Mostrando entradas con la etiqueta Reto Escritoras Únicas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reto Escritoras Únicas. Mostrar todas las entradas

domingo, 30 de noviembre de 2014

Reto de Escritoras Únicas: Zelda Fitzgerald


Zelda Fitzgerald (Montgomery, Alabama, Estados Unidos, 1900 - 1948)… ¿Quién es Zelda? ¿Qué hace aquí?. Zelda Fitzgerald, nacida Zelda Sayre fue una escritora estadounidense. ¿Escritora? ¡Pero si sólo escribió un libro, Ana!. Pues yo digo que un libro ya hace a una escritora. Incluso ninguno. Pero como Zelda escribió uno, opté por incluirla en la lista de Escritoras Únicas. Una escritora única que escribió un único libro.

Que no se me olvide deciros que fue esposa y musa de Francis Scott Fitzgerald, escritor que espero sea más conocido por los visitantes de este blog. Relación que, inevitablemente, marcó su vida. La de ambos.

Zelda fue una mujer única también, moderna y adelantada a su tiempo, a sus tiempos, vivió y reivindicó la vida desenfadada de los años 20: fiestas, bailes, alcohol, literatura, jazz, viajes, pintar, creatividad… Una vida vivida a tope, cada día una aventura. Sin freno. No fue él el infiel. Fue ella. ¿Infidelidad? Cuántas cosas se podrían decir de lo que significa ser fiel o infiel. En cualquier caso, sería el amante quien deja a Zelda y Scott Fitzgerald el que la acoge de nuevo, disculpándola. Y retoman su ritmo frenético de fiestas, peleas, escándalos, alcohol…
Zelda era una mujer llena de energía, energía que necesitaba ser liberada y vivida. Y eso hace: vivir al día, como si no hubiera mañana. No lo hay. No hay futuro. Con 30 años sufre una depresión. Más tarde, le diagnosticarían esquizofrenia. Tuvo dos intentos de suicidio: el primero cuando la abandona su amante. El segundo cuando, celosa de la estrecha relación entre Scott y Hemingway, acusa a su marido de homosexual y de tener el pene pequeño… Scott se acuesta con una prostituta para demostrar lo hombre que es y Zelda se tira por unas escaleras (no se rompe nada, el corazón ya lo llevaba roto).

La depresión de Zelda cada vez es más grande, comienza a ingresar en psiquiátricos. Le diagnostican esquizofrenia. Curiosamente la enfermedad y los sucesivos ingresos despiertan su creatividad. Escribe Resérvame el vals, el único libro que escribió. Algo que no sentó nada bien a Scott Fitzgerald, porque el libro de Zelda (autobiográfico) contiene mucho material del que él estaba usando para escribir Suave es la noche. Scott la obliga a eliminar capítulos y la ayuda a reescribirlo. Aunque, digo yo, si ambas novelas eran autobiográficas y hablaba de ellos ¿no es normal que hablaran de lo mismo?. Pues no lo sé. Habrá que leer ambos libros para saber. En cualquier caso, una vez que Scott dio el visto bueno a la novela de Zelda, él mismo escribiría a su editor: “Aquí está la novela de Zelda. Ahora es una buena novela, quizá una muy buena novela. Tiene los defectos y las virtudes de una primera novela… Se trata de algo absolutamente nuevo.

Scott y Zelda seguirían teniendo encuentros y desencuentros. Ella intentaría volver a pintar. Entra y sale de psiquiátricos. Entra y sale de la vida de Scott. En 1940 fallece Scott, víctima de un infarto. Zelda no acudirá a su entierro. Sus ataques e ingresos a los psiquiátricos cada vez son más frecuentes. En 1948 en el hospital psiquiátrico en el que está ingresada se produce un incendio. Fallecieron 9 personas, Zelda era una de ellas.

Y como diría mi madre: así se escribe la historia.

Con Zelda Fitzgerald termina mi lista del Reto de Escritoras Únicas. Todas ellas mujeres, escritoras y únicas. Para mí ha sido un lujo y un placer conocer más a alguna de ellas y mejor a otras que ya conocía. Cualquiera de las 30 escritoras en total (de las tres listas), todas, deben de ocupar un lugar en nuestras estanterías.

Nota: Tengo el blog ligeramente en standby. Y, os habréis dado cuenta (o lo mismo no…), que no visito vuestros blogs ni, por tanto, os comento. Iré retomando poco a poco. Ahora las manecillas del reloj son de plastilina y el tiempo tiene otro compás. Volveré. A ritmo de plastilina.



martes, 11 de noviembre de 2014

Suite Francesa (Irène Némirovsky)

Título original: Suite Française
Traductor: José Antonio Soriano Marco
Páginas: 480
Publicación: 2004 (2005)
Editorial: Salamandra
ISBN: 9788478889822
Sinopsis: Novela excepcional escrita en condiciones excepcionales, Suite francesa retrata con maestría una época fundamental de la Europa del siglo XX. Imbuida de un claro componente autobiográfico, Suite francesa se inicia en París los días previos a la invasión alemana, en un clima de incertidumbre e incredulidad. Enseguida, tras las primeras bombas, miles de familias se lanzan a las carreteras en coche, en bicicleta o a pie. Némirovsky dibuja con precisión las escenas, unas conmovedoras y otras grotescas, que se suceden en el camino: ricos burgueses angustiados, amantes abandonadas, ancianos olvidados en el viaje, los bombardeos sobre la población indefensa, las artimañas para conseguir agua, comida y gasolina. A medida que los alemanes van tomando posesión del país, se vislumbra un desmoronamiento del orden social imperante y el nacimiento de una nueva época. La presencia de los invasores despertará odios, pero también historias de amor clandestinas y públicas muestras de colaboracionismo.

¿Por dónde empezar? Por el principio, Ana. Irène Némirovsky es una de las autoras del Reto de Escritoras Únicas, concretamente está en la lista de Marilú. Quería acercarme a Némirovsky con este libro, por la historia especial que le rodea y que todo el mundo conoce: Se trata de una obra que fue concebida inicialmente como una composición en cinco partes, de las que Némirovsky sólo consiguió escribir dos antes de ser llevada al campo de exterminio de Birkenau, donde sería asesinada el 17 de agosto de 1942. Las dos partes que consiguió escribir son Tempestad en junio y Dolce. Se completa Suite Francesa con Notas manuscritas de Irène Némirovsky y Correspondencia 1936-1945.

