miércoles, 9 de junio de 2021

Días temibles (A. M. Homes)


Lo que he aprendido de ser el guardián del dolor es que dejarlo ir no significa olvidar, sino encontrar la libertad, ese espacio necesario para seguir avanzando. Uno aprende a vivir con el pasado, pero se permite un futuro y también se lo permite a los demás. No se olvida jamás

Y así es: el dolor no se olvida. Pero vamos viviendo. Lo que yo había olvidado es que había leído ya un libro de A. M. Homes (“La hija de la amante”) y me había decepcionado lo suficiente como para donarlo amablemente a una biblioteca de mi ciudad. Así que he llegado a este libro sin recordar que era mi segundo intento con Homes. Lo cual no dice nada bueno de mi memoria ni de mi relación con Homes, que presiento va a ser un tira y afloja constante, en plan “quiero quererte, pero me lo pones muy difícil”.

Pero estoy en modo optimista (el optimismo forma parte de mi actual plan de supervivencia), así que aunque Homes me confunda y sigo sin saber si su agudo estilo provocativo e incendiario es genuino, me centro en lo positivo: en estos relatos Homes es muy hábil exprimiendo su visión de la sociedad norteamericana. La clase media blanca norteamericana. Tan acomodados en su ser, tan depravados, tan tristes, tan snob, miserables y perdidos. Bien es cierto que Homes es como el filo de un cuchillo con ellos, el aguijón de la lucidez cargado de ironía y de un humor muy negro y cínico.

Que algunas de las historias me han confundido, otras me han hecho reír, y todas ellas me han atrapado con los diálogos mordaces y rápidos que construye Homes, que parece una ametralladora inmisericorde con sus personajes. Sin duda lo que más me ha gustado es esa agilidad en los diálogos, la escritura desenfadada, amena y sarcástica de Homes metiendo el dedo en los escondrijos de una sociedad norteamericana tan consumista como vacía y ahogada en la soledad y en sus propios cuerpos.

Homes es brillante e ingeniosa pero no hasta el punto de deslumbrarme, aunque sí lo suficiente como para insistir en volver a leerla, algo que tiene mucho que ver con mi extraña cabezonería y con un ligero presentimiento de que algún libro suyo (no toda su obra ni mucho menos) me convencerá.

@AnaBlasfuemia

lunes, 7 de junio de 2021

La defensa (Vladimir Nobokov)


Eso le causó la sensación de que allá lejos, en el infinito, adonde había obligado a retirarse la línea inclinada, se había producido una catástrofe inenarrable, un milagro inexplicable, y su mente vagó durante un buen rato por aquellos cielos donde las líneas terrestres perdían todo vestigio de razón

En literatura siempre, sí o sí, hay espacios seguros. Libros o autores a los que volver o acudir, en donde reside la literatura. Para mí uno de ellos es Nabokov. Da igual que estemos hablando de un perfil (literario) más bajo o más elevado. Sabes, hueles, sientes que ahí está lo que siempre sostendrá el universo literario. Al menos el mío que, para qué engañarnos, es el que me interesa.

En Nabokov nada es relleno, nada es casual: ni una descripción, ni un paisaje, un gesto, un silencio, una frase. Ya en sí esa no casualidad le dota de musicalidad, prosa, detalle y, sobre todo, de una fortaleza narrativa considerable.

En “La defensa” el ajedrez es el contexto idóneo para la mente torturada de Luzhin (el protagonista), su obsesión neurótica es necesaria en ese contexto ajedrecístico en el que se entrelaza el ajedrez, la música, las flores, los colores… Ese es “mí” Nabokov.

¿Que no es el mejor Nabokov? (pero sí su mejor novela rusa). Puede. Pero hasta el Nabokov más flojo sería siempre un gran Nabokov, en este caso introduciéndose en la mente desquiciada de un genio. Y personalmente considero una genialidad las metáforas ajedrecísticas. De hecho una de mis citas favoritas es una máxima del ajedrez: “la amenaza es peor que la ejecución de la amenaza” (una forma increíble de explicar los mecanismos del miedo).

No, no es la novela más laberíntica de Nabokov. Pero no está libre de complejidad ni de sus fantásticos juegos de palabras. Y sí, tiendo a releer mucho últimamente, como si buscara explicaciones, o tal vez espacios de seguridad, un confort que no tiene nada que ver con la famosa zona de confort, pero sí con aferrarse a aquello que (me) sostiene.

