jueves, 14 de noviembre de 2019

Los errantes (Olga Tokarczuk)


La historia de mis viajes es solo la de mis dolencias […] Mi peregrinación es siempre en pos de otro peregrino

Aquí radio nómada: nos movemos y el desplazamiento es imparable. Si muevo el dial sé que mi movimiento más imparable, el más fértil, como un viento preñado de semillas, ha germinado desde la quietud más inhumana y arrasadora. Es hora de peregrinar.

“Los errantes” me causó, por este orden y con el mismo punto de partida que de llegada: admiración, desconcierto, desorientación, pausa, revelación, deslumbramiento, admiración. Como si fueran hitos en un mapa borroso de algún ignoto territorio que va cambiando a cada paso, convirtiendo todo en localizaciones mutables, paisajes en movimiento, en los que ni el propio cuerpo permanece estático, de tan frágil.

He necesitado captar las señales sutiles pero inequívocas que Tokarczuk va dejando a lo largo de los 116 textos que componen “Los errantes”, dejarme ir a la deriva en un itinerario inexistente, y sin embargo evidente, para llegar a encontrar el hilo que uniera este patchwork inquieto y movedizo, fascinante y brillante.

Nos movemos en pos de la salvación, hasta llegar a una invisibilidad anónima y discreta que nos permite ajustar el punto de mira. El movimiento puede ser un reemplazo. Perderse también es camino, decía Lispector, y Tokarczuk nos pierde sin abandonarnos. Justo cuando no hay brújula nos deja señales, detalles reveladores, dónde y cómo mirar para hacer camino. Reducir la panorámica antes de ampliarla, el mundo no carece de sentido y verdad pese a su caos. Más allá no hay nada, miremos aquí (aquí, aquí estoy) y desandemos lo trillado por inservible para caminar por lo atípico, el camino del interior, la pista correcta.

Porque Olga nos ayuda a leer su laberíntico libro y nos pide al lector que seamos inseguros, curiosos e ingenuos. Nada es inocente (hasta el dolor purifica) ni seguro, salvo que nos obligan a caminar y estar en movimiento. La quietud, incluso cerrar los ojos (que es otra forma de ver, la mirada correcta es un don), puede ser revelación y rebelión. La importancia de los detalles y las casualidades nos ayudan a descifrar el enigma de la existencia.

Es hora de volver.

martes, 12 de noviembre de 2019

Historia del silencio (Alain Corbin)


Convendría reflexionar sobre este terror al silencio en sí mismo, que determina, hoy en día, la huida fuera del no-ruido y de la interioridad

A veces el silencio me habla con claridad y precisión, con una pureza de manantial. A veces el silencio es una capa protectora y aislante, pero también un filtro que me ayuda a escuchar. El silencio como un escondite, un hogar, una sinfonía y también un amplificador, un eco que me devuelve la voz propia pero también la ajena, una voz límpida y transparente que me ayuda a comprender.

Necesito silencio para escucharte. Y para escucharme. Necesito silencio para comprenderte. Y para comprenderme.

“Historia del silencio” es exactamente lo que dice su título: la historia del silencio desde el renacimiento a nuestros días, a través de aquellos que han buscado, practicado o explorado el silencio (escritores, místicos, poetas, músicos, pintores…) Un recorrido erudito y culto, lleno de delicadeza, profundidad y sabiduría que nos recuerda cómo el silencio está siendo asfixiado por un exceso de ruido que nos aleja de nosotros mismos y lo que implica para la humanidad su pérdida y su vasta gradación (desde amenazador a calmo, pasando por sagrado, hostil, intimo, beneficioso, agónico, revelador, dialogante y una amplia gama emocional que convierten al silencio en una profunda y necesaria experiencia humana).

Estamos olvidando que el silencio no es sólo ausencia de ruido y Alain Corbin nos recuerda cuál es su textura a través de numerosísimas citas hiladas por una refinada sensibilidad e inteligencia enciclopédica.

