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domingo, 7 de junio de 2026

La puerta (Magda Szabó)

Las cosas sencillas son las más difíciles de entender

No sé si “La puerta” es sencilla, pero sí sé que obliga a mirar lo que se prefiere evitar: esa zona donde el cuidado, mal orientado, hiere. Szabó hace un examen implacable de la culpa y un retrato de la intimidad como territorio en disputa, donde saber no equivale a comprender y donde el impulso de ayudar puede convertirse, sin quererlo, en una forma de violencia sobre aquello que pretendes salvaguardar.


La historia es conocida: la relación entre dos mujeres, la narradora (alter ego de Szabó) y Emerenc, la criada que convierte su historia en santuario y su puerta en frontera. Szabó dosifica la información con mano firme y nos obliga a ir despacio, incluso a atravesar zonas de no-entendimiento. A veces nos coloca del lado de Emerenc y otras veces junto a la narradora, siempre con la seguridad de quien sabe adónde nos conduce y marca el ritmo. Toda psicología verdadera, parece decir, es un lugar incómodo.


La narradora se piensa buena, culta, sensible; es escritora reconocida, vive entre afectos y libros. Confía en la reciprocidad y en el diálogo, necesita que el afecto adopte forma compartida (nombrarlo, devolverlo); esa convicción, que cualquiera llamaría generosa, la empuja a romper el pacto y cruzar la puerta, invadiendo. Cree hacer lo correcto al cuidar y salvar a Emerenc, pero la pregunta es otra: ¿quiere Emerenc ser salvada? El relato nace del remordimiento y también porque necesita convertir a Emerenc en relato, fijar lo que se le resistió: hay apropiación en ese gesto, una manera de alimentarse de la vida ajena para sostener la propia narración. El libro obliga a preguntas incómodas (quién escribe, desde dónde, a costa de quién).


Emerenc es una figura totémica, una superviviente que convierte su propia historia es su santuario y una puerta en frontera. Szabó nunca cae en la trampa de convertirla en una figura “entrañable”. La rodea de tiempo, silencio y rareza y evita cualquier ternura prefabricada. No da explicaciones, no cede terreno, no pide permiso; esa negativa a dejarse traducir la convierte en espejo incómodo de la narradora (que vive de explicar). Emerenc se impone sin declararse, ama sin dulzura y cuida sin pedir reciprocidad, es imprescindible e ilegible a la vez.


Su lógica no nace de una razón que ordene el mundo, sino de una convicción que no se discute. Es visceral sin ser impulsiva, tajante sin programa; piensa con el cuerpo, actúa por memoria. Cuando se deja entender, lo hace a través de actos y no de conceptos. Sin religión ni ideología, sostiene una ley interior no declamada, vive de espaldas al escenario y exige una sola cosa: respeto por el límite.


Ambas cuidan, pero con gramáticas distintas. La narradora cuida desde la palabra, la estructura, la previsión (gestos de orden burgués) y cree que “hacer lo correcto” ampara. Emerenc cuida con aspereza: sin ternura verbal ni pedagogía, pero cuida. Lo hace mejor que nadie y, sin embargo, no admite ser cuidada: aceptar revelaría vulnerabilidad, y ahí alza la puerta.


La puerta” coloca el foco en un lugar poco habitual: no el del herido por otro, sino el de quien quiso bien y obró mal. Aparece entonces otra cuestión, la del derecho a no ser conocido. Respetar el misterio, aceptar que cierta transparencia puede ser violencia. El corazón del libro late en tres preguntas: ¿qué significa cuidar a quien no desea ser cuidado?, ¿qué sucede cuando el afecto invade?, ¿qué queda cuando ya no hay modo de pedir perdón?


El libro me devuelve a mis propias zonas de cuidados: esos lugares donde quise estar para alguien sin saber si me lo pidió; esos momentos en que el afecto se mezcla con la necesidad de ser útil, querida o recordada como quien “estuvo para lo que hiciera falta”, sin preguntarme si mi presencia era un ofrecimiento o una forma de ocupar el centro. Y me obliga a mirar una trampa real: cuando duele que cierren la puerta, ¿duele el rechazo o duele que no me dejen ocupar el papel que yo misma me había asignado?


