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lunes, 8 de enero de 2024

La noche siempre llega (Willy Vlautin)


"Lo que no entiendes es que llevo toda la vida sobreviviendo. Siempre"

Si hay algo en lo que absolutamente todos los lectores estaremos de acuerdo es en que leemos para entretenernos. O sea: para distraernos, evadirnos, esquivar el aburrimiento. Creo que el entretenimiento es un objetivo transversal para todo lector. A partir de ahí podemos buscar algo más o quedarnos en el mero entretenimiento, ahí ya entra lo individual. Incluso dentro de la lectura de entretenimiento podemos renunciar o no a la calidad literaria.

Todo esto viene a que "La noche siempre llega" me ha entretenido y mucho, se lee con ritmo, es ágil, una literatura directa, sin rodeos, que va al grano, a la acción, a la sucesión de diálogos y acciones que provoca que leas con celeridad, con esa cadencia que atrapa al lector y vas avanzando página tras página, absorta, distraída. Entretenida. Vlautin va no solo al grano, sino también al barro, a lo periférico, a los marginados, a los que se pasan la vida sobreviviendo. Que somos legión, por cierto, los que cada día sobrevivimos, unos con más conciencia de esa supervivencia y otros menos. Da igual, en mí caso sobrevivir no me impide disfrutar, no me impide nada (sólo lo que yo me impida a mí misma).

Además de esa distracción que implica leer, una novela (quien la escribe) puede pretender algo más: transmitir un mensaje, denunciar un sistema o una situación, mostrar algo. ¿Es el caso de "La noche siempre llega"? La pretensión del autor es evidente: mostrar la vida marginal, evidenciar la gentrificación de las ciudades y cómo eso genera una supervivencia marginal. No voy a profundizar en lo de la gentrificación, si no conocéis lo que es, ahí está san google, y sobre todo ahí está la realidad.

Decía que las intenciones de Vlautin son claras. Así que pretende algo más que entretener. Ahora bien ¿lo consigue? En mí opinión (que no sé si es humilde o modesta, pero es mía) lo consigue a mediasY esto es así porque es por los personajes la razón por la que a mí me ha costado más que esta historia fuera más allá. Más que los personajes (que también), por el uso excesivo del diálogo. No porque los diálogos me molesten, al contrario, sino porque cuando los mismos sirven para contarte todo, no sólo lo que sucede sino también lo que ha sucedido, y sirve para que los personajes se expliquen y justifiquen lo que hacen o lo que han hecho, pues como que ahí no puedo evitar asistir a todo desde una distancia fría, cómo que no me va ni me viene en el sentido de implicarme. Me coloca tan en una posición de espectadora externa que no consigo involucrarme emocionalmente, ni siquiera (que es peor) mentalmente. Así que, como ya he comentado, leo con agilidad y paso unas horas distraída, absorta, entretenida, pero al finalizar desconecto absolutamente de lo leído y a otra cosa mariposa.

No es ni bueno ni malo, es lo que es. Me gusta más la literatura que consigue implicarme de una u otra forma, pero tampoco desdeño estas lecturas que distraen y entretienen pero se exigen algo más a sí mismas, lo consigan o no. Entre lo que para mí es mala literatura y lo que es buena literatura hay otra intermedia que sirve de puente entre una y otra y "La noche siempre llega" quizás esté situada ahí, accesible al lector menos exigente, donde todo es muy explícito y que quiera transitar hacia otro tipo de literatura u otro tipo de inquietudes literarias más allá de lecturas entretenidas pero triviales e intranscendentes.

domingo, 15 de octubre de 2023

Peces de colores y hormigón (Maartje Wortel)


"Éste es el comienzo. (De momento puedo decirte que el comienzo es lo que más dura, es el impulso inicial. El final es un punto. Sólo un punto. Pero si miras con detenimiento, verás que ese punto es una abertura, un minúsculo agujero por el que puedes pasar. Tras él, un nuevo y largo comienzo te está esperando. Si quieres, esto no acaba nunca.)"

Es la tercera vez que leo este libro. Las dos anteriores fui incapaz de escribir nada sobre su lectura. No entendía la razón: este libro es una puñetera maravilla (para mí, siempre para mí, porque de eso va esto: de lo que leo y cómo me encuentro o desencuentro en las lecturas). Pero no conseguía decir nada de él ni saber la razón de ese bloqueo. A la tercera fue la vencida: ya he entendido.

Hay libros que se vinculan con momentos de tu vida y quedan unidos a ella con naturalidad porque te encuentras en ellos. Y me cuesta encontrarme fuera de mí misma. Sólo lo he conseguido con los libros, la música, el cine, el arte, la naturaleza. Con las personas, algunas, he creído encontrarme. Pero no. No totalmente.

"A veces creía haber encontrado a alguien, durante un tiempo hablamos el mismo idioma, pero al final sólo quedaban peces de colores y hormigón, que suena muy bien pero habría que ver cómo termina algo así."

Me he encontrado en "Peces de colores y hormigón", como en su momento lo hice en "La niña del faro", de Jeanette Winterson, con el que tiene mucho en común: los aforismos y metáforas, las historias, la (des)estructura narrativa, la magia, el sentimiento, la emoción del asombro, del reconocimiento, los comienzos y finales.

Vibrar leyendo como vibran los anillos de la siringe de los pájaros para lograr su canto, vibrar como el canto de un colibrí. Y yo respondo como las plantas al sonido de sus polinizadores: menos gasto energético y más producción de azúcar. Azúcar saludable. Puro néctar.

Hay libros que están vivos, muy vivos. Respiran. Si prestas atención, si escuchas, si te dejas llevar, eres capaz de escuchar su respiración, puede que incluso te parezca que contienes el aliento para sentir esa inspiración y espiración. En realidad no es que hayas dejado de respirar, es que has acoplado tu respiración a la suya, a la del libro, respiras al unísono. Corres el maravilloso peligro de sufrir contagio emocional con lo que estás leyendo, con las palabras que penetran en ti, compartiendo la emoción que desprenden en una sincronía. Tantos libros, tantas lecturas. Y coincidir.

No me pidáis que dé una forma concreta a esta lectura y a este libro. Lo concreto puede ser muy eficaz en determinadas situaciones pero dejarte llevar por aquello que no tiene forma definida ni reglas es una manera de comprender(se) y reconocer(se). Y es la mía.

"Hay una gran diferencia entre querer realmente algo y creerlo. Me refiero a creer que lo quieres. Si sólo crees que lo quieres, el deseo acaba en el mismo momento en que sientes que lo tienes. Cuando quieres algo de verdad, el deseo comienza en el momento en que sientes que lo tienes."

miércoles, 14 de junio de 2023

El asesino tímido (Clara Usón)

 


"El perdón es un acto de generosidad del ofendido que en nada redime al ofensor" (Clara Usón)

Pues hasta ahora esta cita es lo más destacable del libro (que, por otro lado, tampoco es que sea una idea original. Para comprender qué es el perdón mis referencias son Hannah Arendt y Chantal Maillard). 

Por lo demás, me está recordando muy mucho a cierto libro de Rosa Montero ("La ridícula idea de no volver a verte") en cuanto a estructura narrativa (juego de espejos con Marie Curie en el caso de Rosa Montero y con Ludwig Wittgenstein -también con Sandra Mozarovski, pero menos, y todavía menos con Camus y Pavese- en el caso de Clara Usón)

En mi lectura del libro de Rosa Montero el resultado fue 1-0 a favor de Marie Curie. Mismo resultado para Wittgenstein respecto a Usón. Por cierto, menuda familia más estrambótica y especial la familia Wittgenstein. Que eso es lo que me llevo de este libro: un afán por conocer más de Ludwig y de su increíble familia.