Con silencio escucho mejor.

domingo, 10 de noviembre de 2019

La visita del arzobispo (Ádám Bodor)


La basura posee luz propia, o sea, que nunca oscurece del todo, ni siquiera de noche […] Está llena de un resplandor magnético, como si la iluminaran por dentro las luciérnagas; algo así como el fulgor de una bendición titila sobre la ciudad

¿Sabéis esas espirales que se alejan cada vez más del centro sin dejar de girar a su alrededor? Una figura con gran magnetismo de algo que se aleja de su eje sin terminar de desprenderse de él, una extraña sensación de que algo se expande y a a vez se contrae en constante movimiento giratorio. Pues algo así me ha sugerido esta lectura. Una especie de cuadro de Van Gogh en blanco y negro, esa noche estrellada llena de turbulencias y remolinos tan poderosamente atractiva.

No es una lectura fácil la de “La visita del arzobispo” pero no por ello menos fascinante. No hay nada de convencional en la trama ni en el desarrollo de la misma, con una mixtura entre el realismo y una imaginación fantasiosa que nos devuelve una alegoría de la surrealista dictadura del régimen comunista rumano.

La atmósfera creada por Bodor es opresiva, enrarecida, cruda y hasta pestilente, creando un mundo narrativo extraño, como esa hélice que se aleja y vuelve al centro reiteradamente y que amenaza con amputarte si te acercas demasiado. Y es justamente eso lo que te atrae como un imán.

“La visita del arzobispo” contiene grandes trucos narrativos y rarezas formales, un humor absurdo y grotesco y una estructura temporal elíptica que deviene en atemporalidad.

No siendo una lectura cómoda ni fácil, consigue seducir al esforzado lector que, por mucho que intente alejarse, nuevamente vuelve al centro de la lectura en un estado hipnótico semejante al delirio.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

La pasión según G.H. (Clarice Lispector)


Vivir es una gran bondad para con los demás. Basta vivir, y por sí mismo esto se convierte en gran bondad

No hay guía para leer a Lispector. Es un viaje que inicias siempre a ciegas, buceando hacia una fosa abisal, un agujero negro de cuyo campo gravitatorio no podrás escapar. Pero quién va a querer escapar de esa singularidad llamada Clarice Lispector, que crea significados, que crea un lenguaje propio y único a partir del existente y lo lleva a límites inimaginables, una entropía que conduce al equilibrio a partir del caos. O tal vez nos lleva al caos a partir del equilibrio, una especie de epifanía reveladora en donde, desde el desorden y lo incontrolable, se llega a la raíz de todas las raíces, la cosmología inalcanzable, el big bang de lo humano que es lo no humano. Lo neutro.

No pasa nada, solo es la vida, me digo mientras leo atónita, rendida y bendecida por la comprensión. No huyas, usa la indefensión, abísmate en ella, coge la mano de Lispector como si fuera tu propia mano. La verdad asusta porque no existe, no tal y como la concibes. Déjate desorganizar, el caos es el origen.

Déjate remorir una vez más.

Confía, confía en Lispector, es la creación de todo. Pierde lo esencial sin miedo y desmonta las mentiras. Hay que comprenderlo todo para vivir, el destino solo es una probabilidad y para encontrar tienes que perderte en ti misma.

Soledad es tener solamente el destino humano

Inventa una mano, Ana, no para que te sostenga sino para comprender. Es Lispector, lo sabes, ese torrente que hace aflorar todos los arroyos subterráneos. ¿Lloras? No pasa nada, es la comprensión. Es duro aceptar esta conmoción, Clarice es pura fantasía semántica, ella tiene el lenguaje para contarlo, aunque tú no tengas un nombre que usar. Buscaba un “yo” y Lispector me dio el “no yo”, la esencia pura de lo inenarrable, la repetición del enigma, la puerta abierta a lo que creía infranqueable.

Me encontré con una cucaracha. Cuatro veces. O tal vez fueran cuatro cucarachas. No sé narrarlo ni nombrarlo. Sucedió. Y Lispector ya lo había escrito todo y yo solo sé explicar lo sucedido con una evidencia: Dios es mujer y se llama Clarice Lispector.

