martes, 20 de octubre de 2026

Maldita IA

Me voy a permitir la ironía de preguntar si la IA piensa apropiarse del lenguaje a la vez que utilizo una imagen creada por ChatGPT. Pero es que esta paradoja me está matando: la IA está convirtiendo en sospechosas palabras y construcciones que eran nuestras mucho antes de que ella existiera. Ha empezado a apropiarse, por puro abuso, de palabras, expresiones y construcciones que llevamos utilizando toda la vida: ”redención”, “habitar", "hay libros que…”, "no es que…, sino que…”, “como si…” Recursos perfectamente legítimos que, a fuerza de aparecer en miles de textos generados automáticamente, han adquirido una especie de denominación de origen sospechosa.


No quiero buscar culpables, pero cada vez es más habitual delegar la escritura en la IA y llenar publicaciones, blogs y redes sociales de textos que sus autores apenas han tenido que pensar o escribir. Los mismos giros, las mismas estructuras, las mismas palabras circulando hasta la saciedad. Y, como consecuencia, empezamos a reconocer como artificial algo que perfectamente podría haber escrito una persona. 


Personalmente, he llegado a interiorizar una especie de autocensura para evitar frases que suenen a inteligencia artificial. Da igual que mi pensamiento tenga una forma propia, que una expresión sea exactamente la que quiero utilizar: si aparece con frecuencia en los textos producidos por ChatGPT, ya me la prohíbo yo misma. Varío voluntariamente alguna expresión para defender mi autenticidad. Me descubro revisando frases que me habían salido con toda naturalidad y espontaneidad, buscando alternativas que a veces me gustan menos, pero que parecen más humanas… ¡y encima soy yo quien se impone esas restricciones! Era ya lo que nos faltaba, tener que pasar una prueba de alcoholemia literaria para demostrar que no hemos consumido ChatGPT...


Y otra cosa más me preocupa: la sospecha sobre la autoría amenaza con sustituir algo que para mí es pura necesidad: la lectura crítica. Por supuesto que me importa quién escribe y quién se limita a firmar lo que ha escrito una máquina. Pero también quiero poder leer un texto disfrutando del hecho de que esté bien pensado y bien escrito, que merece la pena lo que cuenta, valorando el que sus palabras e ideas sean precisas y necesarias… y sin tener que preguntarme si hay indicios de inteligencia artificial en cada párrafo. Allá cada cual con su conciencia y su ciencia o su carencia de ella.


Hemos pasado de pedirle a la IA que deje de escribir como una máquina a exigirnos a nosotros mismos que dejemos de escribir como la IA. Menudo negocio de mierda hemos hecho. Aunque, ahora que lo pienso, esto tiene su lado positivo: evitar sonar a IA nos obliga a explorar una escritura más personal y creativa (lo que me faltaba, tener que agradecerle que me complique la vida).


Y, entre tanto, la IA seguirá escribiendo tranquilamente ”redención".


La muy cabrona.


P. D.: Uso ChatGPT para sacar lo mejor de mi pensamiento y de mi escritura, no para delegarlos. Y aquí me tenéis, dando explicaciones para demostrarlo ¡si es que no puede ser!



©AnaBlasfuemia




No hay comentarios:

Publicar un comentario

En este blog NO se hacen críticas literarias ni mucho menos reseñas. Cuento y me cuento a partir de lo que leo. Soy una lectora subjetiva. Mi opinión no convierte un libro en buen o mal libro, únicamente en un libro que me ha gustado o no. Gracias por comentar o, simplemente, leer