Me ha faltado frescura, menos engañifa. La idea es buena, aunque no original, pero durante la lectura la sensación de impostura no me permitía avanzar con fluidez, me chirriaban cosas que sentía estaban forzadas, como si Usón las hubiera incrustado un poco con calzador. Como un patchwork bien intencionado pero mal rematado, con piezas que no encajan pero que se ven forzadas a convivir por imposición de las manos que las han tejido.

Es lo que hay. 

jueves, 13 de mayo de 2021

La anomalía (Hervé Le Tellier)


Toda realidad es una construcción, por no decir una reconstrucción

¿Cuántos relatos simultáneos puede aceptar un lector?

En estas dos citas de “La anomalía” descansa todo su entramado. El cuestionamiento de lo que llamamos “realidad” y cuántas realidades simultáneas puede aceptar el ser humano (que va a ser no más de una, y a ser posible que entre como un guante en nuestra personal construcción cognitiva de la realidad). Le Tellier coge el concepto “realidad” y lo pone entre interrogantes (“¿realidad?”).

La anomalía” es un pastiche de varios géneros, aunque todos ellos se disfracen de thriller. Y cómo aborda ese pastiche Le Tellier es para mí el problema de este libro, demasiado ambicioso para resolverlo con perfección. Lo cual no lo convierte en mal libro, he de decir.

Pensaba que “La anomalía” precisaría de dos lecturas y quería leerlo de las dos formas posibles. Pero lo cierto es que solo hay una lectura posible porque Le Tellier es muy transparente en sus intenciones y en la estructura de la novela. No hay especial sutileza y todas sus herramientas y juegos literarios son evidentes.

La intención del autor es diáfana: ¿qué pasaría si tuviéramos oportunidad de enfrentarnos a nosotros mismos? Con un matiz importante: hay dos “yo mismo”, y por lo tanto dos “yoes” confrontados, con la no insignificante diferencia que uno de esos “yo” ha vivido tres meses más, tres meses en los que suceden cosas.

El planteamiento es original, atractivo. El problema está en que Le Tellier se toma casi la mitad del libro para presentar a los distintos personajes y deja la segunda mitad para lo que (para mí) tendría que ser el inicio y posterior desarrollo de la trama, con lo cual más que profundizar en las implicaciones de la situación planteada, lo que hay es una exposición apresurada de posibilidades que se quedan en lo obvio, porque además pretende tanto mostrar posibles reacciones individuales (y para ello desarrolla distintos perfiles) como colectivas.

Y lo obvio ya se conoce: cuando la realidad se cuestiona o no sabemos cómo enfrentarnos a ella, la negamos, la distorsionamos, la ignoramos, la eliminamos o la atacamos. Un “sálvese quien pueda” en toda regla.

Resumiendo: Es un libro entretenido y original, pero con un planteamiento ambicioso que se desarrolla superficialmente, aunque con eficacia y corrección “oulipiana”. Numerosas referencias literarias, explicaciones científicas, reflexiones filosóficas y éticas, un desarrollo accesible, una resolución satisfactoria y un ritmo narrativo endiablado. No voy a decir que me ha decepcionado porque lo he leído con fluidez y lo he disfrutado. Entiendo que es difícil pretender llegar a un público numeroso abordando ciertas cuestiones sin rendir pleitesía a lo comercial. Un equilibrio difícil. Un best seller profundo, complejo y de alta literatura sería una anomalía.

Veo una miniserie de Netflix basada en “La anomalía” en cero coma… 

@AnaBlasfuemia

domingo, 10 de enero de 2021

Una Odisea (Daniel Mendelsohn)

 


Una concepción rotunda de cómo es nuestra familia, cuáles son sus puntos débiles y cuáles sus puntos fuertes, los grados relativos de su convencionalidad o excentricidad, su normalidad o su patología, a menudo es imposible de alcanzar mientras no somos lo suficientemente mayores para compararla inteligentemente con las familias de otros; algo que solo empezamos a hacer cuando percibimos que nuestra familia no es, de hecho, el mundo entero

Las familias no son el mundo entero, pero cada una de ellas es un mundo. Con los años he ido creando en mi mente un sentimiento sobre lo que sería para mí esa abstracción, “familia”, cuyo concepto convencional resulta bastante dañino para la sociedad occidental. O dejémoslo en mal gestionado. No voy a enredarme con esto, hablemos del libro, que estará en mi top del 2021.

Si hay un libro que esté en las raíces más profundas de la literatura universal es la “Odisea” de Homero. Cuánto habría cambiado la literatura si no existiera la “Odisea” es algo que nunca sabremos, lo que sí parece claro es que su influencia, miles y miles de años después, es evidente. Y esto es así porque es de esos libros en cuyo vientre se gestó la literatura universal. La verdadera literatura.

El libro de Mendelshon es una revisión de la “Odisea”. Pero no sólo eso, hace algo más intrincado y deliciosamente bello, sin dejar de ser ameno: es también la relación del propio autor con su padre además de una crítica literaria y un comentario lúcido, erudito y enriquecedor de la “Odisea. Y sin renunciar a las emociones, que impregnan todo.

Todos los pilares de la “Odisea” de Homero están en esta odisea de Mendelshon: la nostalgia, las relaciones de pareja, las relaciones padres-hijos, la identidad, el hogar, las historias y los recuerdos que compartimos, el paso del tiempo, los aprendizajes. Análisis literario e historia personal de Mendelshon están entrelazados con una inteligencia y una elegancia tal que convierten su lectura en una lectura tan épica como gozosa.

Si no habéis leído la “Odisea”, no importa: Mendelshon os la cuenta de una forma tan inteligente que deseareis leerla. Y si ya la habéis leído es fácil que hagáis lo que yo: releerla.

©AnaBlasfuemia

viernes, 19 de junio de 2020

George Orwell fue amigo mío (Adam Johnson)


Una sola mirada basta para narrar una historia entera

A quienes no sois amantes de los libros de relatos, tengo algo que deciros: un buen relato basta para narrar una historia entera. Y si son seis, como es el caso, tendremos seis historias enteras de gran solidez y una hondura impresionante.

Cada uno de los relatos funciona como una arena movediza: el suelo cede y te absorbe. No hay nada sólido que te sostenga, será la serenidad y la calma, el reparto del peso del cuerpo y el impulso inteligente lo que te permitirá salir de cada arena movediza. No es una sensación desagradable, no deja de ser agua y arena, una especie de barro que te empapa y te empieza a pesar. Si entras en pánico, te tragará. Si mantienes la calma, saldrás de la arena movediza. No del todo indemne, nadie sale ileso de un aprendizaje, y menos aún de los relatos de Adam Johnson.

El agua y la arena de estas seis arenas movedizas están hechas de los dilemas y la moralidad de sus protagonistas, de la soledad en la que se encuentran en la encrucijada de sus decisiones, de cómo se aferran a aquello que eligen, de los que nacen, de los que se hacen y de los que eligen, de los finales como una forma de la libertad ante la imposición de acontecimientos no siempre elegidos.

Gracias a la habilidad, fiabilidad y credibilidad con la que Johnson dota a sus personajes, cada uno de ellos ha supuesto un desafío para mi propia conciencia: a alguno de ellos no quisiera cruzármelo en la calle, pero Johnson me mete dentro y lo más fascinante: los entiendo, porque Johnson proporciona a cada uno de su parcela de humanidad. Y eso me inquieta.

