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viernes, 16 de octubre de 2015

Divisadero (Michael Ondaatje)

Título original: Divisadero
Traductor: José Luis López Muñoz
Páginas: 312
Publicación: 2007 (2008)
Editorial: Alfaguara
ISBN: 9788420473444
Sinopsis: En la más íntima y hermosa de sus historias, Michael Ondaatje narra la vida de Anna, quien tras un brutal suceso acontecido en su hogar, tendrá que dejar atrás la vida en la granja de California y empezar un nuevo camino en el sur de Francia. Lejos de su padre, de su gemela Claire y de Coop —un misterioso muchacho acogido por la familia— encontrará en la literatura y en la reconstrucción de la biografía de un importante escritor la manera de conciliarse con su pasado. Una novela de vidas cruzadas que se extiende por dos continentes y a lo largo de un siglo.


Hace tiempo leí El paciente inglés, un libro (y una película) que me dejó buenas sensaciones. Así que decido buscar algo más de Ondaatje. Y sin referencia alguna, salvo el autor, llego a Divisadero.

A vueltas con las sinopsis: Anna y Claire no son gemelas. Claire, al igual que Coop, son adoptados, si bien Claire, con apenas unos días, lo es en el momento en que nace Anna. En las sinopsis originales no he encontrado ninguna alusión a que fueran gemelas, así que no tengo claro de dónde surge esta “gemelaridad”. Cierto que en algunos momentos parecen intercambiables (de tan unidas), especialmente a ojos de los demás, pero ¿gemelas? Pues va a ser que no.

Y sobre el título, Divisadero, que se menciona en un determinado momento por Anna:
 

Procedo de Divisadero Street, relacionada con la palabra española “división”, la calle que en otro tiempo era la línea divisoria entre San Francisco y los campos del Presidio. O quizá venga de la palabra “divisar”, ver desde lejos.
A falta de más explicaciones, me quedo con ambas (división y divisar), si bien en castellano la palabra “divisadero” tiene más relación con observar, mirar a lo lejos, que con división. Pero en el fondo nos vamos a encontrar con vidas divididas, observándolas desde cierta distancia, quizás desde un mirador que nos permita atisbar un amplio paisaje y un no menos amplio espacio temporal.

No voy a escatimar los inconvenientes que esta lectura puede provocar en algunos lectores: no es una estructura lineal; la prosa es exquisita pero puede ser tachada de rebuscada. Digamos que es poética, no en vano Ondaatje es también poeta. Y, por último, si esperas ver, como si de una radiografía se tratara, cómo Anna encontrará en la literatura y en la biografía de Lucien Segura (el escritor) la manera de conciliarse con su pasado, entonces pasa de largo. La sutileza de Ondaatje es de tal calibre que hay que hilar muy fino para llegar a esa reconciliación. Que llegas, sí. Pero lo haces por la experiencia personal que te lleva a percibir y vivir la literatura como un arte que puede conciliarte con la vida. O todo lo contrario. La literatura sana, y también clarifica.

Dicho todo esto, he disfrutado de esta lectura en cada página y en cada una de las historias de las muchas que contiene el libro. Porque no es la historia de Anna, es también la de Claire, la de Coop, la de Lucien Segura, la de Rafael, la de Aria, la de Marie-Neige…

Porque si no saqueas el pasado, esa ausencia se alimenta de ti.

Vidas cruzadas, vidas que se cruzan sin cruzarse, el entramado que une vidas separadas, que en algún momento han estado juntas, quizás durante un tiempo, corto o duradero, o que se entrelazan por detalles. Divisadero es un libro generoso, un libro que contiene varios libros, varias historias, varias vidas. Historias que se ramifican, historias inconclusas, lo que no a todo el mundo satisfará, deseosos de que los círculos se cierren y las historias sean redondas. Pero como en la vida, no todas las historias terminan, ni se cierran, ni se resuelven. Así es el pasado, a veces sin solventar, que muchos arrastramos.

Todos los personajes que aparecen tienen profundidad, una profundidad que va más allá de su clase social, hasta el analfabeto Roman, trabajador y poco hablador, tiene un calado que en cierta forma lo ilumina. Esa luz que aporta Ondaatje a sus personajes tiene mucho que ver con la naturaleza, los paisajes en los que se desenvuelven y viven, que dan forma a esas personalidades, les dan ese matiz luminoso. Todos tienen identidad propia, aunque algunos la estén buscando en los demás, en sí mismos, en su pasado...

Las primeras páginas de este libro servirán de filtro, quien continúe con la lectura se sumergirá en todas y cada uno de los paisajes y personajes sobre los que Ondaatje nos contará y quedará satisfecho del camino, deseando que no se termine. Quien no se encuentre lo suficientemente cómodo y no divise lo que contiene esta lectura, cerrará el libro y lo dejará aparcado.

En la novela Ondaatje menciona una frase de Lucien Freud: "Todo es biográfico, todo es collage". Y no creo que haya una frase que describa mejor este libro. Una composición hecha de distintos materiales (personajes, paisajes, libros, referencias, poesía, épocas…) que si bien no consiguen del todo mantener un tono unificado sí que deja en mí una lectura muy satisfactoria. Mucho.
 

Está la presencia escondida de otros en nosotros, incluso de aquellos a los que hemos conocido muy poco tiempo. Los contenemos para el resto de nuestras vidas, sin que importen las muchas fronteras que crucemos.
(©AnaBlasfuemia)