martes, 22 de diciembre de 2020
Las buenas intenciones (Amity Gaige)
De Ana Blasfuemia
La diferencia entre misterio y secreto está en que el misterio no es susceptible de resolverse. La vida es misteriosa, no secreta. Y las intenciones pueden ser secretas, pero no misteriosas. También pueden ser buenas o malas, hay un dicho al respecto: que el infierno está lleno de buenas intenciones. Y eso ya nos dice mucho del contenido de este libro.
Gaige construye un personaje protagonista fascinante y complejo. Un protagonista manipulador y egocéntrico. Y es que cuando todo se construye en torno a una mentira, al final las intenciones nunca, jamás, son buenas. La verdad más pura siempre está en quien es capaz de conmoverse, pero no con y por uno mismo, no con autocompasión, sino conmoverse con el otro y por el otro.
Al final… al final nos pasarán la cuenta y todos tendremos que pagar y declarar el verdadero color de nuestros actos. Poca escapatoria hay, por mucha confusión que exista entre quienes creemos ser y quienes realmente somos, por mucho que construyamos una narrativa personal con relatos que se ajusten a nuestros intereses… nos pasarán la cuenta y habrá que pagar. Fin de la historia.
Esta es una novela inteligente y muy bien escrita sobre una personalidad narcisista, una personalidad profundamente manipuladora. Gaige profundiza sobre la paternidad y las identidades que adoptamos y lo hace a través de un personaje de esos que detestamos a la vez que nos atraen poderosamente. Algún nombre tendrá eso, pero mientras lo encuentro os digo que este libro me agarró con la pericia de una araña atrapando a una mosca. Tejiendo muy bien. Detestas al personaje pero lo comprendes y hasta a veces sientes ternura por él, una ternura del mismo calibre que el desprecio. Emocionalmente esto es inquietante y, a la vez, una virtud narrativa de Gaige. Una novela muy equilibrada sobre el desequilibrio.
Que alargada es la sombra de Nabokov y su “Lolita”...
sábado, 16 de mayo de 2020
Entre cielo y tierra (Jón Kalman Stefánsson)
De Ana Blasfuemia
miércoles, 29 de mayo de 2019
El archipiélago del perro (Philippe Claudel)
De Ana Blasfuemia
martes, 26 de junio de 2018
Toda una vida (Robert Seethaler)
De Ana Blasfuemia
Se pueden comprar las horas de un hombre, robarle los días o arrebatarle toda su vida. Pero nadie puede quitarle a un hombre ni un solo instante.
viernes, 1 de diciembre de 2017
La joven de azul jacinto (Susan Vreeland)
De Ana Blasfuemia
Al final, se dijo, solo nos quedan los momentos.
jueves, 15 de septiembre de 2016
Para acabar con Eddy Bellegueule (Édouard Louis)
De Ana Blasfuemia
De mi infancia no me queda ningún recuerdo feliz. No quiero decir que no haya tenido nunca, en esos años, ningún sentimiento feliz o alegre. Lo que pasa es que el sufrimiento es totalitario: hace desaparecer todo cuanto no entre en su sistema.
jueves, 8 de septiembre de 2016
Si nadie habla de las cosas que importan (Jon McGregor)
De Ana Blasfuemia
Traductores: Libertad Aguilera y Gabriel Dols
Páginas: 285
Publicación: 2002 (2006)
Editorial: Salamandra
Sinopsis: Una calle cualquiera de una ciudad del norte de Inglaterra el último domingo de verano. Las escenas se suceden como si fuesen polaroids pegadas sobre una cartulina: estudiantes que hacen las maletas sin saber qué les depara el futuro; niños que entran y salen corriendo de sus casas; jóvenes que empiezan a despertar tras pasar la noche de fiesta; un hombre que pinta de azul pálido las ventanas de su casa; un matrimonio que se encierra en su dormitorio para hacer el amor; una pareja de ancianos que se prepara para celebrar su aniversario...
Si nadie habla de las cosas que importan, ¿cómo pueden llamarse importantes?Hay libros cuyo título suponen páginas y páginas de pensamientos en tu cabeza. Leo el título de este libro, “Si nadie habla de las cosas que importan”, y veo una invitación, unos puntos suspensivos que inevitablemente recorro dando saltitos de uno a otro hasta llegar al último y saltar al vacío. Antes de leer el libro, mi mente ya ha escrito otro sobre qué sucede si nadie habla de las cosas que importan y por qué no hablamos de las cosas que importan. Y qué es lo importante y qué no. Y qué sucede cuando hablas de las cosas que importan.
Ella le dijo cuéntame nuestra historia, cuéntamela como se la contarás a nuestros hijos cuando te pregunten.Historias. Somos historias, sumas (y restas) de historias, propias y ajenas, que nos hacen. ¿Las contamos? Algunas sí, otras no. ¿Por qué callamos algunas cosas? ¿Por qué necesitamos hablar de otras? Probablemente muchas veces esperamos que alguien nos tienda un puente sin necesidad de pedirlo, que alguien note (sienta), por ejemplo, que algo no va bien sin que haya necesidad de palabras por medio, como si bastara con escuchar que el corazón se ha detenido, como si fuera posible que alguien escuchara realmente los latidos (o su ausencia) de tu corazón. Y tendiera el puente. Y tú lo atravesaras. (¿De verdad pasan estas cosas?)