Sólo quien no se cree con derecho a entrar en la vida del otro es capaz de estar con el otro y no encima del otro. Todo lo demás es llamar visita a una mudanza.


Gracias Magda Szabó. Gracias Márta Komlósi (traductora)


©AnaBlasfuemia



lunes, 4 de diciembre de 2023

Mi querido Mijael (Amos Oz)


"Escribo porque las personas a las que amaba han muerto. Escribo porque cuando era niña tenía una gran capacidad de amar y ahora esa capacidad de amar está muriendo. No quiero morir"

El párrafo anterior es el primer párrafo de "Mi querido Mijael". A ver quién no quiere continuar leyendo.

Es bien sabido que en el conflicto israelí-palestino la posición del escritor humanista Amos Oz era la del activismo por la paz. No voy a entrar a hablar sobre ese conflicto, el sentido común y la humanidad debería de ser suficiente (no lo es, lo sé). En cualquier caso no será este el tema central de "Mi querido Mijael", más allá de ser el telón de fondo en el que se desarrolla la trama que Oz quiere desplegar y que sirve también como escenario simbólico (social, pero también personal) del conflicto, la desconfianza y el aislamiento.

Para entender mejor la trama de este libro tenemos que remitirnos a la biografía del autor, con una infancia marcada por la tragedia: un padre violento y una madre que se suicidó a los 36 años de edad. Y es desde esa pérdida de su madre desde donde hay que guardar en la recámara mental del lector un (posible) contexto para enfrentarse a "Mi querido Mijael".

Aunque no sería hasta que superara la ira que sentía hacia su madre por haberse suicidado (y hacia su padre también) que Oz escribiera su libro autobiográfico "Una historia de amor y oscuridad" (2002), sin embargo, ya en "Mi querido Mijael" (1968) se puede ver un intento de Amos Oz por comprender a su madre, por entender sus motivaciones. Es cierto que "Una historia de amor y oscuridad" está considerada una novela autobiográfica y "Mi querido Mijael" no. Pero.

La voz que vamos a escuchar es la de Jana, el relato le pertenece a ella. No sabremos otro punto de vista más allá del que ella nos ofrece. Tampoco lo necesitamos. Mijael es su esposo. Que dos polos opuestos se atraigan no quiere decir que luego la relación sea sostenible ni que, precisamente por ser opuestos, se vayan a acoplar de forma armoniosa, proporcionando uno lo que el otro necesita o le falta. Posiblemente esa sea una idealización de la complementariedad en las parejas. O tal vez sea una realidad. A mí personalmente no me ha funcionado pero también es verdad que no me ha funcionado lo contrario, así que a saber. A Jana y Mijael, especialmente a ella, no les va bien. Un invento es eso de que los extremos se tocan.

"Mi querido Mijael" fue la segunda novela que escribió Oz. Es increíble lo que los buenos escritores son capaces de escribir así, casi de buenas a primeras. También es verdad que a veces los lectores dotamos a los libros que leemos de una complejidad y un trasfondo que a a lo mejor quién lo escribió no pretendía. Puede ser. Pero también puede ser que el propio escritor no se diera cuenta de los mimbres complejos de aquella escritura casi virginal y que la mirada del lector sea quien le aporte su razón de ser, ese trasfondo que era invisible para quien escribía pero no para quien lo leía. A saber. Como siempre, hablo por no callar, aunque valga más por lo que callo que por lo que hablo.

No es una novela de acción, tampoco la esperaba, lo que sucede es la vida de Jana desde que conoce a Mijael, su relación, su matrimonio, la familia que crean... No es una persona feliz, Jana. No es Mijael mala persona pero digamos que no le corre sangre por las venas, aunque le fluya la amabilidad. Pero Jana tiene un torrente en sus venas. Tal vez haya quien no empatice con ella pero no cabe duda que si Mijael fuera la voz que relatara ese periodo con su pareja nos aburriríamos bastante. Así que nos quedamos con la voz de Jana, con su intensidad, con su sufrimiento, su frustración... y su inestabilidad que roza la bipolaridad.

