está y no está en un lugar o en otro, murmullo y grito, que se repite, que recuerda para que recuerdes, que se intensifica cuando calla. Y tú yaces boca arriba.
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En la oscuridad se oye una voz y te inventas a ti mismo para hacerte compañía, una compañía imaginaria que nos adhiera a la vida. Si escuchas el vacío no te tragará. Si te hablas te conviertes en dos. Ser tu propia y unica compañia.
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Con una dialéctica compleja, trabada, repetitiva, profunda y subversiva y un dolor y una soledad palpable Beckett vuelve a hablarnos de lo innombrable, a cuestionar el “yo” y a esperar una verdad imposible. En el mundo sin ilusiones de Beckett, y sin nombrar la esperanza, es capaz de imaginar un espacio en el que todavía podamos creer en ella.

jueves, 20 de junio de 2019

La persona y lo sagrado (Simone Weil)


Desde la primera infancia hasta la tumba, existe en el corazón de todo ser humano algo que […] espera invencible que le haga el bien y no el mal. Eso es, antes que ninguna otra cosa, lo que es sagrado en todo ser humano
A Simone Weil nadie puede negarle su absoluto compromiso social y su extraordinaria inteligencia. Más allá de su vida fascinante, su pensamiento y su activismo compasivo me hacen pensar (de nuevo) en la inmensa necesidad que tenemos actualmente de intelectuales y pensadores humanistas de su calibre.
En este breve pero compacto ensayo, Simone pone sobre el tapete dos cuestiones: una será la contundente crítica sobre el concepto de persona (separando de forma tajante la persona de lo sagrado) y otra la búsqueda de unos principios que estén por encima de las instituciones democráticas y que, a la vez, las orienten y limiten.
Para Weil la persona no es sagrada por sí misma, ni siquiera el bien lo es, sino más bien la expectativa de que nos hagan el bien. Lo sagrado en la persona… es impersonal. El bien es el centro y para ello es necesario varias cosas: educación, libertad de expresión e instituciones capaces y deseosas de escuchar los gritos del bien.
Brillante e ingeniosa, Weil se plantea el difícil y precario equilibrio existente entre el individuo y las instituciones. Hay que proteger lo que hay de sagrado en el ser humano, ese es el mensaje: proteger lo más ingenuo y casi infantil del ser humano, escuchar esa parte del alma humana.
No es una lectura fácil, es densa pero asequible, exige la inteligencia y el compromiso del lector, si bien el prefacio de Giorgio Agamben es muy esclarecedor. Subrayé este libro casi en línea continua, leía y volvía hacía atrás, me crujía la neurona. Y eso me encanta porque tengo una neurona pero es muy linda ella: le encanta que la expriman.
En toda alma humana crece continuamente la demanda de que no se le haga mal
Es tan difícil articular el lenguaje del dolor, del daño, del mal. Es tanta la incapacidad de escuchar, somos tan reacios a entrar en contacto con la desgracia ajena. ¿Cómo solucionarlo? La respuesta, cree Weil, está en la justicia, la verdad y la belleza.
Vamos a ello.

martes, 18 de junio de 2019

Sigo aquí (Maggie O'Farrell)


“Lo mejor no siempre es lo más fácil”
¿Cómo me las maravillaría yo? A veces me resulta difícil describir cómo un libro del que comprendo las razones por las que ha gustado tanto a tantas personas, sin embargo a mí me deja una sensación de “bueno, lo he leído”. Y ya.
Entiendo que el realismo emocional de O’Farrell cale profundamente en el lector en este elegante ejercicio descriptivo de momentos en los que la muerte ha acechado. No soy indiferente a ese hecho.
Comprendo la accesibilidad de la narrativa de esta autora: cercana, familiar, fácil, agradable, reconocible. Busca el pellizco, la identificación, evita la autocompasión además (algo que valoro especialmente). Percibo también la originalidad de contar su vida a partir de experiencias cercanas a la muerte, el tomar conciencia de que la vida es tener presente la inevitabilidad de la muerte. Respeto la generosidad de hablar de algo íntimo. Aprecio el pragmatismo de O’Farrell respecto a estas experiencias, así como el paso que hay desde el “sigo aquí” del título al “ella sigue aquí, sigue aquí, sigue aquí” final.
¿Y entonces? ¿Qué falló? Que va notoriamente de más a menos (aunque remonta al final, manejando la previsibilidad de saber lo que conmociona la experiencia de muerte cuando se refiere a un niño). Que muestra sin ahondar ni indagar. Que hay capítulos claramente forzados que proporcionan mucha irregularidad al conjunto. Que a veces parece buscar la emoción fácil. Que el “cómo” no me termina de provocar entusiasmo. Que hay cierta monotonía narrativa. Que a la autoficción le pido algo más que el que sea meramente testimonial. No es que quiera que me faciliten las conclusiones ni me añadan moralejas (al contrario) pero sí hubiera agradecido más profundidad y urdimbre literaria.

jueves, 13 de junio de 2019

Trampa 22 (Joseph Heller)


No me gustaría vivir sin dudas

Porque dudar es cuestionar, poner en tela de juicio, encontrar argumentos para una cosa y la contraria, pero sobre todo ayuda a no dejarse aborregar ni adoctrinar y porque además es necesario que el individuo sobreviva por encima de intereses más que dudosos, por muy disfrazados que vengan de patriotismo o de personas a las que se les presupone una experiencia y unos conocimientos superiores.
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Es un derecho, incluso un deber, dudar del poder y sus ideologías cuando, además, exigen fe a ciegas y hechos que son inaceptables. La posibilidad de la anarquía y el caos, la posibilidad de la tragedia. A veces el cobarde puede ser el más cuerdo, el más lúcido, rehuyendo de la manipulación y la contagiosa corrupción del poder.

