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jueves, 1 de enero de 2015

La orilla del mar (Véronique Olmi)

Título original: Bord de mer
Traductor: José Luis Sánchez-Silva
Páginas: 112
Publicación: 2001 (2002)
Editorial: Lengua de Trapo
ISBN: 9788489618978
Sinopsis: Ella vive sola con sus dos hijos de 9 y 5 años y por primera vez los lleva de vacaciones. Van a ver el mar en lo que debería ser una escapada festiva. Nada más normal. Sólo que no están de vacaciones y no tienen ni un céntimo. Sólo que es invierno y llueve continuamente. Sólo que los niños están desconcertados y quieren volver a casa. ¿Qué hacen pues en el hotel más miserable de una ciudad inhóspita? ¿Qué esperan de ese mar ingrato? ¿Por qué acechan los sueños de los demás? Todo se va resquebrajando mientras aparece el caos interior de una madre incapaz de enfrentarse a la realidad. De cualquier modo, mañana ya nada tendrá importancia.

A veces la felicidad depende de bien poco, algo de calor después de la lluvia y parece que la vida te sonríe

Me cuesta leer últimamente porque todo lo que leo parece decirme algo a mí, a Ana. No a la lectora, sino a la persona. Como siempre, en definitiva. Pero ahora más. Y esto es lo que me ha dicho este libro y esto es lo que os cuento.

Esa soy yo, cuando me siento sola creo que la gente desaparece.

Brutal.

No me voy a andar con rodeos: Una lectura tan cruel como bella.

Por dios, qué libro más angustioso, qué desazón, qué tristeza, qué bien descrito y qué bien escrito todo. Cálmate Ana, serénate un poco. Intenta explicar por qué con este libro te desangras y, sin embargo, es necesario leerlo.

Si además está claro. Lees la sinopsis y ya sabes qué te va a contar. No hay engaños. No esperas otra cosa que lo que lees. Lo que no esperas es el cómo. Cómo vas leyendo cada página, una, otra, una detrás de otra, se te encogen las tripas, gimes leyendo y, sin embargo, no paras. Te desangras en cada página, una sangre blanca, la sangre del alma, que se va extendiendo a tus pies y que al finalizar la lectura está toda fuera de tu cuerpo. Negro por dentro, blanco por fuera. Sin sangre en el cuerpo. Sin la sangre del alma.

El pensamiento es un mal bicho, a veces preferiría ser un perro. Seguro que los perros nunca se preguntan cuál es su sitio ni a quién tienen que seguir.

Véronique Olmi ha escrito este libro con una sensibilidad tan precisa como sobrecogedora, una ternura intensa y cruel. Como es la vida. Como es la verdad. Intensa. Cruel. La vida y sus caras. Y Olmi nos muestra una de ellas, una cara que nos cuesta ver, que nos duele ver. Y lo cuenta de una forma fascinante. No es que te de una bofetada, es que te da una hostia en toda la cara y encima le das las gracias. Por abrirte los ojos, por crecerte la mirada. Porque nunca me había pasado que terminara de leer un libro y la lluvia me empapara de esta manera, calada hasta los huesos, todas mis entrañas sumergidas en lluvia, el pelo empapado, el frío húmedo en los dedos, lluvia en los ojos. Arrasada (que parece un estado natural en mí últimamente).

Así es como hubiera debido pasar el resto de mis días, en la cama con mis hijos, mirando el mundo como se mira la tele: de lejos, sin ensuciarse, con el mando a distancia en la mano, lo hubiéramos apagado a la primera putada.

Véronique Olmi apunta directamente al centro de la verdad. Quita capas de una cebolla que nos mantiene fuera, cómodamente fuera, y nos mete en el centro del alma de una madre. Y nos cuenta su verdad. Esa verdad que nos angustia y no queremos mirar. Y nos removemos inquietos durante la lectura, viendo venir la dentellada y a la vez sin resistirse a ella.

Hay que leer este libro porque nos señala con el dedo. Precisamente por eso. Te señala con el dedo justo cuando corres presta a mirar a otro lado, alegremente, después de que tú hayas señalado con el dedo y soltado sentencia. Entonces viene Véronique Olmi, retuerce tu dedo y mete el suyo en tu ojo. Te lo abre y dice ¡mira!.

No juzgar, JAMÁS, a una madre.
Hay frases mágicas.