Título original: The Gap of the Time
Traductor: Miguel Temprano García
Páginas: 256
Publicación: 2015 (2016)
Editorial: Lumen
ISBN: 9788426402806
Sinopsis: En el 400º aniversario de la muerte de Shakespeare, Lumen se une al proyecto internacional iniciado por Hogarth en Reino Unido, en el que diversos escritores ilustres revisitarán las obras del dramaturgo, para reinventarlas con su pluma y sello personal.
Jeanette Winterson traslada Cuento de invierno a nuestros días. Combinando diferentes microhistorias con personajes extravagantes, El hueco del tiempo constituye una formidable metáfora sobre el deseo universal de cambiar el pasado para deshacer lo ocurrido.
A la luz del siglo XXI, los personajes de Shakespeare renacen en las manos de Winterson y nos invitan a una magnífica reflexión sobre la memoria, el tiempo, la identidad, la culpa, el perdón y las pasiones y debilidades que nos asaltan: Xeno, un joven que juega a ser un Superman capaz de volar al pasado para salvar a Lois Lane. Perdita, una muchacha fruto de un matrimonio truncado que dice no haber conocido a su madre. Leo, un hombre obsesionado con la supuesta infidelidad de su ex mujer y que se niega a reconocer a su hija, incluso cuando la evidencia de un test genético demuestra su paternidad.
Tengo que encontrar una explicación a todo esto. Encontrarle un sentido. Y me da una pereza abrumadora hablar de este libro.
Jeanette Winterson me contó. Contó quién era yo en La niña del faro. Pew y Silver empezaron a restituirme. Yo no lo sabía, pero además La niña del faro fue un principio. El principio de algo asombroso. Y en El powerbook Winterson lo volvió a hacer y volvió a contarme. Y me contó el final de ese principio.
Wintersoniana hasta la muerte. Nadie como ella zarandea tanto mi vida al leerla.
Inesperadamente me encuentro con El hueco del tiempo. ¿Cómo? ¿y este libro? Así, surgido de la nada. Zas, lo cogí. E incluso se adelantó a todos los libros de Winterson pendientes de leer.
Joder, Winterson. Podrías habértelo ahorrado. No hacernos esto. No hacértelo a ti. De verdad, no era necesario. No lo necesitas.
Todos los libros tienen su historia. Este también la tiene. Comenzó siendo una lectura con, junto a, otra wintersoniana. Leer a Winterson con alguien que lee similar, y a quien Winterson también remueve. Fantástico. Prometedor.
Empezamos la lectura. Y el asombro es mayúsculo. ¿Dónde está Winterson? Desconcierto. El lápiz permanece inalterable al lado del libro. ¿Estoy leyendo a Winterson y no encuentro nada que subrayar? Hay citas que parecen sacadas de un mercadillo de todo a un euro y para encima Winterson parece haber cogido alguna especie de oferta tipo “cien frases por diez céntimos”. Toc, toc, toc… ¿Winterson, estás ahí? ¿Dónde están tus grandes citas, esas que me hacen tambalear, tus aforismos, tu estructura no lineal, tu escritura bella y poética, tus personajes ambiguos? ¿Cómo puedo estar leyendo un libro tuyo lleno de lugares comunes y personajes tan masculinos?
Seguí leyendo el libro rabiosa. Entre el cabreo más absoluto y el aburrimiento. No entendía nada. Carajo, si es que hasta hay una persecución en coche, a dos ruedas y todo. En este punto, aplazamos la lectura. El mar y este libro de Winterson son incompatibles. Del aplazamiento pasamos al abandono. Yo decido terminarlo por una única razón: venir aquí y advertir a quien espere encontrar la sensibilidad de Winterson en este libro: ¡vade retro! Este libro no lo ha escrito Winterson. Digan lo que digan. NO es Winterson.
Es un libro de encargo. No sé si con esto lo digo todo o no digo nada. Una versión del Cuento de invierno de Shakespeare en el que la imaginación ha sido devorada por el espíritu de un conejo muerto a manos de la propia Winterson. Y además está escrito en el año en el que Winterson se casó con su mujer. Estaba pensando en otras cosas, seguro. Siendo un poco generosa diré que en la última parte del libro Winterson parece tomar conciencia de sí misma y como que se deja ver. Demasiado tarde.
Es curioso. Este libro gustará. Gustará a quienes no hayan leído nada de Winterson, y más aún a quienes haya leído algo suyo y no comulguen con ella. Es triste, más que curioso, pero así es.
Pero Winterson nunca me deja vacío. La no lectura con, junto a, de este libro terminó por llevarme a otra lectura, que ha dado lugar a muchas más conexiones. Al final, queriendo o sin querer, Winterson siempre me vincula con alguien.
Traductor: Miguel Temprano García
Páginas: 256
Publicación: 2015 (2016)
Editorial: Lumen
ISBN: 9788426402806
Sinopsis: En el 400º aniversario de la muerte de Shakespeare, Lumen se une al proyecto internacional iniciado por Hogarth en Reino Unido, en el que diversos escritores ilustres revisitarán las obras del dramaturgo, para reinventarlas con su pluma y sello personal.