De entrada nos encontramos con un Prólogo de Myriam Anissimon que, aleluya, es realmente un prólogo, no destripa nada, pero cumple magníficamente su función de ubicarnos en cuanto a la espeluznante situación que convirtió esta Suite Francesa en una obra inconclusa. Por un lado hace una breve pero atinada biografía de Irène Némirovsky, con atinadas reflexiones de en qué situación emocional fue escrita esta Suite Francesa; y por otro, conocemos también las no menos excepcionales circunstancias que provocaron que este libro no fuera publicado hasta 2004.

El Prólogo tiene la gran virtud de, con brevedad y precisión, conseguir ponernos la piel de gallina y empezar a leer con el espíritu necesario para que esta lectura sea excepcionalmente cercana y emotiva. Crea el clima adecuado para adentrarte en el libro.

Tempestad en junio es fundamentalmente un lienzo, con diversas imágenes de la huida de los franceses de los bombardeos alemanes, el retrato de un éxodo, pinceladas de una huida caótica, una crónica probablemente sesgada y parcial (porque al fin y al cabo sólo tenemos una visión parcial de aquello que vivimos) en la que Némirovsky pone en marcha su ironía y no escatima nada al mostrarnos la miserable naturaleza humana haciendo aparecer la frivolidad en medio del drama, vanidad fruto del egoísmo y del “sálvese quien pueda”. Podría habernos mostrado el lado más solidario, empático y valiente, la imagen del luchador y del resistente, pero decide hacerlo del más mezquino, posiblemente porque es lo que había a su alrededor.

En Dolce nos encontramos en una Francia ocupada en la que vencederos y vencidos, alemanes y franceses, tienen que convivir. La narración en este caso transcurre en un orden más cronológico en cuanto a personajes y acción, con una estructura narrativa con principio y (casi) final. Bien es verdad que el final se produciría a lo largo de las otras tres partes de esta suite inconclusa, aun así gracias a las notas del manuscrito y a que Dolce era un apartado ya concluido, no da tanto la sensación de quedarse incompleto.

En Dolce se aprecia la maestría de Némirovsky para trazar el perfil psicológico de los personajes, fundamentalmente a través de sus reacciones. La línea que debería de separar a vencedores y vencidos se difumina ante todo aquello que iguala a los seres humanos: amor, miedo, soledad, belleza, deseo… Si fue decisión de Irène Némirovsky hacerlo así porque narrativamente le interesaba más, mostrando el lado humano de los soldados alemanes, o si realmente es así como se vivió es algo que no alcanzo a saber. Se me hace evidente que algunos soldados nazis fueran humanos e incluso hasta buenas personas, pero que Némirovsky decidiera mostrar más la egoísta crueldad y banalidad de los propios franceses es algo que no conseguí entender.

Porque si algo me ha inquietado ligeramente a lo largo de toda la lectura es la distancia que Némirovsky mantiene respecto a lo que nos cuenta. Sólo se me ocurren dos razones para que esa distancia, ese relato casi periodístico de lo sucedido, esté tan presente: por pura supervivencia, la distancia como una muleta que te sostiene y permite sobrevivir; o por pura ignorancia de lo que realmente estaba sucediendo, un desconocimiento cruel de lo que sucedía en los campos de concentración y una ignorancia absoluta de la existencia de los campos de exterminio. De la existencia de los primeros era consciente Némirovsky, puesto que los menciona, aunque tal vez no tuviera un conocimiento real de lo que sucedía en ellos. Y me temo que de los campos de exterminio supo cuando ella misma perdió la vida en uno de ellos.

Suite francesa se completa con unos Apéndices que incluyen una Correspondencia 1936-1945 y unas impresionantes Notas manuscritas de Irène Nemirovsky. Estas notas manuscritas sí que me pusieron los pelos como escarpias, porque nos hacen a Irène terriblemente cercana, especialmente en cuanto a la construcción del proyecto de las cinco partes que debieran de haber compuesto esta Suite francesa. Escalofriante comprobar que esa distancia también está presente en estas notas manuscritas, aunque igualmente transpira miedo, incertidumbre, tanto por su propio porvenir como el de, principalmente, sus hijas.

Además de esa inquietante distancia respecto a lo relatado (no olvidemos que es una ficción a medias, puesto que estaba contando casi en tiempo real sus propias vivencias y aquello de lo que tenía noticia), no cabe duda que la técnica narrativa de Némirovsky era impecable: ambientación, personajes, descripciones, estructura, ritmo… no sobra ni falta nada, todo está donde debe estar y como debe estar. Quizás me ha faltado algo de alma, un relato más sentido y menos testimonial, una distancia más cercana entre lo que Némirovsky cuenta y lo que estaba, realmente, viviendo. Pero también es un testimonio que nos ayuda a entender más y mejor cómo sucedió todo, cómo se vivió, cómo a veces no ves (no quieres ver) las orejas al lobo hasta que te da la dentellada mortal. Las consecuencias de mirar al otro lado, de actuar como si la realidad fuera otra, más benévola y menos cruel… No se puede huir de la realidad por mucho que la disfracemos o metamos la cabeza en un agujero. Es más, esa realidad que quieres evitar escondiéndote, se hace más grande y poderosa cuando se decide ignorarla o dulcificarla.

Una lectura en definitiva impresionante por todo lo que rodea a esta obra inconclusa, por la técnica de Némirovsky como escritora, su agudeza y su ironía. Sin duda, el valor de este libro está en ser en sí mismo un documento histórico de una época, en la que nos muestra no tanto el lado cruel del Holocausto, sino más bien esas historias dentro de la Historia que son claves para entender cómo y porqué sucedió lo que sucedió. E incluso porqué podría volver a ocurrir.



miércoles, 29 de octubre de 2014

Reto de Escritoras Únicas: Djuna Barnes


Djuna Barnes (Nueva York, 1892-1982) decía de sí misma “soy la más famosa de las escritoras desconocidas”. A fecha de hoy, sigue siendo así, Djuna Barnes es una de las escritoras desconocidas más reconocida mundialmente.

Nacida en un ambiente de artistas, y criada fundamentalmente por su padre y su abuela (sus padres se divorciaron en 1913) no recibió una educación al uso, puesto que su padre no creía en la educación pública, así que fue educada en su casa (lo que ahora se llama homeschooling), donde se le transmitió fundamentalmente amor al arte y a la libertad. No obstante, la propia Djuna pidió poder estudiar arte, posiblemente para salir del encierro al que estaba sometida, un encierro muy artístico, pero que la aislaba del exterior. Claro que algo tendría que ver que a los 16 años fuera violada, presuntamente por un vecino y con consentimiento de su padre, puede que incluso él mismo la violara.

