Título original: The Steam PigTraductor: Rafael Marín TrecheraPáginas: 232Publicación: 1971 (1989)Editorial: JúcarCategoría: Novela negraISBN: 9788433437105Cubierta de: Montse VegaSinopsis: Una atractiva rubia es asesinada de un modo inusual: un radio de bicicleta atravesándole el corazón, un método que lleva la firma de los bantúes. Poco a poco, Kramer y Zondi seguirán una serie de pistas para tratar de averiguar si fue asesinada y por quién. A lo largo del camino, el lector se encuentra con elementos sutiles y no tan sutiles de los horribles aspectos del apartheid en Sudáfrica.
Calor y
lumbago son una mala combinación. Si además añadimos a esa combinación un calor
tenaz e impertinente obtenemos una cruda realidad: me cuesta, me cuesta mucho
concentrarme en las lecturas. Pero como optimista recalcitrante la visión
positiva es la siguiente: Pese a tanto hándicap y que además he tardado mucho
en leerlo, este libro me ha causado muy buenas sensaciones. Os lo cuento.
Pero voy a
empezar por lo que más me ha costado: Que había muchos personajes, o al menos
eso me ha parecido a mí (que a lo mejor no son tantos, que no los he contado y
ya he dicho que me está costando concentrarme). Cada dos por tres tenía que
mirar quién era quién y qué pintaba en esta historia. La traducción también se
me ha hecho un poco cuesta arriba, aunque sobre todo ha sido por el uso de
ciertas palabras, que supongo que son vocablos característicos de la época y determinados
grupos sociales, pero que “encajaban” raro al leer.
Llegué a este
libro a través de una buena amiga que me recomendó al autor. Soy despistada,
pero meticulosa, así que al ver que tenía una serie de libros protagonizados
por Kramer y Zondi me dije: hay que empezar por el primero, por favor, un
orden, una organización, un algo… Y vaya, parece que está descatalogado. Y en
la biblioteca no lo tienen… Cuánta dificultad, señor. Pero una tiene sus
recursos, y sobre todo tiene amigos aficionados a la lectura, así que al final
pude hacerme con el primero de la serie.
Además de la
II Guerra Mundial, otro de los temas que son mi talón de Aquiles (aunque tengo
varios talones de esos) es África, especialmente la época del Apartheid,
bastante menos conocida que la referida al holocausto nazi.
El
cerdo de vapor no es sólo una novela negra, sino también una
radiografía de la racista sociedad sudafricana. James McClure, según nos
cuentan en una nota introductoria escribió este libro en un momento en el que
(textual) “libraba una severa guerra contra el hambre”. Llama la atención, pero
no es una situación excepcional, ni siquiera en nuestros días. Lo que me ha
llamado la atención es que la escribiera en quince días. Sí, quince días. Casi
lo que tardo yo en leerla (bueno, exagero, pero casi una semana sí que he
tardado). Si comento este dato es porque cuando lees el libro terminas por
pensar que sólo un buen escritor puede escribir un libro así en quince días.
¿Qué me ha
gustado de este libro? Muchas cosas, la combinación de humor, ironía, realidad,
denuncia social, intriga… Me ha gustado mucho cómo se desarrolla el
procedimiento policial. Nada de extras: investigación pura y dura de las de
toda la vida, o sea, hablar con unos y otros (por eso aparecen tantos
personajes), lógica, sentido común, deducción, inteligencia, capacidad
asociativa…
También me ha
gustado que aquí los personajes no necesitan de un narrador que nos da
masticado el perfil de los protagonistas, ni nos desgrana las situaciones. No
es necesario. Los propios personajes se definen, su conducta y sus
conversaciones nos muestran sus personalidades, y el propio desarrollo de la
historia nos pone en el camino de la trama.
Una novela
negra de las de siempre, de las que además los propios crímenes definen la
sociedad en la que se producen, en este caso una sociedad dañada por el
Apartheid, caótica, cruel, perversa, con muchas deficiencias y mucha ignorancia.
Me estoy
enrollando más de lo que tenía pensado. Pero me gustaría hablar de los dos
protagonistas de la serie que se inicia con este libro (hasta un total de ocho,
de los que hasta el momento sólo existen traducidos al español tres): Kramer es
el teniente. Blanco. Afrikáner. Tosco, mal encarado, amargado, individualista,
bipolar en su relación con las mujeres… Pero es inteligente, mucho. Y aunque
aparentemente no le gusta trabajar en equipo, descubrimos sutilmente que se
entiende bien con su ayudante zulú, el sargento Zondi. Zondi es negro. Zulú.
Elegante. Lucha contra el racismo con su notable inteligencia, y una estudiada
sumisión. En las investigaciones es el encargado de hablar con las personas de
color, porque además ha trabajado de criado en casas de blancos antes de ser sargento,
con lo que está acostumbrado a fijarse en los detalles.
Y con estos
mimbres, engarzados en quince días, James McClure ha escrito una estupenda
novela policiaca situada en los años 70 en Sudáfrica. La recomiendo
especialmente a los amantes de la novela negra (más allá del frío polar de los
países nórdicos, y pese al calor que estamos pasando por estos lares).