Las cosas más importantes nos las ocultamos a nosotros mismos”, dice la protagonista de “Datos interesantes” uno de los relatos que me noqueó hasta el llanto (más aún al saber que Johnson escribe desde la perspectiva de su propia mujer, que sufrió un cáncer del que se recuperó). Johnson nos muestra en cada relato lo que cada personaje oculta y lo hace con inteligencia y elegancia. Inquietud, perturbación, asombro, desgarro… cada historia deja su huella. Ninguna de ellas será la indiferencia y todas confluyen en el deslumbramiento. 

lunes, 8 de junio de 2020

Felicidades, por cierto (George Saunders)


De lo que más me arrepiento en mi vida es de las situaciones en las que no fui amable

Tengo sensaciones inquietantes con este libro. Y le digo libro porque lo he pagado como tal, aunque apenas sean un par de folios distribuidos hábilmente para vendernos un discurso de George Saunders en el que reflexiona sobre la bondad.

Si algo necesitamos ahora mismo, a la voz de YA, con urgencia, es bondad, amabilidad ¿Cómo no buscarla? ¿Cómo no querer regalarla, expandirla, contagiarla? Y cómo no querer leer sobre ella.

Y aquí viene mi encontronazo con este libro: me parece muy poco bondadoso vender una conferencia de Saunders llena de obviedades y reflexiones muy simples y manidas como un libro en el que se reflexiona sobre la bondad.

En verdad, y siento no ser bondadosa, reflexiones hay pocas. Consejos para jóvenes, sí. En ese sentido, pueden y deben regalar y leer este texto en las puertas de los institutos: háganlo. Es necesario que el futuro (¡el presente!) esté lleno de bondad, amabilidad y empatía. Hay que combatir el egoísmo y el egocentrismo. La amabilidad, según Saunders, llega con la edad, así que les dice a los jóvenes: daos prisa, acelerad el proceso, el egoísmo tiene cura (la amabilidad).

Pero, dicho esto, la comercialización de este discurso dado por Saunders en la ceremonia de graduación de una universidad de Siracusa me parece un claro ejemplo justo de lo contrario que pregona el propio autor.

No ser amable en mi comentario sobre un libro que precisamente habla de la necesidad de serlo me hace sentir especialmente incómoda, debo reconocerlo.

Lo mejor del libro (que, oye, es necesario darle bombo y platillo a la amabilidad, eso no admite discusión) no está dentro, está en la contraportada y es la cita de Henry James:Hay tres cosas importantes en la vida: la primera, ser amable; la segunda, serlo siempre; y la tercera, nunca dejar de serlo

Imaginad que una editorial coge la cita de Henry James, pone cada palabra en una página, adorna la otra un poquito con estrellitas y consiguen sacar un libro de tapa dura de unas 30 páginas por el módico precio de unos 10 euros.

Pues, más o menos, eso. 

jueves, 13 de julio de 2017

Las defensas (Gabi Martínez)

Páginas: 496
Publicación: 2017
Editorial: Seix Barral
ISBN: 9788432229916
Sinopsis: Gabi Martínez reconstruye la historia real del doctor Escudero, un neurólogo que sufrió un brote de locura durante el cual trató de hacer daño a sus seres queridos. Sólo él cree que su diagnóstico es erróneo. La historia del doctor Escudero es la historia de este país desde la Transición hasta hoy; es la visión del sistema de salud, un sistema completamente corporativo y centrado en intereses económicos; es la historia de gente que lucha por conseguir fondos para la investigación médica y también la historia de un hombre corriente, de un luchador que se llevó por delante a su familia en su obsesión por la medicina, y que tuvo que abrirse camino en el sistema médico español contra el bullying, la burocracia y el estrés, para pasar de ser considerado un loco a convertirse finalmente en uno de los médicos más eminentes en su especialidad.

Las etiquetas suelen estar mal colgadas, el drama aparece cuando alguna de ellas te condena más de lo esperado.
La portada: Así, de entrada, no llama mi atención. ¿Un libro sobre boxeo? No, no es para mí. 
De mis dos primos presuntamente bipolares, uno resultó ser poeta.
La contraportada: ¡Ahá! No era lo que parecía. Me interesa la neurología, me interesa la enfermedad mental. Empiezo a ver por las redes sociales muchos elogios sobre el libro y me animo a leerlo. 

Debo de decir que la sinopsis la he tenido que recortar porque la facilitada por la editorial dice más de lo que debe.
La realidad es tan viscosa que no puedo articularla. Hacia afuera, no. Vivo adentro de un modo más extenso que  nunca, porque no aspiro a comunicar. Soy un espectador de mí. Un espectador convencido, sin necesidad de compartir, con el único objetivo de recuperarme. Aunque algunos opinen lo contrario, la recuperación no pasa por hablar demasiado con nadie.
La intrahistoria: He dicho más de una vez que estamos hechos de historias. De muchas historias. Yo no sabría contarme en una sola, tendría que remitirme continuamente a las historias previas, porque todas están concatenadas de una forma u otra. Todas me hacen. Todas ellas soy yo (Las historias son mapas…) Un día alguien me dijo en este blog: “Escribe tu historia, Ana” (Cuéntame una historia…) En verdad muchas veces he pensado, no en escribirla yo, sino en contársela a alguien que la escribiera por mí. Todas las historias que soy. Lo que viene siendo una historia en busca de una autora.

Hace unos años, día de Sant Jordi, Domingo Escudero se acerca a Gabi Martínez y le dice “Tengo una historia que podría interesarte”. Y se la contó. Y Gabi Martínez la escribió. Eso es este libro: la historia ficcionada de Domingo Escudero. 
Quería pensar mi vida sin otras voces. Comprender un poco mejor dónde estaba. Lo entendí al final aunque lo quise desde el principio.
El título: Una vez leído el libro, el título tiene todo su sentido en una doble vertiente: las defensas que nuestro organismo pone en marcha ante una enfermedad autoinmune, y las defensas que nuestra mente pone en marcha ante los sucesos que nos acontecen.

Lo que no me gustó: Demasiadas páginas. No es que no me guste que tenga casi 500 páginas. Es que le sobran unas cuantas en las que repite conceptos y reflexiones o el relato no aporta ni añade ni suma.

Durante casi 180 páginas sentía que no llegaba a ningún sitio, que la historia no avanzaba aunque aparentemente lo hacía. A partir de ahí, también tengo que decirlo, empecé a devorar el libro a un muy buen ritmo, que volvió a declinar en las últimas páginas.
Tu problema es que destacas. La mejor forma de crearse enemigos.
¿Cuál es el problema? A mi modo de ver, Gabi Martínez nos lo quiere dar tan masticado que muchas páginas se van en detalles que terminan por ser repetitivos o innecesarios. No concede nada al lector, esa aportación de quien lee, al que le basta aceptar la sugerencia para dar cuerpo, peso y contexto a lo sutil. No, en este caso no es necesario: todo está explicitado, detallado, digerido y masticado. Quizás, en mi opinión, demasiado.
Hay cinco emociones universales. Felicidad. Tristeza. Miedo. Ira. Asco. Cuatro invocan a lo oscuro. Y sólo una se podría considerar netamente positiva.
Lo que sí me gustó: Sin duda alguna, la visión que aporta de la enfermedad mental. La amplía, nos recuerda que somos algo más que conciencia, alma, esencia, que también está ahí nuestro sistema inmune, nuestro tejido nervioso, nuestra biología, neurología, química… Y nuestra vida.

El enfrentamiento entre neurología/psiquiatría/psicología, sin duda, también me ha resultado muy atractivo y en muchos puntos no he podido menos que asentir.
Hay que preservar la pureza. Es una lección de la poesía.
Hay que preservar la cordura. Es una lección de la vida. Y no es una tarea fácil, no. Obstáculos, todos. Zancadillas, demasiadas. Presiones, infinitas. Demasiado finos los contornos que separan a la cordura de la locura. Demasiado endeble la distancia entre ambas.