El padre, un espíritu libre, acabaría dejando a Djuna en manos de su abuela. Con 20 años se traslada a Nueva York con su madre y sus hermanos, pese a no tener estudios es una persona con recursos y enseguida consigue trabajo como ilustradora y periodista y se codea en el Greenwich Village con Eugene O’Neill y Gertrude Stein. En 1921 la revista en la que trabajaba la envía a Paris a entrevistar a americanos expatriados y vanguardistas. Djuna era una excelente entrevistadora, moderna y adelantada a sus tiempos.

Sería en Paris donde viviría su época más esplendorosa, frecuentando la amistad de Ezra Pound, James Joyce, Gertrude Stein, Robert McAlmon, Hemingway, Scott Fitzgerald, Natalie Barney, Peggy Guggenheim, Kay Boyle, Eugenio Montale o Janet Flanner (Genet).
Ilustración de James Joyce realizada por Duna Barnes
Cuando llegó a París ya había publicado El libro de las mujeres repulsivas (The Book of Repulsive Women: 8 Rhythms and 5 Drawings, 1915) y alguna obra de teatro. En 1922 realiza una célebre entrevista a James Joyce para el Vanity Fair y posteriormente publica A book. En 1928 publica Almanaque de las damas (Ladies Almanack), una inteligente y brillante sátira sobre el lesbianismo parisino de aquella época.

Su obra más conocida y vanguardista, y sin duda una obra maestra del S. XX es El bosque de la noche (1936), una obra claramente identificada como autobiográfica, donde los distintos personajes son reconocibles como personas que la rodeaban y donde ella misma es identificada como la protagonista, Nora Flood. El bosque de la noche es un libro sobre amores imposibles, la autodestrucción y los riesgos de la noche.

El gran amor (por algunos considerados como su desliz lésbico) de Djuna Barnes fue Thelma Wood (Robin en El bosque de la noche), con quien mantendría una tormentosa relación durante 8 años. Djuna no se consideraba lesbiana, puesto que según ella sólo amó a Thelma, aunque también solía declarar que amaba a las personas y no al género al que pertenecen. Thelma era infiel y Djuna no tenía un carácter fácil, lo que convertía la relación en turbulenta. De hecho, en esa época Djuna Barnes comenzó a beber y pocos años después de publicarse El bosque de la noche, Djuna tenía graves problemas con el alcohol, llegando a intentar suicidarse en 1939 y teniendo que ser ingresada en diversas ocasiones a causa de sus crisis nerviosas.
Djuna Barnes y Thelma Wood
Su amiga y mecenas Peggy Guggenheim (heredera de una gran fortuna al fallecer su padre en el Titanic) le asignó una paga y en 1940 la embarcaría a Nueva York, y su familia la ingresa en un sanatorio, algo que Djuna nunca les perdonó. Finalmente se encerraría en su apartamento de Greenwich Village, donde permanecería aislada los últimos 40 años de su vida. Y lo de encerrarse no es una manera de hablar, se negaba a ver a nadie, especialmente a mujeres. Ni siquiera consiguieron acceder a ella dos ilustres admiradoras de Djuna: Anaïs Nin y Carson McCullers, que aporrearon incesantemente su puerta sin conseguir traspasarla. Hay que decir que Djuna Barnes pensaba que las mujeres eran malas escritoras y que sólo había habido dos buenas escritoras: Emily Brontë… y ella misma.

El carácter de Djuna no era fácil, tenía una personalidad compleja y muy fuerte, apasionada, desorganizada, depresiva, rebelde, libre, inteligente, transgresora, talentosa, perfeccionista y tremendamente sarcástica (en los últimos años de su vida, si le preguntaban cómo estaba contestaba “Desmoronándome, gracias”). Parte de esa desorganizada forma de vivir fue la causante de que no se conociera toda la obra de Djuna en vida y alguna fuera recogida póstumamente, aunque en un momento de su vida permitió que un joven amigo se hiciera cargo de sus finanzas y sus poemas, con lo que se consiguió organizar un poco su producción. Poco antes de fallecer, a los 90 años, tuvo que ser ingresada por desnutrición, no se sabe si se le olvidó comer o si fue un ayuno voluntario…

Marilú nos presenta a Sigrid Undset
Meg nos presenta a Gertrude Stein
http://loqueleolocuento.blogspot.com.es/2013/12/reto-escritoras-unicas.html



jueves, 25 de septiembre de 2014

Reto Escritoras Únicas: George Sand

“Lo verdadero es siempre sencillo, pero solemos llegar a ello por el camino más complicado.” (George Sand)
George Sand es el seudónimo de Amandine Aurore Lucile Dupin, baronesa Dudevant (1804-1876). Nació en Paris, en una familia aristocrática, aunque fue criada por su abuela en Nohant. En el año 1822 contrae matrimonio (con 18 años) con el barón Casimir Dudevant, hombre acaudalado de quien tuvo dos hijos y del que se separó (por aburrimiento) en 1830. Como curiosidad, comentar que, con consentimiento de su marido, durante el matrimonio tuvo muchos amantes y que de uno de ellos, Jules Sandeau, tomó su seudónimo.

Fue republicana en una Francia entonces monárquica, en coherencia con sus ideales feministas y su preocupación por los problemas humanos. Su personalidad se refleja en sus prolíficas obras (más de 140 novelas y varios artículos), que pueden dividirse en cuatro etapas:

1) Novelas idealistas y románticas, en las que defendía un amor libre de las trabas y ataduras del matrimonio
2) Novelas en las que refleja sus ideales sociales y políticos
3) Novelas escritas cuando fue a residir a su casa en Nohant, y que giran en torno a la vida rural y campestre
4) Novelas que suponen una vuelta a su compromiso político y social, abarcando una gran variedad de temas y que suponen su producción de más calidad

Una de las características más conocida de George Sand es su lucha contra los convencionalismos, vestía como hombre, tuvo múltiples amantes, fumaba puros, coqueteó con la política, fue beligerante con la Iglesia…

En 1838 conoció al que fue uno de sus grandes amores, Fréderic Chopin, con quien vivió durante nueve años y del que, cuando se acabó el amor, se despidió a través de una carta que decía “Adiós, mi amigo”. Sería con Chopin con quien visitó Mallorca y allí escribiría Un invierno en Mallorca.
“Amad. Es el único bien que hay en la vida.” (George Sand)
Falleció en 1876, víctima de cáncer gástrico, rodeada de sus nietos y sus muchos amigos, porque quien da amor, recibe, por lo que pudo irse acompañada de sus seres queridos.

