«Cuando la gente viene a hablarme, de lo que sea, me impresiona una especie de incandescencia que hay en ella, ese “yo” cuyo verbo puede ser “quiero” o “temor” y cuyo predicado puede ser “alguien” o “nada” y en realidad no importa, pues el encanto está precisamente en esa presencia, moldeada alrededor del “yo” como la llama en torno a la mecha, que surge en forma de pesadumbre y culpa y gozo y lo que sea, pero rápida, ávida e ingeniosa»
Qué gran narradora es Marilynne Robinson y qué difícil es lo que hace siendo tan fácil leerla. “Gilead” tiene un trasfondo religioso y teológico innegable pero, te interesen o no estas cuestiones, vas a conectar inevitablemente con su humanismo y con la gran sensibilidad que desprende en relación al ser humano y la existencia. Su prosa sosegada, honesta, acogedora, refleja un gran respeto que impele al lector a reconciliarse con las personas, con el vivir.
“Gilead” es una celebración de lo humano, una narrativa sencilla pero con una sólida construcción, que se aleja del tono sentimental y demagógico para abordar las motivaciones de su narrador con una profunda lucidez y con una transparencia muy generosa en ese escrutinio introspectivo que hace John Ames en una extensa carta dirigida a su hijo para que la lea cuando él ya no esté.
No siempre la voz narradora es fiable. No es el caso de John Ames, fiable y confiable, acogedora y profunda, sin esquivar ni misterios ni espinas. No soy nada fan de los sermones pero el abordaje de Robinson es lo suficientemente reflexivo e inteligente como para esquivar ese tono populista de muchas arengas, convirtiendo su discurso en una invitación al diálogo y a la reflexión, a una meditación profunda y serena.
Las enrevesadas relaciones entre padres e hijos es uno de los pilares que componen la columna vertebral de “Gilead”, también la soledad, la melancolía, las guerras, la comunidad, la religión, la vida… Todos ello abordado desde la calma, la amabilidad, el respeto y el cuidado. “Gilead” es, fundamentalmente, un enorme agradecimiento a lo cotidiano y ordinario, la vida como un milagro. Un libro conmovedor y acogedor de gran espiritualidad que cautiva sin falacias.