Pese al estilo casi austero (pero no carente de lirismo aunque sí libre de adornos superfluos) y con una prosa excelente en muchos momentos, la subjetividad de lo que cuenta Oz es casi exacerbada y hay una tensión expresiva que es más evidente cuando Jana calla que cuando se expresa. Intuimos que está en un callejón sin salida y en el que no hay un futuro lumínico.

Quizás la forma de ser, sentir y vivir de Jana sea una trampa para ella misma porque su mundo interior resulta impenetrable para los demás. Pero no para nosotros, porque Oz nos abre una puerta para que podamos acceder a su interior. Oz no juzga, expone. Creo que tampoco espera de nosotros ningún juicio.

Cuarenta años después, Oz afirmaba que no se atrevería a volver a escribir un libro desde la perspectiva de una mujer. Pues no lo sé pero a mí no me ha chirriado nada en "Mi querido Mijael". Al contrario, he disfrutado de esta conmovedora e inquietante historia, escrita hábilmente por un autor de los que es imprescindible tener en cualquier biblioteca que se precie.

viernes, 17 de julio de 2020

Falconer (John Cheever)


Vio que había perdido el miedo a caerse y todos los demás miedos de la misma naturaleza […] Alégrate -pensó-, alégrate

Para perder los miedos hay que volver a nacer (remorir y renacer) y que te lleven en brazos como un niño inocente, aunque no seas un niño ni inocente sino un drogadicto condenado en la prisión de Falconer por asesinar a tu hermano. Ese es Farragut.

O eso creemos que es Farragut: un indeseable drogadicto y fratricida. También profesor universitario y lector de Descartes. ¿Qué nos va a contar este personaje? ¿Qué vamos a esperar de él, si ya le hemos juzgado y condenado? ¿Podemos esperar e incluso desear su salvación? Cheever cree que sí, que Farragut puede liberarse y salvarse. ¿Cómo?

Leer siempre es un esfuerzo. Te esfuerzas en entender al protagonista, su historia, sus motivos, sus actos, sus omisiones. El esfuerzo será en vano si no vamos más allá de los hechos y no entramos en las negras suturas que necesitan un foco de luz para palpar su textura, ese entramado de raíces que hay que diseccionar con ferocidad pero también con compasión. Cheever, liberando sus demonios y con una prosa granítica, quirúrgica y satírica nos desmenuza el infierno del que está hecho Farragut.

Cheever pone encima de la mesa sus propios fantasmas: homosexualidad, adicciones, religión… Nos habla de la condición humana y sus múltiples ramificaciones desde una perspectiva bíblica, a través de una historia de resurrección y liberación en donde la cárcel no es únicamente muros, puertas y rejas, sino el confinamiento del alma humana. Y Cheever lo hace de una forma abierta, surrealista y multidimensional en una novela tan extraña como extraordinaria y con una calidad literaria magnífica.

Todo se vuelve más liviano cuando confiamos en nosotros mismos. Esa es la libertad. Alégrate.

jueves, 11 de junio de 2020

Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer (David Foster Wallace)


Cada día tengo que llevar a cabo más elecciones acerca de qué es bueno, importante o divertido, y luego tengo que vivir con la pérdida de todas las demás opciones que esas elecciones descartan

Elijo leer a Foster Wallace como algo supuestamente divertido que volveré a hacer. Tenía curiosidad por saber qué puede dar de sí un crucero de una semana de duración a través de la mirada perspicaz de Foster Wallace, en esa acrobacia mental que hace para constatar lo que le rodea haciendo reales a los demás y con esa meticulosidad impecable e implacable tan suya.

