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domingo, 17 de noviembre de 2019

El chico que nunca existió (Sjón)


Se entretiene diferenciando la vida real de la sombra de la vida

“El chico que nunca existió” es tal cual lo que dice su título: la historia de un chico que nunca existió. O sí, porque ¿qué vida no se ha vivido ya? Es también la historia de la sociedad islandesa en Reikiavik a principios del siglo XX y cómo afecta a la población la gripe española.

Me ha resultado una lectura extraña y dispersa por la que he avanzado a trompicones, entre la neblina de los difusos límites de la realidad y la imaginación y la mirada oscura y onírica del protagonista. He respirado el ambiente, el clima, el paisaje, los espacios y los personajes creados, pero me he mantenido distante porque no conseguía estar ni entrar dentro de lo que leía, no por ajeno, porque nada me es ajeno, pero sí porque no conseguía ponerme en contacto con la historia.

No he conseguido conectar, ha sido un “yo quería quererte y tú no”. Sjón crea una atmósfera muy cinematográfica, en blanco y negro, pero no logro introducirme en ella, como si me hubiera quedado a ver una película de pie y a una distancia tan alejada de la pantalla que no consigue sacarme de mis propias ensoñaciones ni sentirme cómoda.

La prosa repleta de alegórica fantasía que transmite Sjón no consigue crearme una realidad a pesar de valorar sus intenciones y las brutales y eficaces descripciones de algunas escenas sexuales y las relacionadas con la devastación causada por la gripe española.

Lo leí y lo cuento como un libro que también hizo camino en mi autobiografía de lecturas comentadas. Existió. Y no pudo ser. Eso me suena.

martes, 22 de diciembre de 2015

Secuelas de una larguísima nota de rechazo (Charles Bukowski)

Título original: Aftermath of a Lengthy Rejection Slip
Traductora: María José Chuliá García
Páginas: 29
Publicación: 1983 (2008)
Editorial: Nórdica
ISBN: 9788493669522
Sinopsis: Secuelas de una larguísima nota de rechazo es el primer relato que, con 24 años, escribió Charles Bukowski y fue publicado en Story Magazine. Como todos sus textos, este relato es claramente autobiográfico. De hecho, al poco tiempo de escribirlo se desilusionó con el proceso de publicación y dejó de escribir durante una década. Cuenta de manera magistral los sentimientos de un escritor que continuamente ve cómo son rechazados los originales que envía a revistas y editoriales.

Aprender a leer y leer todo lo que había a mi alrededor fue todo uno. Y a mi alrededor había mucho que leer. Mucho. Y nadie me puso ninguna barrera, ningún freno, nadie me dijo “esto no es para una mocosa como tú”. Afortunadamente. Así que empecé a leer muy fuerte. Sin medida. Todo. Nunca agradeceré lo suficiente a quienes me rodeaban esa ausencia de filtro.

Cuando llegué a Bukowski ya me limpiaba los mocos sola, eso es verdad. De hecho, tendría unos 19 años. La máquina de follar y Erecciones, eyaculaciones y exhibiciones cayeron en mis manos. El desparpajo morboso, la degradación, el vacío existencial… Unas lecturas muy apropiadas para una adolecente que ya andaba perdida por este mundo desde hacía años. A estas alturas ya ni os cuento lo perdida que estoy. De aquellas lecturas recuerdo especialmente haberme encontrado una deliciosa sensibilidad que subyace, subterránea, a todo lo soez que sugerían los títulos. Por debajo de la piel. O sea, por dentro.

Cuando pude, años después, me empapé de la poesía de Bukowski, pasando muchos de sus poemas a formar parte de mi guarida de lecturas en las que me encuentro y soy capaz de abrazar, literalmente, cada vez que vuelvo a ellas.

Hacía mucho que no leía ningún relato o novela de Bukowski, aunque siempre tengo su poesía a mano, y en la biblioteca vi este pequeño relato, ilustrado por Thomas M. Müller. De la mirada a las manos en un zasca. Veo que es su primer relato. Demasiado tentador como para dejarlo pasar, además un vistazo a las ilustraciones terminarían por decidirme (ya lo estaba, decidida).

