domingo, 11 de octubre de 2026

Cataratas (John Berger)

“La extracción de las cataratas es comparable con la extracción de una forma particular de olvido. Los ojos empiezan a volver a recordar las primeras veces. Y es en este sentido en el que lo que se experimenta después de la intervención es una especie de renacimiento visual”


Siempre he admirado de Berger que su mirada va más allá del acto físico. En él, mirar implicaba experiencia, contexto, inteligencia, memoria e incluso deseo. También una manera de demorarse en la luz hasta volverla casi palpable, de tratar los colores no como etiquetas convencionales sino como relaciones vivas, como si cada uno llevara dentro la memoria de los otros. “Cataratas” es una reflexión sobre la visión recuperada, pero también sobre el tiempo, la costumbre, la infancia y esa pérdida gradual que se instala sin escándalo hasta que un día descubre su verdadero alcance.


Una operación de cataratas es muy habitual, no tiene nada de excepcional. Precisamente por eso conmueve tanto que Berger la convierta en otra cosa sin necesidad de ademanes de gran escritor dispuesto a sacar oro de cualquier contratiempo. Nada de drama ni de solemnidad. Se limita a hacer algo más cercano, casi infantil, incluso un poco entrañable: mirar un objeto con un ojo, luego con el otro, y comparar. Y lo que descubre no es simplemente que ahora ve mejor, sino que cada ojo le entrega un mundo distinto: con uno, las cosas parecen gastadas; con el otro, nuevas. Y Berger entiende enseguida que el cambio no está del lado del objeto, sino de la luz. Lo que envejece, o se amortigua, es la luz que alcanza a los objetos.


La luz no es una condición neutra de la percepción, sino una fuerza que devuelve a lo mirado una cualidad de comienzo. Frente a la luz, la oscuridad no es final, sino preludio. Berger tiene el raro don de pensar muy alto sin despegarse de las cosas, y por eso puede pasar de esa reflexión sobre la luz a la recuperación del azul, a los grises que escondían azul sin que él ya pudiera advertirlo, al brillo rápido de la plata, al contraste más severo de la noche, a la distancia que se alarga, al aire que vuelve a hacerse perceptible.


Berger vuelve a ver los azules puros y percibe también los azules que viven mezclados en ciertos verdes, en ciertos morados, en ciertos grises, y esa forma de describirlos dice mucho de su manera de mirar. Nunca aísla del todo. Siempre ve una red, un sistema de relaciones, una circulación de correspondencias. 


Otra genialidad está en la precisión con la que describe cambios que cualquiera podría haber despachado con un “veo más nítido”. La distancia, por ejemplo, se aclara y se transforma. El espacio entre las cosas recupera consistencia, como si volviera a llenarse. Lo lateral adquiere presencia. Incluso la comparación entre el antes y el después encuentra imágenes exactas y memorables: detrás de un ojo cuelga una tela de arpillera; detrás del otro, un espejo. Más adelante, la escena vista tras la operación le recuerda a Vermeer, porque ese rocío de luz sobre las superficies solo podía encontrar en la pintura una imagen equivalente. Berger sigue siendo aquí el gran crítico de arte que siempre fue.


Ese regreso de lo visible tiene además una dimensión conmovedora, porque Berger no habla de corrección óptica, habla de memoria: los ojos “recuerdan”. Y en ese recordar hay algo muy delicado, la constatación de que la costumbre había ido apagando el mundo sin que él mismo terminara de advertirlo.


Los dibujos de Selçuk Demirel acompañan el texto con una línea escueta, juguetona, a ratos casi traviesa, que convierte la cabeza en paisaje, los ojos en huecos habitables, el rostro en una superficie por la que circulan barcos, lámparas, manos, humo, libros. Demirel no compite con Berger: desplaza apenas sus hallazgos y les añade una pequeña extrañeza visual que los vuelve aún más memorables. “Cataratas” no sería el mismo libro sin esa respiración paralela de las imágenes .


“Cataratas” es de una delicadeza exquisita (como Berger): es pequeño, pero no menor; íntimo, pero no ensimismado; accesible, pero nada trivial. Como si en vez de escribir sobre una operación, Berger hubiera escrito sobre la restitución del mundo.


Gracias, John Berger. Gracias, Pilar Vázquez (traducción)


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