Como veis esta vez no os he traído una autora atormentada y con muerte trágica, pero sí con un rasgo común a todas las autoras del reto: una luchadora en una época en la que cualquier lucha de la mujer era impensable. A mí me parece una mujer excéntrica, honesta, valiente y muy admirable.
“Te amo para amarte y no para ser amado, puesto que nada me place tanto como verte a ti feliz.” (George Sand)

Cada vez queda menos para la finalización del reto, AQUÍ podéis ver quiénes han participado hasta ahora. En breve daremos a conocer a qué premios optan los participantes.


miércoles, 30 de julio de 2014

Reto de Escritoras Únicas: Carmen Martín Gaite



Carmen Martín Gaite necesita poca presentación, siendo como es una de las escritoras más conocidas, reconocidas y leídas de nuestra literatura española.

Monumento a Carmen Martín Gaite en la Plaza de los Bandos, Salamanca

Nació en Salamanca en diciembre de 1925. Hija de un notario liberal, su educación inicial fue a cargo de profesores particulares, puesto que su padre no se fiaba mucho de la educación impartida por curas y monjas. Y en Salamanca, y en aquella época más aún, era difícil encontrar colegios laicos. Mientras que su hermana pudo ir a estudiar el bachillerato a Madrid, la guerra impidió que Carmen pudiera hacer lo propio, por lo que hizo el bachillerato en un instituto femenino de Salamanca. Este “encierro” involuntario en una ciudad de provincias como Salamanca le serviría de base para su novela Entre visillos. Salamanca le dio a Carmen Martín Gaite el amor a la literatura y también el escenario de sus primeras obras.

Aunque es de justicia decir que mucho de ese amor a la literatura se lo debía a su padre, gran amante también de la literatura y que tenía entre sus clientes a nada menos que Unamuno. Y también es de justicia decir que la ambientación de Galicia que aparece en muchas obras de Carmen Martín Gaite venía de la procedencia de su madre y de la aldea de Orense en la que pasó muchos veranos: San Lorenzo de Piñor.

Carmen Martín Gaite y Rafael Sánchez Ferlosio (Barcelona, 1957)

Se licenció en Filosofía y Letras y posteriormente hizo el doctorado ya en Madrid, donde conocería (entre otros) a Rafael Sánchez Ferlosio, con quien se casaría en 1953. Es curioso, porque he visto varias fechas del año en el que estos dos autores contrajeron matrimonio: 1953, 1954, 1958. La más fiable parece 1953. Donde hay acuerdo es en el año en el que se separaron: 1970. Aunque la separación fue amistosa, Carmen (que admiraba profundamente a Sánchez Ferlosio) sufrió mucho con la ruptura, nunca volvió a casarse ni a tener una relación larga. Tuvieron dos hijos en común. Un niño que nació en 1954 y falleció al año de meningitis. En 1956 tendrían una hija, Marta.

Quisiera ser delicada en este punto. Pero creo necesario entender que tal vez la vida de Carmen Martín Gaite no fue tan fácil como muchos puedan pensar. Acabo de comentar que la separación de Carmen con Rafael fue amistosa, pero tremendamente dolorosa para ella. Cuando se separaron, Carmen se quedó viviendo con su hija, con la que tenía una estrecha y especial relación. Marta, falleció en 1985. Sobre su muerte hay poca información. Digamos que un caballo cabrón y cuatro putas letras dieron un golpe brutal a Carmen Martín Gaite, arrebatándole a su hija.

Carmen Martín Gaite era única no sólo por ser una gran escritora, sino porque fue también una persona que tenía dudas, miedos, inseguridades, pero también una gran fortaleza, por ello siempre luchó y siempre quiso vivir, en el sentido pleno de la palabra: V-I-V-I-R. Después del fallecimiento de su hija siguió trabajando, más intensamente aún. Y Carmen no sólo fue escritora de novelas: traductora, guionista, ensayista, poeta, investigadora… Mujer inquieta e inteligente, viajar, escribir, aprender, buscar…, y luego contar, ese era su oficio.

La personalidad de Carmen era arrolladora: vital, desenfadada, divertida, simpática, apasionada. Quizá esa imagen ha escondido para muchos una búsqueda continua de sí misma y una mente inquieta, proclive a la intimidad y tremendamente independiente. Tanto, que renunció a ingresar en la Real Academia para no renunciar a su libertad a la hora de escribir, contar y narrar. Con la misma independencia y renuncia a ataduras que decidió dejar de ir a la peluquería, dijo no a la Real Academia de la Lengua…

La literatura para ella fue el filtro a través del cual veía (y creaba) la vida y los recuerdos. Y así concibe Carmen la literatura: no sólo ficción, sino también memoria.. Buscadora infatigable, lúcida y entusiasta, la realidad para ella no tenía límites: estaban los sueños y la fantasía para mirarse en el interior y enriquecer la vida y la escritura.

Carmen Martín Gaite falleció el 23 de Julio de 2000 de un cáncer que se la llevó con 74 años, dejándonos a los lectores, como lo ha hecho también la reciente muerte de Ana María Matute, un poco más huérfanos. Quizás nunca consiguió la felicidad del todo, pero sí nos ha hecho (nos hace) un poco más felices a sus lectores. En su libro Lo raro es vivir, el mensaje es claro: vivir es duro, pero la vida siempre merece la pena (vivir la vida, como contrapunto a vivirla dejándola pasar)

De los Cuadernos de todo (Carmen Martín Gaite)

En mi recuerdo muchas de sus obras (Entre visillos, Retahílas, El cuarto de atrás, Fragmentos del interior, Nubosidad variable, Caperucita en Manhattan, Lo raro es vivir…) están asociadas a su lectura en la misma ciudad en la que ella nació: Salamanca. Una ciudad que me conectó de forma especial e imperecedera a esta autora, no siendo este el único punto de conexión que ha hecho que Carmen Martín Gaite tenga un hueco muy importante en mi bagaje lector y también personal. Llegó a mi adolescencia casi como una revelación, y me ayudó a leer más, a leer mejor y a leer más lejos. En cierta forma, ha puesto su granito de arena en mi “autoconstrucción”. Incluso ha hecho la definición de “lector” con la que más identificada me siento: “Es una mezcla de drogadicto y de excursionista”. Sin duda, es la autora del Reto de Escritoras Únicas con la que me siento más en deuda. Gracias, Carmen Martín Gaite por ser la interlocutora de mi voz interior.
(©AnaBlasfuemia)

miércoles, 25 de junio de 2014

Reto de Escritoras Únicas: Alejandra Pizarnik

 
Esto es difícil. Porque esta Escritora Única que hoy os traigo es poetisa. Y la poesía, no sé muy bien la razón, no es un género frecuentado por muchos lectores. Por algo será que se dice que hay más poetas que lectores de poesía. Tal vez haya que aprender a leer poesía, no leerla como se lee narrativa. Los poemas contienen tantos mundos y sensibilidades que se me hace difícil pensar que se renuncie a ellos explícita y categóricamente.