Y me encontré… a Bukowski. Joven, sí (24 años), pero el Bukowski que recuerdo: desolador, satírico, oscuro, idealista, desgarrado, instintivo… Sin la insolencia que luego fue más constante en sus escritos (sobre todo en sus novelas), pero ese Bukowski estaba ahí, su fuerza inusitada, siempre alejado de la mirada más racional. Bukowski y sus entrañas. Desde lo cotidiano a lo absurdo. La mirada sarcástica, atenta a las minucias y los detalles.

29 páginas que se leen de una sentada (una sentadita, ideal para culos inquietos como el mío). Las imágenes de Müller y las que crea con sus palabras Bukowski te introducen con facilidad en ese ambiente de desilusión, de optimismo rechazado. Se aprecia ya en este relato el personaje que fue construyendo de sí mismo, ya sabéis, el Bukowski mujeriego, borrachín, jugador, reaccionario, libre… Un curioso relato del siempre genial Bukowski.

Es verdad, adoro a Bukowski. No soy objetiva con él. Pero nunca he querido ser objetiva con quienes amo. Quizás la objetividad esté sobrevalorada. O el amor. Pero ¿cómo ser objetiva con alguien que ha escrito (entre otras muchas cosas) un poema como este?:


Pájaro azul (Charles Bukowski)

Hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí dentro,
no voy a permitir que nadie te vea.

Hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salir
pero yo le echo whisky encima y me trago
el humo de los cigarrillos,
y las putas y los camareros
y los dependientes de ultramarinos
nunca se dan cuenta
de que está ahí dentro.

Hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí abajo,
¿es que quieres hacerme un lío?
¿es que quieres mis obras?
¿es que quieres que se hundan las ventas de mis libros
en Europa?

Hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salir
pero soy demasiado listo, sólo le dejo salir
a veces por la noche
cuando todo el mundo duerme.
Le digo ya sé que estás ahí,
no te pongas triste.

Luego lo vuelvo a meter,
y él canta un poquito
ahí dentro, no le he dejado
morir del todo
y dormimos juntos
así
con nuestro pacto secreto
y es tan tierno como
para hacer llorar a un hombre,
pero yo no lloro,
¿lloras tú?

Y con Bukowski quiero cerrar el año en el blog. Adiós 2015. Aunque ahora cuando ya agonizas has intentado recomponer tantos días infames, te pateo el culo y te digo adiós. Bienvenido 2016. El 16 es mi número preferido. Y es un año bisiesto. Le recibiré con los brazos abiertos y mirada de faro. Sigo leyendo. Siguen los libros. Siguen las lecturas. Os deseo a quienes por aquí pasáis que la vida y los libros os den amor, equilibrio, salud, latidos... Que la vida os dé VIDA. Y que nada se interponga.

lunes, 28 de julio de 2014

El capote (Nikolái Gógol)

Título original: Shinel
Traductor: Víctor Gallego
Páginas: 80
Publicación: 1842 (2008)
Editorial: Nórdica
ISBN: 9788493669577
Sinopsis: Gélido invierno en Rusia. Sopla un viento helado. Un funcionario busca desesperadamente su capote para combatir las bajas temperaturas. Akaki Akákievich, un personaje que no es nadie y que podría ser cualquier persona que deambulara por la calle, intenta resguardarse del frío. Cuando consigue su ansiado abrigo sigue sintiendo frío: el invierno que lleva dentro es mucho más gélido que el mundo que le rodea.
Ilustraciones de Noemí Villamuza
Podéis ver las primeras páginas AQUÍ
En los tiempos que corren, cada particular considera que si se toca a su persona, se ofende al conjunto de la sociedad
Esta pequeña historia, publicada en 1842, tiene la virtud de las buenas novelas: que por ella no pasan los años. El capote refleja muy bien las características que fueron santo y seña de Nikolái Gógol: realismo (realismo crítico, para ser más exacta), sentido del humor, sátira y un toque de elementos fantásticos, posiblemente por eso es uno de los cuentos más conocidos del autor. Y como a mí hay cuentos que sí me gusta que me cuenten (otros, no), pues me dejé.

