Título original: My Brilliant Career
Traductores: Amado Diéguez y Concha Cardeñoso Sáenz de Miera
Páginas: 400
Publicación: 1901 (2014)
Editorial: Alba
ISBN: 9788484289630
Sinopsis: Sybylla Melvin es una heroína que «con su conmovedor encanto, su carácter impetuoso, su falta de decoro, está al nivel de las grandes figuras románticas del siglo XIX» (The Times). Desde que su familia decide trasladarse a una granja y cae abrupta pero irremisiblemente en la ruina, su destino parece condenado al duro trabajo y a «una vida estéril y monótona», una perspectiva durísima para una muchacha con su «temperamento» y sus «aspiraciones». Una temporada en la gran mansión de su abuela, donde el ambiente es musical y leído y donde la corteja un joven y apuesto terrateniente, es para ella un oasis en el desierto. Pero un nuevo revés la obliga a aceptar un puesto como institutriz en casa de una familia insensible y con unos niños salvajes. Para ella, la naturaleza y la cultura no se oponen… pero no tarda en descubrir que, en el mundo que asiste a su formación, nunca dejará de ser un bicho raro.
Llegué a este libro porque lo vi en la colección Rara Avis de la editorial Alba. Y la sinopsis contenía dos palabras: bicho y raro. Ya está, de bicho raro a bicho raro: te vienes conmigo. Desde que adquiero un libro hasta que lo leo puede pasar mucho tiempo, días, meses o incluso años. Ya sabéis cómo somos los ávidos lectores: una vez que tienes el libro deseado las ansias se alivian y a partir de ahí el destino, los mismos libros, el azar, el compartir lectura, un comentario que lees o te hacen o a saber qué, van decidiendo el cuándo. En este caso ha pasado poco tiempo, algo no habitual en mí pero que tiene mucho que ver con ese momento lector extraño que he tenido (ya superadísimo), así que cuando empecé a ver la luz quise mantenerla encendida a toda costa. El porqué elegí este libro y no otro, qué importa, aquí está y de su lectura os vengo a hablar.
Así que un poco a ciegas, comienzo leyendo en contraportada que Miles Franklin escribió esta novela, autobiográfica, con 21 años. Quién los pillara. Fue publicada en 1901 y se nos cuenta, también en contraportada, que contó sus años de adolescencia de una forma tan fidedigna y que tanta gente se sintió dolida, que la propia Miles Franklin, pese al éxito obtenido con su publicación, prohibió que se reeditara hasta después de su muerte. El libro comienza con un brevísimo prólogo de Henry Lawson, que posibilitó aquella primera edición de 1901, y que nos advierte que cuando empezó a leer el manuscrito que le envió Miles Franklin, ya notó a las tres páginas que estaba escrita por una persona muy joven. Y a continuación una brevísima Nota Especial (¿de la autora? ¿de la protagonista?) que es toda una declaración de intenciones. Y con estos mimbres previos, comencé la lectura.
Y a la hora de tener que escribir mis sensaciones respecto a esta lectura debo confesar que tengo un minibloqueo. Necesito ser precisa en lo que quiero transmitir y no sé si estará en mi mano. Voy a intentarlo, porque quiero ser justa, de eso doy fe y palabra.
El libro ha tenido, para mí, un ritmo de arriba-abajo-arriba. Y así iban mis sensaciones lectoras: arriba-abajo-arriba.
Arriba. El comienzo impetuoso de esta lectura me hizo sonreír. Sybylla (la protagonista o, lo que es lo mismo, Miles Franklin) es un personaje con mucho empuje y se nos presenta peculiar, vehemente, aunque luego en algunos tramos se atempera. En esta primera parte (de mis tres sensaciones) se nos describe, en primera persona y siempre de la mano de Sybylla, una amena y precisa descripción de la Australia de aquella época y las condiciones de vida, precarias y duras, de muchos trabajadores de esas tierras que sufrieron sequías, especulaciones y corrupciones varias con efectos devastadores.
Y Sybylla, bicho raro con pretensiones de ser ella misma en un mundo y en una época que no está preparada para una mujer (una jovencita) como ella, pues sufre. Porque no encuentra su lugar en el mundo. En esta parte hay reflexiones que me han llegado y me han parecido inteligentes y muy realistas, aún a fecha de hoy. Un buen análisis de ella misma y su situación. Y luchará, porque no quiere renunciar. Aunque también se lamentará, una y otra vez (Yo era demasiado para mí misma). Y tú te lamentas con ella, claro.
