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martes, 26 de enero de 2021

Daniel (Chantal Maillard, Piedad Bonnett)


La superficie no resiste. Huyo hacia delante llevando llevando el dolor cosido a los talones. Ninguna acequia en la que ahogarlo, ninguna huella en la que perderlo. Decido enfrentarlo como se enfrenta el cielo a la llanura: a descubierto” (Chantal Maillard)

Basta mirar fijamente la cicatriz,
sus imperfectas costuras,
para que la herida empiece a abrirse
y a contar sus historias.
Cuida la sal de tus ojos” (Piedad Bonnett)

Las montañas y cordilleras nacen de erupciones volcánicas y violentos temblores de tierra. ¿Qué nos dice esto?: que de algo catastrófico nace un acto de creación. No se me ocurre otra forma de describir este libro: “Daniel” es una cordillera, una sucesión de montañas enlazadas y conectadas entre sí a partir de una catástrofe (Daniel, Chantal, Daniel, Piedad)

Daniel se llamaba el hijo de Chantal Maillard. Daniel se llamaba, también, el hijo de Piedad Bonnett. Dos mujeres, dos escritoras, dos hijos, un mismo nombre, una decisión común: suicidarse. Casi la misma edad. “De idéntica manera, desde la misma altura”. En el mes más cruel: abril (“Abril es el mes más cruel: engendra lilas de la tierra muerta, mezcla recuerdos y anhelos, despierta inertes raíces con lluvias primaverales” decía T.S. Elliot).

De la pena volcánica de una madre y los hondos temblores de otra madre surgió un acto de creación. La noche de un 28 de octubre de 2018, un lluvioso día en Málaga, “en el escenario a oscuras, dos sillas frente a frente. En medio, el abismo”, Piedad y Chantal, Chantal y Piedad, establecieron un diálogo con sus voces, se entregaron poemas una a otra, un duelo del duelo. Como en la colisión de dos placas tectónicas nació un Himalaya, una cordillera tan bella y elevada que conecta cielo y tierra: “Daniel

Crear belleza desde el dolor sólo es posible cuando sentimientos tan puros y limpios son compartidos desde el vértigo y desde el epicentro mismo de ese dolor, dándole una voz desnuda y sin paños calientes.

Al borde de la herida mueres, naces” (Piedad Bonnett)

Escribo porque tal vez no hablo. No me sueltes” (Chantal Maillard)

©AnaBlasfuemia

3 comentarios:

  1. Hola Ana, interesante, y terrible, propuesta. Hay algo inconcebible en la muerte de alguien que amas y sobre todo, solo lo supongo, en el de tu hijo. Me gustan ambas poetas, las he leído y me resultan inquietantes, que para mí concepto de poesía es un elogio para su tipo de escritura poética. Te propongo un libro de similar temática, igualmente ferozmente triste y bello, con esta extraña dualidad que solo puede aparecer en la literatura, y en la poesía en grado extremo, el libro es "Gabriel" de Edward Hirsch en Kriller71. Una pequeña debilidad que leo a menudo, y te diré un secreto, lo oigo con la música acompañante, suave, de "Réquiem for my friend" de Preisner, es tan inquietante como bella su similitud verbal/musical.
    gracias Ana
    me alegro de "verte"

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    1. Querido Wineruda: tomo nota, aunque conociéndote, seguro que no va a ser fácil de encontrar (me refiero al libro, la canción ya la tengo fichada)

      Un abrazo enorme

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  2. Una historia que merece la pena..como me gustan a mi!!!!

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En este blog NO se hacen críticas literarias ni mucho menos reseñas. Cuento y me cuento a partir de lo que leo. Soy una lectora subjetiva. Mi opinión no convierte un libro en buen o mal libro, únicamente en un libro que me ha gustado o no. Gracias por comentar o, simplemente, leer