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viernes, 28 de marzo de 2014
Alexis o el tratado del inútil combate (Marguerite Yourcenar)
De Ana Blasfuemia
Título original: Alexis ou le traité du vain
combat
Traductor: Emma Calatayud
Páginas: 168
Publicación: 1929 (1994)
Editorial: Alfaguara
Categoría: Epistolar
ISBN: 9788420427072
Sinopsis: La
larga carta que Alexis dirige a su esposa, desmenuzando dolorosamente el inútil
combate sostenido entre sus inclinaciones y su vocación, constituye la
totalidad de estas páginas. Y a través de ella asistimos al retrato de una voz,
como lo ha llamado la misma Marguerite Yourcenar, pero también a la exposición
de un tema del que pocos se atrevían a hablar en 1929, fecha en que fue
publicado el libro. En un país hoy desaparecido, en un momento en que las
circunstancias históricas transforman toda Europa, finalizando con un mundo y
una manera de vivir, Alexis se detiene para rendir cuenta de esas mismas
transformaciones en carne propia, para finalizar con un engaño y para intentar
iniciar un nuevo modo de vida entre millones de seres que, a su vez, también lo
inician.
Esta carta, amiga mía, será muy larga. He leído con frecuencia que las palabras traicionan el pensamiento, pero me parece que las palabras escritas lo traicionan todavía más.
Este libro es
lo que dice ser: una carta, una larga carta. No hay un intercambio de
correspondencia. No hay una carta escrita en distintos momentos, como si fuera
una especie de diario. No, es sólo una carta. Larga. Tierna. Triste. Una
confesión que se va desplegando poco a poco ante nuestros ojos. Una carta
hermosamente escrita, llena de pudor y sutileza (no esperéis encontrar en ella
nada explícito, ni siquiera aparece la palabra homosexualidad).
Dicen, se
rumorea, que Alexis y Mónica, tenían su versión en la realidad: la pareja
formada por Jeanne y Conrad de Vietinghoff (amante, ella, del padre de
Yourcenar, y aristócrata homosexual, él)
La carta
empieza dubitativa, con miedo a que las palabras escritas no alcancen, no sean
suficientes. Pero nuestro protagonista necesita explicarse, necesita desnudar
su alma. Porque la felicidad de Mónica, su esposa, le importa. Y además, se
siente culpable
soy demasiado culpable para contigo y tengo que obligarme a establecer una distancia entre tu compasión y yo.
Alexis se ha
analizado mucho a sí mismo, Y ha observado con lupa todo su recorrido vital
hasta llegar al momento en que escribe la carta. Recuerda su infancia con
quietud pero reconociendo en ella ciertos toques de alarma (estremecimientos del alma y estremecimientos
del corazón)
Hay ciertos momentos de nuestra existencia en que somos, de manera inexplicable y casi aterradora, lo que llegaremos a ser más tarde.
Cuando el
deseo se convierte en temor está claro que algo no va bien y que la inocencia
deja de ser artífice de la felicidad. Es entonces el momento de irse, tal vez
de huir.
Estamos atados por tantas ligaduras al lugar en que hemos vivido que nos parece que al alejarnos será también más fácil alejarnos de nosotros mismos.
Si hacemos un
recorrido por nuestras vidas es inevitable encontrarse con vacíos, aquellos que
han dejado las ausencias y que en cierta forma condicionan nuestra felicidad.
A medida que van desapareciendo los que hemos amado, disminuyen las razones de conquistar una felicidad que ya no podemos gozar juntos.
Es en la
música donde Alexis encuentra su balón de oxígeno, ese aire puro y dulce que
todos necesitamos para respirar y descansar de las agotadoras luchas internas.
La música, al final, le abre la puerta a la aceptación y con ella, a la
serenidad (y cómo entiendo esa pasión por la música y lo que nos da).
La música me transporta a un mundo en donde el dolor sigue existiendo, pero se ensancha, se serena, se hace a la vez más quieto y más profundo, como un torrente que se transforma en lago.Creo que la música debería ser el desbordamiento de un gran silencio.
La confesión
de Alexis es larga y desplegará ante nosotros (ante su mujer, ante él mismo) su
largo combate, una lucha desigual contra uno mismo. Desigual porque el perdedor
siempre será un parte de ti. Aunque el combate de Alexis se refiere a la
aceptación de su propia sexualidad, todos podemos reconocernos en muchos
aspectos: soledad, miedos, inseguridades, alejarse y acercarse a aquellos que
deseamos/tememos, aceptación, culpas, debilidades,... Es por ello que esta
lectura transciende más allá de la homosexualidad del protagonista y su
confesión. Al fin y al cabo el combate de Alexis es el combate que todos
tenemos con (contra) nosotros mismos, y que tiene que ver más con la aceptación
propia que con la ajena. ¿A quién no le suena ese fregado?
