“Hay acumulación. Hay responsabilidad. Y, más allá de ellas, hay desasosiego. Un gran desasosiego”
Es mi primer Barnes, ¡a estas alturas!, es lo que da de sí la vida lectora en el inmenso espacio nada infinitesimal de la literatura. Y tengo sensaciones contradictoras. La certeza: Barnes es un hábil narrador. Muy bueno, excelente incluso, cercano, reflexivo. Con una formalidad cuidada, elaborada. Pero algo (impreciso) me dice que puedo y debo esperar más de él.
La espina dorsal de “El sentido de un final” son los recuerdos. El narrador no nos engaña: deja claro que los recuerdos no son fiables, que aquello que recuerdas no necesariamente es lo que ha acontecido, sino cómo lo has vivido. Recuerdas las impresiones, la lectura que hiciste de lo sucedido. La vida no es literatura pero los recuerdos tal vez lo sean. Cuando los recuerdos son heridas, las restañas. O, mejor dicho: si lo que sucedió es una herida, serán los recuerdos quienes la restañen y taponen la hemorragia y para ello, si es necesario, traicionas la realidad para que parezca que el pasado no condiciona nuestro presente. Mientes, te mientes, y el recuerdo se convierte en mentira.
Pero la verdad es muy tozuda. A la verdad no le importa el tiempo, no tiene prisa, no tiene que rendir cuentas consigo misma. Al fin y al cabo solo queremos estar a salvo, tranquilos, que no nos molesten. Un poco de placidez, que más da si no lo queremos llamar cobardía.
Hay cierta pedantería en los personajes de “El sentido de un final” y también en el narrador. Pedantería suavizada por la escritura cercana de Barnes. No es que sea condescendiente con su narrador, él es el instrumento que utiliza el propio autor y no va a ponerse trampas a sí mismo. Pero quizás pueda ponerlas a los lectores, por supuesto. Porque, pese a que nos avisa de la poca fiabilidad del narrador, lo cierto es que es la única voz que se nos ofrece. Todo lo demás son trucos de magia de Barnes, demasiado explícito (para mí gusto), marcando un camino al lector al que apenas deja opciones de ir por los márgenes. Barnes quiere contar una historia, no abrir posibilidades. La cuenta bien, muy bien, pero a mí me gusta tener la posibilidad de elegir el sentido de un final.