@AnaBlasfuemia

sábado, 29 de mayo de 2021

Tienes que mirar (Anna Starobinets)


Dudé mucho tiempo si merecía la pena escribir este libro. Es demasiado personal. Demasiado real. No es literatura

Me alegró saber en su momento que Impedimenta iba a publicar a Staborinets. Una muy interesante autora rusa de ciencia ficción en la editorial que acoge a Stanislaw Lem ¿qué podía salir mal? Que el libro que editara NO fuera de ciencia ficción.

Tienes que mirar” es demasiado personal y demasiado real. Desparrama tanto dolor, tanto sufrimiento, que una no puede más que quedarse en un rincón y respetar ese dolor, ese duelo que además puedo comprender, abrazar y sentir hasta la médula.

Leer este libro es quedarte tiritando, con un profundo agujero en el corazón y sintiendo latir de nuevo una vieja cicatriz. Hay que ser muy insensible para que no te duela, porque eso forma parte del objetivo del libro, más allá de exorcizar su dolor a través de la escritura, de aliviar el dolor de otras mujeres (el consuelo del dolor compartido) y de denunciar la inhumanidad del sistema sanitario ruso. Compartir el dolor como denuncia, como un gesto para provocar el amotinamiento social que favorezca un cambio en el sistema.

El problema no es nuevo: todo sistema (sanitario, educativo, político, social…) está formado por personas. Y hay personas dentro de ese sistema que fallan: se acomodan, se endiosan, deshumanizan su propio trabajo… Esto es lo más estremecedor: que es un daño causado por personas a otras personas. La falta de empatía dentro del sistema sanitario es aterradora. Pero esa ausencia de empatía tiene unas raíces profundas que aquí no se muestran (dado lo personal y emocional del relato)

Me ha desconcertado este libro, evidente en su denuncia, impreciso en sus objetivos pero muy intenso y humano en sus sentimientos y emociones. Pero siento que podría guillotinarlo si no fuera por el respeto y la comprensión del dolor y la pérdida. Me aboca tan machaconamente al desconsuelo que me deja fuera como lectora para que sólo quede la persona, rota.

@AnaBlasfuemia

domingo, 23 de mayo de 2021

Eterno amor (Pilar Adón)


Por entonces yo ya era consciente de lo importante que resultaba llevar a cabo una reparación continuada de corazas y membranas. La membrana de la dulzura. La de la sencillez. La de la ingenuidad. La de la perspectiva de un futuro diferente al pasado propio y al futuro de los demás. Reparar las membranas de la inocencia. Las que se van resecando al comprobar que todas las vidas son iguales y que todas las vidas dejan de ser nuevas y relucientes…

Estoy rendida al universo “adoniano”. Lo reconozco sin pudor. No es una rendición incondicional, al contrario: leo a Pilar Adón con más espíritu crítico que a otros autores. Hay escritores que admiro hasta el tuétano que tienen su pequeña pifia en su obra, una traición, una rendición, una boutade. No pasa nada, cómo no perdonar a tus dioses literarios. Pero temo que eso me pase con Pilar porque sentiría que algo esencial se me ha escapado. Y a la vez también temo que no me pase porque yo sea condescendiente al leerla. De momento, anticipo, no ha pasado ni una cosa ni otra.

Todo lo habitual en el cosmos de Adón está en “Eterno amor”, sus temas recurrentes a los que no renuncia porque son su seña de identidad: la naturaleza (salvaje, amenazante y protectora, esquiva y acogedora), las edificaciones en las que se asienta una comunidad (grande o pequeña), la huida, la identidad, las normas, el sometimiento, los cuidados, las dependencias, el miedo, el intruso, el orden y el caos, el aislamiento, las contradicciones, la soledad, los microcosmos y su inviable impermeabilidad, las capas, las raíces…

Todo, todo está en este relato largo. Pero esta vez hay algo diferente. No supe descifrarlo hasta que oí a la propia Pilar comentarlo, justo cuando acababa de terminar la lectura. No soy escritora, pero intuyo que puede haber muchos condicionantes que constriñan la propia escritura. Como si la libertad ahogara. Y en “Eterno amor” Pilar rompe esas cadenas: se divierte, se deja llevar. Y lo hace sin perder el control sobre lo que cuenta. Sin que le importe. Al igual que Chéjov, Pilar no toma decisiones por el lector (ofrece posibilidades), algo que siempre agradezco profundamente.

