Traductora: Marta-Ingrid Rebón Rodríguez
Páginas: 176
Publicación: 2002 (2007)
Editorial: Anagrama
ISBN: 9788433975249
Sinopsis: En este libro, que se presenta como una novela por entregas, la gran novelista rusa Liudmila Ulítskaya nos propone sutiles variaciones sobre la mentira femenina. Pues, según nuestra autora, las mentiras de las mujeres se distinguirían de las mentiras de los hombres, y estarían casi siempre desprovistas de finalidad. Zhenia, el personaje principal, es así confrontada a todo tipo de invenciones.
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Si tú no existes, nadie existe. ¡Tú existes! ¡Tú existes! ¡Si tú no existes, eres una mentirosa y una traidora!
No recuerdo cómo llegué a este libro, así que deduzco que ha sido el libro el que ha llegado a mí. Quizás el título tenga mucho que ver: ¿Mentiras de mujeres? ¿Hay mentiras de mujeres y mentiras de hombres? Sí, puede que haya sido por eso. O por las mentiras, sin más.
No hay respuesta a si hay mentiras de mujeres y mentiras de hombres o por qué mienten las mujeres. En verdad tampoco las buscaba (respuestas) porque intuyo que hay tantas como mentiras. Hay historias, historias de mujeres que mienten, y cuya receptora es Zhenia, el hilo común que une las diferentes historias hasta que convergen en ella misma.
En el prólogo, Ulítskaya nos dice:
Así como los hombres mienten de una forma práctica, con un fin, las mujeres lo hacen de pasada, por descuido, sin causa sin motivo, con ardor, de improvisto, poco a poco, sin orden ni concierto, desesperadamente, de modo completamente inmotivado... Aquellas que poseen ese don mienten desde la primera hasta la última palabra que pronuncian.
Así, Ulítskaya considera que la mentira es un don... Y hay cierto tipo de mentira que lo es, implica una creatividad extraordinaria, y además nunca es forzada, provocada. Es vivida como real por parte de quien la crea, sin más. ¿Por qué? ¿Para qué? Para embellecer la realidad, para dar salida a la idiota que se tiene dentro, por mitomanía, por enfermedad, para llenar vacíos, para que te quieran, para crearse y creerse una vida mejor… Robas y te apropias de recuerdos ajenos, los recreas, deformas los propios… te lo crees. Te inventas. En verdad yo tampoco tengo respuestas. Entiendo la creatividad, el adorno, la imaginación, el inventarse y hasta el reinventarse… pero no entiendo las mentiras.
Ulítskaya nos cuenta no una, sino varias historias con un ritmo ágil, ligero, quizás algo carente de profundidad. Presentado como un breve estudio sobre las mentiras de las mujeres, en realidad no busca dar respuestas, encontrar razones ni explicaciones… Todos los personajes están creados con cariño e inteligencia, mujeres mitómanas que fabulan y transforman la realidad. A algunas de ellas no puedes evitar adorarlas, aun en la mentira, queriendo que la mentira sea verdad. Mentirosas compulsivas, adictas a la mentira, que se presentan ante los ojos de los demás disfrazando historias y presentando una realidad distorsionada pero más bella, más interesante y atractiva a los ojos de los demás. La mentira no deja de ser, entre otras cosas, una forma de evitar sentirte indefensa. Una forma de ser aceptada y comprendida.
No esperéis dilucidar cómo son las mentiras de las mujeres, en contraposición a las de los hombres. Hay historias, unas más hermosas y emotivas que otras. Hay una creación de personajes muy atractiva y tierna que me llamó (mucho) la atención. Un contar ameno y sugerente. Cierto desequilibrio en las historias. Y muchas mentiras. Y detrás de las mentiras siempre hay un misterio, un jeroglífico que descifrar. Y, probablemente, alguien débil que encuentra en la mentira su propia fortaleza. O quizás es que nos inventamos, sin más. Quién sabe dónde está la frontera entre quienes somos y quienes queremos mostrar a los demás. Juegos. Juegos dañinos en ocasiones.
¿A quién mientes? A uno/a mismo/a. Pero quien recibe las mentiras también se tambalea, como una cobaya que toma conciencia de ser objeto de un experimento, de una manipulación que sobrepasa el entendimiento. La mentira evita la indefensión en quien la vive y la cuenta, pero traslada esa indefensión a quien la recibe. A quien cree que la mentira, es verdad.
La mentira es un círculo vicioso cuyo peor defecto es clavar inesperadas y salvajes aristas en quien la recibe y se la cree. Un juego bello, peligroso y cruel.
Era como si le doliera una pierna amputada: algo que no existía. Un dolor fantasma. Peor aún: algo que nunca había existido.
A ti que, sin querer, me lo diste todo.
Y, queriendo, me lo quitaste.
Gracias por lo que de verdad pudo haber habido
y he vivido.
Y, queriendo, me lo quitaste.
Gracias por lo que de verdad pudo haber habido
y he vivido.