Sybylla rebelde, desbocada, fuerte y con desparpajo. Entrañable, natural y verdadera. Cuestionándolo todo.
Abajo. Una vuelta a la tortilla. Gracias a su abuela y a su tía, Sybylla encuentra por fin, no su lugar en el mundo, pero sí un lugar trampolín, que le da un entorno más propicio a sus aspiraciones y deseos. E incluso le surgen varios pretendientes (mírala, a la fea…). Pero sólo uno de ellos pondrá a prueba a Sybylla. Pero hete aquí que nuestro bicho raro tiene muy claras sus ideas sobre el matrimonio:
Lo que está pasando es que Miles Franklin escribió este libro muy joven. ¿Resta eso algo al libro? No y sí. No, porque esa juventud hizo que lo escribiera de una forma muy fresca, directa, muy… sana e indómita, rebelde y apasionada. Franca. Y sí, porque literariamente no mide tiempos ni ritmos, no deshecha partes que podrían ser prescindibles ni recrea o evoluciona en partes más necesarias. O se repite, se repite, se repite.
Esta parte de abajo me preocupó. Tenía expectativas sobre esta lectura ¿iba a equivocarme?. Vale, las expectativas y sus malas jugadas, su exigencia implícita que no nos deja a veces disfrutar lo que deberíamos.
Arriba. ¡Aleluya! Miles Franklin recupera el pulso, y yo recupero el latido. Vuelve ese personaje peculiar, descarado, maleable, contradictoria, algo borde incluso, pero con gran profundidad y calado. Afilada. Lista. Sybylla no te deja margen para que sientas ternura por ella, pero sí simpatía y a ratos mucha empatía. Entrañable, más que tierna. Identificable. Realista. Luchadora.
Y al final aparece con una de las virtudes que más admiro en una persona: coherencia. Lo que viene siendo honestidad (la honestidad de ser coherente). Respiro, aliviada. Puedo cerrar el libro con satisfacción.
Miles Franklin fue una escritora peculiar y, sobre todo, muy audaz. No pierdo de vista en ningún momento que fue escrito a finales del siglo XIX y que me ha aportado originalidad. ¿Le hubiera exigido más? Seguramente sí, pero el resultado es muy grato. No puedo negar el mérito de su autora, su juventud, la época en que escribió y el atrevimiento. Es una autora necesaria de conocer. Diferente. Un libro que podría haberme dado más, pero que igualmente me ha dado mucho, lo suficiente como para recomendarlo (¡lo siento!).
(©AnaBlasfuemia)
Traductores: Amado Diéguez y Concha Cardeñoso Sáenz de Miera
Páginas: 400
Publicación: 1901 (2014)
Editorial: Alba
ISBN: 9788484289630
Sinopsis: Sybylla Melvin es una heroína que «con su conmovedor encanto, su carácter impetuoso, su falta de decoro, está al nivel de las grandes figuras románticas del siglo XIX» (The Times). Desde que su familia decide trasladarse a una granja y cae abrupta pero irremisiblemente en la ruina, su destino parece condenado al duro trabajo y a «una vida estéril y monótona», una perspectiva durísima para una muchacha con su «temperamento» y sus «aspiraciones». Una temporada en la gran mansión de su abuela, donde el ambiente es musical y leído y donde la corteja un joven y apuesto terrateniente, es para ella un oasis en el desierto. Pero un nuevo revés la obliga a aceptar un puesto como institutriz en casa de una familia insensible y con unos niños salvajes. Para ella, la naturaleza y la cultura no se oponen… pero no tarda en descubrir que, en el mundo que asiste a su formación, nunca dejará de ser un bicho raro.
Llegué a este libro porque lo vi en la colección Rara Avis de la editorial Alba. Y la sinopsis contenía dos palabras: bicho y raro. Ya está, de bicho raro a bicho raro: te vienes conmigo. Desde que adquiero un libro hasta que lo leo puede pasar mucho tiempo, días, meses o incluso años. Ya sabéis cómo somos los ávidos lectores: una vez que tienes el libro deseado las ansias se alivian y a partir de ahí el destino, los mismos libros, el azar, el compartir lectura, un comentario que lees o te hacen o a saber qué, van decidiendo el cuándo. En este caso ha pasado poco tiempo, algo no habitual en mí pero que tiene mucho que ver con ese momento lector extraño que he tenido (ya superadísimo), así que cuando empecé a ver la luz quise mantenerla encendida a toda costa. El porqué elegí este libro y no otro, qué importa, aquí está y de su lectura os vengo a hablar.
