Título original: Suite Française
Traductor: José Antonio Soriano Marco
Páginas: 480
Publicación: 2004 (2005)
Editorial: Salamandra
ISBN: 9788478889822
Sinopsis: Novela excepcional escrita en condiciones excepcionales, Suite francesa retrata con maestría una época fundamental de la Europa del siglo XX. Imbuida de un claro componente autobiográfico, Suite francesa se inicia en París los días previos a la invasión alemana, en un clima de incertidumbre e incredulidad. Enseguida, tras las primeras bombas, miles de familias se lanzan a las carreteras en coche, en bicicleta o a pie. Némirovsky dibuja con precisión las escenas, unas conmovedoras y otras grotescas, que se suceden en el camino: ricos burgueses angustiados, amantes abandonadas, ancianos olvidados en el viaje, los bombardeos sobre la población indefensa, las artimañas para conseguir agua, comida y gasolina. A medida que los alemanes van tomando posesión del país, se vislumbra un desmoronamiento del orden social imperante y el nacimiento de una nueva época. La presencia de los invasores despertará odios, pero también historias de amor clandestinas y públicas muestras de colaboracionismo.
¿Por dónde empezar? Por el principio, Ana. Irène Némirovsky es una de las autoras del Reto de Escritoras Únicas, concretamente está en la lista de Marilú. Quería acercarme a Némirovsky con este libro, por la historia especial que le rodea y que todo el mundo conoce: Se trata de una obra que fue concebida inicialmente como una composición en cinco partes, de las que Némirovsky sólo consiguió escribir dos antes de ser llevada al campo de exterminio de Birkenau, donde sería asesinada el 17 de agosto de 1942. Las dos partes que consiguió escribir son Tempestad en junio y Dolce. Se completa Suite Francesa con Notas manuscritas de Irène Némirovsky y Correspondencia 1936-1945.
De entrada nos encontramos con un Prólogo de Myriam Anissimon que, aleluya, es realmente un prólogo, no destripa nada, pero cumple magníficamente su función de ubicarnos en cuanto a la espeluznante situación que convirtió esta Suite Francesa en una obra inconclusa. Por un lado hace una breve pero atinada biografía de Irène Némirovsky, con atinadas reflexiones de en qué situación emocional fue escrita esta Suite Francesa; y por otro, conocemos también las no menos excepcionales circunstancias que provocaron que este libro no fuera publicado hasta 2004.
El Prólogo tiene la gran virtud de, con brevedad y precisión, conseguir ponernos la piel de gallina y empezar a leer con el espíritu necesario para que esta lectura sea excepcionalmente cercana y emotiva. Crea el clima adecuado para adentrarte en el libro.
Tempestad en junio es fundamentalmente un lienzo, con diversas imágenes de la huida de los franceses de los bombardeos alemanes, el retrato de un éxodo, pinceladas de una huida caótica, una crónica probablemente sesgada y parcial (porque al fin y al cabo sólo tenemos una visión parcial de aquello que vivimos) en la que Némirovsky pone en marcha su ironía y no escatima nada al mostrarnos la miserable naturaleza humana haciendo aparecer la frivolidad en medio del drama, vanidad fruto del egoísmo y del “sálvese quien pueda”. Podría habernos mostrado el lado más solidario, empático y valiente, la imagen del luchador y del resistente, pero decide hacerlo del más mezquino, posiblemente porque es lo que había a su alrededor.
En Dolce nos encontramos en una Francia ocupada en la que vencederos y vencidos, alemanes y franceses, tienen que convivir. La narración en este caso transcurre en un orden más cronológico en cuanto a personajes y acción, con una estructura narrativa con principio y (casi) final. Bien es verdad que el final se produciría a lo largo de las otras tres partes de esta suite inconclusa, aun así gracias a las notas del manuscrito y a que Dolce era un apartado ya concluido, no da tanto la sensación de quedarse incompleto.
En Dolce se aprecia la maestría de Némirovsky para trazar el perfil psicológico de los personajes, fundamentalmente a través de sus reacciones. La línea que debería de separar a vencedores y vencidos se difumina ante todo aquello que iguala a los seres humanos: amor, miedo, soledad, belleza, deseo… Si fue decisión de Irène Némirovsky hacerlo así porque narrativamente le interesaba más, mostrando el lado humano de los soldados alemanes, o si realmente es así como se vivió es algo que no alcanzo a saber. Se me hace evidente que algunos soldados nazis fueran humanos e incluso hasta buenas personas, pero que Némirovsky decidiera mostrar más la egoísta crueldad y banalidad de los propios franceses es algo que no conseguí entender.
Porque si algo me ha inquietado ligeramente a lo largo de toda la lectura es la distancia que Némirovsky mantiene respecto a lo que nos cuenta. Sólo se me ocurren dos razones para que esa distancia, ese relato casi periodístico de lo sucedido, esté tan presente: por pura supervivencia, la distancia como una muleta que te sostiene y permite sobrevivir; o por pura ignorancia de lo que realmente estaba sucediendo, un desconocimiento cruel de lo que sucedía en los campos de concentración y una ignorancia absoluta de la existencia de los campos de exterminio. De la existencia de los primeros era consciente Némirovsky, puesto que los menciona, aunque tal vez no tuviera un conocimiento real de lo que sucedía en ellos. Y me temo que de los campos de exterminio supo cuando ella misma perdió la vida en uno de ellos.
Suite francesa se completa con unos Apéndices que incluyen una Correspondencia 1936-1945 y unas impresionantes Notas manuscritas de Irène Nemirovsky. Estas notas manuscritas sí que me pusieron los pelos como escarpias, porque nos hacen a Irène terriblemente cercana, especialmente en cuanto a la construcción del proyecto de las cinco partes que debieran de haber compuesto esta Suite francesa. Escalofriante comprobar que esa distancia también está presente en estas notas manuscritas, aunque igualmente transpira miedo, incertidumbre, tanto por su propio porvenir como el de, principalmente, sus hijas.
Además de esa inquietante distancia respecto a lo relatado (no olvidemos que es una ficción a medias, puesto que estaba contando casi en tiempo real sus propias vivencias y aquello de lo que tenía noticia), no cabe duda que la técnica narrativa de Némirovsky era impecable: ambientación, personajes, descripciones, estructura, ritmo… no sobra ni falta nada, todo está donde debe estar y como debe estar. Quizás me ha faltado algo de alma, un relato más sentido y menos testimonial, una distancia más cercana entre lo que Némirovsky cuenta y lo que estaba, realmente, viviendo. Pero también es un testimonio que nos ayuda a entender más y mejor cómo sucedió todo, cómo se vivió, cómo a veces no ves (no quieres ver) las orejas al lobo hasta que te da la dentellada mortal. Las consecuencias de mirar al otro lado, de actuar como si la realidad fuera otra, más benévola y menos cruel… No se puede huir de la realidad por mucho que la disfracemos o metamos la cabeza en un agujero. Es más, esa realidad que quieres evitar escondiéndote, se hace más grande y poderosa cuando se decide ignorarla o dulcificarla.
Una lectura en definitiva impresionante por todo lo que rodea a esta obra inconclusa, por la técnica de Némirovsky como escritora, su agudeza y su ironía. Sin duda, el valor de este libro está en ser en sí mismo un documento histórico de una época, en la que nos muestra no tanto el lado cruel del Holocausto, sino más bien esas historias dentro de la Historia que son claves para entender cómo y porqué sucedió lo que sucedió. E incluso porqué podría volver a ocurrir.