Prescindir de la esperanza significa que tengo que pasar a vivir, y no solo a prometerme la vida. Y este es el mayor miedo que puedo sentir

“Permite que te diga que Dios no es bello. Y esto porque Él no es ni un resultado ni una conclusión, y todo lo que la gente considera bello es generalmente solo porque ya está terminado”

«La humanidad está impregnada de humanización, como si fuese necesario; y esa falsa humanización estorba al hombre y a su humanidad. Existe algo que es más ancho, más sordo, más profundo, menos bueno, menos ruin, menos bello. Aunque también ese algo corra el peligro de llegar a transformarse, en nuestras manos groseras, en “pureza”, nuestras manos, que son groseras y están llenas de palabras»

lunes, 4 de noviembre de 2019

Lejos de mí (Clément Rosset)


«Las preguntas del tipo “¿Quién soy realmente?” o “¿Qué hago exactamente?” siempre han sido un freno tanto para la existencia como para la actividad»

Es curioso esto de los libros. A veces pienso que mientras esperan pacientemente en las estanterías, nos escuchan. Y un día nos dicen “tengo algo que decirte”. Pueden hacerlo porque nos han escuchado previamente. Y entonces te dicen lo que necesitas escuchar y no sabías que tenías que hacerlo, te dicen lo que sabías pero has olvidado o lo que creías saber pero no sabías, te dan una nueva perspectiva sobre aquello en lo que estás ofuscada, abren una válvula inesperada en la que viertes lo que te desbordaba, encauzándolo.

Siempre digo de mí que no tengo personalidad, algo que repito con ligereza, más como una espada que enarbolo contra mí misma que como una creencia con fundamento. Así que el tema de la identidad tiene callo en mí, una nubosidad central densa sobre la que giro de forma habitual esperando que se desate la tormenta.

Y entonces llega Clément Rosset y hace zasca, zasca, zasca y me deja noqueada. Un libro pequeño, apenas 100 páginas, que ha sido una bomba de relojería que me ha puesto algunas cosas en su sitio. ¿Que ya lo sabía? Sí. Es notorio: cuando tenemos una crisis personal la primera grieta es social. Es lo social el agujero negro que nos perturba. Además, si todo es una percepción ¿no soy yo misma otra percepción percibiéndose a sí misma? Tanto buscarme a mí misma y si resulta que me encuentro… ¿luego qué?

En definitiva, este estudio sobre la identidad, escrito de forma muy accesible y amena, es una bomba explosiva maravillosa que ha puesto mi identidad en su lugar, me ha abofeteado amablemente, me ha quitado (auto)presión, ha normalizado mi falta de originalidad y la ausencia de una clara identidad personal.

Lo tremendo es que Rosset no me convence del todo en sus argumentos pero me deleita en su manera de exponerlos y me sitúa en otros criterios, abre la panorámica y enriquece la perspectiva. Y, como no tengo personalidad, ha conseguido darme luz y aliviarme.

Lo complejo siempre, siempre, siempre, siempre, hay que hacerlo sencillo. Simple.

domingo, 3 de noviembre de 2019

La mujer pulpo (Atsushi Nakajima)


De pronto, debajo de todo aquello, en ese instante, el agua, de un magnífico color índigo oscuro que podría teñirte todo el cuerpo con sólo mirarla, se extendió, hinchó y elevó. Un gran disco de belleza suprema de color índigo que albergaba una luz en su interior se engrandeció en tamaño y altura y se sumergió rápidamente

Si hasta ahora para mí los mares del Sur eran Jack London, Herman Melville, Robert Louis Stevenson y la belleza exótica de los cuadros de Gauguin, ahora tengo que añadir a Atsushi Nakajima.

Hay varias cosas que me han gustado de este libro de cuentos (o crónica de viajes) de Nakajima en los que describe las islas del mar del Sur (y a sus tribus, costumbres y leyendas):

• Su mirada crítica y sensitiva centrada en lo humano y carente de los prejuicios colonizadores del imperio japonés de principios del siglo XX.