Pero más allá de todo esto, también estamos las personas, lo que hacemos con nuestro cuerpo, con nuestros trastornos, rendirnos o luchar, encauzar o descarrilar. Tenemos opciones. ¿Las tenemos? Interesantes reflexiones las que se hace en ocasiones el protagonista, analizándose a sí mismo, lo que le sucede, cómo lo vive, se justifica, cómo intenta explicarlo, normalizarlo, saber cómo lo viven los demás, cómo le ven desde fuera…

Llamativo también el papel de las mujeres en torno al protagonista, Camilo. En verdad, aunque el peso de la lucha contra su enfermedad y los acontecimientos se pone en él, no tengo ninguna duda sobre el papel que las mujeres (parejas, hijas, hermanas, amigas) juegan en el hecho de que Camilo salga vencedor en su lucha contra la enfermedad y el sistema sanitario. 
Hipervida. Yo estaba experimentando algo así. Los arrebatos de júbilo e indignación se encadenaban sin prácticamente intermedios, disparándome hacia estados pasionales tan profundos que me estaban desgastando. Mi ánimo se encontraba demasiado bien o demasiado mal, y anhelaba cualquiera de los extremos como una auténtica droga que e conectaba al mundo intenso. Vivía, y no quería dejar de hacerlo. Por suerte, lo mío nos e trataba de ninguna enfermedad.
No sólo de enfermedad mental habla este libro, también sobre el férreo e inhumano sistema sanitario, aunque yo lo ampliaría al mundo laboral en general, caldo de cultivo para luchas intestinas, guerras internas en las que las zancadillas son el arma más blanda y menos agresiva, un mal menor en comparación con otras puñaladas traperas que se dan con tremenda facilidad en el mundo laboral (y el personal). De ahí al mobbing, un paso. La violenta y silenciosa presión del mundo laboral y social es el detonante de muchos trastornos mentales o, como poco, de amargarnos la vida. En Las defensas, se detalla con acierto (incluso a veces de una forma exacerbada, intimidante e increíblemente brutal) cómo comportamientos de acoso laboral son consentidos por distintos motivos, desde un egoísmo innato, a salvaguardar intereses particulares, pasando por la cobarde comodidad de no meterse en problemas (ajenos, pero no tan ajenos) mirando hacia otro lado.

En definitiva, no fue una lectura fluida debido al exceso de detalles, datos, información, vueltas y revueltas. Pero la calidad narrativa de Gabi Martínez está ahí, en muchísimos fragmentos, manteniendo el pulso hasta llegar a la última página, jugando entre la ficción y la realidad en una combinación en la que no se atisba dónde está una y dónde está otra porque, al fin y al cabo, a todos nos resulta familiar mucho (si no todo) de lo que cuenta, especialmente el entorno laboral, pero también la presión social, invisible pero porculera como nadie…
Observar me salva por ahora.
Y leer me sigue salvando.

(©AnaBlasfuemia

miércoles, 3 de mayo de 2017

Niños en el tiempo (Ricardo Menéndez Salmón)

Páginas: 224
Publicación: 2014
Editorial: Seix Barral
Sinopsis: El final de un matrimonio narrado a través de la muerte del hijo, el relato de una posible infancia de Jesús y el viaje a una isla de una mujer que ha de tomar una decisión trascendental son tres fragmentos de una misma historia que apunta directamente al corazón: la del hecho tan maravilloso como enigmático de que siempre, de un modo u otro, la vida se abre camino.
Puedes leer las primeras páginas AQUÍ.

Aprendió a convivir con la desdicha y su opuesto, que no es la felicidad, sino la falta de acontecimientos. Pues así como lo contrario del amor no es el odio, sino la indiferencia, así lo contrario de la desgracia no es la alegría, sino la calma.
Es audaz Menéndez Salmón. En su prosa y en la construcción de este libro. Tres relatos aparentemente inconexos pero que sospechas que están conectados. En el primero, un matrimonio que se deshace a raíz del fallecimiento de su hijo (aunque da la sensación de que el matrimonio no era muy sólido previamente); en el segundo, una genialidad en la que se devuelve a Jesucristo una infancia robada (una idea brillante, aunque la recreación de esa infancia me deja dudas más que razonables); y en el tercero y último, una mujer en una isla, un viaje para aislarse y tomar decisiones pero, inevitable, produciéndose un encuentro que la ayudará a resolver.
Los pronombres fallan, los sustantivos hieren, los verbos esquivan.
Lo que se nos presenta como tres relatos independientes (La herida, La cicatriz, La piel) cuya ligazón sólo debiéramos conocer en el último de los relatos, salta un poco por los aires al observar la dedicatoria del segundo, una pista demasiado evidente de la conexión que se va a producir.

Me explico: creo que una de las bazas de este libro es no saber que los tres relatos son en realidad parte de una misma historia, descubrirlo mientras avanzas en la lectura. Pero ya de entrada en la sinopsis se nos avisa de este hecho, y además el propio autor nos deja una pista evidente, no nos vayamos a perder.
Hay una honestidad abrumadora en respetar los demonios de aquel a quien amamos.
Dicho todo esto, debo decir que me ha gustado Ricardo Menéndez Salmón. Lo que cuenta y cómo cuenta, aunque todo gira demasiado en torno a Antares y el resto de personajes quedan quizás menos explicados, más desdibujados, aunque con una fuerza y una estela evidente en la historia.

El segundo relato, en el que se intenta dar visibilidad a esa faceta de Jesucristo totalmente desconocida, su infancia, me ha parecido brillante como idea y la he disfrutado, especialmente al principio. Luego me he ido dando cuenta que se dotaba al niño de una serie de acontecimientos, pero no percibía de forma clara cómo los vivía, qué huella le dejaba, qué cicatrices… De hecho, ha sido Lavinia quien me ha robado el corazón y la atención, más que el Jesucristo niño, que seguía misteriosamente invisible para mí.

Aunque para mi gusto el libro tiene considerables altibajos, sin embargo el recorrido de las tres historias trazan un trayecto, una aparente línea recta, desde la desesperación hacia la redención, o al menos una especie de restitución que podemos pensar que es una forma de salvarse. Como si la vida finalmente reparara parte del daño causado.
La oscuridad existe, pero la vida continúa.
Y así es, la vida siempre continúa. Cuando estás en el epicentro del dolor la vida no se va a detener, es posible que mientras lames tus heridas te quedes al margen de la propia vida, pero, finalmente, tú continúas también, por inercia, por supervivencia, porque algo te espera en el camino, en una isla, en un tejado, en un cielo estrellado, en un pez. Quién sabe.

No se me escapa el talento de Menéndez Salmón, su escritura pulcra y prolija, sus lustrosas descripciones, el tono fragmentado, la estética del dolor, la variedad de recursos (evidente y desigual en cada uno de los relatos: excesivo y fiero en el primero, brillante y forzado en el segundo, íntimo y elegante en el último) aunque ha primado mucho la sensación de que la prosa utilizada es alambicada, forzosamente rebuscada y en muchos momentos provocaba que me sacara de las páginas y la lectura. 

La sutileza y belleza en el lenguaje me fascina, pero especialmente cuando me introduce en la historia, me arrastra por ella con naturalidad y fluidez además de con admiración. En este caso sentí que la entorpecía en algunos momentos, que estaba por encima de la historia. Y ese hándicap hace que finalmente sea una lectura engañosamente embaucadora, desigual, con momentos brillantes y otros agotadoramente decepcionantes. Ha sido un quiero y no puedo, Menéndez Salmón no me dejó. Pero casi. Insistiré.

jueves, 7 de abril de 2016

Hacia otro verano (Janet Frame)

Título original: Towards another summer
Traductor: Aleix Montoto
Páginas: 272
Publicación: 1963 (2008)
Editorial: Seix Barral
ISBN: 9788432228407
Sinopsis: La escritora Grace Cleave acepta la invitación de un matrimonio con dos hijos para pasar un fin de semana lejos de Londres, en una casa en el norte de Inglaterra. Mientras lucha por combatir un bloqueo creativo, Grace se siente cada vez más como un pájaro migratorio, y escucha con obsesiva intensidad la llamada de Nueva Zelanda, su tierra natal. Insegura de su capacidad para habitar el mundo, Grace finge ser capaz de ocupar un lugar en la sociedad.