Jeanette Winterson traslada Cuento de invierno a nuestros días. Combinando diferentes microhistorias con personajes extravagantes, El hueco del tiempo constituye una formidable metáfora sobre el deseo universal de cambiar el pasado para deshacer lo ocurrido.
A la luz del siglo XXI, los personajes de Shakespeare renacen en las manos de Winterson y nos invitan a una magnífica reflexión sobre la memoria, el tiempo, la identidad, la culpa, el perdón y las pasiones y debilidades que nos asaltan: Xeno, un joven que juega a ser un Superman capaz de volar al pasado para salvar a Lois Lane. Perdita, una muchacha fruto de un matrimonio truncado que dice no haber conocido a su madre. Leo, un hombre obsesionado con la supuesta infidelidad de su ex mujer y que se niega a reconocer a su hija, incluso cuando la evidencia de un test genético demuestra su paternidad.
Se necesita muy poco tiempo para cambiar toda una vida y toda una vida para comprender el cambio.No.
Tengo que encontrar una explicación a todo esto. Encontrarle un sentido. Y me da una pereza abrumadora hablar de este libro.
Jeanette Winterson me contó. Contó quién era yo en La niña del faro. Pew y Silver empezaron a restituirme. Yo no lo sabía, pero además La niña del faro fue un principio. El principio de algo asombroso. Y en El powerbook Winterson lo volvió a hacer y volvió a contarme. Y me contó el final de ese principio.
Wintersoniana hasta la muerte. Nadie como ella zarandea tanto mi vida al leerla.
Inesperadamente me encuentro con El hueco del tiempo. ¿Cómo? ¿y este libro? Así, surgido de la nada. Zas, lo cogí. E incluso se adelantó a todos los libros de Winterson pendientes de leer.
Joder, Winterson. Podrías habértelo ahorrado. No hacernos esto. No hacértelo a ti. De verdad, no era necesario. No lo necesitas.
Todos los libros tienen su historia. Este también la tiene. Comenzó siendo una lectura con, junto a, otra wintersoniana. Leer a Winterson con alguien que lee similar, y a quien Winterson también remueve. Fantástico. Prometedor.
Empezamos la lectura. Y el asombro es mayúsculo. ¿Dónde está Winterson? Desconcierto. El lápiz permanece inalterable al lado del libro. ¿Estoy leyendo a Winterson y no encuentro nada que subrayar? Hay citas que parecen sacadas de un mercadillo de todo a un euro y para encima Winterson parece haber cogido alguna especie de oferta tipo “cien frases por diez céntimos”. Toc, toc, toc… ¿Winterson, estás ahí? ¿Dónde están tus grandes citas, esas que me hacen tambalear, tus aforismos, tu estructura no lineal, tu escritura bella y poética, tus personajes ambiguos? ¿Cómo puedo estar leyendo un libro tuyo lleno de lugares comunes y personajes tan masculinos?
Seguí leyendo el libro rabiosa. Entre el cabreo más absoluto y el aburrimiento. No entendía nada. Carajo, si es que hasta hay una persecución en coche, a dos ruedas y todo. En este punto, aplazamos la lectura. El mar y este libro de Winterson son incompatibles. Del aplazamiento pasamos al abandono. Yo decido terminarlo por una única razón: venir aquí y advertir a quien espere encontrar la sensibilidad de Winterson en este libro: ¡vade retro! Este libro no lo ha escrito Winterson. Digan lo que digan. NO es Winterson.
Es un libro de encargo. No sé si con esto lo digo todo o no digo nada. Una versión del Cuento de invierno de Shakespeare en el que la imaginación ha sido devorada por el espíritu de un conejo muerto a manos de la propia Winterson. Y además está escrito en el año en el que Winterson se casó con su mujer. Estaba pensando en otras cosas, seguro. Siendo un poco generosa diré que en la última parte del libro Winterson parece tomar conciencia de sí misma y como que se deja ver. Demasiado tarde.
Es curioso. Este libro gustará. Gustará a quienes no hayan leído nada de Winterson, y más aún a quienes haya leído algo suyo y no comulguen con ella. Es triste, más que curioso, pero así es.
Pero Winterson nunca me deja vacío. La no lectura con, junto a, de este libro terminó por llevarme a otra lectura, que ha dado lugar a muchas más conexiones. Al final, queriendo o sin querer, Winterson siempre me vincula con alguien.
El amor. Su dimensión. Su escala. Inconcebible. Inmenso. El amor que sentías por mí. El amor que sentía por ti. El amor que nos profesábamos. Real. Sí. Aunque me abra paso en la oscuridad con una linterna. Soy testigo y prueba de lo que sé: este amor.(©AnaBlasfuemia)
El átomo y el ápice de mi vida.