Alejandra Pizarnik nació el 29 de abril de 1936 en Avellaneda (Argentina). Y falleció un 25 de septiembre de 1972. Vivió, pues, 36 años. Como un poema, en tan pocos años de vida vivió muchos mundos.

Hija de inmigrantes judíos de origen ruso y eslovaco, no tuvo una infancia nada fácil, aunque su familia tenía una posición económicamente acomodada. Su español estaba muy marcado por el acento europeo. Tartamudeaba. Tenía mucho acné y tendencia al sobrepeso. Ah, vale, una infancia como muchas otras, nada que sea especialmente dañino aparentemente, hay muchas infancias plagadas de acnés, incomprensiones, sobrepesos, despropósitos, gafas, tartamudeos, aislamientos, cuerpos desaliñados, torpes… Pero ahí es donde entra en juego la que puede ser nuestra mejor aliada o nuestra peor enemiga: la autoestima. Y la de Pizarnik decidió ser su enemiga. Se obsesionó con su cuerpo y además se flageló y alimentó esa obsesión comparándose con su hermana. De ahí a consumir anfetaminas y volverse adicta a ellas sólo fue un paso. Parece que tenía Trastorno Límite de Personalidad, aunque a mí hay etiquetas que me tientan mucho el cuestionarlas, pero este no es el lugar.

Se tituló en Filosofía y Letras en la Universidad de Buenos Aires, y posteriormente estudiaría Literatura Francesa en La Sorbona. Allí publicó poemas y escribió varias críticas. Y sería allí donde conocería, entre otros, a Julio Cortázar, Rosa Chacel y Octavio Paz. Sería el propio Octavio Paz (¡nada menos que Octavio Paz!) quien le prologaría su cuarto poemario Árbol de Diana (1962).



Era una gran lectora, de esas personas que intentan profundizar y aprender de las lecturas y los grandes autores. Firmemente apolítica (de hecho aborrecía la política, porque su familia europea había sufrido tanto el fascismo como el estalinismo), su punto de mira, el eje sobre el que giraba su vida y sus proyectos, era la literatura.

Alejandra Pizarnik es considerada una de las poetas surrealistas más reconocidas y valoradas de Argentina. Pero sirva esta declaración de la propia Pizarnik para atisbar, aunque sea ligeramente, las contradicciones, luchas internas y búsqueda constante contra las que tenía que combatir: 

En el fondo —escribe el 25 de julio de 1965— yo odio la poesía. Es, para mí, una condena a la abstracción. Y además me recuerda esa condena. Y además me recuerda que no puedo «hincar el diente» en lo concreto. Si pudiera hacer orden en mis papeles algo se salvaría. Y en mis lecturas y en mis miserables escritos.
Este texto me parece como un escaparate en el que Pizarnik se nos muestra desnuda, indefensa y a la vez combativa en ese campo de batalla que fue ella misma. Me recuerda tanto a Única Zürn


El 25 de septiembre de 1972, mientras se encontraba de permiso de su estancia en un centro psiquiátrico, en el que estaba internada por un cuadro depresivo y tras dos intentos de suicidio, Pizarnik se quitó la vida tomando 50 pastillas de Seconal.

Reconozco que he hecho esta entrada desanimada. Porque el objetivo de que nos planteáramos este Reto de Escritoras Únicas era tanto dar a conocer a una serie de escritoras excepcionales como el invitaros a conocer su obra. Pero soy consciente que las “vidas duras” de muchas de ellas, y además en este caso el género en el que se expresó, la poesía, echa para atrás a algunos lectores. Si fuera capaz de transmitiros cómo el conocer la vida de estas autoras ha servido para acercarme a su obra de una forma distinta, de una forma que ha despertado en mí un gran respeto y admiración por lo que leía. Si fuera capaz de haceros llegar lo que ha significado para mí conocer más en profundidad a todas estas autoras (Sylvia Plath, Herta Müller, Marguerite Yourcenar, Charlotte Brontë, Elizabeth Hardwick, Sor Juana Inés de la Cruz, Alfonsina Storni, Rosalía de Castro, Virginia Woolf, Delmira Agustini, Janet Frame, Jane Bowles, Unica Zürn, Dorothy Parker, Irène Némirovsky, Emily Dickinson…) y cómo eso ha cambiado mi forma de leer para hacerla y hacerme mejor, mucho mejor. Si fuera capaz…

Os dejó AQUÍ una entrevista a Alejandra Pizarnik (de 1972). Y AQUÍ un maravilloso y genial blog dedicado a Pizarnik que os recomiendo a quienes queráis conocer más y mejor su obra.


http://loqueleolocuento.blogspot.com.es/2013/12/reto-escritoras-unicas.html

PD: Os recuerdo que el viernes a las 00.00 h. finaliza el plazo para participar en el sorteo activo en este blog (un magnífico libro de Jean Rhys os espera)


jueves, 29 de mayo de 2014

Noches insomnes (Elizabeth Hardwick)

Título original: Sleepless nights
Traductora: María Alcaraz
Páginas: 128
Publicación: 1979 (2009)
Editorial: Duomo
ISBN: 9788492723171
Sinopsis: En Noches insomnes una mujer repasa su vida -la galería de personajes, los variados telones de fondo de los lugares- y elabora un cuaderno de recuerdos, reflexiones, retratos, cartas y sueños. En una vivificante fusión de hechos y ficciones, este libro lírico, endurecido y perfectamente construido, no es sólo una de las mejores obras de Elizabeth Hardwick sino una de las grandes contribuciones a la literatura estadounidense de los últimos cincuenta años.
Podéis empezar a leer el libro AQUÍ.


Junio. Esto es lo que he decidido hacer con mi vida en este preciso mejor momento: me entregaré a este ejercicio de memoria transformada, distorsionada incluso, y viviré esta vida, la que vivo hoy.
Novela, autobiografía, ensayo, experimento literario… No se sabe muy bien, incluso después de haberlo leído, dónde ubicar esta lectura. Sí, usa su propio nombre, sí, está escrito en primera persona. Pero no es muy confesional ni muestra mucho de sí misma, aunque sí de otros. Ella misma reconoce que muchas veces la tercera persona es un disfraz de la primera persona y que mucha ficción es autobiográfica, algo que muchos lectores son capaces de percibir. Así que directamente se quita el disfraz y lo hace en primera persona.