Durante mucho tiempo había notado que no era humana, y sin embargo, era incapaz de sentirse cercana a una especie alternativa; ahora había hallado la solución: era un pájaro migratorio.
Lo que sabía de Janet Frame: una infancia dramática, un diagnóstico erróneo de esquizofrenia, una timidez aterradora, una lectora voraz, un extraño intento de suicidio (¡con aspirinas!). Internada en varios psiquiátricos se libró de una lobotomía (qué salvajada) gracias a que su primer libro de relatos (“The Lagoon and Other Stories”) recibió un premio y el neurocirujano decidió, en un milagroso ataque de sensatez, cancelar la operación. Candidata en varias ocasiones al premio nobel de Literatura, la directora Jane Campion llevó a las pantallas Un ángel en mi mesa, una adaptación de la autobiografía de Janet Frame (y que es la única novela, junto con Hacia otro verano, traducida al castellano). De Hacia otro verano, escrito en 1963, sabía que Janet Frame prohibió que se editara en vida porque consideraba que era demasiado personal y no sería hasta el 2007 que viera la luz. Falleció de leucemia en el 2004.

Con estos mimbres, absolutamente irresistibles para mí, me dispuse a leer Hacia el otro verano. Y cuando llevaba página y media tuve que detenerme. Y tuve que hacerlo porque si quería fluir por este libro era necesario adaptar mi mirada, mimetizarme con el pensamiento de la protagonista, porque Frame no edifica su estilo literario desde una arquitectura tradicional, no hay una disposición reconocible cuando se plasma el pensamiento en palabras, ni siquiera su patrón de reflexiones es el habitual. Las frases y conexiones de pensamiento de Frame son líquidas, aéreas, vaporosas, poéticas, volátiles… Frame es un ave migratoria. Tengo que ser su pensamiento, sus sensaciones, sus imágenes, sus metáforas, sus emociones. Tengo que ser, yo también, ave migratoria. Ya lo he sido antes. Y eso supone renunciar a mis propias barreras. Quedarme indefensa. ¿Quién dijo miedo? Migremos. Volemos. Ir y luego regresar con cada palabra, con cada línea, con cada página. 

Nada era sencillo, conocido, seguro, creíble, identificable. Los límites no eran posibles cuando nada tenía fin, las formas eran circulares y no había principio alguno.
La escritura de Frame es innovadora, creativa, mágica, muy potente. Modifica mi forma de leer, me exige. Y me gusta. Salvo ese dubitativo inicio (por mi parte, no por la suya) y una vez que acepto los pasadizos y los desvíos que me ofrece, leer a Frame es una delicia extraordinaria. Cuando llevo leídas tan solo cuatro páginas, cuatro, tengo que volver a detenerme porque me he llenado de imágenes, de sensaciones, de una prosa incomparable, guapa, compleja y exquisita. Estoy tan despojada de todo, que con esas cuatro páginas quise detenerme y paladear cada impresión, cada huella agitada, cada presentimiento percibido, como si fuera un regalo. Y lo hice consciente de querer recrearme en algo que está aún por venir.

Y lo que vino fue un auténtico goce. Si al principio pensaba que Frame me quería expulsar de las páginas, en cuanto me crecieron las alas y me convertí en pájaro migratorio el libro resulto ser una sinfonía, una canción de cuna que te protege y tranquiliza a la vez. Así me sentí en esta lectura, acogida.

Curioso, porque en realidad de lo que habla Frame es de la extrañeza, de las personas que buscan refugio en la soledad porque no saben cómo comportarse con los demás, qué decir, qué hacer, cómo ser. Personas para las que cada frase que le dirigen desencadena indecisiones, dudas, temores, y hasta bloqueo. Códigos distintos que conviven en un mismo mundo y que hay que descifrar para que no queden al margen. Pero no lo hacemos, intentar descifrar ese código. La minoría es la que tiene que hacer el esfuerzo de adaptarse, siempre (no es lo que yo pienso, es la realidad).

Lo que hizo (entre otras razones) que me sintiera en un espacio confortable, que disfrutara tanto de Hacia otro verano es cómo emite Frame. Emitir en el sentido de arrojar, echar hacia fuera. Y eso hace Frame, echar hacia fuera sus pensamientos, arrojarlos. Puede parecer que en esa expulsión hay cierta violencia, cierta rabia, y sin embargo lo que hay es una cadencia especial, un vuelo sostenido, un espectáculo lleno de metáforas, descripciones, sensaciones… 

No quiero habitar el mundo humano bajo premisas falsas. Es un alivio haber descubierto mi identidad después de la confusión al respecto durante tantos años. ¿Por qué la gente habría de tener miedo si confío en ellos? Pero la gente siempre tendrá miedo y celos de aquellos que finalmente descubren su identidad; es algo que les lleva a considerar la suya, a recluirla, a mimarla, temerosos de que alguien la tome prestada o interfiera en ella, y cuando están enfrascados en el acto de protegerla sufren una conmoción al descubrir que su identidad no existe, que se trata de algo que han soñado y que nunca han llegado a conocer.
Identidad. He aquí el eje, la esencia (una vez más). El epicentro de todo. Identidad. Determinar cuál es tu propia identidad, comprobar que no encaja, luchar por mantenerla o construirte un disfraz. Pero ¿es posible disfrazar tu auténtica identidad? ¿y si te atrapa el disfraz en lugar de liberarte? No encajas. Entonces, o te disfrazas, o te aíslas. El disfraz, la máscara, es algo que no se plantea la protagonista de Hacia otro verano. Intenta conectar, pertenecer, y cada intento es un sufrimiento, un esfuerzo. Elige entonces, una y otra vez, la soledad. Porque cada conversación, cada situación social, es una lucha agotadora. Un fin de semana conviviendo con un matrimonio y sus hijos. Esa es la situación por la que tiene que pasar Grace Cleave. Cómo nos traslada esa situación Janet Frame, cómo desnuda su mente, ese “lugar privado”, es realmente impresionante. Una preciosidad.

Tener una conciencia profunda de una misma, de los funcionamientos internos que nos mueven y a la vez nos paralizan. Sentir de forma tan abrumadora cómo te rompes y haces añicos. Y ser capaz de plasmarlo como lo hace Frame. Grande.

Entremezclados con el fin de semana, acuden, migrando, recuerdos de la infancia de Grace, de una Nueva Zelanda lejana que la reclama. Es en estos recuerdos donde especialmente Frame despliega un léxico fuera de lo común, dispersa metáforas, juegos de palabras, descripciones, humor y una sensibilidad que me ha cautivado. Y que seguramente no se lo ha puesto nada fácil a la magnífica traducción realizada por Aleix Montoto.

Algo especial tiene este libro. No habla de algo cómodo. Su prosa no es de lectura fácil o relajada (en muchas ocasiones tienes que volver atrás, releer, pero lo haces complaciéndote de leer así, como en pliegues, hacia adelante y hacia atrás). Es tan íntimo que sientes que te estás asomando, sin permiso, al alma de Janet Frame. Tu propia timidez (identidad) se reconoce en algunos pasajes de la lectura. Y sin embargo terminas el libro y querrías seguir en él. Quizás sea porque ahora es en los libros, en ciertos libros, donde encuentro acomodo y refugio. 

