Título original: Ma fille, Marie
Traductor: Manuel Serrat Crespo
Páginas: 160
Publicación: 2003 (2004)
Editorial: Martínez Roca
Sinopsis: Carta abierta a una víctima de la violencia de género. Durante el rodaje de una película en Vilnius, a las órdenes de su madre, la actriz francesa Marie Trintignant murió, tras una paliza propinada por su pareja, el cantante Bertrand Cantat vocalista del grupo de música Noir Désir. Su muerte desencadenó una fuerte polémica en los medios de comunicación internacionales. Su madre, la realizadora de cine Nadine Trintignant, ha volcado en esta estremecedora narración sus vivencias y sus últimos días junto a su hija, en un texto que es, tanto una terapia personal, como un documento de denuncia contra la violencia doméstica.
Pero somos lo que hacemos. Ni más ni menos.
Hechos: La noche del 26 al 27 de Julio de 2003 Bertrand Cantat propinaba una brutal paliza a Marie Trintignant. Hasta 17 golpes le descargó Bertrand a Marie, provocándole un derrame y un edema cerebral que la dejarían en coma.
Un bofetón nunca es anodino, un bofetón nunca es un accidente.
Hechos: Después de apalearla salvajemente, Bertrand tumbó a Marie en la cama, tapó su rostro con una manta y dejó pasar horas, hasta siete, antes de que se avisara a una ambulancia. Esas horas sin recibir atención médica le costaron la vida a Marie. Miento: lo que le costó la vida fue todos y cada uno de los 17 golpes bestiales que le atizó Bertrand.
Creíste que tu asesino te amaba. Quería poseerte. Que fueras suya y sólo suya. Eso no es amor, eso no es pasión: es posesión.
Hechos: Días más tarde, el 1 de agosto de 2003, Marie fallecía después de varias operaciones. Bertrand, que alegó que fue un “accidente y no un crimen”, fue condenado a 8 años de prisión. Apenas cumplió tres.
La trampa en la que caen, en la que tú caíste, es creer que ibas a cambiar a tu asesino. No se cambia a nadie.
Hechos: Bertrand retomó su carrera musical. Marie… ah… Marie no pudo retomar nada.
No me atrevía a ir más allá de los límites de la discreción que una madre debe a su hija. ¡Qué error, amor mío!
Hechos: Nadine, madre de Marie, escribe una carta en la que relata lo sucedido y vivido durante esos días, a la vez que recuerda a su hija y llena cada página de un repetitivo e intenso “no vi”, “no comprendí”. Al poco del fallecimiento de Marie, se publica la carta, que es este libro, cuyo testimonio pretende crear una conciencia de denuncia de estas situaciones de violencia de género, así como cambiar una ley que condena con penas irrisorias a los asesinos. Nadine es acusada de exhibicionista, impúdica, vengativa y de alimentar el sensacionalismo por publicar esta carta.
La madre de la mujer asesinada es acusada por la sociedad.
Bertrand pasa menos de tres años en la cárcel.
No vi. No comprendí.
¿Estamos locos? Locos no sé. Ciegos lo estamos en muchas ocasiones. Insensibles. Luchar contra la violencia de género no es algo puntual. No es un 8 de marzo. Es un compromiso constante, cada minuto, cada hora, cada día, cada mes, cada año y cada vida. La lucha contra las personas manipuladoras, mentirosas, dañinas, tóxicas… cada minuto, cada hora… constantemente.
Están los egoístas y los que dan.
Mi hija Marie es un libro estremecedor. No por su estilo literario (inexistente, pese a ser Nadine guionista y directora de cine), sino por su testimonio. No hay un esfuerzo por escribir bien ni bonito. Hay un esfuerzo por retener a una hija que ya no está, por comprender lo sucedido, por purgar la culpa (No vi. No comprendí). Hay muchas víctimas alrededor de una víctima de violencia de género. Ninguna de ellas es el verdugo, por muchas condenas que este cumpla. La justicia es injusta. Quizá la vida también lo sea, si un asesino puede seguir con su vida después de quitarle la vida a su pareja porque… ¿por qué? ¿por qué? No hay ningún por qué. Nunca lo habrá.
No hay título de amor para los que golpean. El amor transciende y conmueve la vida. El amor puede romper los corazones. No los cuerpos. El amor sigue siendo lo mejor que podemos ofrecer. No lo peor.
Ni una menos. Ni una. Vivas, así nos queremos. Así te quiero. Así me quiero.
