Título original: Anexo
Páginas: 72
Publicación: 2013
Edición: Toni Segarra
Sinopsis: Un hombre pasa unos días en un pueblo. Tiene que hacer un informe sobre las características de un terreno. La empresa para la que trabaja quiere levantar un hotel. De este informe no leemos ni una palabra. El libro empieza en el anexo, que cuenta algunas cosas extrañas del pueblo. Por ejemplo, que todos los días muere alguien. Que algunos días después reaparece, pero para volver a morir, y a reaparecer. En el anexo el hombre explica que las muertes van a espantar a los turistas, pero que por pocos que sean los que se animen, luego no podrán salir, y van a necesitar un hotel donde dormir. Que podrían pedir lo que les diera la gana por una noche de sábanas limpias y un buen desayuno por la mañana. En un momento el hombre quiere volver a casa, pero está enredado en unos cuantos asuntos con el alcalde. Y tampoco sabe muy bien cómo salir de ahí. En esta historia todos pelean por lo suyo, pero algunos pelean con más fuerza que otros.
Me gusta leer a ciegas, sin saber qué me voy a encontrar. ¿Qué me encontré en Anexo? Al principio en mi cabeza aparecían, como puestas en sordina, las imágenes de una película que me fascina y que tengo por película fetiche, de lo mejor de nuestra cinematografía: Amanece que no es poco. Esa mezcla de humor y situaciones absurdas, el surrealismo, las situaciones disparatadas, el esperpento… Y todo ello con el semblante serio. Vamos, lo más normal del mundo, que nazcan hombres en los bancales, que llueva arroz, que se den clases de ciencias a ritmo de espiritual negro, que se mantenga un monólogo con una calabaza (impagable: «Calabaza, se acaba un nuevo día y, como todas las tardes, quiero despedirme de ti. Quiero despedirme y darte las gracias una vez más por seguir con nosotros. Tú, que podías estar en la mesa de los ricos y de los poderosos, has elegido el humilde bancal de un pobre viejo para dar ejemplo al mundo. Yo no puedo olvidar que en los momentos más difíciles de mi vida, cuando mi hermana se quedó preñada del negro o cuando me caparon el hurón a mala leche, sólo tú prestabas oídos a mis quejas e iluminabas mi camino. Calabaza, yo te llevo en el corazón…»)
Y así, no menos disparatado, en Anexo todos los días muere alguien, pero resucitan y vuelven a morir, cada vez con edades distintas; un personaje que parece imprescindible (Grossman) resulta totalmente inaccesible; un fiscal resuelve los casos con la imaginación… Se enlazan unas situaciones con otras, todas ellas disparatadas, pero bien amalgamadas, como si Nelson Galtero modelara con cerámica una figura elaborada a partir de materiales inverosímiles.
Mientras que en Amanece que no es poco los forasteros que llegan al pueblo pueden irse, en este pueblo recreado por Nelson Galtero no. Hay puerta de entrada, pero no de salida. Y eso ya dice mucho, un pequeño enigma a resolver ¿cómo salir? Inteligente y sutil Nelson…
La lectura me atrapó, y creo que lo hizo por algo de lo que el propio Nelson es muy consciente (pese a lo que diga en el Prólogo): su magnetismo. Tiene ese don. Es un hechizador hipnótico con las palabras, el ritmo que les imprime, las frases que deja caer, por aquí, por allá. Como si leyeras en dos planos: 1) las palabras que estás leyendo, su significado más inmediato. 2) Lo que subyace entre líneas. Lo invisible. Lo que sugiere sin decir, diciendo. Incluso podríamos encontrar otro tercer plano, el de la alegoría. O tal vez todos los planos sean el mismo, porque están amasados con sutileza e inteligencia.
Y, claro, así, lees del tirón. Y ves que, en un corto espacio, un relato breve, aparecen destellos (no por breves menos intensos) de muchos temas, esos que están ahí latiendo en una sociedad que prefiere las adaptaciones de la verdad antes que la propia verdad. Una mirada irónica la de Nelson, que me hizo recordar a Paul Auster. No me preguntéis porqué, que una no es experta en nada, sólo me muevo a nivel de sensaciones, no siempre racionales y explicables en mi caso.
¿Encontraréis la puerta de salida?