Nikoláis Gógol, para contarnos El capote, tira de familiaridad: te pone la mano en el hombro y se dirige a ti, lector, para presentarnos a Akaki Akákievich y su historia. Lo primero que engancha a esta lectura, además de esa familiaridad con la que te trata Gógol es el humor burlón y socarrón.
Bautizaron al niño, que se pasó la ceremonia llorando y haciendo muecas, como si presintiera que un día sería consejero titular.
¿Y quién es nuestro protagonista? Akaki Akákievich, un don nadie, uno de esos seres invisibles que, por serlo, son tratados como inferiores y son carne de cañón para ser objeto de burla y desprecios. Una de esas personas que se calla, no se defiende ni replica. El silencio es su respuesta. Es copista y ama su trabajo. Pero no tiene ambiciones, porque no tiene espíritu de trepa, sólo de hacer aquello que ama, que en este caso es su trabajo. No necesita dejar cadáveres en el camino porque su ambición es ser feliz con aquello que le gusta, y lo que le gusta son cosas sencillas. Mirad a vuestro alrededor ¿quién no conoce a alguien así? Eso si no hemos sido nosotros alguna vez un don nadie, en algún momento. O nos han hecho sentir así: nadie.

Vive en San Petersburgo, una ciudad muy dura: hace un frío que te pelas, y para alguien que tiene un sueldo mísero eso es un problema terrible: necesitas de un buen capote para sobrevivir al frío de las heladas septentrionales. Así que Akaki no tiene dinero pero necesita un capote. Y conseguir ese capote dará color a su vida gris. ¿Por qué? Porque ahora Akaki tiene un objetivo, una ilusión. Y esa es una buena razón para vivir: tener ilusiones. Una forma de ser (por fin) alguien.

En este cuento podemos ver cómo a veces un pequeño relato puede contener muchas cualidades y ofrecernos muchas cosas, como por ejemplo ese duelo al que vamos a asistir entre la humildad y la soberbia. Injusticia social, alineación, aislamiento, invisibilidad, burocracia, materialismo… Son muchos los temas e interpretaciones que se pueden hacer de esta lectura y, ahí está lo grande, posiblemente todas sean válidas.

A algunas personas el infortunio les persigue, quizás no saben luchar, quizás consideren que no debiera de ser necesaria la disputa para que te respeten (y tendrían razón, no debiera de ser necesario, pero…). Pero el caso es que a estas personas, como nuestro Akaki, hasta los golpes de buena suerte les duran poco. Pero también podemos pensar que hay cosas por las que merece la pena levantarte y luchar. Y tal vez, Akaki se levante y se rebele. Tal vez.

Casi al finalizar, Gógol introduce un elemento fantástico. Y como es así de campechano, nos lo dice:
En definitiva, nuestro modesto relato, ya en su tramo final, adquiere de pronto, de manera inesperada, tintes fantásticos.
Hay que decir que estos toques fantásticos fueron una manera (en este y otros relatos de la época) de eludir la censura. Pero había que hacer justicia, así que si hay que recurrir a la fantasía para ello, se recurre. Antes fantástica y fantasiosa que injusta, faltaría más.

Me ha gustado mucho la familiaridad y el humor irónico de Gógol. No le digamos novela, digamos cuento o relato, pero tan completo, entrañable y bien escrito… Dostoievski dijo que “Todos crecimos bajo El capote”, con lo que ya os podéis suponer la influencia que ha tenido este cuento en la literatura rusa (Gógol ya no hablaba de una Rusia imperial, sino de una Rusia con personas reales: simples funcionarios que no conocían otra cosa que trabajar y sobrevivir al día a día). Se lee en poco tiempo, con una mezcla de congoja por Akaki y de sonrisa en los labios. Este cuento es una genialidad de Gógol de gran calidad literaria.