Una lectura inusual, ante la que mis ojos tuvieron que reajustarse a lo que estaba acostumbrada últimamente. Como estoy en plan esponja, absorbo muchas cosas de mi alrededor y, por supuesto, también de lo que leo, así que he sacado mucho de este libro, exigente para el lector, con una estructura aparentemente caótica, cartas, personas, reflexiones, idas y venidas, cambios de ubicación, personas que aparecen (¡Billie Holliday!!, impresionante el lúcido retrato que hace de ella), análisis de mentes y situaciones, sátira a un país, crítica descarada, cambios temporales, tal vez algún ajuste de cuentas, compromiso… No parece haber conexiones en lo que lees, aunque claro que la hay, la conexión es la memoria y quien recuerda.

No, no es una novela. Es un ejercicio literario, un esfuerzo para el lector, incluso un esfuerzo intelectual, que aprovechas y disfrutas si lo lees más como un ensayo y con un espíritu de apreciar el arte y la creatividad. Y si aceptas que hay que entender la literatura como un universo en el que ficción y realidad no tiene, en verdad, límites ni fronteras. Entonces ahí se amplía el prisma y, con él, la mirada.

El proceso de escritura es un misterio incluso para esta inteligentísima mujer, que tiene claro que un primer escrito decepcionante, que incluso debe de ser decepcionante, es sólo el principio de algo; incluso después de varios borradores decepcionantes, seguirá siendo el principio de algo que hay que continuar. Me ha gustado ese planteamiento, que debe de ser aleccionador para quien desee escribir. Incluso como filosofía vital: insistir, persistir, continuar. Nunca abandonar, todo son principios de algo que hay que continuar.

Como digo, no es una lectura fácil, ni por estructura ni por contenido. Hardwick recrea fragmentos de su memoria, una memoria que no es muy de fiar, porque es una memoria transformada, tamizada por una mente inteligente. Como muchos escritores, es una observadora analítica y casi obsesiva de lo que le rodea, y creo que principalmente en este libro se recogen muchas reflexiones que le surgen a partir de aquello que observa. A veces cruel, pero siempre inteligente. Seguir sus pensamientos muchas veces obligaba a los míos a expandirse, algo que siempre agradezco, ensanchar mi percepción de las cosas.

Un libro que leí casi del tirón, aunque en determinados momentos lo tuve que dejar descansar y reposar, porque sentía que no podía seguir expandiendo mi mente para alcanzar lo leído, una tiene los límites que tiene... Pero me pilló en buen momento y conseguí no alternarlo con otras lecturas. Un libro para mentes inquietas que quieran exigirse a sí mismos como lectores, no es una lectura que pueda recomendar salvo por inquietud y curiosidad intelectual o creativa.
El tormento de las relaciones personales. Nada nuevo ahí, excepto el disimulo y la huida a lomos de los adjetivos. Cuán dulce verse atravesada por los puñales al final de los párrafos. Por lo demás, me gusta que las personas a las que quiero me conozcan.
(©AnaBlasfuemia)

miércoles, 28 de mayo de 2014

Reto de Escritoras Únicas: Elizabeth Hardwick


Hoy os traigo a la que posiblemente sea la autora menos conocida de este nuestro Reto de Escritoras Únicas. De hecho es de quien más me ha costado encontrar información.

Empecemos con lo más sencillo: Elizabeth Hardwick nació en Lexington, Kentucky, un 27 de Julio de 1927 y fallecería un 2 de Diciembre de 2007. Su familia, muy estricta, era protestante. Escritora y crítica literaria, ha escrito tres novelas: The Ghostly Lover (1945), The Simple Truth (1955), y Noches insomnes (1979). Una colección de historias cortas, The New York Stories of Elizabeth Hardwick, que se publicó en  2010. Y varios ensayos sobre crítica literaria: A View of My Own (1962), Seduction and Betrayal (1974, un famoso estudio sobre las mujeres en la literatura), Bartleby in Manhattan (1983), and Sight-Readings (1998). En 1961 se editó The Selected Letters of William James y en 2000 se publicó una corta biografía: Herman Melville. Hasta donde sé, en España sólo se ha publicado la biografía de Melville y la novela (que no es tal y mañana lo comentaré) Noches insomnes.

De familia numerosa, reconoce no haber vivido un ambiente intelectual, pero sí estimulante. Sus inicios como escritora surgieron, como en la mayoría de los escritores, del amor por los libros. Si por algo destaca Hardwick, además de por sus incisivas críticas literarias, es por esa pasión por los libros, una pasión que, como ella misma ha dicho, es barata, consuela, distrae, estimula, te da experiencia y conocimiento. Una iluminación moral.

Elizabeth Hardwick fue una figura destacada de la vida literaria y cultural de Nueva York, conocida no sólo por sus ensayos y novelas, sino también porque, con su marido Robert Lowell, fundaron en 1963 el New York Review of Books (una de las publicaciones culturales más importantes de EEUU), junto con un grupo de intelectuales entre los que estaban, por ejemplo, Philip Roth, Elizabeth Bishop y Mary McCarthy.

Se casó con Robert Lowell en 1949, cuando él era considerado un prominente poeta en lengua inglesa, e inspiraría y enseñaría a Sylvia Plath, Ann Sexton o John Berryman. Sin embargo, ya en el viaje de luna de miel, Lowell empezó a sufrir crisis maniaco-depresivas, sometiéndose a diversos tratamientos que no pudieron evitar las diversas crisis, agravadas con el alcohol, que le llevarían finalmente a una dolorosa muerte en 1977.
Elizabeth Hardwick y Robert Lowell
Elizabeth Hardwick y Robert Lowell
Hardwick tenía un sentido de la lealtad muy acentuado, además de poseer una paciencia y una fortaleza sin límites (Lowell le fue infiel en varias ocasiones), por eso había aceptado dedicarse a cuidar a Lowell, anteponiéndolo a la escritura, que dejó en segundo plano. En 1970, Lowell abandona a Hardwick por la también escritora Caroline Blackwood (con la que compartía un desmesurado gusto por el alcohol). Además de sufrir por el abandono, Hardwick tuvo que pasar por la humillación de ver cómo Lowell publicaba unos poemas en los que transcribía llamadas de teléfono y cartas de Hardwick mostrándose angustiada por la separación y deseando volver con Lowell. Cuando Lowell falleció en 1977, este iba en un taxi, de regreso con Hardwick

Durante su separación, Elizabeth Hardwick se sumergió en la lectura de la obra de autoras atormentadas: Sylvia Plath, Dorothy Worsthword o Charlotte Bronte

Consciente de que en las artes hombres y mujeres no son tratados igual, ha sufrido la mala leche ejercida sobre las mujeres escritoras. Dio la cara y defendió a Susan Sontag, oponiéndose al escarnio al que fue sometida cuando habló del comunismo como un fascismo con rostro humano, Hardwick creía que más allá de las consideraciones políticas, el que Sontag fuera mujer, y además una mujer muy inteligente, facilitó o favoreció el escarnio. 