Páginas: 72
Publicación: 2013
Edición: Toni Segarra
Sinopsis: Un hombre pasa unos días en un pueblo. Tiene que hacer un informe sobre las características de un terreno. La empresa para la que trabaja quiere levantar un hotel. De este informe no leemos ni una palabra. El libro empieza en el anexo, que cuenta algunas cosas extrañas del pueblo. Por ejemplo, que todos los días muere alguien. Que algunos días después reaparece, pero para volver a morir, y a reaparecer. En el anexo el hombre explica que las muertes van a espantar a los turistas, pero que por pocos que sean los que se animen, luego no podrán salir, y van a necesitar un hotel donde dormir. Que podrían pedir lo que les diera la gana por una noche de sábanas limpias y un buen desayuno por la mañana. En un momento el hombre quiere volver a casa, pero está enredado en unos cuantos asuntos con el alcalde. Y tampoco sabe muy bien cómo salir de ahí. En esta historia todos pelean por lo suyo, pero algunos pelean con más fuerza que otros.
A mí el sarcasmo me parece un trasto victoriano. Pierdes el tiempo decodificando un adorno envenenado, dulce por fuera, lleno de mierda por dentro.Este libro llegó a mí porque Nelson Galtero supo entender que yo leía lo que me daba la gana y cuando me daba la gana. O cuando le da la gana a los libros. Y el libro se armó de paciencia en la estantería. Pequeño. Negro. Casi escondido. Me atrae lo invisible, lo que no se ve tiene más verdad que lo que se ofrece descaradamente a la mirada. Así que lo rescaté pronto de la estantería. Nelson, su Anexo, supo tentarme sutilmente.
Me gusta leer a ciegas, sin saber qué me voy a encontrar. ¿Qué me encontré en Anexo? Al principio en mi cabeza aparecían, como puestas en sordina, las imágenes de una película que me fascina y que tengo por película fetiche, de lo mejor de nuestra cinematografía: Amanece que no es poco. Esa mezcla de humor y situaciones absurdas, el surrealismo, las situaciones disparatadas, el esperpento… Y todo ello con el semblante serio. Vamos, lo más normal del mundo, que nazcan hombres en los bancales, que llueva arroz, que se den clases de ciencias a ritmo de espiritual negro, que se mantenga un monólogo con una calabaza (impagable: «Calabaza, se acaba un nuevo día y, como todas las tardes, quiero despedirme de ti. Quiero despedirme y darte las gracias una vez más por seguir con nosotros. Tú, que podías estar en la mesa de los ricos y de los poderosos, has elegido el humilde bancal de un pobre viejo para dar ejemplo al mundo. Yo no puedo olvidar que en los momentos más difíciles de mi vida, cuando mi hermana se quedó preñada del negro o cuando me caparon el hurón a mala leche, sólo tú prestabas oídos a mis quejas e iluminabas mi camino. Calabaza, yo te llevo en el corazón…»)
Y así, no menos disparatado, en Anexo todos los días muere alguien, pero resucitan y vuelven a morir, cada vez con edades distintas; un personaje que parece imprescindible (Grossman) resulta totalmente inaccesible; un fiscal resuelve los casos con la imaginación… Se enlazan unas situaciones con otras, todas ellas disparatadas, pero bien amalgamadas, como si Nelson Galtero modelara con cerámica una figura elaborada a partir de materiales inverosímiles.
Mientras que en Amanece que no es poco los forasteros que llegan al pueblo pueden irse, en este pueblo recreado por Nelson Galtero no. Hay puerta de entrada, pero no de salida. Y eso ya dice mucho, un pequeño enigma a resolver ¿cómo salir? Inteligente y sutil Nelson…
La lectura me atrapó, y creo que lo hizo por algo de lo que el propio Nelson es muy consciente (pese a lo que diga en el Prólogo): su magnetismo. Tiene ese don. Es un hechizador hipnótico con las palabras, el ritmo que les imprime, las frases que deja caer, por aquí, por allá. Como si leyeras en dos planos: 1) las palabras que estás leyendo, su significado más inmediato. 2) Lo que subyace entre líneas. Lo invisible. Lo que sugiere sin decir, diciendo. Incluso podríamos encontrar otro tercer plano, el de la alegoría. O tal vez todos los planos sean el mismo, porque están amasados con sutileza e inteligencia.
Y, claro, así, lees del tirón. Y ves que, en un corto espacio, un relato breve, aparecen destellos (no por breves menos intensos) de muchos temas, esos que están ahí latiendo en una sociedad que prefiere las adaptaciones de la verdad antes que la propia verdad. Una mirada irónica la de Nelson, que me hizo recordar a Paul Auster. No me preguntéis porqué, que una no es experta en nada, sólo me muevo a nivel de sensaciones, no siempre racionales y explicables en mi caso.
¿Encontraréis la puerta de salida?
Yo aquí sólo veo gente que quiere irse y no puede.Anexo termina con un intrigante epílogo que aumenta mi fascinación por este libro, pequeño en tamaño y generoso en contenido.
No sé ir despacio, tengo que correr. Quizás odio a la gente.(@AnaBlasfuemia)