Recomendable la edición de la Colección Ilustrados de la editorial Nórdica, si bien he de decir… un pelín cara. Yo lo leí gracias a la biblioteca de mi ciudad, esa que está enfrente de mi casa y a la que le voy a poner un monumento. O un algo.
(©AnaBlasfuemia)

lunes, 24 de febrero de 2014

Niños en su cumpleaños (Truman Capote)


Título original: Children on their birthdays
Traductor: Juan Villoro
Páginas: 64
Publicación: 1948 (2011)
Editorial: Nórdica
ISBN: 9788492683369
Sinopsis: Este maravilloso relato, escrito en 1948, trata de la amistad verdadera, de los sueños, del primer amor y del paso de la edad. Está ambientado en Alabama en el verano de 1947, en un pueblo donde lo único que hay que hacer es tomar limonada y jugar al dominó. La llegada en el autobús de las seis de una chica cambiará la vida del pueblo y, especialmente, la de dos amigos, Billy Bob Murphy (cuyo padre había fallecido recientemente en la II Guerra Mundial) y Preacher Star. La llegada al pueblo de Lily Jane Bobbit (y su madre, que nunca habla), revoluciona sus vidas y dará lugar a una lucha por llamar su atención.

No sé si conoceréis la película de Woody Allen La rosa púrpura del Cairo. En ella el personaje de una película atraviesa la pantalla para conocer a una espectadora. Pues gracias a Truman Capote yo he podido atravesar las páginas de este libro para conocer a Billy Bob, Preacher Star… y especialmente a Lily Jane Bobbit, Miss Bobbit. Y es que ese es un mérito de Truman Capote, con indudable talento narrativo como para situarte donde quiere desde las primeras líneas.
Ayer por la tarde, el autobús de las seis atropelló a Miss Bobbit. No sé muy bien qué decir al respecto; a fin de cuentas, ella sólo tenía diez años y sin embargo los de este pueblo no la olvidaremos. Y es que nunca hizo algo común y corriente, al menos no desde la primera vez que la vimos, y eso fue hace un año.
Así empieza esta entrañable historia, y a partir de ahí empezamos a conocer a Miss Bobbit y Billy Bob, pero también a Peacher Star, a Rosalba, a la tía El… En fin, de repente estamos en un pueblo de Albama, allá por 1947. Es verano, hace calor, celebramos el cumpleaños de Bob. El tutti-frutti se derrite en nuestros platos mientras el polvo se sostiene en el aire. Estamos deseando que suceda algo y entonces sucede: Miss Bobbit aparece con su madre. Una niña delgadita, vestido almidonado de color nada discreto (amarillo limón), caminando con una mano en la cadera mientras que con la otra sostiene una sombrilla.

Y así este personaje, una niña resabiada e insolente, nos va a conquistar el corazón. Pero no sólo a nosotros, inocentes lectores que conocemos ya el final desde el principio. Y no sólo ella, Billy Bob se nos presentará tierno, divertido en su comportamiento, enamorado e infantil.
Ella y la hermana Rosalba lo trataban como a un hombre, es decir, dejaban que él lo hiciera todo.
Pero los focos de esta historia iluminan a la sofisticada Mis Bobbit: una niña con hechuras de adulta, dicen que de mayor fue la Holly Golightly de Desayuno en Tiffany’s: extravagante, resabiada, insólita, peculiar, decidida, carismática (uy, si parece que estoy definiendo al propio Truman, si no hubiera sido tan tímido). Miss Bobbit usa sus cualidades como armas arrojadizas, quién sabe si pretende defenderse de algo, desde luego no va a pasar desapercibida, ni para los habitantes del pueblo… ni para el lector.
Pero Miss Bobbit tenía algo mágico, todo lo que hacía lo llevaba a cabo hasta el final, de un modo tan directo y tan solemne que no había más remedio que aceptarlo.
Una lectura que me ha encantado, con momentos absolutamente divertidos, personajes auténticos y que te llegan.. Truman Capote tenía esa capacidad para retratar escenarios y épocas, lugares y sus gentes, y todo ello con ese toque de nostalgia que hace que leas con una sonrisa bobalicona colgada en la cara. Una observación de lo cotidiano magistral, en la que no encontramos nada nuevo (verano, pandilla, el paso a la madurez de forma imprevista, primeros amores, familia, amistades…) pero que contado por Truman Capote es un absoluto deleite. Un cuento hermoso, tan tierno y cruel como la vida misma. Uno de los relatos preferidos del propio Truman Capote y en el que nos vamos a encontrar la esencia del autor. La recomiendo, se lee en menos de una tarde y es un acercamiento formidable para quien no conozca a Truman Capote o para quien quiera reencontrarse con él (que era mi caso).