La alegoría, el contenido metafórico, está ahí, en cada línea. Y percibo una paradoja: en el libro de Pilar menos críptico y más explícito en cuanto al lenguaje y la propia historia (habría apostado muy fuerte a que nunca vería la palabra “wifi” en un libro suyo: me equivoqué) finalmente la atmósfera resultante es la más misteriosa posible, la más abierta y franca y, sin embargo, simbólica. La más juguetona. Y posiblemente confusa para algunos lectores, por inesperada, original… y libre.

Yo pido desde aquí a Pilar que me firme la página 90 para enmarcarla y ponerla en la entrada de mi casa. En ese largo párrafo está todo el mundo de Pilar (¿o el mío?)

jueves, 20 de mayo de 2021

Rachel Carson y el libro que cambió el mundo (Laurie Lawlor y Laura Beingessner)

 

“No hubiera sido capaz de escuchar el canto de un zorzal sin remordimientos, si no hubiera hecho todo lo que estaba en mi mano para salvarlo” (Rachel Carson)

La nobleza, el compromiso y la coherencia de Rachel Carson me han desarmado cada vez que he leído un libro suyo. Me han desarmado como sólo lo hacen las personas que admiro, personas extraordinarias que cambiaron el mundo sin necesidad de grandes gestos pero sí con tenacidad, con verdad y con la constancia de mantener una actitud consecuente con sus propios valores. Y con mucha, muchísima generosidad.

Si alguien impulsó la conservación ambiental y el ecologismo fue Rachel Carson. La llamaron de todo (“solterona”, “esa mujer histérica y probablemente comunista”, “fanática”, “alarmista”…) Gracias a ella y a sus libros (sobre todo “Primavera silenciosa”) se prohibió el uso del DDT y otros pesticidas y el movimiento ecologista se consolidó de manera definitiva. El reconocimiento le llegó ya fallecida (prematuramente), como suele ser habitual.

Rachel Carson era bióloga, pero también una escritora sensible, amena y delicada que consigue que sus ensayos se lean con fruición sin perder la fuerza de sus argumentos. Posiblemente esa sea una de las razones por las que consiguió llegar a una gran población y hoy en día se le siga leyendo disfrutando tanto de su argumentación ecologista y más “técnica” como de su prosa descriptiva, serena, potente y bella. Un abrazo entre la biología y la literatura que pocas personas han sido capaces de reproducir. Hacer que la ciencia sea asequible, atractiva y comprensible, es posible.

Es por ello que al ver esta edición de Errata Naturae, un libro ilustrado que nos acerca a la vida de esta persona, no tuve dudas: tenía que hacerme con él. Y una vez leído y disfrutado, del texto y de las ilustraciones, sé que es un libro que voy a regalar muchas veces y que es un libro que debería de estar en la habitación de cada niña y niño porque de ellos es el futuro. Y el futuro será mucho mejor con personas con los valores y la actitud de Rachel Carson, que quiso un mundo en el que los seres humanos y la naturaleza vivieran en equilibrio y respeto.

@AnaBlasfuemia

jueves, 13 de mayo de 2021

La anomalía (Hervé Le Tellier)


Toda realidad es una construcción, por no decir una reconstrucción

¿Cuántos relatos simultáneos puede aceptar un lector?

En estas dos citas de “La anomalía” descansa todo su entramado. El cuestionamiento de lo que llamamos “realidad” y cuántas realidades simultáneas puede aceptar el ser humano (que va a ser no más de una, y a ser posible que entre como un guante en nuestra personal construcción cognitiva de la realidad). Le Tellier coge el concepto “realidad” y lo pone entre interrogantes (“¿realidad?”).

La anomalía” es un pastiche de varios géneros, aunque todos ellos se disfracen de thriller. Y cómo aborda ese pastiche Le Tellier es para mí el problema de este libro, demasiado ambicioso para resolverlo con perfección. Lo cual no lo convierte en mal libro, he de decir.

Pensaba que “La anomalía” precisaría de dos lecturas y quería leerlo de las dos formas posibles. Pero lo cierto es que solo hay una lectura posible porque Le Tellier es muy transparente en sus intenciones y en la estructura de la novela. No hay especial sutileza y todas sus herramientas y juegos literarios son evidentes.

