“Esta noche, mientras te escribo, el sol acaba de ponerse en un estallido de sangre. Yo no he leído jamás el mito primigenio de la muerte del sol en los libros. Lo he leído en el gran libro, ahí fuera”
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Aunque me gustan los libros poliédricos, cosmogónicos, torrenciales y que penetran con lucidez en la penumbra del ser humano, sin embargo de vez en cuando necesito lecturas de apariencia más mansa y amable, bajar los decibelios sin que ello implique pérdida de calidad literaria. Y así, estos relatos de Giono me parecieron (y han sido) una buena opción, un oasis amable no carente de sentido ni mensaje y que no minimiza la necesidad de expandir mi universo personal.
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Veinte relatos que tienen en común el amor de Giono por su tierra, la naturaleza y el medio ambiente, también por la honestidad y la bondad de algunas personas. El paisaje que nos rodea siempre nos transforma y, sin embargo, no es un elemento al que agradezcamos en la misma medida que nos aporta. Quizás la inabarcabilidad de la naturaleza nos asuste y por eso tendemos a domesticarla y dominarla. Giono no, él amaba la naturaleza y respetaba sus leyes. Sufría el sufrimiento de la tierra e intentaba una cura para la naturaleza, una salvación para el hombre. Esto implica aceptar lo salvaje y lo cruel, no pretender domar la tierra sino colaborar con ella.
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La compasión no solo es difícil, sino también solitaria para quien la padece como consecuencia de la crueldad del mundo. La compasión difícil, como bien nos dijo Maillard, implica un diálogo y un encuentro entre quien la siente y quien la provoca. En estos relatos de Giono ese encuentro nunca se produce, de ahí la soledad. Pero Giono es un escritor amable al que le gustaba compartir la armonía y belleza de su tierra y que siempre tenía presente las alegrías simples y cotidianas. Un escritor que era capaz de ver en los ojos de las cabras miradas de compasión y dolor, escuchar cantar a las colinas o gemir a las montañas “como si el viento estuviera cargado de hierbas de mar”