Hay cierta sorprendente amabilidad en la extraordinaria forma en que los libros nos eligen porque ¿qué puede interesarme a mí un crucero de lujo en pleno confinamiento? Poco o nada, pero si quien lo cuenta es Foster Wallace, que es capaz de hacer un pulcro análisis de un folleto de publicidad de un crucero convirtiéndolo en un fino análisis sociológico y una crítica literaria inmaculada, que es un experto en intentar comprender el funcionamiento interno de cualquier cosa que os podáis imaginar, pues entonces la lectura se convierte en una experiencia divertida y estimulante.

No sé si se puede decir de este libro que es un ensayo, lo que sí se puede decir es que, sea lo que sea, es divertido. Pero divertido a la manera de Wallace: irónico, analítico, lúcido. Un observador meticuloso, obsesivo y maniático, con una gran capacidad para transmitir de forma mordaz, profunda y brillante a través de analogías potentes y descripciones muy efectivas (que no efectistas)

Quizás pienses que ciertamente un ensayo sobre un crucero de lujo no sea especialmente atractivo, pero si el filtro es la mente de Foster Wallace entonces estamos hablando de otro nivel. Cualquier cosa supuestamente aburrida (la espera para subirse al barco, la descripción del camarote, el folleto del viaje, la limpieza del propio camarote…) se convierte en un ameno y ocurrente ensayo filosófico y sociológico que no elude el hecho de que hay algo fastidiosamente triste en los cruceros de lujo.

Leer en plena pandemia lo absurda que puede ser la sociedad a través de los ojos de Wallace ha sido muy buena elección.

martes, 24 de septiembre de 2019

Memoria de elefante (António Lobo Antunes)


“Puede parecer idiota, pero necesito algo que me ayude a existir”

Hace unos días recibí un mail en el que se me reprochaba, amistosamente, “recomendar” libros tristes y complejos. Al remitente le angustiaban mis “reseñas” y me animaba a leer historias bonitas, no tan pesimistas. Sus preferencias lectoras son Jo Nesbø y Dennis Lehane. Me quedé pensando en las "historias bonitas" de la novela negra: asesinatos, violaciones, mafias, extorsiones, drogas, detectives alcohólicos y solitarios…

Donde mi remitente ve angustia, tristeza y complejidad, yo veo VIDA y mucha luz. Y me molan los autores considerados difíciles porque en ellos experimento la belleza abisal de la LITERATURA y la existencia.

Y cómo hablo ahora de Lobo Antunes, que no es precisamente un autor fácil (en eso radica su milagro y su prodigio). Que tiene un estilo característico y personal (loboantunesco) que es casi un deporte de riesgo para el lector que contiene la respiración frase tras frase, párrafo tras párrafo, sin boyas de señalización que indiquen dónde volver a respirar.

Antunes es de una generosidad casi insólita en la literatura, no deja un intersticio para la distracción ni la mirada desatenta. Es el lenguaje exprimido hasta los límites de lo improbable, llevando esos límites un paso más allá, acercando la literatura y el arte de escribir a confines galácticos y universos literarios cósmicos.

No es un escritor convencional, no. Pero es tan fácil no dejar de leerle, sumergirte en el caudaloso torrente de su intensa y elegiaca escritura, dejarte golpear por la constante creación de imágenes mentales y metáforas poéticas, como quien se deja llevar por el vaivén (ora apacible, ora irascible) de las olas del mar, con la conciencia de que, o te devuelven a la orilla, o te dejan a la deriva, en algún polo de inaccesibilidad oceánico.

El protagonista (un psiquiatra, trasunto del propio autor) se pregunta “¿cuándo fue que me jodí?” y nos sumerge durante un día y su noche por la soledad de su crisis existencial, su noche más oscura, en un fluir de conciencia con la lógica del desorden de pensamientos, hilados por la acaudalada escritura y la estratosférica maestría de Antunes.



martes, 4 de junio de 2019

Bartebly y compañía (Enrique Vila-Matas)


La literatura, por mucho que nos apasione negarla, permite rescatar del olvido todo eso sobre lo que la mirada contemporánea, cada día más inmoral, pretende deslizarse con la más absoluta indiferencia