La intención del autor es diáfana: ¿qué pasaría si tuviéramos oportunidad de enfrentarnos a nosotros mismos? Con un matiz importante: hay dos “yo mismo”, y por lo tanto dos “yoes” confrontados, con la no insignificante diferencia que uno de esos “yo” ha vivido tres meses más, tres meses en los que suceden cosas.

El planteamiento es original, atractivo. El problema está en que Le Tellier se toma casi la mitad del libro para presentar a los distintos personajes y deja la segunda mitad para lo que (para mí) tendría que ser el inicio y posterior desarrollo de la trama, con lo cual más que profundizar en las implicaciones de la situación planteada, lo que hay es una exposición apresurada de posibilidades que se quedan en lo obvio, porque además pretende tanto mostrar posibles reacciones individuales (y para ello desarrolla distintos perfiles) como colectivas.

Y lo obvio ya se conoce: cuando la realidad se cuestiona o no sabemos cómo enfrentarnos a ella, la negamos, la distorsionamos, la ignoramos, la eliminamos o la atacamos. Un “sálvese quien pueda” en toda regla.

Resumiendo: Es un libro entretenido y original, pero con un planteamiento ambicioso que se desarrolla superficialmente, aunque con eficacia y corrección “oulipiana”. Numerosas referencias literarias, explicaciones científicas, reflexiones filosóficas y éticas, un desarrollo accesible, una resolución satisfactoria y un ritmo narrativo endiablado. No voy a decir que me ha decepcionado porque lo he leído con fluidez y lo he disfrutado. Entiendo que es difícil pretender llegar a un público numeroso abordando ciertas cuestiones sin rendir pleitesía a lo comercial. Un equilibrio difícil. Un best seller profundo, complejo y de alta literatura sería una anomalía.

Veo una miniserie de Netflix basada en “La anomalía” en cero coma… 

@AnaBlasfuemia

jueves, 11 de marzo de 2021

Historias del arcoíris (William T. Vollmann)

 


Las palabras sólo nos muestran el lado bueno de las cosas pero no llevan la bondad a nuestros corazones

Empecé a leer este libro (más de 500 páginas turbias, francas, desafiantes, ásperas…) con cierta sensación de desamparo que se entremezclaba con un leve cosquilleo de placer. Y lo he finalizado con la certeza de una conquista, de haber transitado por el arcoíris de lo marginal, de esos mundos tan secundarios que preferimos ignorar, como si no convivieran con nuestro propio mundo.

Con un estilo periodístico y antinarrativo Vollmann se centra, más que en los personajes, en sus elecciones morales, y lo hace a través de 13 colores, 13 historias (que se replican a sí mismas, estallando en historias dentro de historias) que se mueven en los aledaños, las afueras, ahí donde la vida es más difícil, más sórdida, pero también más caleidoscópica, al igual que la escritura del propio Vollmann.

El arcoíris es la descomposición de la luz blanca, pero Vollmann nos muestra historias de personas que viven en la oscuridad (“lo más bello es la oscuridad más oscura”). Ahí es donde está la miseria y todos sus matices, ese espectro de penuria del que Vollmann se convierte en reportero de personas a las que no juzga y que viven en un equilibrio precario, entre lo ilegal y lo crudo, concediéndoles la luz que les negamos. Recoge las “sobras” antes de que se pudran, esos restos que tiramos a la basura, y hace de ellos un compost que se convertirá en abono, un fertilizante natural de la bondad.

La vida es un tropezón

No es un libro fácil, Vollmann no es un autor fácil: es excesivo, torrencial, ambicioso. Intimida. Pero es un escritor que nos saca del marasmo, de la mediocridad literaria, y sobre todo nos saca de nuestros pequeños y confortables mundos. Es un provocador majestuoso que busca incitar a la amabilidad. Y tal vez busque también el sudor de la frente del esforzado lector para ganarse un trozo de pan, eso sí: hecho con masa madre. Yo lo he sudado como se suda cuando escalas un ochomil: sin oxígeno. 

