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miércoles, 28 de agosto de 2019

Mamá y yo y mamá (Maya Angelou)


«El amor cura. Cura y libera. No uso la palabra “amor” en un sentido sentimental, sino como una condición tan fuerte que puede ser capaz de sujetar las escaleras que conducen al cielo y de hacer que la sangre fluya correctamente por nuestras venas»

Maya Angelou cura. Cura y libera. Te sujeta con ternura, hace que la sangre fluya por las venas con la fuerza de un animal liberado, que las lágrimas se deslicen hacia unos labios que, a su vez, sonríen palpitantes de emoción. Porque siempre que leo a Maya lloro y sonrío, se me hincha el alma, el corazón, me devuelve la fe en las personas, en la fuerza de la bondad. Y eso no tiene precio, no tengo palabras que devuelvan a Maya lo que ella me da.

Me protege. Eso hace. Me cuida. Como si fuera un hombro blando pero firme, con la concavidad perfecta para depositar mi cabeza y mi dolor mientras siento que un abrazo adopta el tono preciso y necesario, enérgico y a la vez delicado, protector y liberador al mismo tiempo. Maya es la aliada que quieres tener siempre a tu lado, en cualquier batalla, en cualquier vida.

Su prosa cercana llena todos los vacíos, pone ese arcoíris necesario en cada persona, es como un pájaro que canta entremezclándose con el murmullo de las olas, gotas vaporosas que son luz en la lluvia. El alma de Maya contiene la respiración como cuando te encuentras con una flor que renace en pleno invierno.

Hay que ser muy Maya Angelou para que, en una vida en la que hay violencia, miseria y dolor, el poso que quede sea el del amor. ¿De qué está hecha Maya Angelou? De su madre.

Cuidaré de ti y cuidaré de cualquiera que digas que necesita ser cuidado, de la forma que digas. Estoy aquí. Con todo mi ser. Soy tu madre


jueves, 12 de mayo de 2016

Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado (Maya Angelou)


Título original: I know why the caged bird sings
Traductor: Carlos Manzano
Páginas: 352
Publicación: 1969 (1993)
ISBN: 9788416213665
Sinopsis: En la primera y más conocida de sus novelas autobiográficas, Maya Angelou nos habla de su dura infancia y de los trances por los que tuvo que pasar hasta convertirse en una mujer independiente. Criada en un pequeño pueblo de Arkansas por su abuela, Angelou aprendió mucho de esta mujer excepcional y de una comunidad extraordinariamente cohesionada; unas lecciones de vida que la ayudarían a sobrellevar las dramáticas circunstancias a las que tuvo que enfrentarse posteriormente en San Luis y California. Este emocionante relato retrata también la vida de la mayor parte de la población negra del Sur de los Estados Unidos durante la primera mitad del siglo xx.

Sin rodeos: este libro es MA-RA-VI-LLO-SO.

Maya Angelou fue una de las mejores poetisas estadounidenses, defensora de los derechos civiles de los negros y de la mujer, actriz, escritora, bailarina, cantante, profesora… y también prostituta y proxeneta. Y, cómo no, una enorme lectora ("Me había transmitido su palabra secreta con la que convocar a un genio que había de servirme toda mi vida: libros"). Pero, por encima de todo, fue una mujer admirable y con un bello espíritu que nos deberían inocular en vena a todo el mundo nada más nacer.

Poco o nada publicada y traducida en nuestro país (aunque creo que Lumen sacó una edición de este mismo libro en 1993) cuando veo que Libros del Asteroide va a editar (o reeditar) este primer volumen de los siete que componen las novelas autobiográficas de Maya, me lanzo de cabeza al horno y me lo saco calentito. No podía dejarlo pasar. Me alegro de no haberlo dejado pasar, leerla ha sido un agasajo para mi ánimo.

Hay tanta belleza en este libro que no sé ni por dónde empezar. Maya Angelou es una narradora descomunal y brillante. Y lo hace desde un lenguaje sencillo, directo, realista, reflexivo y, sobre todo, acogedor. Me sentí en esta lectura como quien entra en un refugio huyendo de una tormenta en una montaña. Fuera se desata la naturaleza con una violenta y perturbadora ventisca de frío y nieve. Dentro, la calidez que te aísla de todo aquello que puede hacerte daño o perjudicarte. Un remanso protector, grato, balsámico… humano y entrañable.

