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miércoles, 1 de julio de 2020

Berg (Ann Quin)


“¿No existe un instante atrapado entre dos estados de ánimo, ese espacio interior, al margen de la vida, al igual que de la muerte, en que el sol se encara sin parpadear, en que la eternidad yace dentro de uno mismo, sin divisiones de ningún tipo, solo una serie de motivaciones circulares?”

Este libro es como un reloj: una frase es un tic, otra un tac. Tictac. Un párrafo, tic; el siguiente, tac. Tictac. Una descripción, tic; otra descripción, tac. Tictac. Como esos relojes tan diminutos que casi son invisibles pero absorben toda la acústica y no puedes evadirte de ese tictac.

Te taladra, tictac, los nervios en la punta de los dedos, tictac, pero a la vez te atrapa como una melodía cautivadora e hipnótica. Tictac. Da igual que quieras silenciarlo, tictac, aunque te inquiete, tictac. También posee la atracción de lo que se repite. Tictac. Y lo que se repite termina por ser circular, termina donde empieza, empieza donde termina. Tictactactic.

Si el pasado hace el futuro o el futuro es un pasado inevitable y condenado a repetirse: TIC. Si nuestra vida se retuerce, obstinada en volar una y otra vez en la misma dirección: TAC. Si las expectativas propias o las ajenas resultan ser cuerdas tensadas entre la culpa y el miedo: TIC. Si hay un fetichismo perverso en cada uno de nosotros: TAC.

Berg no resuelve sus conflictos. No hay tragedia griega que no se escenifique hasta el agotamiento, somos personajes dispuestos a subir al escenario y representar una y otra vez el drama de convertirnos en aquello que repudiamos y adoramos simultáneamente.

Con un estilo narrativo que experimenta con la ortografía y la sintaxis y que es un eco personal de otros (Kavan, Woolf, Beckett) pero que se mantiene como propio, con la habilidad de una experta ventrílocua que da voz a diversos personajes sin apenas mover sus labios, con un protagonista indeciso y con una prosa que oscila entre el acero y la pluma pero tan poderosa que forma parte indeleble de la trama… se me hace un misterio cómo es que esta autora estaba sin traducir hasta ahora. Quiero más Ann Quin, lo quiero todo.

Por cierto, el mejor resumen de “Berg” está en su interior: “¿Cuándo el principio, dónde el final?”

viernes, 22 de mayo de 2020

Nevada (Claire Vaye Watkins)


“Al final, no puedo dejar de pensar en los principios”

Los principios… ¿dónde, cuándo, cómo, por qué empieza todo? No podemos cambiar esa primera vez que desencadena una historia, una vida, una actitud. Algo hace “clic” y todo se desata, y a veces asistimos a toda esa secuencia como espectadores de nuestra propia vida, inermes ante los hechos, desbordados, incapaces de rebelarnos a lo que llamamos destino. Y todo porque algún día algo que no estaba bajo nuestro control nos hizo un camino que, si pudiéramos elegir, nunca habríamos escogido recorrer.

Y, sí, de principios e inicios va “Nevada”, pero también de lugares. Los lugares donde suceden las cosas son importantes, es el envoltorio imprescindible, el eslabón necesario. El lugar también es identidad. También somos eso, el paisaje que nos rodea. Y Nevada es un lugar árido y agreste que aúna los extremos del ser humano y la naturaleza: desierto, sexo, despilfarro, avaricia, artificio, desenfreno… y también comprensión y humanidad.

“No se puede ayudar a quien se ama”

Diez relatos que abordan temas como las ausencias y pérdidas, la aplastante carga del pasado, la imposibilidad de redimirse y la capacidad de mantenerse a flote sosteniendo heridas que se abren y cierran una y otra vez, de amar el dolor para el que no hay bálsamo con una honradez ajena al sufrimiento, de pertenecer a un lugar, de cuánta soledad somos capaces de gestionar y de la memoria como un túnel.

Diez relatos con un armazón lo suficientemente sólido como para sostener todo el libro, historias diferentes unidas por un lugar común: Nevada. Y la capacidad de Vaye Watkins para transmitirnos ese lugar, la urdimbre que construye en quienes lo habitan, un lugar en el que sobrevive quien resiste. Esa perfecta combinación entre sensibilidad y el escenario en el que transcurren los relatos es una habilidad notable de Watkins que convierte “Nevada” en un brillante libro de relatos que dejan poco resquicio para la inocencia, entre una prosa franca, tramas ingeniosas y personajes bastante memorables que se mueven como equilibristas sobre un alambre… lleno de púas.

“Cómo se aferra lo estéril a lo fértil”