©AnaBlasfuemia

lunes, 1 de febrero de 2021

Piedras en el vientre (Jon Bauer)


Antes le contaba a la gente que era un niño de acogida, aunque en realidad era el único en casa al que no habían acogido. Y ahora que se supone que soy adulto, todo sobre mí es de acogida: mi país y también la historia que le cuento a la gente

No debería de perseguirnos la verdad, sino que deberíamos de ser nosotros quienes la persiguiéramos. Pero si estás huyendo de ella seguramente sea porque esa verdad esconde unos cuantos secretos que prefieres que sigan así: ocultos.

Hay varios temas que son recurrentes en mis lecturas: las relaciones familiares, el mal (de dónde vine, cómo se construye). Y eso está en este libro y de eso va: de piedras en el vientre. Un libro incómodo, de esos que se mueven entre la ternura y el escalofrío. Bauer maneja los hilos con criterio, nos lleva donde y como quiere, pero a la vez necesita también de nuestra comprensión, de nuestra mirada atenta. Las piedras no son fáciles de masticar, tenemos que poner de nuestra parte: machacarlas, digerirlas. El premio es la coherencia narrativa, los filamentos psicológicos que sujetan la historia.

Bauer recurre a diversificar y combinar una misma voz, la del protagonista con ocho años y el mismo protagonista con 28. Un niño tierno y un hombre perturbador que son la misma persona. Esa voz escindida es sin duda un acierto, especialmente porque la voz del niño es totalmente convincente y creíble, algo que no siempre es fácil de encontrar en personajes de niños.

El manejo emocional de la trama y el equilibrio entre todos los ingredientes hacen que sea una lectura fluida pero perturbadora, muy impactante.

No sé si el mal queda justificado. No sé si se puede justificar el mal. No sé si el mal nace o se hace. Tal vez el mal ya estaba ahí, lo mismo que la desesperada búsqueda de cariño y atención. Es complicado, ¿hay un mal absoluto que está ahí desde que naces, como una bomba buscando que alguien o algo la detone?, ¿pueden convivir el mal y la bondad en la misma persona?

Quizás un libro que nos genere tantas preguntas pueda resultar molesto, más aún cuando surgen en el contexto de las relaciones familiares, porque tendemos a buscar culpabilidad en lugar de responsabilidad.

viernes, 29 de enero de 2021

Cuentos de la periferia (Shaun Tan)

 


De hecho, cuanto más os cuente, menos cosas entenderéis. Algunas cosas son así en esta vida. Pero eso lo descubriréis vosotros mismos

Y así pasa con los libros ilustrados, que si intento hablaros de ellos no entenderéis nada. Porque los libros ilustrados se sienten, se disfrutan, abren miles de puertas y ventanas en el corazón. Porque es la historia (historias, en este caso) del texto pero también las sugestivas historias de las imágenes. Y ahí ya todo es personal porque si las ilustraciones son como las de Shaun Tan (el mismo de esa preciosa delicatessen llamada “Emigrantes”) el grado de embobamiento, magia, imaginación y disfrute que provoquen ya es algo absolutamente íntimo y engarzado, con probabilidad, a la historia e introspección de quien las contemple.

Shaun Tan es australiano. Eso ya lo coloca un poco en la periferia, en la extrañeza: la australiana es una sociedad respetuosa con la diversidad, honesta e impulsora de la igualdad ¿puede haber algo más extraño que eso actualmente?

Ese respeto por las personas sin importar su origen, procedencia, religión, raza, características… atraviesa también estos “Cuentos de la periferia”. La hospitalidad, la compasión, el respeto a las tradiciones y la cultura siempre están presentes en este autor, comprometido con temas políticos y sociales. Los mundos de Shaun son insólitos y maravillosos y una invitación a que no nos quedemos dormidos en la conformidad: siempre hay un misterio en todo aquello que nos rodea

©AnaBlasfuemia

martes, 26 de enero de 2021

Daniel (Chantal Maillard, Piedad Bonnett)


La superficie no resiste. Huyo hacia delante llevando llevando el dolor cosido a los talones. Ninguna acequia en la que ahogarlo, ninguna huella en la que perderlo. Decido enfrentarlo como se enfrenta el cielo a la llanura: a descubierto” (Chantal Maillard)

Basta mirar fijamente la cicatriz,
sus imperfectas costuras,
para que la herida empiece a abrirse
y a contar sus historias.
Cuida la sal de tus ojos” (Piedad Bonnett)