Así que un poco a ciegas, comienzo leyendo en contraportada que Miles Franklin escribió esta novela, autobiográfica, con 21 años. Quién los pillara. Fue publicada en 1901 y se nos cuenta, también en contraportada, que contó sus años de adolescencia de una forma tan fidedigna y que tanta gente se sintió dolida, que la propia Miles Franklin, pese al éxito obtenido con su publicación, prohibió que se reeditara hasta después de su muerte. El libro comienza con un brevísimo prólogo de Henry Lawson, que posibilitó aquella primera edición de 1901, y que nos advierte que cuando empezó a leer el manuscrito que le envió Miles Franklin, ya notó a las tres páginas que estaba escrita por una persona muy joven. Y a continuación una brevísima Nota Especial (¿de la autora? ¿de la protagonista?) que es toda una declaración de intenciones. Y con estos mimbres previos, comencé la lectura.
¡Australianos todos, queridos compatriotas!Y, vaya, Henry Lawson tenía razón, no a las tres páginas, es que nada más empezar ya te das cuenta que es muy joven e impulsiva (el libro lo empezó a escribir con 16 años). A lo largo del libro sí se nota cierta inmadurez, pero no llega a suponer un lastre insalvable. Una forma de escribir llana, directa, impulsiva a veces, machacona otras, un reflejo (probablemente) de la persona que lo escribe y el momento y la edad en que lo escribe.
Tan solo unas breves líneas para deciros que esta historia trata de mí, solo de mí, y que por ningún otro motivo la escribo.
Soy muy egocéntrica y no pienso disculparme. En este aspecto al menos, aspiro a superar otras autobiografías. Otras autobiografías la cansan a una con tanta excusa por tanto egocentrismo. ¿A vosotros que más os da si soy egocéntrica? ¿Qué más os da si es importante o no que yo sea egocéntrica?
Y a la hora de tener que escribir mis sensaciones respecto a esta lectura debo confesar que tengo un minibloqueo. Necesito ser precisa en lo que quiero transmitir y no sé si estará en mi mano. Voy a intentarlo, porque quiero ser justa, de eso doy fe y palabra.
El libro ha tenido, para mí, un ritmo de arriba-abajo-arriba. Y así iban mis sensaciones lectoras: arriba-abajo-arriba.
Arriba. El comienzo impetuoso de esta lectura me hizo sonreír. Sybylla (la protagonista o, lo que es lo mismo, Miles Franklin) es un personaje con mucho empuje y se nos presenta peculiar, vehemente, aunque luego en algunos tramos se atempera. En esta primera parte (de mis tres sensaciones) se nos describe, en primera persona y siempre de la mano de Sybylla, una amena y precisa descripción de la Australia de aquella época y las condiciones de vida, precarias y duras, de muchos trabajadores de esas tierras que sufrieron sequías, especulaciones y corrupciones varias con efectos devastadores.
Yo soy una pieza de maquinaria a la que, como no la entiende, mi madre da cuerda al revés; con lo cual todos mis engranajes chirrían y desentonan.Y sí, Sybylla es un bicho raro. Como yo también lo soy no me queda menos que reconocer a una igual. Y además se ve a sí misma fea. Pero es una mujer brava. Le gusta la música, el arte ¡¡y hasta lee!! Y además, qué loca, quiere escribir. ¿A quién se le ocurre? ¡a finales del siglo XIX y en la Australia más ganadera, campestre y rural!. Su familia era una familia medio acomodada, y en principio podía tener opciones de desarrollar esas inquietudes que hacen a Sybylla sentirse diferente (libros, arte, música…). Pero una mala decisión paterna hará caer a toda la familia a una situación de pobreza absoluta. Y llevará a nuestra protagonista de adorar y venerar a su padre como si fuera Dios a convertirse, a partir de los diez años de edad, en atea declarada.
He sido maldecida con la facultad del pensamiento.Lugares en el mundo. Sybylla, como todo bicho raro que se precie, no encuentra su lugar en el mundo. Ya sabéis, ese lugar en el que eres tú misma al cien por cien, y puedes desarrollar y mostrar todo lo que creemos que tenemos dentro y para lo que crees haber nacido. No tienen que ser necesariamente grandes pretensiones. Basta con que, en ese lugar del mundo, puedas SER (tú misma) sin concesiones ni miedos ni camuflajes ni renuncias. Y que no te miren como un bicho raro, claro. Tu lugar en el mundo. Justo ese.
