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viernes, 13 de noviembre de 2015

En el lago de los Bosques (Tim O'Brien)

Título original: In the Lake of the Woods
Traductora: María Sonia Cristoff
Páginas: 296
Publicación: 1994 (1999)
Editorial: Anagrama
ISBN: 9788433908940
Sinopsis: John Wade, un prometedor político que acaba de sufrir una contundente derrota electoral, pasa unos días de descanso en una cabaña aislada en los bosques de Minnesota, con su esposa Kathy. Una noche ella desaparece. Y se plantean todas las hipótesis: ¿Se ha marchado voluntariamente? ¿Se ha perdido en el laberinto natural de los alrededores del lago? ¿Se ha ahogado? ¿Huía de su marido? ¿La ha asesinado él? Cuando el sheriff pone en marcha la investigación, afloran todos los demonios del pasado: la infelicidad conyugal, las infidelidades y sobre todo la atroz experiencia en Vietnam del marido, un hombre que de niño soñaba con ser mago y acabó participando en la tristemente célebre matanza de civiles de My Lai.

Lo que me impulsa a seguir, soy consciente de ello, es un enorme deseo de forzar la entrada a otro corazón, de superar los obstáculos de las leyes naturales, de realizar milagros de conocimiento. Así es la naturaleza humana. Estamos fascinados, todos nosotros, por la implacable alteridad de los otros.
Aunque no suelo frecuentar la novela bélica hace tiempo leí (y conté) Las cosas que llevaban los hombres que lucharon, de Tim O’Brien, un libro que me sorprendió mucho y bien. Y quise repetir con el autor, así que me fui a un lago en los bosques, en parte porque es también un lugar en el que ahora quisiera estar (o, más bien, perderme). Y el planteamiento del autor me ha vuelto a sorprender.

En principio parece que estamos ante un thriller. Pero en realidad ¿qué es un thriller? La RAE no nos aporta nada al respecto, pero posiblemente en la mente de todas y todos esté un género en el que hay intriga, suspense, un (presunto) crimen, una investigación policial… Y estos elementos están: hay una persona que desaparece, no sabemos si asesinada o no, un sheriff, una búsqueda…

Pero no todo es lo que parece. Como en la vida misma, que nada es lo que parece ser, tal vez estemos, o tal vez no, ante un libro que parece una cosa y resulta ser otra sin dejar de ser lo que dice ser.

Las guerras. Lobo no come lobo. Pero hombre si mata (y algunos hasta comen) hombre. Acabo de escribir esto y volver a leerlo y me he estremecido. Las guerras nos parecen tan lejanas… Y sin embargo siempre hay una guerra activa en el mundo. Pero nuestra zona de confort nos protege de ellas de la forma más fácil y cómoda: por la vía de la ignorancia. Lo que no nos afecta no existe. Lo que no miro, lo que no sé, tampoco. Un mecanismo, la indiferencia, que evita el daño individual pero hace un daño colectivo terrible. También individual en verdad, pero no quiero irme por los cerros de Úbeda. Y estoy muy cerca (de los cerros).

Las guerras dejan secuelas. Y las secuelas no miran bandos ni vencedores ni vencidos. Todos son perdedores. Las secuelas no eligen aquí o allá, este o aquel. Simplemente hacen lo suyo, emponzoñar el alma, instalarse en ella. Cómo gestiona cada cual las secuelas es un mundo, un laberinto emocional, normalmente impenetrable. No siempre se gestionan bien, no siempre se exteriorizan, no siempre se es consciente de ellas…

Sobre las secuelas que la guerra de Vietnam, y concretamente la matanza de My Lai, han prendido (con doble acepción: agarrar y encender) en John Wade es sobre lo que habla Tim O’Brien en El lago de los Bosques. Pero no sólo de eso. También habla de relaciones familiares, relaciones de pareja, el poder, el éxito y su alter ego (la derrota), la soledad, la (in)comunicación, los silencios… Para ello O’Brien tira de recursos literarios, de experimentación en cuanto a estructura narrativa, pero sobre todo tira de crear un protagonista, John Wade, tremendamente complejo y rico como personaje. John Wade, el mago que era el espejo de sí mismo.

Me ha gustado mucho cómo O’Brien aborda la magia, lo que suponen los trucos de magia para un niño y cómo ese niño se transforma en adulto sin dejar de ser un mago. Todos somos magos. Usamos trucos. También me ha agradado cómo aborda los silencios, lo que callamos, los secretos que circulan por nuestras venas y que no asoman a las palabras, a veces por no saber cómo y otras por no saber a quién volcarlas… Lo que callamos, aunque sea a gritos, termina por ser el traje que da cobijo a nuestra soledad. No sólo secretos, también los “y si…”, los “hubiera debido de…” La culpa, vaya. Algunos dirían autoflagelarse, otros dirían que es no renunciar a ser ellos mismos, o al menos no renunciar a conocerse y no esconderse de sí mismos. Simulamos, andamos por la superficie… Siempre le ponemos nombre a todo ¿no?