Encontré mi lugar cuando tenía tres años. Es un recuerdo tan profundo en mi memoria que siempre y nunca cambia... Miré arriba y abajo, a un lado y a otro, y no había nadie. Este es mi lugar, pensé, mientras permanecía de pie, escuchando. El viento gemía en los cables del telégrafo, el polvo blanco se arremolinaba en el camino y yo seguía en mi lugar sintiéndome más y más sola porque los setos de tojo y sus flores eran míos, el camino polvoriento era mío, y también el viento y los gemidos que hacía en los cables del telégrafo. No puedo describir la sensación de soledad que sentí cuando supe que me encontraba en mi lugar; todavía era pronto para ser consciente de la carga que supone la posesión, poseer algo que no se puede regalar o a lo que no se puede renunciar, que se tiene que guardar para siempre.
Nunca, jamás, ni nadie había descrito tan bien y tan preciso lo que se agitó en mí, siendo una mocosa, la primera vez que vi un faro y sentí que los faros eran mi lugar.

Leer a Frame ha sido un desafío, un desafío de los que merece la pena y el riesgo. Un libro para enmarcar.

(©AnaBlasfuemia)


jueves, 18 de junio de 2015

La isla del padre (Fernando Marías)


Páginas: 280
Publicación: 2015
Editorial: Seix Barral
ISBN: 9788432224652
Sinopsis: A mitad de camino entre la memoria y la fantasía, este libro surge a la muerte de Leonardo Marías, cuando su hijo Fernando se deja llevar por la escritura como alternativa al duelo y se adentra sin miedo en cada rincón de sí mismo y de su relación con el inalcanzable personaje que es el padre marino a los ojos del niño, del adolescente, del joven que fue y del hombre que es hoy. Padre e hijo embarcan rumbo al paisaje de la infancia y sus carencias, a la temprana fascinación por la literatura y el cine; un itinerario poblado por piratas y maleantes, por miedos y leyendas, por la presencia de un héroe misterioso que se convierte en referencia vital.

No suelo tener miedo a la hora de enfrentarme a una lectura. Hablo de ese tipo de miedo innato, el que nos protege de correr riesgos innecesarios y nos evita meternos en situaciones desagradables o incómodas (cuanto menos). Lo innato en mí más bien parece el lanzarme de cabeza a esos riesgos innecesarios, es una habilidad que tengo. Sin embargo con este libro tenía ese miedo, tenía dudas. No del libro, sino sobre lo que provocaría en mí. Cierta desazón. Y es que, es evidente, tengo mis puntos débiles. Que últimamente además está más debilitados si cabe. Pero si un libro empieza así:
Los recuerdos son como los libros. Solo importan los que permanecen.

… no queda más que seguir leyendo.

Recuerdos. ¿Quién no los tiene? Algunos decides mantenerlos en algún rincón remoto, oscuro, inalcanzable. Otros están ahí, en el espacio más cercano de la conciencia, a mano. No siempre eliges qué recuerdo convocar, de repente te asaltan a traición, o se deslizan como la lluvia, inesperada pero oportuna. Y otros son como fogonazos, no sabías que ese recuerdo estaba ahí ¿cómo has podido olvidarlo? Es maravilloso recordar, siempre. Si recuerdas es porque has vivido. Pero sobre todo, los recuerdos nos explican a nosotros mismos. De alguna forma, hacen lo que somos.

Vale, que me estoy yendo por los cerros de Úbeda. Y yo vengo a hablar no de mi libro, sino del de Fernando Marías. Pero lo estoy haciendo, eh. El fallecimiento de su padre será el punto de partida. Si una enfermedad puede resquebrajar los muros de una familia, la muerte puede hacer saltar por el aire los cimientos de cada miembro de la misma. Al menos puede hacer que revises esos cimientos. Como la propia sinopsis indica, Fernando Marías “se deja llevar por la escritura como alternativa al duelo”. Pero, ojo, no estamos ante un libro autobiográfico. Si fuera una película, diríamos eso de basada en hechos reales. Y es que es un duelo ficcionado, el matiz novelístico está ahí y lo está de forma deliberada.

Cuando empecé a leer el libro reflexionaba sobre cómo es ese proceso de colocar y ordenar tus propios recuerdos, ese patchwork emocional en el que vas cosiendo distintos retazos de tu memoria. Pero sobre todo me preguntaba por las lagunas, los olvidos ¿cómo rellenarlos? La respuesta es la ficción. Posiblemente en cada recuerdo haya ese punto de ficción, versionamos nuestros propios recuerdos, los dulcificamos, los dramatizamos, los explicamos, los moldeamos… Aunque mantenemos esa fotografía del recuerdo, esa imagen estática y fiel a la realidad, los matices que le añadimos parecen inevitables. Cierta distorsión producto del tiempo transcurrido y nuestras propias vivencias. Al añadirle el sepia a ese recuerdo, algo sumamos, algo que tal vez no estuviera en el momento en que se produce.

La isla del padre es un libro estremecedor que he tenido que leer despacio,  porque al igual que era ineludible que al contar a su padre Fernando Marías se cuente a sí mismo, también lo era que yo me embarcara en mi propio viaje hacia la isla de mi padre. Más allá del impacto literario de esta lectura, lírica, tierna, hay un inevitable impacto emocional. Inevitable porque además hay esa intención de emocionar. Y porque además de estar hechos de historias, también lo estamos de recuerdos.

Fernando Marías en cierta forma se desnuda. Con precaución, cierto, con la red que le da la literatura, pero con la honestidad suficiente como para mirarse a sí mismo sin disimulos ni pretextos. Intuyo que en este libro, que él mismo califica como el mejor que ha escrito, ha encontrado un nuevo camino, una voz propia en la que se siente cómodo. Una voz propia que exige valentía. Y es que este es un libro valiente, valiente y humano.

Cuando termino la lectura no he podido evitar preguntarme ¿cómo recordaré mañana lo que vivo hoy? La respuesta la encuentro en un magnífico párrafo, una imagen muy potente que consigue retener en una cápsula de tiempo-espacio lo que son los recuerdos y cómo somos recuerdos, y que pese a su extensión no me resisto a compartir:
Siempre que me encuentro a bordo del Bilbao-Madrid y siempre que me encuentro a bordo del Madrid-Bilbao siento que se trata del mismo viaje, ida o vuelta, qué más da, entre las dos ciudades de mi vida. Estoy en el tren de 2013 regresando a Madrid tras el funeral de mi padre y rememoro el primer tren de 1975; estoy en el primer tren de 1975 y, estremecido de emoción, miro por la ventanilla mientras enumero mentalmente las películas que haré en mi hermoso futuro; estoy en el tren de 1984 y me siento muy solo y tengo mucho miedo aunque me niego a admitirlo y trato de dispersarlo con ensoñaciones de venideras vivencias grandiosas que lo compensarán todo; estoy en el tren de 2001 y acaban de darme el Premio Nadal y con júbilo de niño inconsciente pienso que he vencido al mundo; estoy en el tren de 1998 y me aplasta el desenamoramiento de la mujer de la que me enamoré dieciocho años atrás; estoy en el tren de 1980 y me acabo de enamorar de una mujer a la cual creo que amaré siempre; estoy en el tren de 1976 y leo de un tirón 'Cien años de soledad' y me parece que es el mejor libro que he leído nunca; estoy en el tren de 1991 y evoco el día muchos años antes en que leí de un tirón 'Cien años de soledad' y me pareció el mejor libro que había leído nunca y al comenzar a releerlo en homenaje a aquel día lo abandono al poco porque me resulta artificioso y ajeno a mí y no quiero destruir el recuerdo de la tarde remota en que mi tren me llevó a conocer a García Márquez; estoy en el tren de 1989 y me digo que he fracasado salvajemente; estoy en el tren de 2013 y mi padre acaba de morir; estoy en el tren de 1977 y voy al encuentro de mi padre, que desde alguna capital extranjera que no recuerdo aterrizará en unas horas en Madrid camino de casa para recuperarse del accidente que en mitad de una tormenta casi lo arroja al mar y lo mata treinta y seis años antes de su muerte verdadera. Estoy en el tren que es todos esos trenes y decido que en este libro el tren será terreno neutral en la guerra del Tiempo, un frágil alambre de funambulista en forma de vía férrea. Todo será presente, todo ocurrirá justo ahora aunque, ahora, justo ahora, todo sea memoria, inasible como ese paisaje que corre al otro lado de la ventanilla.
Todo soy yo, al fin y al cabo.
Estoy en el tren de 1975. Avanzo hacia mi destino.