Y Sybylla, bicho raro con pretensiones de ser ella misma en un mundo y en una época que no está preparada para una mujer (una jovencita) como ella, pues sufre. Porque no encuentra su lugar en el mundo. En esta parte hay reflexiones que me han llegado y me han parecido inteligentes y muy realistas, aún a fecha de hoy. Un buen análisis de ella misma y su situación. Y luchará, porque no quiere renunciar. Aunque también se lamentará, una y otra vez (Yo era demasiado para mí misma). Y tú te lamentas con ella, claro.
Sybylla rebelde, desbocada, fuerte y con desparpajo. Entrañable, natural y verdadera. Cuestionándolo todo.
Debo de tener el órgano de venerar más plano que una torta de harina, porque nunca me he inclinado ante nadie simplemente por su posición y nunca lo haré.Pero también alguien que necesita encontrar un alma gemela, un igual, alguien que la comprenda (Alguien en quien poder perderme, alguien en quien poder hallarme). Muy humano, muy realista.
Abajo. Una vuelta a la tortilla. Gracias a su abuela y a su tía, Sybylla encuentra por fin, no su lugar en el mundo, pero sí un lugar trampolín, que le da un entorno más propicio a sus aspiraciones y deseos. E incluso le surgen varios pretendientes (mírala, a la fea…). Pero sólo uno de ellos pondrá a prueba a Sybylla. Pero hete aquí que nuestro bicho raro tiene muy claras sus ideas sobre el matrimonio:
El matrimonio me parecía la forma de existencia más horriblemente atada, dependiente e injusta para las mujeres. Podía ser de pasable a regular si había amor, pero me reía de la idea del amor, y había tomado la determinación de no casarme nunca, nunca y nunca.En la mitad del libro noto cierto estancamiento. Lo achaco a mi cansancio físico. Dejo la lectura, no quiero que el cansancio perturbe la lectura ni las sensaciones. Lo retomo al día siguiente. Sigo leyendo y la sensación de estancamiento sigue ahí. Curiosamente en una situación más favorecedora para Sybylla percibo que la lectura no me está dando lo esperado. Se me viene Jane Austen a la cabeza, muy buena si es ella, pero que no quiero que se me encaje y entremezcle aquí. Sybylla entra en bucle, a veces me parece una niña caprichosa y enrabietada, regodeándose en los obstáculos, lamentándose una y otra vez. No, ¡esa no es Sybylla! ¿qué está pasando?.
Lo que está pasando es que Miles Franklin escribió este libro muy joven. ¿Resta eso algo al libro? No y sí. No, porque esa juventud hizo que lo escribiera de una forma muy fresca, directa, muy… sana e indómita, rebelde y apasionada. Franca. Y sí, porque literariamente no mide tiempos ni ritmos, no deshecha partes que podrían ser prescindibles ni recrea o evoluciona en partes más necesarias. O se repite, se repite, se repite.
Esta parte de abajo me preocupó. Tenía expectativas sobre esta lectura ¿iba a equivocarme?. Vale, las expectativas y sus malas jugadas, su exigencia implícita que no nos deja a veces disfrutar lo que deberíamos.
Arriba. ¡Aleluya! Miles Franklin recupera el pulso, y yo recupero el latido. Vuelve ese personaje peculiar, descarado, maleable, contradictoria, algo borde incluso, pero con gran profundidad y calado. Afilada. Lista. Sybylla no te deja margen para que sientas ternura por ella, pero sí simpatía y a ratos mucha empatía. Entrañable, más que tierna. Identificable. Realista. Luchadora.
Y al final aparece con una de las virtudes que más admiro en una persona: coherencia. Lo que viene siendo honestidad (la honestidad de ser coherente). Respiro, aliviada. Puedo cerrar el libro con satisfacción.
Miles Franklin fue una escritora peculiar y, sobre todo, muy audaz. No pierdo de vista en ningún momento que fue escrito a finales del siglo XIX y que me ha aportado originalidad. ¿Le hubiera exigido más? Seguramente sí, pero el resultado es muy grato. No puedo negar el mérito de su autora, su juventud, la época en que escribió y el atrevimiento. Es una autora necesaria de conocer. Diferente. Un libro que podría haberme dado más, pero que igualmente me ha dado mucho, lo suficiente como para recomendarlo (¡lo siento!).
(©AnaBlasfuemia)
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