Este libro pertenece a la colección Mini lecturas, de la editorial Nórdica, allí me encontré también Un alma de Dios, de Gustave Flaubert y alguno más que espero también ir leyendo. Os recomiendo echarle un vistazo porque son libros muy asequibles si se desea acercarse a algún autor con relatos cortos pero bien seleccionados
Ella era su parte extraña: el árbol de nogal, el gusto por los libros, querer a alguien lo suficiente para dejarse lastimar, las cosas que tenía miedo de mostrar a los demás.
 (©AnaBlasfuemia)


martes, 11 de febrero de 2014

Tres mujeres (Sylvia Plath)



Título original: Three women: A monologue for three voices

Traductora: María Ramos

Páginas: 104

Publicación: 1968 (2013)

Editorial: Nórdica

Categoría: Poesía

ISBN: 9788415717614

Sinopsis: Tres mujeres es un emocionante poema a tres voces que tiene como tema central la maternidad. Cada voz representa una forma de vivirla: la mujer que centra su realización en ser madre, la que sufre por no poder serlo y la que lo es a su pesar. Sylvia concibió este poema, feminista y antibelicista, para ser leído en voz alta, y en 1962, un año antes de su muerte, lo leyó en la BBC. La experiencia supuso un cambio de dirección en su forma de afrontar la escritura. Desde entonces concebiría los poemas «en voz alta», cambiando de forma definitiva su técnica poética.

Edición bilingüe e ilustrada

Ilustraciones de Anuska Allepuz
Con Sylvia Plath en mi lista del Reto de Escritoras Únicas tenía claro en principio que haría una (re)lectura de La campana de cristal. Pero se cruzó en el camino la editorial Nórdica, una edición bilingüe e ilustrada de Tres mujeres que es, como bien dice en el título original un monólogo a tres voces, un poema sobre la maternidad. No lo dudé. Era una forma diferente de acercarme a Plath, más allá de su famosa campana, sobre todo porque Sylvia fue, ante todo, poeta.

Una vez leído, e incluso releído (ahora explico la razón) y a la hora de plantearme cómo comentar este libro debo decir que me he acercado al teclado bastante desmoralizada. No, no ha sido por la lectura. Ha sido porque de repente he tenido que enfrentarme a la realidad que me iba a encontrar: comentarios diciendo que “la poesía no es lo mío”, “la poesía no es un género que lea”, “la poesía y yo somos incompatibles”, “nunca leo poesía”… Derrotada de antemano hasta elaboré una lista de argumentos para intentar convenceros de que no se debe rechazar toda la poesía así de un plumazo y concretamente este libro, pequeño, de pocas páginas, bilingüe e ilustrado.

Pero al final me dije ¿para qué? ¿por qué? Y no sé si con desánimo, pero sí con convicción, decidí que no debo intentar convencer a quien ya está convencido de que la poesía no es lo suyo.  Cada uno tiene sus argumentos, sus razones, sus comentarios, su forma de acercarse a los libros y a las lecturas.  Así que desde el respeto a todo eso, paso de puntillas.

Además, es cierto que la poesía es quizá el género literario más personal e íntimo, e incluso el más difícil de trasladar a un comentario de lecturas. También es el género literario más hermoso, todo hay que decirlo, no en vano cuando nos gustan párrafos o descripciones de una lectura solemos hacer referencia al estilo poético del autor o autora para expresar que lo hace de una forma delicada y bella. Y posiblemente también metafórica. La poesía como una imagen distorsionada de lo que se quiere contar, juego de palabras e imágenes, rimas imposibles y posibles, lo que se dice y lo que se intuye, lo que no se dice pero se quiere decir y juego de nuevo con las palabras, con las imágenes visuales que provoca y con las emociones que despierta. Cuando con la literatura se hace magia, lo llamamos poesía.