• Sus descripciones bellas y sensoriales del mar y de las islas y sus habitantes, las costumbres, clima, naturaleza, leyendas, paisajes, ritos, supersticiones…

• Los honestos y entrañables esfuerzos de Nakajima por encontrar su propio contexto epistemológico (“No miras a los isleños. Miras una réplica de Gauguin. Tampoco miras la Micronesia. Solo miras una reproducción descolorida de Roti y Melville”)

• El epílogo de la traductora, Makiko Sese, impagable.

• Mientras leía este libro, mi mente dejó de arder.

Como un paseante walseriano, Nakajima recorre las islas lleno de asombro y extrañeza, buscando la autenticidad y comprensión humana en una geografía más cercana a la fantasía que a la realidad.

Una lectura placentera y deliciosa que relaja a la vez que mantiene activo el nervio absorbente de la belleza vital de la naturaleza, de la compleja y diversa existencia y de la construcción social del género humano.

jueves, 31 de octubre de 2019

No soy así (Kjell Askildsen)


"Es muy humillante que te engañe una persona en la que has creído

La existencia es compleja e inmanejable. El sentido mismo de nuestras vidas se nos escapa como aire entre los dedos. El universo es infinito, mientras que los seres humanos estamos atrapados en una finitud que nos cuesta aceptar. Lo que percibimos es una trampa que nos engaña constantemente, la percepción se inventa cosas y nos oculta otras.

Con este panorama se hace necesario (nivel supervivencia) identificar lo esencial y despojarse de lo sobrante. Minimalismo lo llaman, un arte que no está al alcance de cualquiera, pero que Kjell Askildsen maneja con habilidad y como premisa en sus relatos: “Lo que importa es decir algo con pocas palabras

Con la frase exacta y oportuna, la palabra ocupando el espacio necesario, el diálogo como piedras masticadas, Askildsen es capaz de transmitir justo lo que no se dice, lo que se calla, los silencios sobre los que todo gravita. La incomunicación como frontera entre las personas, creando esferas que nunca llegan a fusionarse del todo.

En cada relato lo importante no es la trama, sino los sentimientos. No hay acontecimientos grandilocuentes ni estruendosos. Todo sucede no sucediendo nada. Y sin embargo ahí están: todas esas pequeñas astillitas del alma.

Con la precisión de quien tiene la mirada en el detalle, con la generosidad del observador, y pese a la aparente inocencia de los relatos, el lenguaje claro de Askildsen nos muestra las entrañas de las relaciones (auténticos campos de batallas), de la soledad, los deseos, la angustia… esas vísceras que, invisibles a nuestra esquiva mirada, evitan que nos disolvamos rellenando todas esas cavidades del alma que, pum, pum, pum, cada día nos hacen respirar. Porque vivir es no olvidarse de volver a respirar.

lunes, 28 de octubre de 2019

Los perros ladran (Truman Capote)


Todo lo que cuento aquí son hechos, lo que no significa que sea la verdad, pero sí todo lo que puedo aproximarme a ella

Creo que pocas frases expresan mejor que la anterior la finalidad e intenciones de la poderosa y realista prosa de Truman Capote: la búsqueda de la verdad, destilando y eligiendo la realidad reflejada (que él consideraba la verdadera realidad). Capote coge lo volátil y utiliza una prosa juguetona y condensada y lleva sus textos al punto de ebullición necesario para conseguir un curioso proceso: convertir lo vaporoso en escritura líquida, tangible, fresca y transparente.

“Los perros ladran” es lo más parecido a una autobiografía no intima de Truman Capote. Se trata de un conjunto de textos en los que hay auténticas maravillas (“Lola”, “La rosa blanca”, “Una historia terrible”, “Se oyen las musas”…) y también nos encontramos con un Capote con toda la mítica del flâneur que, en su libertad de pasear sin rumbo por lugares y ciudades, observa cada detalle pintoresco y cada anécdota y lo eleva a la categoría de espectáculo (con la estética y el estilismo característicos de este autor). Trasciende la objetividad de los hechos para entrar en el alma de los mismos.