Vila-Matas no se desliza con indiferencia sino que insufla vida a la literatura. Cierto que no inventó la metaliteratura, pero la ha hecho suya de una forma única, inteligente y reconocible. Es su sello personal y es nuestro mejor Peta Zeta literario, leerle es un estallido de literatura, la efervescencia de la misma. Lees “Bartleby y compañía” y en el paladar te estallan meteoritos literarios. Coges papel y lápiz y no te resistes a tomar nota de los chasquidos que provoca leerle: libros que leer y releer, escritores, citas, curiosidades...
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Entre anécdotas reales y ficcionadas, entre la realidad y la invención literaria, Vila-Matas rastrea bartlebys y se plantea la imposibilidad de la escritura haciendo un recorrido por la “literatura del no”. Escritores que “aun teniendo una conciencia literaria muy exigente (o quizás precisamente por eso)” escriben uno o dos libros y no publican más. O directamente ni siquiera llegan a escribir ningún libro.

Hace años en la Feria del Libro de Madrid me marqué una carrera tremebunda para llegar a tiempo a la caseta en la que estaba firmando Vila-Matas. Atravesé al galope casetas sorteando filas de personas ávidas de firmas de autores de best-seller, cantantes, presentadores, famosillos, influencers... Cuando llegué a la caseta de Vila-Matas no había nadie, ninguna persona deseosa de su firma o sus libros. Solo él y su sonrisa. Sentí, una vez más, que no entendía este mundo. Y que se negaba a la literatura en uno de los centros neurálgicos de la misma: la Feria del Libro de Madrid.

Vila-Matas es uno de mis gurús e influencers literarios más adorado e imprescindible, por su propia literatura, su narrativa de múltiples perspectivas, porque nos mantiene activos a los lectores, porque es un lector que escribe y un escritor que lee, porque visibiliza autores invisibles pero admirables, porque eleva la literatura a los escalafones que otros le quitan. Porque resucita la literatura una y otra vez, pese a quienes la niegan.

lunes, 29 de abril de 2019

Ojos azules (Toni Morrison)


El amor nunca es mejor que el amante

Niña, fea, negra. Negra, fea, niña. Fea niña negra. Negra niña fea. Niña fea negra…. Da igual como lo ponga, en un orden u otro o incluso de forma desordenada. Todo parece ir en contra, junto o por separado: niña (mujer), negra, fea. Una bomba de relojería dentro de otra bomba de relojería que está dentro de otra bomba relojería. El resultado ya os lo podéis imaginar. No has elegido nada: ni nacer mujer, ni la raza, ni tu aspecto físico. Todo te viene dado. Y tienes que sobrevivir. Porque además eres pobre. Y tienes 11 años. Y sabes que lo que necesitas es tener unos ojos azules, porque si te parecieras a Shirley Temple todo el mundo vería tu belleza.

Una lectura que exige implicación del lector, que aceptes el desafío, la crueldad excesiva, los elementos puestos en juego: la rabia, la crueldad, la marginación, la violencia, la comprensión, la ingenuidad, la brutalidad, la tragedia. Todo muy abrumador, pero Toni Morrison nos deja libertad para que desarrollemos nuestras propias ideas, para que cuestionemos los cánones y estándares de la belleza.

Aunque hay varias voces narrativas una de ellas, la de Claudia, es especialmente amable, resabiada, lúcida y alucinada a la vez, como lo son muchos niños. Será esa voz, en muchas ocasiones, la que dé un respiro al lector por su lenguaje fresco y espontáneo y por su mirada ingenua y reflexiva

La narrativa de Morrison es muy seductora pese a lo angustiosa que puede llegar a ser por momentos su lectura. La compleja y fragmentada construcción de Ojos azules y sus múltiples perspectivas narrativas resultan sin duda un atractivo añadido que Toni Morrison iría perfeccionando en sus novelas posteriores. La misma autora reconoce en su epílogo: “Mi solución -fraccionar la narración en partes que deben ser reensambladas por el lector- me pareció una buena idea cuya ejecución hoy no me satisface. Además, no funcionó: muchos lectores quedaron afectados, pero no conmovidos” Exactamente eso. Aun así, brillante.
P.D.: Las páginas 28 y 29 contienen la mejor descripción que he leído en mi vida de lo que siempre he sentido y pensado respecto a las muñecas.

