Publicación: 2017
Editorial: Caballo de Troya
Sinopsis: Una novela íntima y política que narra la vida de una familia de emigrantes españoles en la Alemania del Este y dibuja el Berlín oriental, una ciudad permanentemente alerta desde los ojos de una niña que crece. Novela ganadora del premio El Ojo Crítico de RNE de Narrativa 2017.
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A papá lo sacaron de España en 1938; a mamá, en 1946. Yo les abandoné en 1971.
Es osada Aroa. Su primera novela y mete en la misma cesta a emigrantes españoles de la guerra civil, muro de Berlín, la Alemania dividida, el desarraigo de la tierra, el desarraigo familiar, las decisiones personales, los apegos familiares…
A mí ya me da vértigo pensar en cualquiera de esos mimbres, en uno solo de ellos, así que no puedo menos que aplaudir el riesgo que asume Aroa al querer novelar esta historia tan llena de posibles vericuetos y ramificaciones que lo más probable es que se le fuera de las manos.
La nieve no hace ruido al caer.
Qué obviedad ¿no? ¿Quién oye nevar? Si la nieve no hace ruido. Por eso olvidamos esa obviedad. Por eso olvidamos tantas cosas: porque no hacen ruido. Para mí lo que transcurre de forma callada tiene una importancia capital, así que cojo esa frase del libro de Aroa para centrarnos precisamente en eso: en lo que se calla, o lo que transcurre sin ruido, en sordina. Porque de eso habla este libro, pese a todo el bullicio que parece haber detrás del contexto histórico, social y geográfico en el que nos sitúa Aroa.
La emoción es el filtro y es la marea. Es la revolución.
Antes de seguir desarrollando la idea anterior, sobre lo que sucede calladamente en la vida de las personas, quiero también poner la mirada en la voz narrativa de Aroa, a caballo entre lo introspectivo y lo periodístico. No paso por alto que La hija del comunista se publica en la editorial Caballo de Troya, editorial que cada año cuenta con un editor invitado con el fin de dar a conocer a jóvenes autores españoles. Y que ese año la editora era Lara Moreno, de quien en su momento comenté que me había fascinado su voz, su lenguaje, su forma de contar (y ahora que la conozco también me fascina, y aprecio, su persona). No me parece casualidad. Voces que se reconocen. Escritoras. Lectoras feroces. Salvajes. Inevitable el encuentro y el entendimiento.
Y fue en ese par de minutos de estupor y letargo en que yo supe que iba a seguirle. Y que donde alguien se jugó la vida por una idea, por otra vida mejor o peor que la nuestra y por conocer la luz que asomaba por encima de nuestro muro, yo iba a correr también el riesgo, pero por el instinto más indeliberado.
Katia, hija de un comunista español huido al Berlín Oriental en 1938 y al que seguiría su mujer años después. Katia, una alemana hija de exiliados, que crece bajo el régimen de la RDA pero también con costumbres españolas, salpicada por la guerra fría y el levantamiento del muro de Berlín que dividió de un tajo a una ciudad y encerró a sus habitante en uno u otro lado. Como si fuera una moneda lanzada al aire, si salía cara y estabas en el lado “bueno”, habría posibilidades, prosperarías, pero si salía cruz... “había dos cosas que cuidábamos como si estuvieran vivas: la radio y la estufa”.
Y Katia va creciendo en medio de todas esas circunstancias, heredando la memoria de sus padres, su familia, mientras va construyendo su propia memoria. La hija del comunista es una novela sobre sueños rotos, sobre esas heroicidades silenciosas, proezas que pasan desapercibidas y no se valoran: la hazaña de tomar decisiones que cambiarán tu vida, y cual efecto mariposa, la de aquellos que te rodean
Es también una novela de nostalgias: la madre de Katia tiene nostalgia del pasado, el padre nostalgia del presente y Katia nostalgia del futuro. Y lo político como un intruso al que nadie ha invitado pero se introduce hasta las entrañas en la cotidianidad de nuestras vidas. Pero… todo es política.
Y tú haces como que ya no te importa. Porque tomaste una decisión sin calcular.
Y también es una novela sobre decisiones, porque siempre se toman decisiones (no tomarlas ya es una decisión), intentas calibrar las posibles consecuencias pero nadie nos puede chivar el futuro, así que es complejo calcular con exactitud matemática los efectos de tus decisiones. No puedes hacer otra cosa, a posteriori, que asumir todas las ramificaciones que surgen a partir de lo que decides. Incluso de lo que no decides.
Es cierto que Katia como personaje a veces se nos esconde, quizás sea deliberado por parte de Aroa, que nos presenta a Katia de la misma forma que conocemos a las personas: sin saberlo todo de ellas. A veces tenía la sensación de que necesitaba comprenderla mejor, pero al final rellenas esos escondites, añades tu propia intuición al personaje para entenderla. Al fin y al cabo, somos las decisiones que tomamos…
