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jueves, 3 de diciembre de 2020

El libro de la hospitalidad (Edmond Jabès)


Escribo sobre el olvido o, más bien, escribo el olvido y, a medida que lo escribo, olvido lo que escribo. ¿Quién leerá lo que no se puede leer? Leo para cada lector ingratamente frustrado. Leo para todos. Y mi lectura es una llamada desesperada. Con un utensilio puntiagudo, grababa, en la piedra friable, la palabra hospitalidad

No es algo que comente mucho pero estoy viviendo todo esto de la pandemia con muchísima introspección y cierta ansiedad. Ansiedad que es dolor. Dolor y perplejidad por la humanidad. Intento desesperadamente que no se me desdibuje la realidad en la burbuja de la “normalidad”, en ese aparentar que no pasa nada, que esto pasará y todo volverá a ser como antes. Especialmente los últimos días siento el pecho oprimido, y quizás la lectura de “El origen de los otros” me llevó a releer este libro que tanto cobijo bondadoso me dio en su momento.

Y siento que al releer a Jabés el pecho se me expande y vuelvo a respirar, emocionada, con esas lágrimas que provocan sentir que hay espacio (pequeño, sí, ínfimo, pero espacio: la brecha por la que entra la luz) para la esperanza.

Jabés, que presta su voz al otro, un sabio que es un desconocido, un extraño con el que dialoga, primando lo fragmentario, el verso sobre el texto, el mensaje claro: todos somos el otro para los demás, todos somos extraños y eso nos vuelve vulnerables. Recibamos al extraño, acojámoslo, seamos hospitalarios, bondadosos. Somos efímeros, no perdamos el tiempo en defender nuestro espacio, nuestro yo, con uñas y dientes. Acojamos al otro, aunque no sea al que esperábamos. Cuidemos a los demás.

Publicado póstumamente, Jabés escribió este libro haciendo balance de su vida, consciente de la premura de la muerte y luchando contra el olvido. Regresó al desierto y a esos nómadas que, paradójicamente, representan mejor que nadie el concepto de hospitalidad, la ayuda al otro sin preguntar, sin ni siquiera recordar, tiempo después, la ayuda prestada. Porque no es necesario recordar que la vulnerabilidad nos une y “podemos, entonces, elegir: negarnos o unirnos

Jamás la herida curará la herida

Un poco de hospitalidad, por favor.

©AnaBlasfuemia

domingo, 22 de diciembre de 2019

Manual de escapología (Antonio Pau)


Un viejo tópico asocia huida a cobardía. Y sin embargo es todo lo contrario: huir es, en la mayoría de los casos, un acto de valor. No se trata de huir de los deberes y responsabilidades, naturalmente, sino huir de una circunstancia vital que resulta hostil. Porque la felicidad es un deber […] Hay que dar a las realidades dolorosas su espacio propio, pero su espacio justo. Agotado ese espacio, hay que tener la valentía de huir

Soy una escapista profesional. Primero busqué y como no encontré ni comprendí, empecé a huir. Y no paré de perpetrar huidas hasta el día de hoy, que me encuentro inmersa en la última huida, esa que supone encontrarme conmigo misma, mis raíces, mi identidad. He encontrado mi lugar en el mundo y voy a huir hacia él.

No, huir no es de cobardes. Hay que huir de lo que nos perjudica, hacerlo desde la reflexión y desde la libertad de elección. ¿Qué nos perjudica y qué es un entorno hostil? Todo es una realidad personal que nuestra mente crea a partir de la realidad física. Es mi percepción del entorno lo que le convierte en hostil o acogedor. Dicho esto, cada cual tiene su mochila y se acomoda en su trinchera dispuesto a combatir, conseguir la paz, conquistar un espacio o ir en búsqueda de otro.

Nadie va a huir hacia terreno minado, en principio se huye hacia el sosiego. Pero no hay una brújula que nos indique dónde están los oasis de paz, el mar crepuscular, el racimo de luz o el cielo azul.

He huido desde la rebeldía, desde el rechazo, la rabia, el dolor, la vergüenza, el miedo… Mis huidas han sido prepositivas: he huido a, hasta, sin, hacia, desde, con, para, por, tras… Identificar mis huidas asociándolas a todas y cada una de las preposiciones me ha ayudado a descifrarme y preparar el equipaje para mi gran evasión: la última (en realidad la penúltima, la última no la decidiré yo)

“Manual de escapologia” me ha hecho sentirme cómplice de mí misma. He sonreído mientras reconocía cuántas de las 30 huidas planteadas por Pau he practicado de una forma u otra. Todo está inventado ya y me complace reconocerme en las acciones, pensamientos y sentimientos de la humanidad desde que es “sapiens”.

Es la hora de mi (pen)última huida.