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domingo, 11 de mayo de 2025

Tiempo curvo en Krems (Claudio Magris)


 Hoy y ayer, ahora y mañana, antes y después existen solo en el cerebro, voluble prepotente que pone el antes aquí y el después allá

Magris y Trieste. Magris y el mar. Magris y el tiempo. Magris y la nostalgia, tal vez también el desencanto. Magris fronterizo, como su ciudad (Trieste) y el mar y la vida y el crepúsculo.


Tiempo curvo en Krems” está compuesto de cinco relatos. Cinco relatos y cinco protagonistas también fronterizos, si entendemos lo crepuscular como la frontera entre el día y la noche, la noche y el día, cuando la luz del sol se expande en todas las direcciones y los contornos son más nítidos gracias a esa luz irradiada desde un único punto, una fuente lumínica poderosa que nos regala una breve pero intensa iluminación que permite ver contornos y estrellas.


Es curioso que se haya aceptado la expresión “el crepúsculo de la vida” para referirse a la edad de la senectud, tomando como referencia el crepúsculo vespertino y no al matutino. Un apagarse la luz después de ese canto del cisne que es un crepúsculo. El ocaso de la vida. El final sentido como algo no sólo inevitable, sino también cercano; la desaparición más o menos inminente, atisbada en el horizonte cuanto menos.


En cualquier caso, el crepúsculo siempre es un período de tránsito. Como lo es Trieste, ciudad fronteriza y, por tanto, de tránsito, un cruce de caminos. Al igual que lo son los protagonistas de “Tiempo curvo en Krems”, todos ellos en el “crepúsculo de la vida”, gestionando esa frontera, ese momento vital en el que has vivido más de lo que vas a vivir. La etapa en la que estaba (y sigue estando, afortunadamente) Magris cuando escribió estos relatos.


Parece inevitable que en esa etapa de la vida se haga un balance, una especie de peregrinación por los recuerdos, a los que observas, valoras, cuestionas y tal vez se llegue a algún tipo de pacto con ellos. Igual de inevitable que enfrentarse a la fragilidad y convertirla en vulnerabilidad, alcanzando un equilibrio estable en el que se pueda asentar la memoria y enfrentarse a la vida que te quede por vivir sin culpa, sin cuentas pendientes (sobre todo con uno mismo) y con la serenidad que te permita disfrutar de lo grande en lo pequeño. 


El relato que da nombre al libro (“Tiempo curvo en Krems”) sirve también de frontera entre los relatos restantes, dos previos y dos posteriores. No parece casualidad. Todos los relatos tienen vasos comunicantes que los atraviesan: Trieste, el crepúsculo, el mar (inmenso, extremo, casi amenazante). Y el tiempo.


No es verdad que se vaya a abolir el tiempo, como promete o amenaza el Apocalipsis hablando del futuro -un tiempo del verbo, no la abolición del tiempo, sino un proliferar, mezclarse, contradecirse de todos los tiempos posibles copresentes-; la vida, o la muerte, es una mota de polvo vertiginosa


Tiempo y causalidad. Cuestionarse el espacio-tiempo. ¿Lo que fue sigue siendo? El antes y el después. Tiempo circular, tiempo lineal, tiempo curvo, tiempo desordenado. Tiempo subjetivo, tiempo emocional, tiempo involuntario. ¿Quién llega a comprender la vida, la memoria, los recuerdos, el tiempo? Al final nos narramos a posteriori, con lo cual dejamos un resquicio inevitable a la ficción, al tiempo curvo y a la memoria curva.


Hay que habitar el tiempo, no el cronológico ni el biológico, sino el tiempo intangible, el de las experiencias, las emociones y los recuerdos. Habitar ese tiempo curvado como un río, nunca lineal, curvas inquebrantables desde las que replantearnos nuestra relación con el tiempo, la identidad y la memoria.


Siempre suma leer a Claudio Magris, que convierte su erudición en un anzuelo para capturar el interés, la curiosidad, el aprendizaje y la reflexión del lector (al menos de esta lectora). Hay en Magris una profundidad emocional e intelectual que siempre es una recompensa. Heridos pero no derrotados, así es el crepúsculo.


La verdad siempre es algo mentirosa


Gracias, Magris.


©AnaBlasfuemia

viernes, 18 de septiembre de 2020

Otro mar (Claudio Magris)

 


Siempre creemos necesitar algo [...] y nos matamos por alcanzarlo. Reducir las necesidades, ser felices con el propio yo, ahí está la solución del acertijo

Hay un tipo de literatura considerada culta, erudita, que conlleva una lectura profunda y minuciosa. Quizás un tipo de lectura difícil de comentar y compartir, pero a la que llego con devoción y fruición, como una decisión irrevocable e íntima de la persona y la lectora que soy y a la que no voy a renunciar por un quítame allá ese like o ese postureo.

Aunque estamos aparentemente ante una novela, no hay acción, no se trata de eso sino de arte lingüístico y búsqueda de valores, armonía y diálogo con uno mismo. De lenguaje creando y recreando mundos, de demiurgos.

Otro mar” requiere de la complicidad del lector y no me refiero a una disposición a favor de obra sino a una complicidad intelectual y también de información previa. Abordo a Magris poniendo de mi lado los conocimientos que poseo y los que no (que son muchos, pero busco, me informo, curioseo) y entonces Magris te devuelve esa complicidad con creces.

En este caso necesitaba conocer el contexto y saber (no se facilita esa información) que los personajes de los que habla Magris existieron realmente, que quiere compartir con nosotros la recreación de la vida del mejor amigo de Carlo Michelstaedter (filósofo italiano cuyo pensamiento giraba en torno al deber de ser uno mismo), Enrico Mreule, considerado por Carlo como la representación de su filosofía, una herencia espiritual que pesará sobre los hombros de Enrico como una losa.

Así como el mar no se puede explicar, tampoco la vida se puede dilucidar ni evitar. La herencia espiritual que Enrico deja en Carlo, el compromiso y la fidelidad con su pensamiento, llevan a Carlo a una soledad brutal en su búsqueda de la vida, sin retorno posible.

Nunca se vuelve al mismo mar, no hay huellas posibles que retomar. Nunca se vuelve a la misma vida. Se vuelve a otro mar. A otra vida. Vida y mar son inalcanzables para Carlo y su firme búsqueda de la pureza le lleva a olvidarse de sí mismo y a una destrucción implacable de la vida.

Un libro tan poderoso y magnético como humanista y exigente.

©AnaBlasfuemia