Las montañas y cordilleras nacen de erupciones volcánicas y violentos temblores de tierra. ¿Qué nos dice esto?: que de algo catastrófico nace un acto de creación. No se me ocurre otra forma de describir este libro: “Daniel” es una cordillera, una sucesión de montañas enlazadas y conectadas entre sí a partir de una catástrofe (Daniel, Chantal, Daniel, Piedad)

Daniel se llamaba el hijo de Chantal Maillard. Daniel se llamaba, también, el hijo de Piedad Bonnett. Dos mujeres, dos escritoras, dos hijos, un mismo nombre, una decisión común: suicidarse. Casi la misma edad. “De idéntica manera, desde la misma altura”. En el mes más cruel: abril (“Abril es el mes más cruel: engendra lilas de la tierra muerta, mezcla recuerdos y anhelos, despierta inertes raíces con lluvias primaverales” decía T.S. Elliot).

De la pena volcánica de una madre y los hondos temblores de otra madre surgió un acto de creación. La noche de un 28 de octubre de 2018, un lluvioso día en Málaga, “en el escenario a oscuras, dos sillas frente a frente. En medio, el abismo”, Piedad y Chantal, Chantal y Piedad, establecieron un diálogo con sus voces, se entregaron poemas una a otra, un duelo del duelo. Como en la colisión de dos placas tectónicas nació un Himalaya, una cordillera tan bella y elevada que conecta cielo y tierra: “Daniel

Crear belleza desde el dolor sólo es posible cuando sentimientos tan puros y limpios son compartidos desde el vértigo y desde el epicentro mismo de ese dolor, dándole una voz desnuda y sin paños calientes.

Al borde de la herida mueres, naces” (Piedad Bonnett)

Escribo porque tal vez no hablo. No me sueltes” (Chantal Maillard)

©AnaBlasfuemia

sábado, 23 de enero de 2021

Señor de las periferias (Jesús Montiel)


Una sola palabra dicha con amor a un niño, lanzada con amor a la diana de su corazón infantil, puede curar un infinito número de futuros

Soy carne de periferia. Si la masa me acorrala, busco los márgenes. Ahí encuentro tesoros que no necesito ni desenterrar: otras personas acorraladas, arrinconadas, ilegibles para los demás. Las reconozco, nos espejeamos, construimos una camaradería amorosa, tácita, unos lazos invisibles, conexiones que no necesitan explicitarse.

Que me gustan las periferias, que ahí veo lo esencial (no todo lo esencial es invisible a los ojos). Y me gusta el lugar, me gustan las personas que encuentro ahí. Miro su mirada, siento que la mía no se pierde, incluso la encuentro, en un guiño silencioso que es una complicidad íntima, secreta, sólida. Incluso callada.

Dicho lo anterior, ¿cómo no leer este libro, una biografía literaria, sobre el señor de las periferias por excelencia: Robert Walser? Y con un extra: descubrir a este autor sensible y delicado que es Jesús Montiel. Que sí, que interpreta y ficciona muchas cosas sobre Robert Walser, pero como coincido tanto con su interpretación, con sus percepciones, con su mirada… pues entonces es una lectura de asentimientos, de connivencia.

Amadme”.

Una de las cosas que me ha gustado de este libro es que Jesús Montiel no esconde la realidad que había detrás de los escritos de Walser: la necesidad, no de reconocimiento, sino de una pizquita de felicidad, de amor... El alarido de la soledad en un paraje interior intenso, de una sensibilidad exacerbada y certera.

Hay ciertas herramientas que se necesitan para vivir en la vida real, una astucia torticera e injusta. Si no la posees, si tu corazón es puro, sin dobleces, es posible que camines y camines y no dejes de andar y pasear (“como una revolución”) y un día encuentren tu cadáver en la nieve. Y que, muchos años después, esa fotografía de tu cadáver sea un símbolo que muchos observan con más morbo que comprensión. Una muerte, la de Walser, que parece no morirse nunca.

La vida no está hecha para adoradores de flores"

©AnaBlasfuemia

miércoles, 20 de enero de 2021

Biografía provisional de Mose Eakins (Evan Dara)


 “Recuerda que el envoltorio visible de la verdad es el silencio

Hay quien reza para aliviar el dolor. Yo digo tacos (joder, coño, hostiaputa, mecagoenlaleche), uso palabras, las callo, las mimo, las regalo. El lenguaje es mi religión. Las palabras como un misterio, íntimas dentro, ajenas fuera, daño o sosiego, caricia o puñalada. Las palabras son incontrolables ¿quién las domestica? Somos historias y palabras. Pero… ¿qué valor tienen? ¿y si tus palabras no significaran nada para los demás?

