Traductor: María Teresa Gallego Urrutia
Páginas: 160
Publicación: 2017 (2018)
Editorial: WunderKammer
Sinopsis: El primer texto de Pierre Michon publicado en castellano desde El origen del mundo (2012) recoge trece entrevistas publicadas en medios especializados franceses durante los últimos treinta años. Michon, uno de los más grandes autores de las letras francesas y europeas de hoy, reflexiona acerca de su escritura, sus obras más notables y su concepto de literatura. Una lección magistral sobre el hecho de escribir y sobre las fuentes de la creación. Un libro para leer con el lápiz en la mano.
¿Qué es la literatura sino eso que convierte el cuerpo vacío en corpus de palabras, en cuerpo glorioso?
El rey llega cuando quiere y yo, republicana y bananera, le espero, le recibo incluso de rodillas y venero al rey Michon. Que llegue cuando quiera, pero que no deje de llegar y darme estas reflexiones sublimes de un autor cuya literatura (gloriosa), sabiduría, erudición y espiritualidad me emocionan y hacen levitar en el asiento.
Michon es un MAESTRO, de esos que lees embobada, hechizada hasta la extenuación por su comprensión de la vida, del arte y la literatura, por su humanidad. Ante una magnanimidad de tal calibre, una no puede hacer otra cosa que sentirse agradecida porque personas así se dediquen a la literatura o a cualquier otra expresión artística. Agradecida porque se compartan, no ellos, sino su mente y su espíritu interpretando la vida y la historia.
Me gusta que el sentido tiemble y temblar yo por temor a perderlo. El titubeo es mucho más evocador que la afirmación.
Trece entrevistas como trece piedras preciosas que nos ayudan a comprender la magnitud de la obra (y la persona) de Michon. El autor que reinventa un género literario, relatos (retratos) a partir de la vida (lo más compartido universalmente) de otros. La vida, una estrella fugaz en la inmensidad de lo eterno. Todas las vidas son breves pero de duración prolongada.
Esos retratos, esas vidas vividas sobre las que escribe Michon con su escritura extraterrenal, culta y pulida persigue hablar de lo común que tiene lo humano en todos los siglos. ¿Y qué es lo común?: el fracaso a la hora de reconciliarse con el mundo, puesto que dicha reconciliación implica una práctica de retiro y de ruptura a los que muy pocos están dispuestos.
Escribimos sin saber del todo de qué estamos hablando, pero sabedores de que decirlo así nos causa una grandísima emoción. Y que quien lo lea, ya que usa la misma lengua, vibrará de la misma forma y sin saber tampoco por qué. Todos los grandes textos que leo me causan esa impresión.
Poco amigo de echarle caldo al agua, Michon busca en su escritura la esencia de la brevedad, la pureza despojada de la exageración innecesaria y ornamentística. Arriesga porque busca una prolongada resonancia, el eco que persista e insista después de la lectura.
No escatima lo trágico Michon en su literatura, evitando así caer en una literatura más fácil, lúdica y quizás más accesible pero también más frívola y que, de imponerse, se correría el riesgo de la cháchara de una única voz.
Michon es un escritor exigente, muy exigente, nuestras neuronas tienen que estremecerse, realizar rápidas y complejas sinapsis, transmitir impulsos que te electrizan la piel, crear una red de circuitos neuronales, emocionales, intelectuales... Esa exigencia al leerle no es vana, al contrario: nutre el alma y el cerebro, desvela misterios. Leer es vivir.
De lo que se trata al nombrar a Rimbaud no es de poesía, sino de la complicidad y del conflicto entre lo que somos en la cumbre de nuestro ser y de lo que no podríamos ser sin aborrecernos.
En estas 13 entrevistas, auténticas pepitas de oro, Michon, no solo habla de su trabajo, sus proyectos, la literatura (el rey que llega cuando quiere), el lenguaje… también habla de lecturas, de los libros y autores que le gustan: Flaubert, Faulkner, Proust, Víctor Hugo y, por supuesto, Rimbaud. También de esas personas sobre las que construye sus relatos, los míseros, sobre los que escribe con la lengua de los ángeles para dejar constancia de sus vidas echadas a perder, para salvarlas, pero cuando habla de las vidas de los grandes, lo hace rompiendo el mito para volver a construirlos mejor.
La vida interior de Michon está rebosante de sabiduría, indagación, preguntas y muchas, muchas lecturas. Si la eternidad es energía, el escritor no debe escatimar esa energía, debe dilapidarla, escribir para conseguir la eternidad, duración que se complace en la duración. Escribir es vivir. Vivir la vida es la inmortalidad.
Pero ¿qué significa la idea de resurrección? En lo que pienso […] no es en el paraíso […] Eso es la resurrección, algo así como un postulado: que no hay nada más allá del hecho de vivir, ni escapatoria, y que, por lo tanto, somos inmortales […] Esa es la eternidad. No busquemos en ella un enigma. Es energía en estado puro.
Michon escribe, entre otras cosas, para cambiar el dolor y enaltecerlo hasta transformarlo en júbilo. En estas trece entrevistas recorremos su vida emocional, intelectual y espiritual, y aunque algunas entrevistas se superponen, cayendo en repeticiones que Michon sortea con inteligencia y mucha coherencia, quieres más, no te cansas de su discurso, formulado o reformulado, de su fascinación por la pintura, sus indagaciones, su forma de entender y hacer literatura.
A través de estas entrevistas se nos revela un Michon con una humanidad y una inteligencia cautivadoras e impresionantes. No puedo menos que traer a nivel de conciencia que leer a Michon es siempre un regalo, un regalo de vida que hay que agradecer porque detrás de esos libros que escribe, breves pero plenos de emoción y temblor, hay un gran trabajo que luego él transforma en libros concisos, densos y generosos que convierten la lectura en un éxtasis.
El milagro era sencillamente […] que mi desastre íntimo se resolviera convertido en proeza; mi incapacidad, en competencia; mi melancolía, en júbilo; en resumen, todo en su contrario.