viernes, 12 de abril de 2019

Punto Omega (Don DeLillo)


Cada momento perdido es la vida

Una vez alcanzado el punto más alto de la evolución de la consciencia, nada queda material y todo es espíritu. El Punto Omega es el final o tal vez un principio, pero todo principio (salvo uno, tal vez) viene precedido de un final. ¿Dónde queda lo espiritual, en un mundo cada vez más material y diligente, apresurado? Corre, corre, no vayas a pararte y te dé por pensar y, sobre todo, por mirar.

Si bien la historia es aparentemente sencilla, la estructura de “Punto Omega” es compleja y profunda. Lo que DeLillo narra está por encima de la trama. Reflexivo en lo que dice pero también en lo que omite. El extrañamiento, lo cotidiano (lo devorador de la rutina), la soledad, el silencio, la mirada, las raíces. La vida, eso que pasa mientras creemos que vivimos.

Una lucidez inquietante la de DeLillo. No os preocupéis por la resolución de la trama (la resolución siempre será el Punto Omega) sino por la ansiedad y la inseguridad provocada. Terminaremos exhaustos, derrotados y quién sabe si a partir de ahí podremos regenerarnos si forzamos la mirada, si nos fijamos mucho y bien, porque las respuestas pueden estar en “la profundidad de las cosas tan fácil de no ser percibida en la costumbre superficial de ver

Ver/mirar

La vida no se puede reducir a palabras, nunca, porque la verdad transcurre en soledad (“las demás personas son un conflicto”) y la vida transcurre buscándonos a nosotros mismos mientras miramos de reojo a la muerte. Si lo difícil lo es porque lo estamos haciendo mal, tal vez lo fácil sea como un haiku: breve, sencillo, poético. E introspectivo.

Don Don DeLillo, a sus pies.

©AnaBlasfuemia

martes, 24 de septiembre de 2013

Reseñas Express (3)



Como sabéis, en esta sección comento libros de forma breve, porque independientemente de que me hayan gustado o no, el comentario se me queda casi más corto que la sinopsis. Allá vamos.


La hija del apocalipsis  (Patrick Graham)
Título original: L'apocalypse selon Marie
Traductora: Teresa Clavel
Páginas: 576
Publicación: 2008 (2010)
Editorial: Grijalbo
Categoría: Terror
ISBN: 9788425343957
Sinopsis: Perdida entre una multitud de refugiados en Nueva Orleans, Holly, una niña de once años, pide auxilio. Tiene miedo del huracán que arrasa su ciudad, miedo de haber perdido a sus padres, miedo de que algo horrible se haya introducido en su interior. Porque Holly  tiene unos poderes extraordinarios y es la clave de una lucha ancestral, y la única esperanza contra una amenaza que podría acabar con la humanidad. A no ser que ella misma sea esa amenaza...

Lo leí a continuación de El evangelio del mal. No contiene escenas tan escabrosas y gore como el anterior y su temática es más variada. Quizá no me enganchó tanto, pero reconozco que la historia está mejor hilvanada. Me desconcertó más este libro, y leyendo por aquí y por allí encontré la respuesta al desconcierto: la protagonista. En esta historia se supone que es la misma, pero no parece la misma. Las personas que hayan leído ambos libros me entenderán. No es una novela tan de terror como El evangelio del Mal, pero es una buena novela dentro de su género. Para leer sin grandes pretensiones, entretenido.