Enorme narradora en las distancias cortas, Maya se sienta a tu lado en el refugio, cerquita de la chimenea, con la mirada hipnotizada por el fuego empieza a hablarte despacito, envolvente, y su voz pasa a ser el calor crujiente y mágico de la chimenea.
Si bien el proceso de desarrollo de una muchacha sureña negra es doloroso, la sensación de estar fuera de lugar es como el óxido de la navaja que amenaza con cortarte el cuello.
Es un insulto innecesario.
En este libro conoceremos la vida de Maya Angelou desde los tres hasta los dieciséis años (justo en el momento en el que es madre). Mujer, negra, primera mitad del siglo XX en EEUU… Las cartas ya estaban marcadas: no iba a ser una vida fácil. Y Maya nos lo cuenta desde su mirada de niña, que dulcifica lo que vive pero que no lo disfraza. La inocencia de los niños es el mayor tesoro de la humanidad. Y no sabemos preservarlo, ponerlo a buen resguardo y convertir la inocencia en nuestra identidad de por vida.

¿Hay dolor en este libro? Mucho… Pero, y esa es la fuerza tremenda que tiene Maya Angelou, no es un libro que arañe, en el que las cicatrices te vacíen. Al contrario, es un libro con el que te reconcilias con la vida y con las personas. Maravillosa  y lúcida, Maya hace uno de los ejercicios narrativos más asombrosos que he visto: convierte una vida dramática en coraje y supervivencia desde la inocencia y la dulzura. Nunca he leído un libro en el que hubiera tanto dolor y que, sin embargo, me hiciera (sí, es increíble, lo sé) estar sonriendo página a página. Hay latigazos, claro, pero Maya no se detiene ni recrea ahí, ya ha dejado la semilla, ya ha mostrado el mal... y avanza. Y, a continuación, vuelves a sonreír. No hay regodeos innecesarios. Coges aires y sigues.
Comprendía la perversidad de la vida, la de que en la lucha estriba la alegría.
No siempre el mal genera mal. Esto me ha enseñado Maya. Hay tanta, tanta, tantísima bondad, ternura y generosidad en este libro. Tanta humanidad. Imposible no reconciliarte con las personas y con la vida. Imposible no recordar que la vida es dolor, y que somos las personas quienes tenemos que aprender a mirar ese dolor a la cara y hacer de ello vida.

Avanzas por este libro entre lágrimas y sonrisas, siempre sonrisas, se te llena el alma de ternura, de simpatía, de amor y de bondad y de todas las cosas buenas y bellas que tiene el mundo. ¿No es eso magia? Yo terminé de leerlo y quise salir a la calle a abrazar a la humanidad y decirles ¿no lo veis? ¿no veis por qué canta el pájaro enjaulado? Y quise, una vez más, abrir todas y cada una de las putas jaulas que encierran un pájaro dentro.
Ver a alguien disfrutar con algo y no dar muestras de que entiendes su goce es una ruindad.
Leed este libro, por favor. Reconcilia, desarma y sana. Personas como Maya Angelou son las que hacen de este mundo un mundo mejor.

El título del libro es el título de un poema de Maya Angelou que os dejo a continuación:

“El pájaro salta libre
sobre el dorso de la victoria
y flota río abajo
hasta donde termina la corriente
y sumerge sus alas
en los rayos de sol de color naranja
y osa reclamar el cielo.

Sin embargo, un pájaro que atisba
bajo su estrecha jaula
rara vez puede ver a través de
sus barrotes de furia
sus alas se recortan y
sus patas están atadas
lo que abre su garganta al canto.

El pájaro enjaulado canta
con trino de miedo
por las cosas desconocidas
pero aún con anhelo
y se escucha su melodía
en el lejano castro el pájaro enjaulado
canta a la libertad.

El pájaro libre piensa en otra brisa
en un intercambio de suaves vientos a través de árboles
suspirando
y los gusanos de grasa en el césped esperando por un amanecer brillante
y da nombre a su propio cielo.

Pero un pájaro enjaulado se halla en la tumba de los sueños
su sombra grita en un grito de pesadilla
sus alas se recortan y sus patas están atadas
lo que abre su garganta al canto.
El pájaro enjaulado canta
con un trino de miedo
por las cosas desconocidas
pero aún con anhelo
y su melodía se escucha
en la colina distante
el pájaro enjaulado
canta a la libertad.”
Las necesidades en una sociedad determinan su ética.
Vivir es sobrevivir.

(©AnaBlasfuemia)