Susan Sontag, Peter Schneider, Elizabeth Hardwick, and Darryl Pinckney
Pese a no abrazar la ideología feminista, en sus escritos siempre ha elogiado a las mujeres, mujeres como su madre, que aceptan la vida sin pensar mucho para qué, haciendo su trabajo en el mundo sin recibir a cambio mucho de los hombres.
Las camareras son las heroínas de mis recuerdos, señoras abandonadas con niños que criar.
Su trabajo se centró especialmente en la crítica literaria, llegando a ser absolutamente venerada y temida a la vez. Brillante, inteligente, libre y afilada. Una mujer única, que además siempre mantuvo un compromiso personal con los pobres y los más débiles.
Cierto, con los débiles siempre pasa algo: improvisación, sorpresa incertidumbre, injusticia, manipulación, hipocondría, tragos a escondidas, celos, mentiras, lágrimas, escondrijos en el jardín, salidas en coche en plena noche. La noción de la historia de los débiles es la más pura de todas.
Podéis ver cómo va la participación en el Reto de Escritoras Únicas haciendo click en la imagen. Os recuerdo que habrá interesantes premios, y más posibilidades a más participación.
(©AnaBlasfuemia)

http://loqueleolocuento.blogspot.com.es/2013/12/reto-escritoras-unicas.html
Reto de Escritoras Únicas
Marilú nos trae a Emily Dickinson
Meg nos trae a Delmira Agustini

miércoles, 30 de abril de 2014

Reto de Escritoras Únicas: Charlotte Brontë

Ufff.. Charlotte Brontë. Hasta ahora al reto he traído a autoras (Margueritte Yourcenar, Herta Müller, Sylvia Plath) que podían ser conocidas para algunas personas, pero para otras muchas no. Pero Charlotte Brontë ya es otra liga. ¿Quién no la conoce o ha leído u oído hablar de Jane Eyre?. Y ¿qué puedo contar yo que no se haya contado ya mil veces o que no se pueda encontrar en un clic?

Charlotte Bronte falleció un 31 de marzo de 1855, de tuberculosis al igual que dos de sus hermanas y un hermano (aunque las causas de su muerte aún parecen no estar muy claras hoy en día) . Con 39 años y nueve meses de casada (con el cuarto hombre que le propuso matrimonio). Su fallecimiento supuso una gran pérdida para su padre, el indómito, austero y excéntrico Patrick, y para su marido el reverendo Arthur Bell Nicholls. Entre ambos no había precisamente un gran afecto, pero el sentido del deber de Arthur le obligó a ocuparse del anciano Patrick hasta el final de su vida.

Patrick Brontë fue a vivir con su familia a la parroquia de Haworth, en Yorkshire. A los pocos años su mujer, la madre de Charlotte fallece de cáncer, quedando Patrick a cargo de sus seis hijos (cinco hijas y un hijo), con la ayuda de su cuñada Elizabeth Branwell. Unos años más tarde, fallecerían las dos hermanas mayores de Charlotte, María y Elizabett, de tuberculosis y después de pasar por una escuela para hijos de clérigos en Lancanshire, donde había unas condiciones insalubres y una alimentación insuficiente. Algo muy habitual en aquella época. Lo que no fue tan habitual es que las hermanas Brontë, muy unidas y todas muy creativas, quisieran escribir y así lo hicieran, algo totalmente atípico para aquella época. Emily y Anne no pudieron disfrutar mucho de sus obras: en septiembre de 1848 fallece el hermano de Charlotte, Brawell, tres meses después lo hace Emily y en mayo de 1849 Anne. Todos ellos de tuberculosis y todos ellos en brazos de Charlotte. ¿Es necesario que añada algo más?


Charlotte Brontë fue una mujer que protegió mucho su vida privada, pues tenía un afán casi paranoico en pasar inadvertida. Ni siquiera le gustaba recibir visitas ni mucho menos hacerlas e incluso tenía cierta antipatía innata por los niños. Al quedarse sola y al cuidado de su padre, se aferra a la literatura, que traerá consigo una fama que no quería. Cuando falleció, y debido a la escasa información que se tenía sobre ella, las especulaciones no tardaron en caer.

Fruto de ese deseo de pasar desapercibida Jane Eyre se publicó bajo el seudónimo de Currer Bell. Lo tenía claro: Currer Bell la autora, Charlotte Brontë, la mujer. Jane Eyre fue una obra que sus contemporáneos consideraron como inquietante. La sensibilidad emocional y la inestabilidad psicológica de Charlotte hallaban salida en sus novelas (cuántas veces estamos viendo esto en las autoras del Reto de Escritoras Únicas). Evidentemente, en la sociedad de aquel momento, el desprecio por el éxito social, lo impredecible de sus juicios políticos, literarios y religiosos perturbaban ligeramente. Y, claro, esas pasiones tan directas que se reflejan en Jane Eyre, la crítica a la sociedad, eran carne de cultivo para el escándalo. Y hoy en día, Jane Eyre es considerada una obra maestra de la literatura y el inicio de un feminismo no político, pero sí liberador.





Charlotte Brontë, y por eso es una Escritora (y una Mujer) Única, tuvo la responsabilidad de cuidar a un padre viudo y problemático, y no precisamente en unas circunstancias fáciles; además tuvo que afrontar la enfermedad y muerte de los miembros de su familia, pero pese a todo ello, mantuvo su integridad moral y su fortaleza.


En una época en la que escribir era cosa de hombres, Charlotte tomó la decisión de escribir y que fuera como autora que se la juzgara y no como mujer. Y además, va y escribe, por ejemplo, Jane Eyre, con una protagonista independiente, decidida e indómita ¿hacen falta más motivos para que Charlotte Brontë esté incluida en el Reto de Escritoras Únicas?

