Traductor: Paul B. Preciado
Páginas: 176
Publicación: 2006 (2018)
Editorial: Literatura Random House
Sinopsis: Teoría King Kong es uno de los grandes libros de referencia del feminismo y de la teoría de género, un incisivo ensayo en el que Despentes comparte su propia experiencia para hablarnos sin tapujos ni concesiones sobre la prostitución, la violación, la represión del deseo, la maternidad y la pornografía, y para contribuir al derrumbe de los cimientos patriarcales de la sociedad actual.
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Escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las mal folladas, las infollables, las histéricas, las taradas, todas las excluidas del gran mercado de la buena chica. Y empiezo por aquí para que las cosas queden claras: no me disculpo de nada, ni vengo a quejarme. No cambiaría mi lugar por ningún otro, porque ser Virginie Despentes me parece un asunto más interesante que ningún otro.
El arranque de Teoría King Kong es espectacular, imposible no quedar seducida por esa declaración de intenciones que Virginie Despentes hace de entrada. Las primeras páginas son hipnóticas y las lees sintiendo que aplaudes desde muy dentro y muy fuerte ese lugar desde el que escribe Despentes.
Nunca antes una sociedad había exigido tantas pruebas de sumisión y las normas estéticas, tantas modificaciones corporales para feminizar un cuerpo.
Aunque Teoría King Kong es considerada un ensayo sobre feminismo, tengo que decir que el término “ensayo” le queda un poco grande, puesto que muchas de las ideas que plantea Despentes no están argumentadas ni desglosadas. Es cierto que expone su punto de vista sobre el feminismo, el machismo, las violaciones, la prostitución, la pornografía… y en ese sentido la intención ensayística es evidente. Pero más como una intención que como una realidad o como género literario.
Hay mucho más de autobiográfico y de grito personal que de ensayo, y quizás esa combinación no está bien manejada, si bien la parte autobiográfica, concretamente la referida a su violación, me hizo añicos por dentro y me arañó especialmente. Sin embargo, el tono general parece más fruto de la rabia y la hartura que de la reflexión meditada. No siempre, pero sí en muchos momentos.
El cuerpo de las mujeres pertenecía a los hombres; en contrapartida, el cuerpo de los hombres pertenecía a la producción, en tiempos de paz, y al Estado, en tiempos de guerra. La confiscación del cuerpo de las mujeres se produce al mismo tiempo que la confiscación del cuerpo de los hombres. Los únicos que salen ganando en este negocio son los dirigentes.
Siendo esa la parte que más me costó encajar de esta lectura, ese no terminar de concretarse como teoría o ensayo, cierta falta de profundidad, no voy a negar que hay planteamientos interesantes y que mueven a la reflexión. Por ejemplo, Despentes apunta a la industria cultural, los poderosos medios de comunicación, los dirigentes, el capitalismo como responsables de una sociedad machista que somete tanto a las mujeres como a los propios hombres.
Porque no podemos olvidar que el machismo también somete al hombre, que se ve enjaulado en un rol poco favorecedor en lo personal aunque a algunos le suponga muchos triunfos en su particular liga de machitos poderosos.
Aunque sintonicé mucho con la primera parte del libro, en la que Despentes habla de su violación, no pude evitar sentir que discrepaba más cuando hablaba de la prostitución (aun compartiendo el planteamiento que hace de la misma, se me hace evidente que deja de lado una prostitución no tan libremente elegida y en la que hay una explotación sexual indiscutible) y la pornografía. No sentía que Despentes canalizaba todo eso hacia algún lugar, que pudiera concluirse de todo eso una acción.
Porque en la violación siempre es necesario probar que no estábamos realmente de acuerdo.
Se me revuelven hasta las raíces de mis entrañas al leer esta cita que sigue siendo tan verdad hoy en día. Como la propia Despentes cuenta, todas conocemos a unas cuantas mujeres violadas, eso si no lo hemos sido nosotras mismas, pero ¿cuántos hombres que hayan violado conocemos? Nos sabemos violadas, pero la figura del violador parece inexistente, como si fuera una figura fantasmagórica que las mujeres nos inventamos para excusarnos por no haber disfrutado de una relación sexual que no deseábamos.
No he podido evitar acordarme de la banalidad del mal de la que hablaba Hannah Arendt, que acuñó ese término para explicar el comportamiento de Adolf Eichmann, nazi miembro de las SS y uno de los responsables de la llamada solución final para exterminar a la población judía. Arendt decía que Eichmann en sí mismo no era un ser perverso y cruel, un monstruo, y para explicarlo hablaba de la banalidad del mal para referirse a que hay personas que actúan dentro del sistema al que pertenecen sin reflexionar sobre sus actos ni plantearse sus consecuencias Es decir, los actos no son contemplados, por muy crueles e injustos que sean, por sus consecuencias, sino como órdenes o acciones que hay que hacer porque son impuestas por estamentos superiores.
Y esto me viene al pelo para poder entender, yo misma, porqué los violadores no se consideran tales, o porqué actuaciones y pensamientos machistas y claramente discriminatorios y vejatorios contra la mujer, no son contemplados por muchos hombres y algunas mujeres, como tales. Aunque no haya un “estamento superior” claramente definido, es evidente que hay una necesidad de pertenencia a la sociedad. Si la sociedad, que es como un ente impreciso y difuso, marca una línea de pensamiento, unos valores determinados y admitidos de forma sibilina, unas pautas…, hay personas que las siguen, las cumplen como si fueran órdenes que ejecutar y llevar a cabo. Y banalizamos el mal.
No sé a vosotros, pero a mí sigue dándome mucho miedo.
Siempre hemos existido, pero nunca hemos hablado.
Despentes habla para existir, y en ese sentido Teoría King Kong es un grito de rabia, más individual que colectivo, y que plantea más preguntas que respuestas, más desahogo que soluciones y no termina de dibujar coordenadas para una rebelión real, colectiva y efectiva.
