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miércoles, 2 de julio de 2014
Un hombre llamado Ove (Fredrik Backman)
De Ana Blasfuemia
Título original: En man som heter Ove.
Traductora: Carmen Montes Cano
Páginas: 352
Publicación: 2012 (2014)
Editorial: Grijalbo
ISBN: 9788425351549
Sinopsis: Ove no es el típico vecino con el que te apetece cruzarte en el barrio. Es un cascarrabias, un pesado que insiste hasta la exageración en mantener el orden y la disciplina, un casi sesentón solitario y resentido a quien el destino ha arrebatado demasiadas cosas. Sin embargo, en la vida de Ove algo está a punto de cambiar. Una serie de circunstancias fortuitas van devolviéndole poco a poco la fe en el género humano. Y, al mismo tiempo, las personas que le rodean comienzan a comprender que su barrio no sería el mismo sin el gruñón de Ove. Sería un lugar más frío, menos solidario y, aunque parezca mentira, también mucho menos divertido. Porque, al final, todo el mundo quiere a Ove.
Podéis leer el primer capítulo AQUÍ.
Mi propósito para este verano es reducir mi lista de pendientes con lecturas de esas a las que, por una u otra razón, nunca les encuentro hueco. También leer libros ligeros de equipaje y carga emocional. No sé si podría decir lecturas superficiales, de esas que no activan especialmente mi solitaria neurona, no te hacen pensar, no te remueven nada, no te conmueven, no te encuentras, no te hacen ponerte de pie, o que al terminar el libro sigas dándole vueltas. Y con ese propósito cogí este libro, una novedad con marchamo de bestseller de una gran editorial, que no es un tipo de lectura que suela hacer y menos recién salido del horno.
Pues este libro es como un anuncio de Coca-Cola: siempre positivo, nunca negativo, hecho para emocionar y enternecer tirando de los recursos de manual, tocando las teclas más fáciles, esas que siempre funcionan (gato, niños, personas de edad, personajes incomprendidos y tiernos, viudo, Alzheimer, cáncer, accidente, amigos…).
Es un libro escrito con sencillez, nada de lirismo, nada de juegos inteligentes con el lenguaje, nada de evocaciones ni construcciones complejas. Fácil para el traductor (la traductora en este caso).
¿Os acordáis de El hombre que saltó por la ventana y se largó? Pues Fredrik Backman se acuerda bien. Y ha pensado ¿qué pasa si intento algo parecido? Cojo un personaje peculiar pero tierno: un viejo gruñón de los de toda la vida, por ejemplo. Voy a intentar que los lectores sientan antipatía por este hombre, pero luego voy a hacerlo querible. Lo rodeo de personajes que faciliten la tarea y cuya única función va a ser ayudarme a que a Ove lo adoren todos los lectores (además de que representen a distintos perfiles con los que las personas se puedan identificar -potenciales lectores-: mujer inmigrante, embarazada, dos hijas encantadoras y un marido torpón, homosexual tímido, joven con sobrepeso, un adolescente por aquí, personajes malos por allá, esposa encantadora, amigo con alzheimer, ...). Voy a contar la vida de este hombre en el momento actual pero también su pasado. Creo situaciones divertidas aunque sean un poco absurdas. Voy a rizar el rizo también creando una situación que se repite una y otra vez (Ove quiere hacer algo que nunca consigue).