Brocklehurst: ¿Sabes dónde van los malos después de morir?
Jane: Al infierno
Brocklehurst: ¿Y sabes qué es el infierno?
Jane: Un abismo lleno de fuego
Brocklehurst: ¿Te gustaría caer en ese abismo y arder en él eternamente?
Jane: No, señor
Brocklehurst: ¿Y qué debes hacer para evitarlo?
Jane: Estar sana y no morir, señor.  (Charlotte Brontë, Jane Eyre)

(©AnaBlasfuemia)

Reto de Escritoras Únicas
Meg nos trae a Virginia Woolf
Marilú nos trae a Irene Némirovsky
 
http://loqueleolocuento.blogspot.com.es/2013/12/reto-escritoras-unicas.html

viernes, 28 de marzo de 2014

Alexis o el tratado del inútil combate (Marguerite Yourcenar)


Título original: Alexis ou le traité du vain combat
Traductor: Emma Calatayud
Páginas: 168
Publicación: 1929 (1994)
Editorial: Alfaguara
Categoría: Epistolar
ISBN: 9788420427072
Sinopsis: La larga carta que Alexis dirige a su esposa, desmenuzando dolorosamente el inútil combate sostenido entre sus inclinaciones y su vocación, constituye la totalidad de estas páginas. Y a través de ella asistimos al retrato de una voz, como lo ha llamado la misma Marguerite Yourcenar, pero también a la exposición de un tema del que pocos se atrevían a hablar en 1929, fecha en que fue publicado el libro. En un país hoy desaparecido, en un momento en que las circunstancias históricas transforman toda Europa, finalizando con un mundo y una manera de vivir, Alexis se detiene para rendir cuenta de esas mismas transformaciones en carne propia, para finalizar con un engaño y para intentar iniciar un nuevo modo de vida entre millones de seres que, a su vez, también lo inician.

Esta carta, amiga mía, será muy larga. He leído con frecuencia que las palabras traicionan el pensamiento, pero me parece que las palabras escritas lo traicionan todavía más.

Este libro es lo que dice ser: una carta, una larga carta. No hay un intercambio de correspondencia. No hay una carta escrita en distintos momentos, como si fuera una especie de diario. No, es sólo una carta. Larga. Tierna. Triste. Una confesión que se va desplegando poco a poco ante nuestros ojos. Una carta hermosamente escrita, llena de pudor y sutileza (no esperéis encontrar en ella nada explícito, ni siquiera aparece la palabra homosexualidad).

Dicen, se rumorea, que Alexis y Mónica, tenían su versión en la realidad: la pareja formada por Jeanne y Conrad de Vietinghoff (amante, ella, del padre de Yourcenar, y aristócrata homosexual, él)


La carta empieza dubitativa, con miedo a que las palabras escritas no alcancen, no sean suficientes. Pero nuestro protagonista necesita explicarse, necesita desnudar su alma. Porque la felicidad de Mónica, su esposa, le importa. Y además, se siente culpable

soy demasiado culpable para contigo y tengo que obligarme a establecer una distancia entre tu compasión y yo.

Alexis se ha analizado mucho a sí mismo, Y ha observado con lupa todo su recorrido vital hasta llegar al momento en que escribe la carta. Recuerda su infancia con quietud pero reconociendo en ella ciertos toques de alarma (estremecimientos del alma y estremecimientos del corazón)

Hay ciertos momentos de nuestra existencia en que somos, de manera inexplicable y casi aterradora, lo que llegaremos a ser más tarde.

Cuando el deseo se convierte en temor está claro que algo no va bien y que la inocencia deja de ser artífice de la felicidad. Es entonces el momento de irse, tal vez de huir.

Estamos atados por tantas ligaduras al lugar en que hemos vivido que nos parece que al alejarnos será también más fácil alejarnos de nosotros mismos.

Si hacemos un recorrido por nuestras vidas es inevitable encontrarse con vacíos, aquellos que han dejado las ausencias y que en cierta forma condicionan nuestra felicidad.

A medida que van desapareciendo los que hemos amado, disminuyen las razones de conquistar una felicidad que ya no podemos gozar juntos.

Es en la música donde Alexis encuentra su balón de oxígeno, ese aire puro y dulce que todos necesitamos para respirar y descansar de las agotadoras luchas internas. La música, al final, le abre la puerta a la aceptación y con ella, a la serenidad (y cómo entiendo esa pasión por la música y lo que nos da).

La música me transporta a un mundo en donde el dolor sigue existiendo, pero se ensancha, se serena, se hace a la vez más quieto y más profundo, como un torrente que se transforma en lago.

Creo que la música debería ser el desbordamiento de un gran silencio.

La confesión de Alexis es larga y desplegará ante nosotros (ante su mujer, ante él mismo) su largo combate, una lucha desigual contra uno mismo. Desigual porque el perdedor siempre será un parte de ti. Aunque el combate de Alexis se refiere a la aceptación de su propia sexualidad, todos podemos reconocernos en muchos aspectos: soledad, miedos, inseguridades, alejarse y acercarse a aquellos que deseamos/tememos, aceptación, culpas, debilidades,... Es por ello que esta lectura transciende más allá de la homosexualidad del protagonista y su confesión. Al fin y al cabo el combate de Alexis es el combate que todos tenemos con (contra) nosotros mismos, y que tiene que ver más con la aceptación propia que con la ajena. ¿A quién no le suena ese fregado? 

Creíste que bastaba con ser perfecta, para ser dichosa; yo creí que para ser dichoso, bastaba con no ser culpable

Marguerite Yourcenar publicó este libro en 1929. La escribió cuando tenía 24 años (claro que a los 8 años leía a Aristófanes, así que no hay de qué sorprenderse…). En 1963 revisó el libro pensando que se habría quedado desactualizado. Nada más lejos de la realidad, pronto comprendió que seguía siendo un tema que aún en los sesenta provocaba reacciones que hacían que siguiera siendo un tema de actualidad. Y qué vamos a decir de 2014, donde después de notables avances empieza a detectarse un retroceso alarmante (en este y otros muchos derechos sociales). La otra razón que hizo que Yourcenar en su revisión mantuviera el texto tal cual (excepto alguna advertencia de estilo) es que la confidencia y el combate de Alexis está unido a un momento social e histórico concreto y sobre todo está unida al carácter personal de la confesión de Alexis.

Amiga mía, siempre te he creído capaz de comprender, lo que es más difícil que perdonar.
Una lectura necesaria, emotiva y bella, que en mi caso ha sido relectura resaboreada y redisfrutada.