A veces parece que poner palabras a lo que sentimos o pensamos lo convierte en algo real. Y sin embargo la verdad suele estar en lo que se calla, en los silencios, en los microgestos que suelen pasar desapercibidos, aunque supongan la clave que desentraña nuestro enigma interior. Los hechos cuentan (Facta, non verba) pero lo que callamos dice tanto de quienes somos... Estar hecha de muchos silencios da qué pensar. Algo no puede ir bien. Algo acabará por no ir bien.
Nada cambia. Divago. Pero estoy hablando del libro. De su contenido, o al menos de lo que yo vi (que a lo mejor ni siquiera es el contenido).
Una vez atravesado el desierto generado únicamente por el título, empiezo a leer. Y me bastan pocos párrafos para saber que estoy ante un libro diferente, no convencional, y una forma de contar diferente. Que escribe bien Jon McGregor. Muy bien. Prosa lírica le dicen. Un inicio espectacular, sensorial, escuchando el despertar de una ciudad de la mano de McGregor, que da otra dimensión (más relevante) a cada sonido que una ciudad genera, hasta llegar a un silencio cuya fugacidad lo convierte casi en inexistente.
Es una historia de conexiones. De cómo no somos ajenos a los ajenos. De alguna forma algo nos conecta con propios y extraños. Pasos necesarios que nos llevan de un lugar a otro y a personas anónimas, de las que no conoces el nombre siquiera, pero que han pasado por tu vida, fugazmente tal vez o de forma más constante (¿conocemos el nombre de todos nuestros vecinos, de los trabajadores del supermercado al que vamos habitualmente…?) y, quién sabe, algo que hicieron o no hicieron, dijeron o no dijeron, ha provocado una sombra o una luz en nuestras vidas. Y nosotros sin saberlo. Es casi magia.
Es como si McGregor hubiera cogido una fotografía, una imagen fija, estática, de una calle cualquiera. Un momento, una postal, una calle, la gente, los vecinos, los coches, los niños, el mobiliario urbano habitual, las casas, sus puertas y ventanas. Y a partir de ahí, hacia delante y hacia atrás, se desmigaja lo que sucede hasta llegar a ese momento, y lo que sucede tiempo después. El tan conocido efecto mariposa. Al que si añadimos la fascinante hipótesis de los seis grados de separación ya tenemos material en el que pensar. Añadimos los ingredientes de las historias de los personajes (lo que ven, lo que son, sus vidas, lo que hablan, lo que callan), los silencios que construimos y que a veces nos destruyen, y tenemos Si nadie habla de las cosas que importan. Y más cosas, claro, porque cada libro dice algo al lector que es único y es personal. Miradas, formas de mirar. Puedes ver. O no.
No habla de esas cosas con la gente, allí no hay nadie con quien hablar de ellas, nadie que las sepa. Si le preguntaban, decía bien en general, en general estoy bien, va bien. Pero hay veces en que siente demasiado, en que si pudiera contárselo a alguien, diría no puedo soportarlo más quiero arrancar el papel de las paredes e hincarme de rodillas y machacar el suelo con mis puños inútiles y destrozados.La lectura deja cierto poso de tristeza. O tal vez ese poso lo tenga incrustado en mí como una lapa. Es un libro magnífico al que únicamente puedo reprochar ciertos círculos concéntricos hacia mitad de la lectura y un exceso de dicen y digo que en algún momento me chirriaban innecesariamente. Pero McGregor pone el acento en los detalles, en lo cotidiano, en lo que omitimos y silenciamos, también en lo que ninguneamos. En lo invisible. Y eso, a mí, siempre me hechiza.
(©AnaBlasfuemia)
viernes, 10 de abril de 2015
Astrid y Veronika (Linda Olsson)
De Ana Blasfuemia
Verte llegar fue como esa primera luz tras una larga oscuridad. Observé tu esbelta silueta en el haz de los faros del coche mientras descargabas tu equipaje. Me quedé junto a la ventana hasta mucho después de que hubieras cerrado la puerta. Vi apagarse las luces una tras otra. Y creo que supe que la vida había regresado.
Me gustaría que pensaras en mí de esa manera, sabiendo que siempre estaré contigo, aunque quizá no te sea posible recordar mi cara.
martes, 11 de noviembre de 2014
Suite Francesa (Irène Némirovsky)
De Ana Blasfuemia
lunes, 6 de octubre de 2014
Aromas (Philippe Claudel)
De Ana Blasfuemia
Título original: Parfums
Cada letra tiene un aroma, cada verbo, una fragancia. Cada palabra trae al recuerdo un lugar y sus olores. Y el texto que tejemos poco a poco, al azar duplicado del alfabeto y la memoria, se convierte en el maravilloso y perfumado río, mil veces ramificado, de nuestra vida soñada, de nuestra vida vivida, de nuestra vida por vivir, que nos lleva y al mismo tiempo nos revela.
En el mismo instante en que ese sorbo de té mezclado con sabor a pastel tocó mi paladar… el recuerdo se hizo presente… Era el mismo sabor de aquella magdalena que mi tía me daba los sábados por la mañana. Tan pronto como reconocí los sabores de aquella magdalena… apareció la casa gris y su fachada, y con la casa la ciudad, la plaza a la que se me enviaba antes del mediodía, las calles…
Déjame aspirar largo, largo rato, el olor de tus cabellos, hundir en ellos el rostro, como un hombre sediento en el agua de una fuente, y agitarlos con la mano cual pañuelo perfumado, para esparcir recuerdos en el aire (Charles Baudelaire, Un hemisferio en una cabellera)