Emociona. No tengáis miedo a las emociones. Tener miedo a no sentirlas.
Te quiero mucho. Y nunca te lo he dicho.
 

jueves, 11 de septiembre de 2014

¡Vivir! (Yu Hua)

Título original: Huozhe
Traductora: Anne-Hélène Suárez Girard.
Páginas: 240
Publicación: 1992 (2010)
Editorial: Seix Barral
ISBN: 9788432228735
Sinopsis: Después de gastar toda la fortuna de su familia en el juego y en burdeles, el joven Fugui, único heredero de la familia Xu, no tiene otra solución que convertirse en un honesto granjero. Obligado por el Ejército a separarse de su familia, es testigo de los horrores de la Guerra Civil. Años después, tiene que hacer frente a las penurias de la Revolución Cultural. Con un buey como único compañero en sus últimos días, Fugui consigue sobrevivir gracias a su amor por la vida. Esta novela celebra la inalterable voluntad de vivir por encima de las desgracias y los golpes del destino.


Hace tiempo que tenía ganas de estrenarme con este autor. Varios de sus libros me llamaban la atención y si elegí este para empezar es porque me consta que ha sido llevada al cine por Zhang Yimou, un director con un puñado de películas que me han gustado mucho, especialmente en su etapa más crítica con el régimen chino. Y si quería ver la película, considerada una de las obras maestras de este director, lo suyo era leer primero el libro.
 
Yo de joven era un cabronazo hijo de puta.
Lo dice el propio Fugui, no yo. Y me ha venido bien, porque andaba buscándole adjetivos calificativos (truhan, golfo, egoísta, gandul, engreído, machista de mierda, juerguista,  sinvergüenza…) que se ajustaran a esa norma no escrita de no soltar tacos en el blog y ser políticamente correcta. Con lo que a mí me cuesta y lo que me repatean las normas no escritas (y las escritas). Pero como lo dice él, yo lo reitero: de joven Fugui era un cabronazo hijo de puta. Ya me siento mejor, qué alivio.

Te cabreas con Fugui, claro, so tonto. Y, obvio, al principio no te encuentras en él ni empatizas. Pero eso no impide que la lectura fluya gracias al lenguaje utilizado por Yu Hua: ameno y muy sensorial, visual, sonoro. Y no he dicho “fluya” de forma casual, es que mi sensación era de ir deslizándome por la lectura como si navegara por ella. Sin necesidad de remar, cómoda. Y cuando digo que el lenguaje utilizado es sonoro no es una forma de hablar, Yu Hua salpica el relato de onomatopeyas: clic, ptu, catapun, pupum, plis plas, tris tras, patapum, pimpan, mee… Que vistas así seguidas pueden parecer un exceso, pero no, están donde tienen que estar, creando el efecto que quiere crear.

No hay nada casual en este libro, está construido como un reloj suizo, cada pieza en su sitio para construir una historia que te va envolviendo poco a poco hasta que estás dentro. Y no lo esperabas, no. Es una cultura ajena, un tiempo ajeno. Todo lejano. ¿Cómo diantres de repente todo se hace tan real y te toca de forma tan cercana?

Me ha fascinado de este libro dos cosas: que por muy cabronazo que sea Fugui no puedes evitar reírte con él, que no de él. Y es que hay una fusión de drama y comedia en este libro que me ha cautivado de forma insospechada. Porque al principio ese revestimiento divertido, esa despreocupación aparentemente inofensiva en cómo se cuenta todo parece desdramatizar la realidad que nos está describiendo. Y sin embargo, cuando te quieres dar cuenta te estás emocionando como un niño al que acaban de arrebatar su mascota más preciada. Hasta hice pucheros.

Yo sabía que seguir engañándola tampoco era una solución, pero no podía hacer otra cosa: un día era un día, aunque fuera de engaño
Y como consecuencia de esa evolución en la implicación lectora viene la segunda razón: acabas queriendo a ese cabronazo de Fugui. Que parecía que no, que era imposible. Pero le coges aprecio, a él y a toda su extraordinaria familia, sufres con su sufrimiento, te alegras con sus alegrías, luchas con su lucha, sientes húmeda la nuca…. Acabas siendo un miembro más de la familia Xu. Sus inquietudes serán las tuyas, su hambre la tuya. Y su mirada siempre positiva por encima de toda adversidad, acaba siendo la tuya.

Mientras éramos gente del pueblo llano, los asuntos de Estado no es que no nos importaran, pero no los entendíamos. Nosotros obedecíamos al jefe de equipo, y el jefe de equipo obedecía a sus superiores. Lo que dijeran los superiores era lo que nosotros pensábamos y hacíamos.
Y esta es otra grandeza del libro: atravesar la historia de China de la mano del pueblo llano. Con una sencillez nada fácil, y desde el lado de las familias y gentes más humildes, nos pone ante el espejo del sufrimiento de los campesinos. Y el mérito está precisamente en que de esa forma aparentemente simple, Yu Hua no cuenta una historia tan tierna como dura y humana. Y sobre todo (o pese a todo) esperanzadora. Porque ¡Vivir!, vivir, VIVIR, es tener esperanza siempre. Y Fugui siempre encuentra una razón de vida, siempre. Y te conmueves con su fe en la vida, en la ilusión que siempre encuentra, en ese amor por la vida que no es correspondido. Quizás porque amar la vida ya es vivir, o quizás porque el amor, sin más, es así.

El propio autor, Yu Hua, dice que cada vez que ha releído su propio libro no ha podido contener las lágrimas y que no sabe cómo ha sido capaz de escribir un libro como este… ¿Qué voy a añadir yo?

Un libro maravilloso y lleno de ternura que, con vuestro permiso, e incluso sin él, me llevo a mi sección preferida.


martes, 19 de agosto de 2014

Reseñas Express (8)

La resurrección de los muertos (Wolf Haas)
Título original: Auferstehung der Toten
Traductora: María Esperanza Romero Pérez
Páginas: 176
Publicación: 996 (2011)
Editorial: Siruela
ISBN: 9788498415643
Serie: Brenner 01
Sinopsis: En la apacible localidad alpina de Zell am See, en Austria, la vida transcurre más lenta que en el resto del mundo. Allí no se mata a tiros, sino congelando a las víctimas. Ésta es la suerte que corre una pareja de acaudalados norteamericanos que, en una gélida mañana de invierno, es encontrada muerta en un telesilla. La policía pronto se estrella contra el muro de silencio de los lugareños. Sólo una persona podrá arrojar luz sobre este caso: el ex policía Brenner, a quien su desquiciante lentitud le ha valido perder su puesto. Ahora, como detective privado y sabiendo muy bien cómo las gastan en esta provincia austríaca, deberá resolver este caso.


