"¿A cuántas personas llevamos enterradas dentro?"
Premio Strega 2020, numerosas reseñas positivas, críticas que elogian la estructura temporal, la madurez narrativa, la ambición de novela total, el acierto del colibrí como símbolo de resistencia, la eficacia emocional…. ¿Cómo no entregarse a esta lectura con cierta mezcla de respeto, entrega y paciencia?
No voy a negar que durante un tramo todo parecía estar en su sitio, cada elemento colocado con una precisión que invitaba a confiar. Parecía que el libro sabía muy bien lo que está haciendo y no tuviera intención de ocultarlo, lo cual, en principio, podría ser una buena noticia si no fuera porque, a medida que se avanza, esa misma claridad empieza a volverse un poco sospechosa, como cuando alguien te explica demasiado bien algo que, en teoría, debería entenderse por sí solo.
“El colibrí” (como el algodón) no engaña, no juega a ocultar, no deja zonas donde una tenga que detenerse a pensar demasiado qué está ocurriendo o por qué, más bien se ocupa de acompañarnos con una diligencia constante, explicando lo que vemos, encuadrando lo que sentimos, como si temiera que, en ausencia de esa guía, podríamos cometer el error de interpretar algo por nuestra cuenta, lo cual introduciría una variabilidad poco aconsejable en un sistema que funciona mejor cuando todo está debidamente orientado.
La estructura fragmentaria (cartas, correos, saltos temporales) podría haber implicado cierta desobediencia, una grieta por la que se colara algo menos organizado, más cercano a esa forma en que la vida se presenta cuando no está siendo narrada, pero esos fragmentos mantienen una disciplina ejemplar, no se salen del guion, no se permiten desviaciones que comprometan la estabilidad del conjunto, como si cada uno de ellos hubiera recibido instrucciones precisas sobre lo que puede y no puede hacer.
Y así, mientras el libro insiste en hablarnos de la resistencia, de esa capacidad de mantenerse en pie sin grandes gestos, sin estridencias, empecé a tener la impresión de que lo que verdaderamente se está sosteniendo no es tanto una vida como una estructura que no admite fallos porque no contempla la posibilidad de que algo no funcione como estaba previsto, de que un personaje actúe de manera inconveniente, de que una situación no contribuya con eficacia al sentido general del relato.
“El colibrí” se mantiene en el aire con una precisión admirable, no cae, no se desvía, no muestra signos de fatiga. Todo encaja y ese ha sido el problema. Porque cuando todo encaja con tanta precisión, cuando cada elemento cumple su función con una eficacia tan sostenida, la vida deja de parecer vida y empieza a parecer una especie de ejercicio bien resuelto. Y es en ese control tan exhaustivo donde la emoción se vuelve sospechosa porque llega ya organizada, preparada, con su correspondiente marco interpretativo, como si hubiera sido cuidadosamente dispuesta para evitar cualquier malentendido.
No he podido superar ni disfrutar esa narrativa tan descriptiva y controlada de Veronesi. No termina de soltar el texto y lo conduce con mano férrea, no dejando que nada quede abierto. Y cuando un autor explica demasiado o encuadra demasiado lo que ocurre, a mí se me reduce el espacio de respiración. No puedo entrar, solo puedo mirar.
Y la consecuencia directa de todo esto ha sido la sensación de que lo que leía no terminaba de ser creíble. No porque los hechos sean inverosímiles en sí (el libro trabaja con temas reconocibles: familia, enfermedad, pérdidas, vínculos), sino porque la manera de presentarlos me ha parecido demasiado programática, todo está demasiado calculado para ser verosímil.
Dicho de otra forma (y aquí me pongo un poco maliciosa): cuando un libro no te deja intervenir, tampoco te deja implicarte. Y sin implicación, la empatía no es que falle, es que ni siquiera llega a activarse. Para mi este libro es un libro sobreactuado… y sobrevalorado.
Gracias, Sandro Veronesi. Gracias, Juan Manuel Salmerón Arjona (traducción)

No hay comentarios:
Publicar un comentario
En este blog NO se hacen críticas literarias ni mucho menos reseñas. Cuento y me cuento a partir de lo que leo. Soy una lectora subjetiva. Mi opinión no convierte un libro en buen o mal libro, únicamente en un libro que me ha gustado o no. Gracias por comentar o, simplemente, leer