"Es muy humillante que te engañe una persona en la que has creído”
La existencia es compleja e inmanejable. El sentido mismo de nuestras vidas se nos escapa como aire entre los dedos. El universo es infinito, mientras que los seres humanos estamos atrapados en una finitud que nos cuesta aceptar. Lo que percibimos es una trampa que nos engaña constantemente, la percepción se inventa cosas y nos oculta otras.
Con este panorama se hace necesario (nivel supervivencia) identificar lo esencial y despojarse de lo sobrante. Minimalismo lo llaman, un arte que no está al alcance de cualquiera, pero que Kjell Askildsen maneja con habilidad y como premisa en sus relatos: “Lo que importa es decir algo con pocas palabras”
Con la frase exacta y oportuna, la palabra ocupando el espacio necesario, el diálogo como piedras masticadas, Askildsen es capaz de transmitir justo lo que no se dice, lo que se calla, los silencios sobre los que todo gravita. La incomunicación como frontera entre las personas, creando esferas que nunca llegan a fusionarse del todo.
En cada relato lo importante no es la trama, sino los sentimientos. No hay acontecimientos grandilocuentes ni estruendosos. Todo sucede no sucediendo nada. Y sin embargo ahí están: todas esas pequeñas astillitas del alma.
Con la precisión de quien tiene la mirada en el detalle, con la generosidad del observador, y pese a la aparente inocencia de los relatos, el lenguaje claro de Askildsen nos muestra las entrañas de las relaciones (auténticos campos de batallas), de la soledad, los deseos, la angustia… esas vísceras que, invisibles a nuestra esquiva mirada, evitan que nos disolvamos rellenando todas esas cavidades del alma que, pum, pum, pum, cada día nos hacen respirar. Porque vivir es no olvidarse de volver a respirar.