La solución final (Michael Chabon)
Título original: The final solution
Traductor: Javier Calvo Perales
Páginas: 128
Publicación: 2004 (2008)
Editorial: DeBolsillo
Categoría: Misterio y Suspense
ISBN: 9788483466971
Sinopsis: En su largo retiro en la campiña inglesa, un anciano de ochenta y nueve años, que según rumorean los lugareños fue años atrás un famoso detective, vive apartado del mundanal ruido. Un día irrumpe en su ordenada vida Linus Steinman, un muchacho mudo que ha escapado de la Alemania nazi con un loro gris como único compañero. ¿Qué significa la misteriosa cadena de números en alemán que el loro repite incesantemente? ¿Acaso esconde un código secreto de las SS, o es un mero sinsentido? La solución de este último caso llevará al viejo sabueso más lejos de lo que jamás imaginó.

Aunque es una novela bien narrada y con un argumento interesante, va de más a menos. La definiría como una buena novela mal resuelta. Hay buena literatura en este relato, pero la estructura, la carga excesiva de metáforas, la falta de profundidad de algunos personajes... hace que se difumine todo y el relato sea finalmente bastante frívolo. Es de esos libros con los que me queda la duda de si elegí un mal momento para leerlo. Pero en cualquier caso no conseguí engancharme a la historia y en algunos momentos me perdí.


El móvil (Javier Cercas)
Páginas: 110
Publicación: 1987 (2003)
Editorial: Tusquets
Categoría: Narrativa
ISBN: 9788483102329
Sinopsis: Después de la excepcional acogida nacional e internacional de Soldados de Salamina, se vuelve a poner en circulación la que fue la primera novela corta de Javier Cercas, una narración con la que cerraba el volumen de cuentos que con el mismo título publicó en 1987. Como afirma el propio Cercas, de aquel libro salva esta historia porque es la única en la que, dieciséis años después, todavía se reconoce. Al lector no le costará adivinar que toda la obra de Cercas está contenida y quintaesenciada aquí: los guiños borgianos, el irreprimible deseo de usar lo narrado como excusa para proponer un arte poética, el desarrollo argumental, preciso como un reloj, el gusto por la mise en abyme y, sobre todo, la ironía de una historia que siempre se vuelve contra el propio narrador.

El móvil es una metanovela: una novela dentro de una novela. Un relato corto pero complejo, en la que se mezcla lo real y lo literario, que a más de algún amigo le ha recordado a Paul Auster: un escritor que escribe sobre un escritor y cada uno influyendo en el otro. Se trata de la primera novela que escribió Javier Cercas, resultando en verdad muy atractiva e interesante, tan precisa como preciosa. Debo de decir que probablemente merece un comentario más amplio, pero hace tiempo que lo leí y no sería capaz de hacerle justicia con detalles. Recomendable.


Trenes rigurosamente vigilados (Bohumil Hrabal)
Título original: Ostře sledované vlaky
Traductor: Fernando de Valenzuela Villaverde
Páginas: 128
Publicación: 1965 (2008)
Editorial: El Aleph
Categoría: Narrativa
ISBN: 9788476697412
Sinopsis: Trenes rigurosamente vigilados, la novela más conocida de Bohumil Hrabal, es una divertida y entrañable historia sobre la resistencia frente al invasor alemán durante la Segunda Guerra Mundial, protagonizada por los empleados de la estación de tren de un pequeño pueblo checoslovaco. El descubrimiento del amor y del deseo están presentes en la narración del despertar al mundo adulto del aprendiz y verdadero héroe de la novela, que sigue los pasos del hedonista factor de la estación tras la atractiva telegrafista. La ingenua humanidad que transmiten estos personajes se convierte en solemne cuando su forma de entender la vida, de entender lo que es un hombre, los lleva a rebelarse ante el invasor no ya con la palabra y la ironía, sino arriesgando su vida.

Hay una película (dirigida por Jirí Menzel) basada en este libro, y presiento que me gustará bastante más la película... Aunque hay algún personaje curioso, momentos divertidos y detalles interesantes, a mí este libro se me hizo bastante espeso y pesado. Es considerada una obra atípica de Bohumil Hrabal, desconozco el resto de su obra, pero si leo algo más de Hrabal no será gracias a esta novela. Y en verdad tengo poco más que añadir. Quería que me gustase pero no lo conseguí.