En esta sociedad de cultura de masas, competencia, capitalismo, palabrería vacua… ¿qué valor tienen las palabras? ¿cotizarán algún día en la Bolsa?

Biografía provisional de Mose Eakins” es un desafío para el lector. Me chiflan los escritores que arriesgan, que experimentan con el lenguaje y las estructuras narrativas. Pero no como un adorno, sino con un fin. De hecho algunos fragmentos de este libro son como un ensayo teatralizado. Hay una idea que se quiere transmitir y para ello se utiliza el propio lenguaje y sus límites, sus juegos, nada de zona de confort ni el disfraz de lo comercial y lo superfluo. Es una apuesta dura, para lectores que acepten ciertas aventuras. No hay reglas conocidas ni patrones familiares.

Hay un compromiso por parte de Evan Dara que evidentemente nada tiene que ver con lo comercial y lucrativo de la literatura, sino con la parte más experiencial (tanto para el escritor como para el lector). Fascinante ver cómo el protagonista de esta obra se desgarra porque nada de lo que dice parece tener sentido para los demás. Esa sensación de que, en verdad, te oyen pero no te escuchan. Y que todo lo que hablan los demás es yoismo en estado puro y duro.

Mi sensación es que Evan Dara no sólo habla de la degradación del lenguaje tanto en su aspecto comunicativo como creativo, sino también que, de forma más o menos sutil, todo esto sucede bajo el yugo de una sociedad capitalista que ha empobrecido y vaciado el lenguaje.

Se puede hablar mucho y mucho tiempo sobre esto, pero que se ponga este tema sobre el tapete de la forma que hace Dara me parece deslumbrante. Parodia experimental, sí, pero transmite verdad. Y exige complicidad.

©AnaBlasfuemia

domingo, 10 de enero de 2021

Una Odisea (Daniel Mendelsohn)

 


Una concepción rotunda de cómo es nuestra familia, cuáles son sus puntos débiles y cuáles sus puntos fuertes, los grados relativos de su convencionalidad o excentricidad, su normalidad o su patología, a menudo es imposible de alcanzar mientras no somos lo suficientemente mayores para compararla inteligentemente con las familias de otros; algo que solo empezamos a hacer cuando percibimos que nuestra familia no es, de hecho, el mundo entero

Las familias no son el mundo entero, pero cada una de ellas es un mundo. Con los años he ido creando en mi mente un sentimiento sobre lo que sería para mí esa abstracción, “familia”, cuyo concepto convencional resulta bastante dañino para la sociedad occidental. O dejémoslo en mal gestionado. No voy a enredarme con esto, hablemos del libro, que estará en mi top del 2021.

Si hay un libro que esté en las raíces más profundas de la literatura universal es la “Odisea” de Homero. Cuánto habría cambiado la literatura si no existiera la “Odisea” es algo que nunca sabremos, lo que sí parece claro es que su influencia, miles y miles de años después, es evidente. Y esto es así porque es de esos libros en cuyo vientre se gestó la literatura universal. La verdadera literatura.

El libro de Mendelshon es una revisión de la “Odisea”. Pero no sólo eso, hace algo más intrincado y deliciosamente bello, sin dejar de ser ameno: es también la relación del propio autor con su padre además de una crítica literaria y un comentario lúcido, erudito y enriquecedor de la “Odisea. Y sin renunciar a las emociones, que impregnan todo.

Todos los pilares de la “Odisea” de Homero están en esta odisea de Mendelshon: la nostalgia, las relaciones de pareja, las relaciones padres-hijos, la identidad, el hogar, las historias y los recuerdos que compartimos, el paso del tiempo, los aprendizajes. Análisis literario e historia personal de Mendelshon están entrelazados con una inteligencia y una elegancia tal que convierten su lectura en una lectura tan épica como gozosa.

Si no habéis leído la “Odisea”, no importa: Mendelshon os la cuenta de una forma tan inteligente que deseareis leerla. Y si ya la habéis leído es fácil que hagáis lo que yo: releerla.

©AnaBlasfuemia