Lo insólito de este libro está en desmarcarse de la habitual novela negra nórdica, especialmente en el estilo narrativo. El narrador, en tercera persona, cuenta al lector directamente la historia, en plan “coleguita”, usando un estilo muy coloquial. Al principio me pareció sorprendente, divertido y original, pero poco a poco se me fue haciendo pesado, sobre todo porque Wolf Haas en realidad no nos plantea una novela negra al uso, ni tampoco el procedimiento policial ni los fallecidos en el telesilla son en verdad lo más relevante del libro. Y además el abuso de lo coloquial, la dispersión del narrador, la falta de concreción, el escamoteo de información por parte del autor para sorprender con el final... ha hecho que el libro, no muy largo, pasara de parecerme interesante y entretenido a bastante tedioso.



Tom, pequeño Tom, hombrecito Tom (Barbara Constantine)
Título original: Tom, petit Tom, tout petit homme, Tom
Traductor: Braulio García Jaén
Páginas: 224
Publicación: 2009 (2011)
Editorial: Seix Barral
ISBN: 9788432209383
Sinopsis: Esta es la conmovedora historia de un niño que parece un adulto y de una madre que parece una adolescente. Tom tiene once años, y Joss, su madre, veinticuatro. Joss sale a menudo, y Tom se queda solo en la viaje caravana en la que viven. Entonces debe valerse por sí mismo. Para comer, se cuela en los huertos de sus vecinos, donde recoge tomates, zanahorias, patatas... Una noche, buscando un nuevo huerto en el que «hacer la compra», Tom encuentra a Madeleine, una anciana de noventa y tres años, tirada en el suelo entre sus coles, llorando, incapaz de levantarse. Sin duda, Madeleine habría muerto, si Tom, el pequeño Tom, no hubiera estado allí...


Niño y abuela. El pequeño Tom y la anciana Madeleine. El niño es majete. La anciana está muy mayor. La madre, pues una madre adolescente. El libro muy flower power y muy happy. El abuso de frases cortas supone un recurso excesivo que no aporta. Se carga la película “La vida es bella”. Imperdonable. Personajes desaprovechados sin una historia compacta detrás. Buenos ingredientes, los junta, pero están mal mezclados, no hay cohesión suficientemente sólida que sostenga la historia. Búsqueda deliberada de la ternura. Se lee bien, fácil. Gustará a muchos, pero a mí me dejó fría. Nunca el tiempo es perdido, pero a veces…


 
El que espera (Andrés Neuman)
Páginas: 152
Publicación: 2000
Editorial: Anagrama
ISBN: 9788433924612
Sinopsis: Una ventana misteriosa, un hospital que enferma, un buscador de escarabajos, un violinista histérico, un galán telefónico, un taxista que cede el volante al pasajero, un intelectual de playa, un vampiro melómano. Las situaciones desconcertantes y los personajes disparatados son el germen de esta gozosa sucesión de juguetones cuentos mínimos, de microcuentos escritos en la tradición de maestros como Virgilio Piñera, Juan José Arreola o Augusto Monterroso.



Si me gusta leer relatos y cuentos es porque me agrada encontrar profundidad sin necesidad de que sea de forma explícita, porque me parece que sugieren más mostrando menos. Un buen relato trata al lector con inteligencia, y le ofrece una herramienta, una excusa para desarrollar imaginación y sensibilidad. Por eso escogí este libro de Andrés Neuman para estrenarme con el autor. Y porque esperar es observar, una actividad que se me da muy bien. Y en este libro de esperas algunas han cumplido su objetivo, pero en el balance final tengo que reconocer que quizás no ha sido la mejor aproximación a Neuman, aunque sí he encontrado lo suficiente como para seguir buscando a este autor.

El plantador de tabaco (John Barth)
Título original: The sot-weed factor
Traductor: Eduardo Lago
Páginas: 1176
Publicación: 1960 (2013)
Editorial: Sexto Piso
ISBN: 9788415601302
Sinopsis: Transcurren los últimos años del siglo XVII, y el desafortunado y torpe Ebenezer Cooke es enviado al Nuevo Mundo desde Londres para hacerse cargo de la plantación de tabaco de su padre y escribir La Marylandíada, un poema épico sobre la vida en la colonia de Maryland.  Durante su odisea, Cooke es capturado por piratas e indios, pierde la herencia de su padre a manos de unos impostores sin escrúpulos, se enamora de una prostituta campesina, es víctima de conspiraciones secretas, tanto por parte de hombres como de mujeres que quieren robarle su virginidad, y tropieza con una extraordinaria galería de personajes traicioneros que cambian constantemente de identidad.


Esta lectura inició su recorrido hace (bastantes) meses. La empecé del tirón, enganchada a las aventuras de Ebenezer Cooke y el increíble y desconcertante Henry Burlingame. Luego decidí ir leyéndolo tal y como unas cuantas personas están leyendo ahora mismo El Quijote: por capítulos, uno ahora, otro capítulo otro día, otro mes… Y no hace mucho lo terminé. Es una lectura titánica, sin duda, pero diría que tan necesaria como el propio Quijote. No en vano son fácilmente comparables. El plantador de tabaco es un compendio de literatura, un homenaje a la misma y al propio Quijote. Es un libro en el que John Barth disfruta contando y que el lector disfruta leyendo. Divertido, aventurero, folletinesco, satírico, épico… Barth sí que engarza bien todos los ingredientes, y además los utiliza todos (y son muy numerosos). Puedo decir sin temor a equivocarme que es una obra maestra cuyo pilar básico es lo bien narrada que está: narrar por narrar y hacerlo bien. Ingeniería literaria. Hay muchas y muy buenas reseñas sobre este libro y a ellas os remito, sólo tenéis que buscar para que os cuenten más y mejor porqué este libro es necesario en la estantería de cualquier amante de la literatura. Hay una edición de 1991 de la editorial Cátedra que te puede costar la vista, recomiendo sin duda esta edición de Sexto Piso, maravillosa.

Los combates cotidianos. Edición integral (Manu Larcenet)
Título original: Le combat ordinaire
Traductor:
Enrique Sánchez Abulí
Páginas: 264
Publicación: 2003 (2009)
Editorial: Norma
ISBN:
9788467902464
Sinopsis: Esta es la historia de Marco, un ya no tan joven fotógrafo que intenta encajar las piezas de la vida: su trabajo, mujer, su hija, su pasado... Esta es la historia de Marco, un recién estrenado padre que intenta descubrir cómo hacerle ver a su hija que la vida es un regalo, sin perder los nervios. Esta es la historia de Marco, que aún no sabe adónde va.


Con los libros ilustrados y los cómics estoy teniendo suerte. Con este me ha pasado una cosa curiosa. Los dibujos no me llamaban mucho, son como de TBO. Y no es que no me gusten los tebeos, tuve la suerte de vivir (literalmente) entre ellos y fueron mi primera aproximación a la literatura. El caso es que por los dibujos no hubiera sido pero el título, de alguna forma, me dejó un montón de sugerencias en la cabeza y por eso lo cogí de la biblioteca. Y fue un acierto. Me gustan las lecturas en las que me reconozco o me hacen pensar. Esta tiene más de lo segundo que de lo primero, pero tenía de ambas: me vi en algunos momentos y me hizo reflexionar muy mucho sobre bastantes cosas: la relación entre el artista y su obra, cómo puede cambiar nuestra opinión sobre alguien a quien apreciamos cuando conocemos su pasado (y si eso es justo o no)… Pequeñas cargas de profundidad que me estallaban en las manos como fuegos artificiales, que no artificiosos. Recorrido personal y crítica socio-política, uno y otra despertaron mi interés y mi agrado. Muchas frases son pequeñas joyas que te guardas para luego contemplar y reconocer y registrar de nuevo su reflejo. Un protagonista vehemente y contradictorio con el que me he identificado. Un encuentro agradable este cómic. Un RRR: Reconocible, Remueve, Real (y eso, para mi perfil lector, es una virtud).

(©AnaBlasfuemia)