No busquéis respuestas. Os vais a encontrar muchas preguntas y eso convierte este libro (que bien podría haberse titulado Los hombres que fingieron no saber las cosas que sabían) en un buen libro.
¿Es que la verdad puede ser tan simple? ¿Y tan terrible?
Pues sí. Ya se sabe que la verdad, lo que no tiene, es remedio. Manque nos pese.
©AnaBlasfuemia

miércoles, 27 de marzo de 2013

Las cosas que llevaban los hombres que lucharon (Tim O'Brien)


Título original: The things they carried 
Traductor: Elvio E. Gandolfo 
Páginas: 224 
Publicación: 1990 (1993) 
Editorial: Anagrama 
Categoría: Biografías y Memorias 
ISBN: 9788433906380 
Sinopsis: La supervivencia de un soldado depende de lo que lleva. En la guerra, la línea que separa la vida de la muerte es más tenue que nunca y, a menudo, las provisiones, las armas, el equipo de un soldado son lo único que puede hacer que la línea no se borre. Pero un soldado también lleva su memoria, recuerdos, amuletos, fantasmas del pasado, objetos triviales que no le dejan olvidar que hay otra vida –la vida– más allá de la guerra. Los soldados de la compañía Alfa, que combatió en Vietnam, llevaban todo lo que podían. Y esos hombres y esas cosas van haciendo su aparición en las historias que nos cuenta Tim O’Brien –que también combatió en Vietnam. Así, en Viaje al campo, el autor, en compañía de su hija, una niña de nueve años, vuelve a Vietnam a buscar el lugar donde murió Kiowa, su mejor amigo y En el río Rainy nos cuenta cómo, tras haber huido a Canadá, decidió regresar a su pueblo y aceptó ir a la guerra por vergüenza, porque sintió que, de no hacerlo, no podría soportar las miradas de la gente de su comunidad, para quienes un desertor era para siempre un marginado, un traidor, un excéntrico. Pero este Timmy O’Brien es también un personaje ficticio, tan ficticio como el Norman Bowker del espléndido Hablando de coraje, que cuando vuelve a su pueblo descubre que solo puede callar porque él sabe hablar únicamente de la guerra y nadie quiere hablar ya de eso.


Un libro excelente. En realidad son pequeños relatos que conforman una novela. Tim O'Brien a través de estos relatos no sólo construye una historia, sino que también se reconstruye (incluso se re-reconstruye) a sí mismo. Escribir sobre la experiencia que vivió en la guerra de Vietnam le sirve como catalizador, canalizando emociones para las que el ser humano está escasamente preparado. Escribir le sirve para (sobre)vivir después de la guerra, cuando la vida "normal" carece de referencia auténtica después de haber vivido una guerra cruel (como absolutamente todas las guerras). 

Efectivamente, tal y como se dice en la sinopsis: "..la supervivencia de un soldado depende de lo que lleva..". Pero un soldado no lleva consigo únicamente cosas materiales. Y esas otras cosas son las que plasma Tim O'Brien con exquisita delicadeza y con una precisión de cirujano. Son sus vivencias y la de aquellos hombres con los que combatió en Vietnam. Posiblemente muchas de las historias que comparte con el lector sean ficción, pero basadas en sucesos reales que él mismo ha vivido o conocido por otros. Realidad o ficción.. no importa, porque las emociones reflejadas en el libro sí son reales: el miedo, la vergüenza, la cobardía, la crueldad, el amor, la ternura, la camaradería, la traición… Tal vez Tim O’Brien envuelva todo eso de historias imaginadas, de ficción, o tal vez absolutamente todas sean reales o parcialmente verdaderas. Pero al lector nos va importar poco, porque lo que realmente importará al final serán “las cosas que llevaban los hombres que lucharon”.

No sé muy bien la razón por la que me decidí a leer este libro, porque la literatura bélica me atrae sólo puntualmente. Pero la literatura tiene muchos fines y objetivos y Tim O’Brien es conocedor de para qué se hace literatura. No me arrepiento, he descubierto un libro sobresaliente, original, honesto, intenso y muy (pero muy) recomendable. 
(©AnaBlasfuemia)

Tim O’Brien en Vietnam