Me estoy dirigiendo entonces a quienes a) les guste la poesía, b) ni les guste ni les disguste pero no la rechacen, c) quieran conocer a Sylvia Plath poeta, d) quieran conocer más a Sylvia Plath persona e) lectores empedernidos que se atreven con todo y f) los que leen mis largos comentarios hable de lo que hable (¡valientes! debería premiar vuestra paciencia conmigo).

En cualquier caso, pierdan todos y todas cuidado: no voy a comentar mucho el libro en sí (aunque nunca lo hago). Allá cada una con sus maternidades, podría decir. Pero lo diría por chinchar porque no es eso, es sólo que probablemente Sylvia Plath ha escrito poemas que por serlo (poesía) no serán leídos y que quizás en este caso las ilustraciones de Anuska Allepuz no ayudan mucho. Unas ilustraciones infantiles y que no he logrado conectar con este poema a tres voces. Y lo he intentado, porque el libro lo he leído dos veces, pero las ilustraciones las he mirado y remirado varias veces y no he conseguido vincularlas lo suficiente  a lo que leía, sin que además me quitara esa sensación de ilustración para niños…

Es la segunda vez que menciono que leí el libro dos veces. Bueno, tiene su razón, como bien dice la sinopsis Sylvia Plath concibió este poema para leer en voz alta. Así que la primera vez lo leí al estilo clásico: en silencio y ensimismada. Y la segunda lo hice tal y como fue concebido: en voz alta. Que no es fácil, he de decir, porque necesitaba estar sola para que no se pensaran que estoy como una cabra (no os voy a engañar: ya hay quien lo piensa). Una vez realizado el experimento he de decir que, efectivamente, la sensación e incluso la lectura es distinta. Algo que ya había comprobado en una ocasión en que leí en voz alta para alguien, pero que nunca había probado con la poesía. Curioso. Añado que es un poema que volveré a leer, porque en cada lectura he encontrado algo diferente.

¿Qué es Tres mujeres? Un poema, tres voces, una escritora. Una escritora, Sylvia Plath, que escribe un poema en el que tres mujeres exponen en forma de monólogo sus sentimientos sobre la maternidad. Una mujer que tiene un aborto espontáneo de un hijo deseado. Otra mujer que da a luz a un hijo deseado. Y una tercera mujer que da a luz a un hijo que no quiere y que da en adopción. Y conoceremos los sentimientos de estas mujeres durante el embarazo, el parto (el aborto en una de ellas) y la vuelta a la rutina.

¿He sabido más de Sylvia Plath a través de este poema?. Sí, mucho más, es cierto. La Sylvia madre, la Sylvia mujer, su percepción de los hombres (y de la relación padre-hijo), su idea de ese Dios ausente… Muchas de las reflexiones que jalonaron la trayectoria de Sylvia Plath aparecen en este libro, así como también sus obsesiones. Si os preguntáis cuál de las tres voces es Sylvia, yo diría: las tres.

Me alegro de haber leído este libro, en voz baja, en voz alta, en silencio. Porque se lee en un ratito (el poema en sí será menos de cincuenta páginas) y conseguí lo que buscaba: conocer más a esta autora, descubrir a la poeta que hasta ahora no había buscado en ella, pero sobre todo conocer a la mujer que fue Sylvia Plath y que se suicidó un 11 de febrero de 1963. Hoy, 51 años después, he querido recordarla desde la emoción de haberme acercado a una mujer compleja y luchadora que no supo o no pudo encontrar su lugar en el mundo. Al menos en este mundo.

Sylvia Plath leyó este poema en la BBC en 1962 como si de una obra de teatro se tratara. He buscado el audio pero no he tenido mucho éxito en la búsqueda, pero a cambio os dejo este vídeo en el que podemos oír a Sylvia Plath leyendo el poema “Daddy”. 51 años después es un buen día para escucharla.

