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martes, 6 de octubre de 2020

El origen de los otros (Toni Morrison)

 


La raza es la clasificación de una especie y nosotros somos la raza humana, sin más. Entonces ¿qué es esa otra cosa, la hostilidad, el racismo social, la creación del Otro?”.

La identidad de EEUU tiene una cicatriz imborrable: el racismo. Una cicatriz que supura constantemente y de la que no están exentos otros países. El racismo es un pus que nos recuerda que hay una infección que invade y multiplica una enfermedad existente, algo que está podrido, mórbido. Hay algo que no va bien. Y si hay una voz que me interese escuchar sobre este tema es la de Toni Morrison, una voz poderosa que nos ha abandonado hace poco más de un año pero que aún podemos seguir escuchando en sus libros.

Toni Morrison no sólo reivindicó su raza (y especialmente a la mujer) en su escritura, es que no dejó en ningún momento de indagar y explorar en los cimientos de la historia de Norteamérica y de su raza, buscando comprender de qué está hecho el racismo, la segregación, el odio

Los últimos acontecimientos de violencia policial que todavía no se han apaciguado (“no puedo respirar”), la discriminación racial, la xenofobia, la hostilidad hacia los inmigrantes desbordándose… hacen más necesarias que nunca lecturas de este tipo que nos recuerdan que detrás de toda esta deshumanización del “otro” no hay otro fin que apuntalar un sistema capitalista de explotación económica y reafirmación de pertenencia (pertenecer a un grupo frente a otro, creando una falsa y maniquea sensación de seguridad, pertenencia y poder si estás en el grupo “adecuado”).

El origen de los otros” profundiza en esas raíces del racismo y la otredad, en su construcción social, tanto desde su propia experiencia vital como desde el contexto de la literatura, para recordarnos que la necesidad de control y la (falsa) ilusión de poder están detrás de toda esta violencia y desprecio al “otro” y también que la ficción narrativa nos ofrece una magnífica “oportunidad de ser el Otro, de convertirse en el Otro. El forastero.

Si la primera cita era una pregunta que se (nos) hacía Toni Morrison, la última cita quiero que sea una respuesta a esa pregunta (una de las muchas respuestas):

Los forasteros no existen. Solo existen versiones de nosotros mismos; muchas de ellas no las hemos suscrito, de la mayoría deseamos protegernos […] Es también lo que nos empuja a querer gobernar y administrar al Otro. A idealizarlo, si podemos, para que vuelva a nuestros propios espejos. En cualquiera de ambos casos (la alarma o la falsa veneración), le negamos su condición de persona, la individualidad específica que exigimos para nosotros”.

©AnaBlasfuemia

lunes, 29 de abril de 2019

Ojos azules (Toni Morrison)


El amor nunca es mejor que el amante

Niña, fea, negra. Negra, fea, niña. Fea niña negra. Negra niña fea. Niña fea negra…. Da igual como lo ponga, en un orden u otro o incluso de forma desordenada. Todo parece ir en contra, junto o por separado: niña (mujer), negra, fea. Una bomba de relojería dentro de otra bomba de relojería que está dentro de otra bomba relojería. El resultado ya os lo podéis imaginar. No has elegido nada: ni nacer mujer, ni la raza, ni tu aspecto físico. Todo te viene dado. Y tienes que sobrevivir. Porque además eres pobre. Y tienes 11 años. Y sabes que lo que necesitas es tener unos ojos azules, porque si te parecieras a Shirley Temple todo el mundo vería tu belleza.

Una lectura que exige implicación del lector, que aceptes el desafío, la crueldad excesiva, los elementos puestos en juego: la rabia, la crueldad, la marginación, la violencia, la comprensión, la ingenuidad, la brutalidad, la tragedia. Todo muy abrumador, pero Toni Morrison nos deja libertad para que desarrollemos nuestras propias ideas, para que cuestionemos los cánones y estándares de la belleza.

Aunque hay varias voces narrativas una de ellas, la de Claudia, es especialmente amable, resabiada, lúcida y alucinada a la vez, como lo son muchos niños. Será esa voz, en muchas ocasiones, la que dé un respiro al lector por su lenguaje fresco y espontáneo y por su mirada ingenua y reflexiva

La narrativa de Morrison es muy seductora pese a lo angustiosa que puede llegar a ser por momentos su lectura. La compleja y fragmentada construcción de Ojos azules y sus múltiples perspectivas narrativas resultan sin duda un atractivo añadido que Toni Morrison iría perfeccionando en sus novelas posteriores. La misma autora reconoce en su epílogo: “Mi solución -fraccionar la narración en partes que deben ser reensambladas por el lector- me pareció una buena idea cuya ejecución hoy no me satisface. Además, no funcionó: muchos lectores quedaron afectados, pero no conmovidos” Exactamente eso. Aun así, brillante.
P.D.: Las páginas 28 y 29 contienen la mejor descripción que he leído en mi vida de lo que siempre he sentido y pensado respecto a las muñecas.