Como yo también me acuerdo de El hombre que saltó por la ventana y se largó resulta que encuentro los mismos defectos: personajes creados en función de la historia, que no se necesita profundizar en su perfil porque no son importantes en sí mismos, son piezas que se utilizan para llevar al lector a donde el autor quiere llevarnos: a emocionar, a enternecer. Humor fácil. Bucles en los que se repite la misma idea una y dos y tres y las veces que haga falta. El problema es que Fredrik Backman se esfuerza tanto, pero tanto tanto, en emocionarnos que no le importa recurrir a todo el azúcar habido y por haber, a todos los trucos más facilones y que no suelen fallar. Y por si no fuera poco repite algunos conceptos varias veces para que nos quede claro y nos situemos donde él quiere. Todo demasiado obvio. Demasiado forzado. Todo el tiempo he sentido que Backman me empujaba, me empujaba, sin disimulo ninguno. Con lo que me molesta eso, con lo que me gusta la sutileza…
Que necesita dejarnos claro cómo es Ove… pues si hay que repetir hasta cuatro veces que es un hombre que trabajó duro, nunca se puso enfermo, amortizó sus préstamos, pagó los impuestos, cumplió, hizo lo que tenía que hacer… pues se repite. Porque claro, a lo mejor el lector no se entera, así que mejor dárselo masticado todo para que no tenga que poner nada de su parte, y repetir las mismas ideas varias veces como si el lector fuera un niño pequeño para que le queden claras. Todo muy explícito, muy explicado, muy mostrado, como si el autor nos preguntara ¿te has fijado en esto? ¿te has dado cuenta de esto otro? ¿has visto que frase más profunda? ¿te das cuenta de este mensaje tan Mr. Wonderful?.
Y claro, no podría faltar la recurrida crítica a la burocracia sueca y su estado del bienestar, que digo yo que a los suecos les pasa como a los españoles: que si en vez de quejarse tanto votaran mejor lo mismo algo cambiaria ¿no?. La crítica es demasiado obvia y fácil también, nada más fácil que hacer un perfil típico de funcionario despiadado, sin corazón, con chanchullos a su espalda, ineficaz y que quiera llevarse a la fuerza a un asilo a uno de los personajes. Todo para loor de Ove, claro, que hay que darle ocasiones para que se luzca. Porque si el título de este libro hubiera sido Apología de Ove, pues tan ricamente.
Y parece inevitable que lo mismo que Jonas Jonasson mostró poco conocimiento de España (aún me duele su paella andaluza), Fredrik Backman haga lo mismo o al menos refleje una imagen de los españoles un poco… sueca:
De modo que así fue. A pesar de que en España la gente parecía darse importancia por el mero hecho de cecear y poner música extranjera en los restaurantes e irse a dormir en pleno día. Y a pesar de que, en el autobús, durante el viaje, la gente iba bebiendo cerveza desde por la mañana, como si trabajaran en el circo.
Y para rematar:
Notó al subir que el conductor olía a vino, pero se dijo que así eran las cosas en España, y que no pasaba nada.
El subrayado es mío.
Que no digo yo que sea mala lectura. No, por favor. Gustará a mucha gente, veréis muchos comentarios y reseñas positivas de este libro. Al final incluso me dije, venga Ana, emociónate un poquito que el hombre se ha esforzado. Y oye, pues nada, me emociono un poquitín, con condescendencia casi, cierro el libro y a otra cosa, mariposa: elijo otra lectura veraniega. Ah, que si gustará a mucha gente y tiene buenas críticas, entonces ¿de qué te quejas, Ana? ¿Por qué estás tan cabreada?. Pues porque es un libro “técnicamente” muy pobre, de una calidad literaria justita, recursos muy manidos y tramposos… y resulta que hay cientos y cientos de autores españoles con un libro debajo del brazo sin que ninguna editorial se digne siquiera a considerarlos. Que contarían lo mismo que este libro mucho mejor y más honestamente. Que tienen muchas historias que contar. Pero no son suecos, aunque las editoriales sí hayan decidido hacerse las suecas…
El cabreo no me impide que, camino de los fiordos noruegos, vaya a hacer un alto en el camino en Estocolmo, y espero que si me encuentro con Fredrik Backman no me tenga en cuenta que su libro no me ha gustado mucho (venga, me ha entretenido a ratos…) y ya le explicaré cómo somos los españoles. Tengo un par de días para hacer la maleta, nos leemos a la vuelta. Leed como si no hubiera mañana.
(©AnaBlasfuemia)
(©AnaBlasfuemia)
Título original: En man som heter Ove. Traductora: Carmen Montes Cano Páginas: 352 Publicación: 2012 (2014) Editorial: Grijalbo ISBN: 9788425351549 Sinopsis: Ove no es el típico vecino con el que te apetece cruzarte en el barrio. Es un cascarrabias, un pesado que insiste hasta la exageración en mantener el orden y la disciplina, un casi sesentón solitario y resentido a quien el destino ha arrebatado demasiadas cosas. Sin embargo, e…
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