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viernes, 2 de octubre de 2015

Un buen hijo (Pascal Bruckner)

Título original: Un bon fils
Traductor: Lluís María Todó
Páginas: 224
Publicación: 2014 (2015)
Editorial: Impedimenta
ISBN: 9788415979593
Sinopsis: Un buen hijo es la historia de un amor imposible, el intento de Pascal Bruckner de ajustar cuentas con su propio padre, un fascista autoritario que es a la vez un hombre culto y de firmes convicciones. Semejante conflicto filial da paso a una maravillosa novela de formación, personal e intelectual, de quien es uno de los escritores más sólidos y controvertidos del panorama actual de las letras francesas. El hijo adulto se enfrenta en primera persona y sin ningún tipo de máscara narrativa a un personaje por el que siente, a un tiempo, rechazo y compasión, en un relato que nace del odio pero que va adquiriendo un inesperado y reconfortante tinte de ternura y que finaliza con un sorprendente giro que nos lleva a pensar que no es posible juzgar de manera absoluta los comportamientos ajenos.
Le suplico que provoque la muerte de mi padre, si es posible en accidente de coche. Un freno que falla en una cuesta, una placa de hielo, un árbol, lo que Le parezca mejor. “Dios mío, os dejo la elección del accidente, pero haced que mi padre se mate.”

Desear la muerte de alguien de tu misma sangre marca mucho a quien lo desea. Me consta. Qué es lo que te hace ansiar la muerte de un familiar, padre, madre, hermano, hermana, hijo, hija… es ya una historia de cada cual, una maquinaria diabólica que en algún momento se pone en marcha y que condicionará, para siempre, tu existencia. Una jugarreta endemoniada de la vida.

No todo lo que se desea se cumple. En realidad casi nada. Así que Pascal Bruckner tendrá que atarse los machos y aprender a convivir con su deseo no cumplido y, por tanto, con su padre. Y su padre tiene una serie de atributos difíciles de digerir: antisemita, maltratador, nazi, dictador, racista… Una joya. La única forma de convivir con alguien así es ser igual que él, un ser nauseabundo y despreciable. Pero Pascal Bruckner no lo es. Como todos, tiene sus propias miserias [más que Un buen hijo, quizás el libro tendría que haberse titulado El mal padre que me tocó en (mala) suerte] pero entre ellas no está el mirar a otro lado: se revolverá y rebelará contra su propio padre y lo que representa.
Los padres violentos tienen una ventaja: no te atontan con su dulzura y sus arrumacos, no juegan a ser hermanos mayores o amigos tuyos. Te despiertan como si fueran una descarga eléctrica, te convierten en un eterno luchador o un eterno oprimido. El mío me comunicó su rabia: le estoy muy agradecido. El odio que me inculcó también me salvó. Lo volví contra él como un bumerán.

Hay una terrible violencia que traspasa la lectura: la que provoca “observar” la brutalidad existente en el espacio íntimo que es una familia. Una ventana a la que asomarse provoca un sonrojo terrorífico. Pero es una ventana que Bruckner ha querido abrir y mostrar. Por otro lado, es una radiografía clarividente y cruel del comportamiento de un maltratador y cómo lo viven sus víctimas.

En el caso de la madre, me impacta reconocer una vez más el mismo recurso: mirar a otro lado, callar. Como si así todo desapareciera. La incomunicación instalada como una cicatriz imborrable. Lo que no se habla no existe. La sumisión.

Tu padre es tan fuerte, tiene tanta energía…
No, mamá, es tu debilidad lo que lo hace fuerte.

En esta aterradora historia de miserias humanas se pone sobre el tapete lo más mezquino de las personas, del maltrato y sus secuelas. Y las contradicciones con las que vivimos, fruto de la debilidad. Hay que ser muy, pero muy fuerte, para asumir esas contradicciones y no dejar que nos empequeñezcan.

Juraba vengarme. Pero también quería agradarle, ganarme su aprecio, asombrarlo.

Y no se puede ignorar el daño que hizo, que hace, la religión católica en esa situación dócil ante el maltratador. El juego cruel del sentimiento de culpa, una losa con la que el catolicismo contaminó y maniató a los creyentes, dejando sin argumentos a las personas sobre las que el miedo provoca un efecto paralizante.
El auténtico secreto de familia no es el que se calla, sino el que todo el mundo conoce. Está sobreexpuesto y, por lo tanto, resulta imperceptible.

Esta frase es tremenda, porque refleja una realidad aplicable a muchas situaciones. Los secretos pasan más desapercibidos cuanto más a la vista están. ¿Por qué? Por la habilidad humana de mirar a otro lado ante aquello que nos incomoda o inquieta o es incompatible con nuestro confort emocional. No miro. No existe.

Los libros me han salvado. De la desesperación, de la estupidez, de la cobardía, del tedio.

Bruckner es escritor. Escribir, leer, le salva. Por si alguien dudaba que los libros sanan. No me cabe duda de que este libro es imprescindible para Bruckner, como forma de repararse a sí mismo y reestablecer la relación con su padre, y también para todos aquellos lectores a los que no les guste retorcer el cuello como un avestruz. 

La segunda parte del libro da un giro, se aleja más del impacto emocional y se aproxima a la reflexión, quizás un reflejo de la búsqueda del propio Pascal Bruckner por entender. Hasta en determinados momentos la imagen del padre parece dulcificarse, suavizarse. Para ello Bruckner busca en el contexto, en el entorno social, político y cultural francés. Una mirada crítica a su propio país, que es a la vez una mirada crítica a su padre. Las contradicciones que encuentra a su alrededor no dejan de ser un reflejo de las propias contradicciones que siente Bruckner por su padre hacia el final de su vida, un padre hacia el que no puede evitar sentir cierto afecto, un afecto distante y frío, pero afecto. Es un libro duro, pero también equilibrado, sincero y generoso.

La impactante e increíble revelación final no deja de ser una muestra más de que el destino es un jugador tan inteligente como complejo y feroz.

Llega un momento en que las relaciones con una persona son tan enrevesadas que ya no puedes distinguir entre el amor y el deber.