lunes, 28 de diciembre de 2020
El parque (Marguerite Duras)
De Ana Blasfuemia
He estado dando vueltas y vueltas a este libro como si fuera una pieza de Tetris, intentando ajustarla en algún sitio y, en ese gesto de encontrarle la posición y el lugar adecuado, todo tuviera sentido. Pero no era un sentido lo que buscaba, sino más bien encajar este libro con su autora, Marguerite Duras.
Concebida como obra teatral, toda la trama se sustenta en el diálogo entre una joven niñera y un maduro vendedor ambulante. Muchas cosas les separan: edad, sueños, esperanzas, ambiciones. Se encuentran en un banco del parque y hablan, hablan y hablan. Hablan con mucha cortesía y mucho respeto hacia lo que el otro dice.
Lo que me costaba encajar era lo que leía con que fuera un libro escrito por Marguerite Duras. Y no por la economía narrativa, porque Duras nunca necesitó de excesos para conseguir ser una gran escritora, ha sido siempre sutil para expresar con palabras emociones complejas. Llegué a pensar que era un problema de traducción, pero tampoco. Pensé si era esa abundancia de cortesía entre ambos lo que me descolocaba, y algo de eso hay pero muy residual. Descarté que fueran los personajes, empeñados en mantenerme a distancia, observando. Pero luego comprendí que era esa sutileza tan característica de Duras la que estaba ahí, al terminar el libro y darte cuenta de la profundidad que movía detrás de una sencillez tan escandalosa.
Y al finalizar de leerlo vislumbro la grandeza de Duras, aun en este libro que no obtuvo muy buenas críticas (excepto de Maurice Blanchot, algo nada desdeñable en absoluto), y en el que a través de una conversación pura y dura, sin más herramientas narrativas que el diálogo, habla de la desesperanza y su contraria (la esperanza), los miedos y sus opuestos (la audacia, la acción). Y claro, termino, de leerlo y pienso que, en verdad, Duras jamás decepciona. Ni las buenas conversaciones.
“En el mundo hay gente tan satisfecha por el mero hecho de vivir que no necesita la esperanza”
martes, 13 de febrero de 2018
Todo lo que no te pude decir (Cristina Peri Rossi)
De Ana Blasfuemia
Es muy fácil creer lo que se quiere creer.
- Todo no se puede decir.
[…]
- ¿Me lo dirás algún día?
- ¿Qué?
- Todo lo que no se puede decir
Somos lo que hacemos, pero también lo que callamos. No, todo no se puede decir, pero queremos que nos lo digan todo e incluso a veces decirlo todo. Pero nunca se dice. No se puede. ¿Quién está preparado para la verdad? ¿Quién está preparado para decirlo absolutamente todo? ¿A quién le interesa saberlo todo? Pero a veces hay cosas que quieres decir, y no puedes, tal vez no quieran escucharte, no interesa lo que te mueres por contar, pero sí quieren que hables de aquello que quieres callar…
Pensó que el amor tenía extraños caminos y extrañas manifestaciones y que él no era nadie para juzgarlos.
Estaba seducida por la diferencia ¿entiende? Yo solo se amar desde la diferencia, desde la asimetría.
Solo se engaña a quien se compadece y a quien se quiere dominar.
Solemos idealizar lo perdido –dijo la psicóloga, suavemente-. Así, podemos desearlo otra vez.
Cuando sea capaz de sentir un deseo nuevo, estará curado –le dijo ella-. Pero no sabemos cuánto tarda cada persona en elaborar un deseo nuevo.