Con menos histrionismo de lo que podríamos esperar de la personalidad de Capote, lo que nos encontramos es una atractiva combinación de ironía, ternura, perversidad, minimalismo, detalle y búsqueda de la autenticidad a través de lo extravagante, de la infancia como lugar al que volver… Es decir, al Truman Capote cínico, delicioso, magnético y observador feroz que escribía con un lirismo preciso y claro.

Una delicia de libro en la que apenas hay grasa sobrante y la que hay es altamente saludable.

El arte y la verdad no son necesariamente compatibles

jueves, 24 de octubre de 2019

La mano de la buena fortuna (Goran Petrović)


“Cómo se devuelve el brillo a los recuerdos, qué es lo que se ve en los ojos de un lector atento, cómo se construye el futuro simple del verbo ser sin ningún remordimiento”

Que los libros son capaces de crear mundos propios es un hecho, que la lectura es en sí misma una acción cósmica creadora de universos, también. Que Goran Petrović consigue plasmar esa experiencia de una forma absolutamente original y sorprendente es otro hecho. En el mundo asombroso que es un libro, en el que cada lector lo habita con la codicia del conquistador que busca ampliar su territorio, ¿es posible encontrarse DENTRO con otros lectores e interactuar con ellos, ser un personaje más, un habitante de ese mundo llamado libro?

Pasión por la lectura, leer y crear una realidad paralela, un Matrix, un mundo irreal percibido como real, vívido y vivido. ¿Cuál es la naturaleza de la realidad? Los libros como escenarios en los que se simula una vida, una realidad virtual, ¿por qué no formar parte de ella? Al fin y al cabo hoy en día pasamos media vida en realidades virtuales. “La mano de la buena fortuna” es lo que debieran de ser las redes sociales si no fueran lo que son.

Petrović recrea las lecturas compartidas, leer lo mismo en el mismo momento que otra persona y encontrarte ALLÍ con esa persona, tiempo sin tiempo, dos parpadeos y una eternidad transcurrida, lecturas como punto de encuentro en una dimensión paralela y difuminar las diferencias entre vida y literatura.

“La mano de la buena fortuna” es un juego literario arriesgado, original, intenso y bello. Un delirio precioso, complejo y ambicioso correctamente ejecutado. Recargado en las descripciones, pero no tendría sentido que fuera de otra manera.

domingo, 20 de octubre de 2019

Una biografía literaria (Juan Benet)


El mundo, he ahí el drama

Juan Benet fue un escritor casi tan raro y experimental como la editorial que ha publicado “Una biografía literaria”: hermético, fascinante y exquisito, deliberadamente alejado de un público mayoritario. No quiero extenderme mucho en mi comentario de esta lectura, que ha sido como un deleite furtivo, algo que una paladea con la conciencia de que está teniendo un goce personal, legítimo pero con sabor casi clandestino.

Estamos ante un conjunto de ensayos de Benet sobre literatura extranjera: Joseph Conrad, Melville, James Joyce, Faulkner, Thomas Mann, E.E. Cummings, Beckett, un capítulo para el descatalogado libro “Trampa 22

Faulkner es el principal protagonista, porque Benet ninguneaba a Virginia Woolf, a quien consideraba aburrida y carente de interés y a Joyce lo tenía por honesto pero ofuscado, incómodo y un escritor menor. Pero a Faulkner, que hizo de Benet el escritor que fue, reconoce que prefería leerlo y olvidarlo para volver a él virginal y redescubrirlo y volver a admirarlo, en un bucle infinito de admiración.

Pese al desacuerdo puntual con Benet respecto a Virginia Woolf y a Joyce puedo leerle, porque el desacuerdo no restringe ni oculta la audacia de este autor, firme defensor del estilo en la literatura y que quería profundizar y nombrar de la forma más afinada posible ese drama que es el mundo.

Lo he dicho: no quiero extenderme. Y no lo voy a hacer. Solo dejar constancia de que en mi autobiografía construida a golpe de lecturas he recuperado para mí a este escritor tan difícil y excelso como olvidado e incomprendido.

No hay censura, ni la más cruel, que sea capaz de detener a un genio siempre que quiera combatir o engañar a la maquinaria estatal