“- De eso es de lo que se trata, Edward. De acostumbrarse a las cosas.
- No es eso lo que yo pretendo —dijo mi padre.
- Da igual. También a eso se acostumbra uno”
Que una adaptación cinematográfica mejore y supere al original literario no es lo habitual. Con “Big Fish” la película MEJORA notablemente al libro. El libro llamó la atención en su momento por su mezcla de realismo y mito, su tono de fábula y su estructura poco convencional. Tuvo una recepción correcta y algunas críticas elogiosas, pero no fue precisamente un fenómeno de ventas masivo. En el año 2000, el guionista John August adquiere los derechos de adaptación y Tim Burton toma la dirección del proyecto.
La película de Tim Burton fue un éxito tanto de taquilla como de crítica y, al menos en mi caso, dejó una huella emocional bastante profunda. Burton no es oscuro ni gótico, sino que despliega más bien un lirismo luminoso con un interesante toque melancólico. En esta película posiblemente conectó con un público menos habitual en él.
¿Qué falló en el libro y en qué acertó la película? Creo que hay tres razones:
Primero, la estructura narrativa. El libro es esencialmente una colección de historias y anécdotas sobre la vida de Edward Bloom, contadas desde la perspectiva de su hijo William, quien intenta reconstruir la "verdad" detrás de las exageraciones de su padre. Muchas de esas historias tienen sus raíces en la mitología griega, pero llegan como un conjunto de cuentos sueltos, casi como un libro de fábulas o historias para niños, sin una cohesión fuerte. La película, en cambio, toma esas piezas dispersas y las teje con una narrativa coherente, con un enfoque claro en la reconciliación padre-hijo. Esta cohesión narrativa evita que el relato nos llegue fragmentado y, sobre todo, desconectado. Además la película tiene un tono místico y misterioso, que no nos llega tan evidente en el libro.
Segundo, el desarrollo de personajes y relaciones. En el libro, la relación entre Edward y William es más sutil y distante, no hay tanto énfasis en el conflicto emocional. Edward es un narrador desapegado, siendo las historias el foco principal. La película, sin embargo, profundiza y explora la frustración de William con las mentiras de su padre y hacen que Edward sea un personaje mítico y accesible al mismo tiempo. Añade capas emocionales, como la idea de que las "mentiras" de Edward son una forma de transmitir verdades profundas sobre la vida, el amor y la mortalidad.
Tercero, los elementos visuales y el estilo de Tim Burton. El libro carece de la imaginería lujosa que la película ofrece, por ejemplo las historias fantásticas (como el pez gigante, la bruja o el pueblo espectral) se describen pero dependen de nuestra imaginación. No es problema, es la gran ventaja de los libros, activan nuestra imaginación. Pero Burton, con su toque mágico, las hace realidad en pantalla: colores vibrantes, escenarios surrealistas y una cinematografía que mezcla lo real con lo fantástico de forma muy equilibrada. Burton hace magia en ese sentido, porque si de algo va sobrado, es de imaginación. En el libro, estas escenas pueden sentirse como meras anécdotas; en la película, se convierten en grandes momentos visuales que implican al espectador en el mundo maravilloso de las historias.
En definitiva, la película mejora al libro porque transforma una colección de cuentos encantadores pero dispersos en una experiencia emocional, visual y narrativa mucho más rica y unificada. No es que el libro sea malo (es original, mitológico, encantador), pero la adaptación aprovecha las fortalezas del cine para amplificar sus virtudes y consigue que el tono de fábula sí invite a la introspección y al desafío emocional e intelectual. En este caso, la reescritura narrativa del libro funcionó a la perfección.
Se puede decir que Tim Burton cogió un libro majete pero olvidable y lo convirtió en una película inolvidable.
Gracias, Daniel Wallace. Gracias, María Corniero (traductora). Gracias, Siglo XXI Editores...Y gracias, Tim Burtom.

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