Creíste que bastaba con ser perfecta, para ser dichosa; yo creí que para ser dichoso, bastaba con no ser culpable
Marguerite
Yourcenar publicó este libro en 1929. La escribió cuando tenía 24 años (claro
que a los 8 años leía a Aristófanes, así que no hay de qué sorprenderse…). En
1963 revisó el libro pensando que se habría quedado desactualizado. Nada más
lejos de la realidad, pronto comprendió que seguía siendo un tema que aún en
los sesenta provocaba reacciones que hacían que siguiera siendo un tema de
actualidad. Y qué vamos a decir de 2014, donde después de notables avances
empieza a detectarse un retroceso alarmante (en este y otros muchos derechos
sociales). La otra razón que hizo que Yourcenar en su revisión mantuviera el
texto tal cual (excepto alguna advertencia de estilo) es que la confidencia y
el combate de Alexis está unido a un momento social e histórico concreto y sobre
todo está unida al carácter personal de la confesión de Alexis.
Una lectura necesaria, emotiva y bella, que en mi caso ha sido relectura resaboreada y redisfrutada.Amiga mía, siempre te he creído capaz de comprender, lo que es más difícil que perdonar.
Título original: Alexis ou le traité du vain combat Traductor: Emma Calatayud Páginas: 168 Publicación: 1929 (1994) Editorial: Alfaguara Categoría: Epistolar ISBN: 9788420427072 Sinopsis: La larga carta que Alexis dirige a su esposa, desmenuzando dolorosamente el inútil combate sostenido entre sus inclinaciones y su vocación, constituye la totalidad de estas páginas. Y a través de ella asistimos al retrato de una voz, como lo ha llama…
miércoles, 26 de marzo de 2014
Reto de Escritoras Únicas: Marguerite Yourcenar
De Ana Blasfuemia
Marguerite
Yourcenar se llamaba en verdad Marguerite
Cleenewerck de Crayencour, empezó a utilizar Marguerite Yourcenar (Yourcenar
es un acrónimo de Crayencour) como seudónimo y cuando se nacionalizó en
EEUU lo adoptó como nombre oficial.
Marguerite nació un 8 de junio de 1903 en Bruselas (Bélgica), su madre
falleció a los diez días de su nacimiento, así que su educación corrió
exclusivamente a cargo de su padre, de familia aristocrática, Michel-René
Cleenewerck de Crayencour, quien le enseñaría latín a los 10 años de edad y
griego clásico a los 12. Cuando latín y griego importaban, claro. Tampoco le
daría mucho miedo a Marguerite, que a
los 8 años leía a Jean Racine
y a Aristófanes. La refinada educación de su aventurero padre
sentó las bases del amor de Yourcenar por los viajes y por la cultura,
especialmente la cultura griega y oriental, no obstante, su padre siendo
muy culto, era también de vida alegre,
así que se puede decir que Marguerite fue bastante autodidacta y se creó (o se
inventó) un poco a sí misma.
Michel-René
Cleenewerck de Crayencour con Yourcenar y Barbe (la criada)
Alexis o el tratado del inútil combate fue la primera novela que le publicaron, en 1929.
Diez años después, en 1939, es invitada por su amiga, la traductora Grace
Frick, a Estados Unidos, para huir del ambiente bélico que había en Europa.
En Nueva York daría clases de Literatura comparada y obtendría la nacionalidad
en 1947.
Yourcenar era también traductora (tradujo obras de Henry James,
Yukio Mishima, Constantin Kavafis..), y así es como conoció a Virginia Woolf:
El 23 de febrero de 1937, Virginia Woolf anota en su diario que, el día anterior, la traductora al francés de su novela Las olas había venido a consultarle: "No tengo ni tiempo ni espacio para describir a la traductora, salvo para decir que llevaba unas lindas hojas de oro en su vestido negro; es una mujer que supongo oculta algo en su pasado; dada al amor; intelectual; vive la mitad del año en Atenas; es parte del grupo de Jaloux [el influyente crítico francés]; de labios rojos; tenaz; una francesa trabajadora; amiga de los Margerie; prosaica". Se trata, agrega Woolf apresuradamente, de "una señora o señorita Youniac (?) No es ése su nombre".Su nombre (o el nombre que había elegido) era Yourcenar. Por razones económicas, había aceptado traducir la novela de Woolf; el encargo le brindaba la excusa de conocerla. Años más tarde, Yourcenar describiría aquel encuentro "en las tinieblas, en un salón iluminado apenas por el fulgor del hogar", donde las dos novelistas se hablaron por primera y única vez. Para Yourcenar, la mujer "con cara de joven Parca" era sin duda "uno de los cuatro o cinco virtuosos de la lengua inglesa"; para Woolf, la joven entusiasta era poco más que una interrupción en su ajetreado día. Es posible que la disparidad de sus respectivos recuerdos de aquel encuentro reflejen algo más profundo: dos visiones fundamentalmente distintas del quehacer literario.