No, no estoy hablando de los tiempos que corren (¿o sí?). Estoy hablando de “Trampa 22”, un libro de Joseph Heller en el que a través del humor absurdo se nos invita a esa actitud tan sana y tan poco promocionada de reflexionar (y dudar). No se trata únicamente de la insensatez de las guerras, sino también del absurdo de una burocracia (principalmente militar) cuya rigidez y ausencia de sentido común termina provocando una curiosa paradoja: la locura de la cordura (y/o viceversa)
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La guerra NO es una fuerza de la naturaleza (un “pequeño” detalle que dice mucho del ser humano): se puede evitar (y esto es aplicable a muchos otros temas).
Podría decirse que "Trampa 22" es una novela antibélica con gran profundidad emocional, y también que es una sátira mordaz y disparatada con la contundencia de lo atemporal. Sí, podría decirse que es un libro tenazmente actual, de esos que encontrareis en muchas listas de los cien mejores libros de todos los tiempos… y descatalogado, lo que no deja de ser otra paradoja similar a la planteada por este libro pacifista y antimilitarista.

martes, 11 de junio de 2019

Siete cuentos morales (J.M. Coetzee)


La invisibilidad no es una cualidad del objeto. Es una capacidad o incapacidad del observador

Dicen de este libro que es ficción didáctica, y yo me pregunto si hay ficción que no lo sea, aunque no lo pretenda. Así que hablamos más bien de la intención, en este caso claramente didáctica. Coetzee quiere decirnos algo y utiliza para ello siete cuentos morales. Que cada cual lo interprete como quiera, lo que está claro es que Coetzee nos coloca, deliberadamente, frente a nosotros mismos con la evidente intención de que detectemos nuestras pequeñas (o grandes) inmoralidades.

Pueden ser o no siete cuentos, en verdad cada capítulo, o cada cuento, funciona como pieza única, pero todo el sentido viene dado por el conjunto de ellos.

Coetzee retoma a Elizabeth Costello, su alter ego, ya anciana, para hablarnos de la vejez, el maltrato animal, la soledad, la familia, la existencia, la muerte, los miedos, la infidelidad, la vanidad… de tantas cosas.
La ancianidad se nos plantea como una crisis moral ¿cómo vivir con todo lo que se sabe? ¿es el mundo realmente tan feo y duro que solo es visto por unos pocos o es un error pensar así? ¿cómo dejar que muera todo el conocimiento que Elizabeth Costello posee?
No morimos cuando morimos, sino cuando ya no hay nadie vivo que nos recuerde. “Siete cuentos morales” es la lucha de Elizabeth Costello por no morir una vez que se muera, es su lucha contra el miedo al olvido. Y para ello nos dará siete latigazos, sin concesiones, sin tiritas ni apósitos. Porque cuando la herida late en carne viva, no existe el olvido.
No ver algo no significa que no exista, sino que tal vez no estemos mirando bien, que el observador está invisibilizando algo o a alguien. Y Coetzee es una buena lente para corregir cualquier tipo de distorsión visual y ayudarnos a enfocar...

jueves, 6 de junio de 2019

Una muerte muy dulce (Simone de Beauvoir)


No se muere de haber nacido, ni de haber vivido, ni de vejez. Se muere de “algo”. No existe muerte natural: nada de lo que sucede al hombre es natural puesto que su sola presencia cuestiona al mundo

Somos seres mortales y esta es la única certeza de nuestra vida, y aún así la muerte la sentimos como “una violencia indebida”, una sacudida que siempre nos sorprende con una ferocidad inusitada.
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Simone de Beauvoir, una de las mentes más poderosas y brillantes del siglo XX, no se escapa de esa violencia perturbadora y excesiva que nos arrasa con el fallecimiento de un ser querido. En este libro nos relata la agonía de su madre durante las semanas que transcurren desde su hospitalización hasta el día que fallece. El título en sí mismo puede parecernos un oxímoron ¿cómo puede ser dulce la muerte? pero cuando la muerte se convierte en una dolorosa y agónica tarea tal vez sea más dulce de lo que la imaginamos.

Necesitaría más espacio del que ocupa el propio libro y del que me permite Instagram, y tal vez también más fuerzas de las que presumo tener, para explicaros porqué este libro es de lectura necesaria.