Pim, pam, pum. Con todos ustedes, directa al corazón, Sylvia Plath:
Y el booktrailer de Tres mujeres
http://loqueleolocuento.blogspot.com.es/2013/12/reto-escritoras-unicas.html

domingo, 26 de enero de 2014

Un alma de Dios (Gustave Flaubert)



 
Título original: Un coeur simple
Traductor: Consuelo Bergés
Páginas: 92
Publicación: 1877 (2010)
Editorial: Nórdica 
ISBN: 9788492683314
Sinopsis: Un alma de Dios, escrito en 1877, está considerado uno de los más importantes relatos de la Literatura Universal. A través de su lectura, podemos hacernos una idea general de cómo era la burguesía del siglo XIX: su hipocresía, mediocridad y egoísmo. Pero la grandeza de esta obra nos la encontramos en el personaje principal, Felicidad, un alma cándida, llena de ternura, muy compasiva, que intenta siempre ayudar a los demás. Esta dulzura contrasta con la dureza de su entorno, lo que sirvió a Flaubert para criticar la sociedad de su época con mucha sutileza y utilizando siempre la palabra exacta. Uno de los temas más conocidos del libro será la intensa relación entre Felicidad y su loro, que le brindará la compañía que las personas le niegan.



Podéis leer las primeras páginas AQUÍ

Flaubert era un tipo peculiar, dedicó su vida a su oficio de escribir, pero curiosamente ha dejado un trabajo no muy amplio (o numeroso), aunque sí una intensa y prolífera obra epistolar.
 
En este relato corto Flaubert nos cuenta la vida de Felicidad, un nombre irónico para alguien que percibe la vida con tal sencillez que ni las miserias que le suceden a lo largo de su vida consiguen manchar su inocencia. No hay grandes altibajos en la narración, la vida de Felicidad no se altera con facilidad. Sufre, por supuesto, pero en su perspectiva vital el día a día y la rutina no dejan paso al regodeo del dolor. Igualmente, encuentra placer y alegría en pequeños detalles, porque asume que su papel en la vida es el de espectadora o, más bien, de trabajadora incansable que ve la vida pasar, pero que sin embargo puede encontrar la plenitud en pequeñas pinceladas que conseguían deslumbrarla.

Felicidad, pues, es un “alma de Dios”, un alma cándida que no verá compensada jamás su generosidad con la compañía o el afecto de los demás. Será un loro quien finalmente le da afecto y alegría (y supongo que de este relato nace “El loro de Flaubert” de JulianBarnes). Así de descarnado es este relato, que Flaubert nos transmite de forma precisa, muy ponderada pero laboriosa, casi esculpida, porque Flaubert no descuidaba ningún detalle en su escritura y detrás de la aparente sencillez del relato e incluso del estilo hay una feroz y sutil crítica, no sólo a la burguesía (con la que no simpatizaba en absoluto) sino también a la miseria humana, capaz de condenar al ostracismo y a la soledad a seres puros y candorosos sin tan siquiera despeinarse, como si de una orden divina se tratase: unos arriba, otros abajo.

Quizás por tratarse de un relato corto, o porque fue de lo último que escribió Flaubert en su vida (envejecido prematuramente en el momento en que falleció a los 58 años), me ha parecido que hay un ejercicio de contención en las descripciones y detalles, tan característicos del minucioso y perfeccionista Flaubert. Particularmente se lo he agradecido aunque me ha faltado, quizás, que la historia me llegara algo más, que Felicidad consiguiera emocionarme más intensamente, que a veces lo rozó, pero faltó ese punto de cocción necesario para enternecerme cual bizcocho blandengue y sabrosón. No obstante, Felicidad es un personaje que acaba calando en el lector y que terminas por recordar durante bastante más tiempo de lo que dura la lectura, por lo que recomiendo esta novela, por ser breve y por ser de Flaubert. Una forma de acercarse a los clásicos de manera asequible: un relato que se puede leer en media tarde (y que pertenece a la colección MiniLecturas de la editorial Nórdica).
Tenía la cara enjuta y la voz chillona. A los veinticinco años, le echaban cuarenta. Desde los cincuenta, ya no representó ninguna edad. Y, siempre silenciosa, erguido el talle y mesurados los ademanes, parecía una mujer de madera que funcionara automáticamente.
(©AnaBlasfuemia)