En 1951 publicó una de sus obras más conocidas Memorias de Adriano, una obra pionera dentro de la novela
histórica.
En 1980 fue
nombrada miembro de la misógina Academia Francesa ¡la primera mujer! (Ya pertenecía desde 1970 a la Academia belga).
Parece que Marguerite decía que en un momento de su vida dejó de ser una
mujer que escribía para convertirse en un escritor que ocasionalmente era una
mujer. De hecho se la “elogiaba” porque su obra no parecía estar escrita
por una mujer. Iba a discrepar, porque lo que he leído de esta autora me parece
de una sensibilidad muy femenina, pero claro, eso llevaría implícito negar a
los hombres la posibilidad de esa sensibilidad. Y me consta que no es así.
Marguerite era bisexual y de hecho ella y Grace Frick (que sería
la traductora de Yourcenar al inglés) fueron amantes hasta el fallecimiento de
Grace por un cáncer de mama en 1979. No obstante, Marguerite nunca hablaría
abiertamente de esta relación y se refería a Grace como “mi amiga”, incluso
se mostraba bastante irritable cuando le preguntaban por esta relación (odiaba
la palabra homosexual), quizás por
ello acabe declarando en una especie de quiebro para que le dejaran de
preguntar que: “En fin es algo muy
sencillo: primero una pasión; después una costumbre, y al final, sólo una mujer
que cuida a otra mujer enferma”.
Cuando Grace muere, un hombre, Jerry Wilson, un fotógrafo de 28
años, entra en la vida de Yourcenar consiguiendo sacarla de la reclusión y
acompañándola en diversos viajes como secretario y tal vez como amante. Ella
tenía 75 años. Una historia ambigua, puesto que poco antes de que falleciera
Jerry lo hacía el amante de este, Maurice, víctima del Sida, enfermedad de la
que también falleciera el propio Jerry. Hay quien dice que contagiaría a la
propia Yourcenar, pero cuando ni siquiera se sabe si llegaron a tener relaciones
sexuales, sería muy arriesgado afirmar tal cosa. En cualquier caso Jerry no
fue precisamente un compañero ideal, por mucho que Marguerite le
justificara continuamente. Y a mí que me da que en el fondo a Yourcenar le
aterraba la soledad…
Jerry Wilson
Parece que Marguerite Yourcenar era una mujer de grandes pasiones, yo
diría que de pasiones elevadas, y afectos complejos y universales.
Poco dada al yo, su alma era más
propensa a lo universal, quizás por eso protegió su privacidad y sus emociones
con esmero.
Marguerite Yourcenar fue una persona austera, que al igual que el
protagonista de Alexis o el tratado del
inútil combate, se sintió durante toda su vida victima de la pasión y,
por tanto, excluida de la felicidad. Los diarios de Yourcenar y su
correspondencia amorosa no serán públicos, por expreso deseo de ella, hasta el
2037. Han de pasar, pues, 23 años todavía para conocer la verdad de Marguerite
Yourcenar que con tanto empeño se ha esforzado en borrar y postergar. No sé yo
si estaré para esos trotes… No deja de ser curioso, en cualquier caso, que quien
quiso escribirlo todo y dejar testimonio de tantas cosas, preservara tan
fervorosamente su propio testimonio personal.
Obviamente lo que aquí cuento es una aproximación, pequeña y modesta, a
la figura de esta gran mujer que fue Marguerite Yourcenar. Una mujer de gran
inteligencia y cultura que es una imprescindible en el panorama de la
LITERATURA (en mayúsculas). Una mujer fascinante y, seguramente,
fascinadora. Lo que he estado mirando durante estos días, más lo que
conocía (tengo en casa, leída hace mucho, una biografía de Josyane Savigneau “Marguerite Yourcenar. La invención de una
vida”) me ha aportado mucho, porque además de gran escritora fue también
una persona con ideas muy interesantes y nada propensa a la vacuidad. A
quien quiera y pueda le recomiendo profundizar en la vida y obra de Yourcenar..
y esperar a lo que el 2037 nos depare (podemos hacer una quedada para
ese día en que Marguerite Yourcenar se nos desvele ¿no? … y comentamos…)
Marguerite Yourcenar se llamaba en verdad Marguerite Cleenewerck de Crayencour, empezó a utilizar Marguerite Yourcenar ( Yourcenar es un acrónimo de Crayencour ) como seudónimo y cuando se nacionalizó en EEUU lo adoptó como nombre oficial. Marguerite nació un 8 de junio de 1903 en Bruselas (Bélgica), su madre falleció a los diez días de su nacimiento, así que su educación corrió exclusivamente a cargo de su padre , de familia aristocrática,…
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