El tema es crudo. Pero es Simone de Beauvoir y consigue una distancia, yo diría que perfecta, para narrar esos momentos tan terribles. Una distancia honesta, ajena a la demagogia y al morbo; una distancia con espacio para describir lo que sucede más allá de lo que una siente, sin dejar de cuestionarse, de observar, de inquirir, de esforzarse en comprender a una madre con quien mantenía una relación conflictiva y llena de contradicciones. Una distancia digna, equilibrada, emocional pero también racional, con compasión pero sin autocompadecerse; una distancia asombrosa, cabal y también levemente asustada y sorprendida de sus propias emociones, pero sin sentimentalismo.

Simone no dulcifica la dura realidad que supone la enfermedad terrible de su madre. Es el poder de la literatura, la fuerza demoledora de la escritura, las palabras que sustentan todos los abismos, la única vía para comunicar experiencias demoledoras.
"A mí también me devoraba un cáncer: el remordimiento

martes, 4 de junio de 2019

Bartebly y compañía (Enrique Vila-Matas)


La literatura, por mucho que nos apasione negarla, permite rescatar del olvido todo eso sobre lo que la mirada contemporánea, cada día más inmoral, pretende deslizarse con la más absoluta indiferencia

Vila-Matas no se desliza con indiferencia sino que insufla vida a la literatura. Cierto que no inventó la metaliteratura, pero la ha hecho suya de una forma única, inteligente y reconocible. Es su sello personal y es nuestro mejor Peta Zeta literario, leerle es un estallido de literatura, la efervescencia de la misma. Lees “Bartleby y compañía” y en el paladar te estallan meteoritos literarios. Coges papel y lápiz y no te resistes a tomar nota de los chasquidos que provoca leerle: libros que leer y releer, escritores, citas, curiosidades...
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Entre anécdotas reales y ficcionadas, entre la realidad y la invención literaria, Vila-Matas rastrea bartlebys y se plantea la imposibilidad de la escritura haciendo un recorrido por la “literatura del no”. Escritores que “aun teniendo una conciencia literaria muy exigente (o quizás precisamente por eso)” escriben uno o dos libros y no publican más. O directamente ni siquiera llegan a escribir ningún libro.

Hace años en la Feria del Libro de Madrid me marqué una carrera tremebunda para llegar a tiempo a la caseta en la que estaba firmando Vila-Matas. Atravesé al galope casetas sorteando filas de personas ávidas de firmas de autores de best-seller, cantantes, presentadores, famosillos, influencers... Cuando llegué a la caseta de Vila-Matas no había nadie, ninguna persona deseosa de su firma o sus libros. Solo él y su sonrisa. Sentí, una vez más, que no entendía este mundo. Y que se negaba a la literatura en uno de los centros neurálgicos de la misma: la Feria del Libro de Madrid.

Vila-Matas es uno de mis gurús e influencers literarios más adorado e imprescindible, por su propia literatura, su narrativa de múltiples perspectivas, porque nos mantiene activos a los lectores, porque es un lector que escribe y un escritor que lee, porque visibiliza autores invisibles pero admirables, porque eleva la literatura a los escalafones que otros le quitan. Porque resucita la literatura una y otra vez, pese a quienes la niegan.

domingo, 2 de junio de 2019

La salvación por las palabras (Iris Murdoch)


Porque lo que elegimos, y los motivos que tenemos para elegirlo, revelan qué valores tenemos
¿Cuál es el gran arte, ese arte pleno de lucidez y que carece de fingimiento y pretensión? Murdoch no tiene dudas: la literatura, porque “las palabras son la textura y la materia últimas del ser moral que somos”.
Me fascinan las mentes inteligentes, rescatan e insuflan oxígeno a mi curiosidad, mi rebeldía sin causa, mi capacidad de aprender, de asombrarme y emocionarme, pero sobre todo me ofrecen esperanza. ¿Qué esperanza nos ofrece Murdoch?: la del arte, la de las palabras, la de la literatura. Consciente de que el arte es clarividencia y que los dictadores y opresores lo temen Murdoch aboga por el arte, el bien, la literatura y la belleza como salvación.

Preguntarnos sobre qué es el arte implica ir a lo concreto y para Murdoch la respuesta es clara: el arte debe comprometer tanto nuestra moral como nuestro intelecto y la esencia del arte y la moral no es otra que el amor. Y vuelve a inquirirnos ¿qué es el amor?: “El amor es caer en la cuenta, no sin dificultad, de que algo ajeno a uno mismo es real” o sea, el reconocimiento y el respeto de esa otredad. Dadle vueltas a la cita, se lo merece.
No voy a decir que sea una lectura fácil, es filosofía erudita, pero en eso reside (también) su atractivo: vuelves hacia atrás, relees, buscas las conexiones, la comprensión, retrocedes, avanzas. Pese a la densidad intelectual de alguno de los textos, no me cabe duda de que son necesarias más mentes sensatas y lúcidas en el siglo XXI como las de Murdoch y rescatar el centro de su moral: el desinterés (“unselfing”), la necesidad de salir de nuestro propio ego, ver a las otras personas y tenerlas en cuenta. Si Murdoch levantara la cabeza se entristecería al comprobar que el siglo XXI es el siglo del… selfie.
Libertad es conocer, comprender y respetar cosas totalmente ajenas a nosotros mismos